- ¿Do... Donde estoy? - Murmuré. No sabía si tenía los ojos abiertos o no. Solo veía oscuridad, ni un solo ápice tenue de luz iluminaba donde fuera que estuviese - ¿Hola? - Pregunté - ¿Chicos? ¿Estáis ahí? - Volví a preguntar, buscando la respuesta de alguno de mis compañeros, pero no la recibí. Comencé a moverme, muy muy lentamente, pues no sabía bien por donde estaba pisando. A la vez, estiraba los brazos para buscar algún punto de apoyo o pared para poder orientarme mejor. A los pocos segundos, palpé con mi mano lo que parecía ser un muro, era sólido y consistente - Bien... - Expresé en un tono leve para coger algo de confianza en mí mismo - Ahora solo tengo que seguir esta pared, a ver donde me lleva - Proseguí el camino que estaba marcando aquel muro, era completamente recto, ni una sola curvatura pude encontrar en el trayecto, hasta que de repente, a lo lejos, empecé a ver luz. Parecía que más adelante aquella pared iba a cambiar su trayecto, acabando en lo que parecía ser una esquina con dirección a la derecha - Por fin... - Dije suspirando, quería salir de allí de una vez y saber qué estaba pasando. Avancé unos pocos metros, aproximándome a la luz, la cual, no iluminaba mi recorrido, tan solo salía de aquella esquina, pero solo tenía que doblarla y ver donde estaba. Por fin llegué allí, apoyando mi mano en el esquinazo y con algo de impulso giré con velocidad, esperando poder encontrarme, al menos, a alguno de mis compañeros, fue un acto reflejo - ¡Chicos, estoy aqu...! - Grité, pero fui completamente interrumpido por un fogonazo de luz que me dejó totalmente ciego - ¡Ahhh! ¡Joder! ¿Qué cojones está pasando? - Dije mientras me llevaba las manos a mis ojos cerrados. Estaba totalmente sin visión, indefenso, a merced de algún posible ataque que pudiera herirme. De repente, escuché una voz, una voz que conocía muy bien, aunque llevaba muchos años sin escuchar - ¡Joe! ¿Se puede saber donde te has metido? - Preguntó enfadada. Estaba totalmente confuso y desorientado, y la ceguera no ayudaba precisamente. Me froté los ojos rápidamente, intentando a la desesperada poder ver de donde procedía aquella voz que me hablaba - ¿Cam... Camila? ¿Eres tú? - Pregunté mientras poco a poco recuperaba la vista, pudiendo visualizar una silueta femenina, pero aún borrosa para mis ojos - ¡Claro que soy yo! ¡Me tenías preocupada, te fuiste así de repente sin decir nada! A Kofu esto no le hubiera gustado... - Aquella última frase me hirió por dentro, fue realmente dolorosa - Cállate... Que sabrás tú de él... - Dije con un tono agresivo y de enfado, reprimiendo todo lo que quería soltar en el pecho, haciéndose un nudo - Sé que estaría decepcionado al ver como su ojito derecho abandonó a todo el pueblo en una pataleta... Pero no me extraña nada... Al fin y al cabo, eres un perdedor - De nuevo, palabras hirientes que no entendía por qué las estaba diciendo - ¿... Qué? - Murmuré mientras levantaba la mirada, y la vista por fin se recuperó para poder ver todo bien, pero para mi desgracia, lo que presencié me dejó sin palabras, totalmente con los ojos abiertos de par en par, y sin poder reaccionar ni moverme.
