22-05-2024, 01:57 PM
(Última modificación: 26-08-2026, 10:53 PM por Saint Sheperd Ju Peter.)
El palacio era colosalmente gigantesco. Las puertas medían más de una treintena de metros de alto y más de una decena de ancho, eran de doble hoja y - como absolutamente todo en el palacio - estaban hechas de oro. Cuando estaban cerradas, se podía ver que ambas puertas formaban el dibujo de un ángel en posición frontal, con las alas abiertas de par en par al igual que sus brazos, el rostro elevado al cielo y con una llama a su espalda.
Una vez dentro de ese umbral - en el cual podrías advertir que el grosor de los muros del palacio era de cinco metros - llegarías a una estancia tan abrumadoramente enorme como imponente: Un gran salón con seis columnas de oro en paralelo a cada lado, de un grosor de fácilmente cinco metros de diámetro cada una, y una distancia de más de diez metros una de otra. Cruzando por en medio de estas, dejando tres a la derecha y tres a la izquierda, había una alfombra de terciopelo roja que se extendía hasta cuatro escalones que daban lugar a un trono, similar al visto en la prueba de combate, y a cuyos flancos se erguían dos guardias. A los laterales externos de cada uno de estos, respectivamente, surgían y ascendían dos escaleras que giraban hasta juntarse en la parte trasera del trono y ascender hasta un segundo piso, que no podríais ver ni visitar aun, pues albergaba las estancias privadas del palacio entre las que se encontraban los hospedajes de los Alas Negras.
Las puertas del palacio dorado de Shandora estaban abiertas de par en par, custodiadas por los guardias reales, los Primarcas.
Humanoides más grandes, altos y anchos que los Custodios, con más alas y ropajes extraños y entre sí - al igual que los Custodios - completamente iguales. Casi cuatro metros de altura como cinco eran las alas doradas a cada lado de su espalda, curvadas, iban desde su nuca hasta su cadera. Hacían juego con una tela que caía desde su bajo vientre hasta sus tobillos, del mismo color dorado y con grabados de letras de un lenguaje desconocido, de color rojizo. Vestían una armadura entera de placas, de color del acero pulido, que cubría tanto su torso como sus brazos y piernas por completo, destacando una falda de planchas cubriendo los muslos, unos cubre mangas en los antebrazos, de color azul, al igual que las enormes hombreras de su armadura. Su apariencia estaba rematada por un casco azul, enterizo, sin apertura para la visión, y adornado con una estrella dorada en el centro, una pequeña cresta, y dos pequeñas alas blancas a los flancos. Todos ellos portaban frente a sí, y sujetándolo con ambas manos, un gran escudo - de tres metros de diámetro - redondo y dorado, que parecía un sol.
En la puerta, a cada lado de la misma, había dos de ellos: Malam y Melem. Y a su espalda, una vez cruzada toda la alfombra carmesí y flanqueando el trono y por tanto sirviendo de protección directa a quien se sentase allí - que era yo- otros dos más, Molom y Mulum.
Todos los Primarcas esperaban pacientes e inmóviles, mientras