Camila estaba frente a mí, con los brazos cruzados, acompañado de su clásico delantal rosa con estampado de flores, pero alrededor suya... Era Villa Syrup, totalmente devastada y destruida, con las casas de los vecinos en llamas, los huertos totalmente saqueados, algunos animales sin vida yacían en el suelo, y por desgracia, algunos cuerpos humanos hacían de broche de oro en un horrible escenario. Todo esto acompañado de lamentos, lloros, gritos ... - ¿¡QUE ESTÁ PASANDO!? - Grité totalmente desesperado, pero Camila me interrumpió de inmediato - ¡Te fuiste de la villa y esto es lo que pasó! ¡Otra vez, de nuevo, los piratas saquearon la villa, lo poco que quedaba de ella! Y todo... ¡Por tu culpa! - Finalizó señalándome con el dedo índice de la mano derecha, estirando así el brazo - ¿¡Mi culpa!? - Grité de nuevo sin entender nada, mirando a Camila, buscando una respuesta, cuando de repente, sin tiempo para reaccionar, de su vientre salió una espada, atravesándola completamente el cuerpo, corriendo la sangre lentamente por su delantal hacia abajo - Ca... Cam... - Estaba en shock, no me salían las palabras, ni siquiera podía moverme, tenía el cuerpo completamente paralizado. La sangre comenzó a salirle de la boca mientras me miraba fijamente, sin pestañear, aun señalándome con el dedo índice de la mano derecha. Poco a poco, la cuenca de sus ojos se volvía de color rojizo, apagando totalmente el blanco de estos mismos - Ɇ₴ ₮Ʉ ₵ɄⱠ₱₳, JØɆ - Dijo en un tono de voz totalmente aterrador, muy grave y distorsionado - ₦Ø₴ ĐɆJ₳₴₮Ɇ ₥ØⱤłⱤ ₳ ₮ØĐ₳ Ⱡ₳ VłⱠⱠ₳ - Me puse de rodillas en el suelo mientras me tapaba los oídos. No quería escuchar más, pero me resultaba imposible. De repente, una risa se incorporó al lugar, otra voz familiar - ¡SHAJAJAJAJAJAJA! - Aquella risa ... La conocía muy bien - ¿Qué es lo que pasa, Joe? - Otra voz diferente - ¿Acaso esta es la justicia que decías que harías? - Levanté la mirada una vez más, lentamente, completamente aterrado por lo que iba a ver, a sabiendas de que aquellas dos voces las conocía perfectamente. Ahí estaban, delante de mí. Minato, con la katana de aquel gyojin orca, atravesando su pulmón, totalmente lleno de sangre, pero estaba de pie, riéndose, como si nada. Y a su lado, Vulkan, agachado, mirándome con sus gafas de sol, pero en un estado totalmente demacrado; la piel casi verde, con la ropa destrozada, pudiendo apreciar en su brazo derecho una herida producida por un mordisco de algún animal. Me percaté de que Camila ya no estaba, solo ellos dos. Me los quedé mirando completamente paralizado - Chic ... Ch ... Chicos... - Murmuré - ¡Nada de chicos ni chicas, Joe! ¡Mírate, esto no es lo que me prometiste! - ¡Tiene razón, viejo, que es lo que te ha pasado! ¡Así no podrás salvar a nadie, das bastante pena, SHAJAJAJAJA! - Volví a mirar al suelo, dejándome caer, apoyando las manos en el suelo, me faltaban las fuerzas - Es una ... pesadilla ... - Murmuré, mientras no dejaba de escuchar los lamentos y gritos que había a mi alrededor. De Minato riéndose, de Vulkan despreciándome, hasta que a los pocos segundos, desaparecieron, dejándoles de escuchar. Levanté la mirada rápidamente, y otra vez, de vuelta a la oscuridad del principio, salvo por un detalle. A unos 5 metros delante de mí, podría apreciar unas siluetas. Eran mis compañeros de la División 21, los cuales estaban completamente quietos, mirándome, con rostro serio - ¡Estáis aquí! - Grité, recuperando algo de fuerzas, consiguiendo levantarme para ir con ellos, pero nada más ponerme de pie, de repente, aquella oscuridad comenzó a tornarse de color rojo, al igual que mis compañeros, desapareciendo delante de mí poco a poco - ¡NO! ¡NO POR FAVOR! ¡MÁS PERDIDAS NO! - Grité desesperado, corriendo hacia ellos sin éxito, ya que desaparecieron completamente - ¡NOOOOOOOOOOOO ...! -
- ¡... OOOOOOOOOOO! - Grité mientras abría los ojos, jadeada, sudaba por todo mi cuerpo, con los brazos estirados y en alto. Me quedé completamente inmóvil, quieto, mientras miraba lo que parecía ser el techo de una habitación. Notaba como mi cuerpo estaba tumbado en un colchón. Giré la cabeza lentamente hacia la derecha mientras me faltaba el aire para comprobar que estaba al menos a salvo y bien. Todo indicaba que sí, fue una pesadilla. Me llevé las manos a la cara mientras levantaba la espalda de la cama y quedarme sentado encima de esta misma - Que ha pasado ... - Murmuré mientras me frotaba el rostro, de arriba a abajo, acabando con la mano en la frente, levantándome el pelo. Me quedé unos segundos pensando, tranquilizándome, recordando que es lo que había pasado. Miré por la ventana de aquella habitación, y pude contemplar a lo lejos un gran palacio dorado - La isla del cielo... Seguimos aquí. ¿Cuánto tiempo ha pasado? - Me pregunté mientras ladeaba mi cuerpo para sacar los pies de la cama y apoyarlos en el suelo. Me percaté de que había un pequeño baño, así que fui directo hacia él, para mojarme la cara y despejarme. Apoyé las manos en el lavabo, mirándolo fijamente, completamente quieto, recordando la pesadilla que acababa de tener - Es mi culpa... Joder ... - Dije mientras fruncía el ceño y apretaba las manos al lavabo - Será mejor que busque al resto de compañeros - Sentencié, para acto seguido peinarme con mis propias manos y estirar el uniforme de Marine para que no estuviera muy arrugado, con el cual había estado durmiendo. Terminé de colocarme las mangas y procedí salir por la puerta de la habitación, la cual daba a lo que parecía ser un pasillo. Miré para ambos lados, hasta que me percaté de que Ikirami estaba sentada en una silla, pensativa. En un suspiro grande y largo me concentré para cambiar mi estado de ánimo - ¡Buenos días! O tardes, ahora mismo estoy completamente perdido - Dije mientras me acercaba y observaba que había 5 habitaciones más en aquel pasillo - ¿Karl y Sephi están aquí dentro? ¿Cómo te encuentras tú? - pregunté primero, pues lo más importante para mí era saber como se encontraban todos - Lo último que recuerdo es la pelea de Sohem y Yojimbo ... Aunque luego pasó algo más... Pero perdí el conocimiento - Dije confuso - ¿Qué es lo que ha pasado? -
Camila estaba frente a mí, con los brazos cruzados, acompañado de su clásico delantal rosa con estampado de flores, pero alrededor suya... Era Villa Syrup, totalmente devastada y destruida, con las casas de los vecinos en llamas, los huertos totalmente saqueados, algunos animales sin vida yacían en el suelo, y por desgracia, algunos cuerpos humanos hacían de broche de oro en un horrible escenario. Todo esto acompañado de lamentos, lloros, gritos ... - ¿¡QUE ESTÁ PASANDO!? - Grité totalmente desesperado, pero Camila me interrumpió de inmediato - ¡Te fuiste de la villa y esto es lo que pasó! ¡Otra vez, de nuevo, los piratas saquearon la villa, lo poco que quedaba de ella! Y todo... ¡Por tu culpa! - Finalizó señalándome con el dedo índice de la mano derecha, estirando así el brazo - ¿¡Mi culpa!? - Grité de nuevo sin entender nada, mirando a Camila, buscando una respuesta, cuando de repente, sin tiempo para reaccionar, de su vientre salió una espada, atravesándola completamente el cuerpo, corriendo la sangre lentamente por su delantal hacia abajo - Ca... Cam... - Estaba en shock, no me salían las palabras, ni siquiera podía moverme, tenía el cuerpo completamente paralizado. La sangre comenzó a salirle de la boca mientras me miraba fijamente, sin pestañear, aun señalándome con el dedo índice de la mano derecha. Poco a poco, la cuenca de sus ojos se volvía de color rojizo, apagando totalmente el blanco de estos mismos - Ɇ₴ ₮Ʉ ₵ɄⱠ₱₳, JØɆ - Dijo en un tono de voz totalmente aterrador, muy grave y distorsionado - ₦Ø₴ ĐɆJ₳₴₮Ɇ ₥ØⱤłⱤ ₳ ₮ØĐ₳ Ⱡ₳ VłⱠⱠ₳ - Me puse de rodillas en el suelo mientras me tapaba los oídos. No quería escuchar más, pero me resultaba imposible. De repente, una risa se incorporó al lugar, otra voz familiar - ¡SHAJAJAJAJAJAJA! - Aquella risa ... La conocía muy bien - ¿Qué es lo que pasa, Joe? - Otra voz diferente - ¿Acaso esta es la justicia que decías que harías? - Levanté la mirada una vez más, lentamente, completamente aterrado por lo que iba a ver, a sabiendas de que aquellas dos voces las conocía perfectamente. Ahí estaban, delante de mí. Minato, con la katana de aquel gyojin orca, atravesando su pulmón, totalmente lleno de sangre, pero estaba de pie, riéndose, como si nada. Y a su lado, Vulkan, agachado, mirándome con sus gafas de sol, pero en un estado totalmente demacrado; la piel casi verde, con la ropa destrozada, pudiendo apreciar en su brazo derecho una herida producida por un mordisco de algún animal. Me percaté de que Camila ya no estaba, solo ellos dos. Me los quedé mirando completamente paralizado - Chic ... Ch ... Chicos... - Murmuré - ¡Nada de chicos ni chicas, Joe! ¡Mírate, esto no es lo que me prometiste! - ¡Tiene razón, viejo, que es lo que te ha pasado! ¡Así no podrás salvar a nadie, das bastante pena, SHAJAJAJAJA! - Volví a mirar al suelo, dejándome caer, apoyando las manos en el suelo, me faltaban las fuerzas - Es una ... pesadilla ... - Murmuré, mientras no dejaba de escuchar los lamentos y gritos que había a mi alrededor. De Minato riéndose, de Vulkan despreciándome, hasta que a los pocos segundos, desaparecieron, dejándoles de escuchar. Levanté la mirada rápidamente, y otra vez, de vuelta a la oscuridad del principio, salvo por un detalle. A unos 5 metros delante de mí, podría apreciar unas siluetas. Eran mis compañeros de la División 21, los cuales estaban completamente quietos, mirándome, con rostro serio - ¡Estáis aquí! - Grité, recuperando algo de fuerzas, consiguiendo levantarme para ir con ellos, pero nada más ponerme de pie, de repente, aquella oscuridad comenzó a tornarse de color rojo, al igual que mis compañeros, desapareciendo delante de mí poco a poco - ¡NO! ¡NO POR FAVOR! ¡MÁS PERDIDAS NO! - Grité desesperado, corriendo hacia ellos sin éxito, ya que desaparecieron completamente - ¡NOOOOOOOOOOOO ...! -
- ¡... OOOOOOOOOOO! - Grité mientras abría los ojos, jadeada, sudaba por todo mi cuerpo, con los brazos estirados y en alto. Me quedé completamente inmóvil, quieto, mientras miraba lo que parecía ser el techo de una habitación. Notaba como mi cuerpo estaba tumbado en un colchón. Giré la cabeza lentamente hacia la derecha mientras me faltaba el aire para comprobar que estaba al menos a salvo y bien. Todo indicaba que sí, fue una pesadilla. Me llevé las manos a la cara mientras levantaba la espalda de la cama y quedarme sentado encima de esta misma - Que ha pasado ... - Murmuré mientras me frotaba el rostro, de arriba a abajo, acabando con la mano en la frente, levantándome el pelo. Me quedé unos segundos pensando, tranquilizándome, recordando que es lo que había pasado. Miré por la ventana de aquella habitación, y pude contemplar a lo lejos un gran palacio dorado - La isla del cielo... Seguimos aquí. ¿Cuánto tiempo ha pasado? - Me pregunté mientras ladeaba mi cuerpo para sacar los pies de la cama y apoyarlos en el suelo. Me percaté de que había un pequeño baño, así que fui directo hacia él, para mojarme la cara y despejarme. Apoyé las manos en el lavabo, mirándolo fijamente, completamente quieto, recordando la pesadilla que acababa de tener - Es mi culpa... Joder ... - Dije mientras fruncía el ceño y apretaba las manos al lavabo - Será mejor que busque al resto de compañeros - Sentencié, para acto seguido peinarme con mis propias manos y estirar el uniforme de Marine para que no estuviera muy arrugado, con el cual había estado durmiendo. Terminé de colocarme las mangas y procedí salir por la puerta de la habitación, la cual daba a lo que parecía ser un pasillo. Miré para ambos lados, hasta que me percaté de que Ikirami estaba sentada en una silla, pensativa. En un suspiro grande y largo me concentré para cambiar mi estado de ánimo - ¡Buenos días! O tardes, ahora mismo estoy completamente perdido - Dije mientras me acercaba y observaba que había 5 habitaciones más en aquel pasillo - ¿Karl y Sephi están aquí dentro? ¿Cómo te encuentras tú? - pregunté primero, pues lo más importante para mí era saber como se encontraban todos - Lo último que recuerdo es la pelea de Sohem y Yojimbo ... Aunque luego pasó algo más... Pero perdí el conocimiento - Dije confuso - ¿Qué es lo que ha pasado? -
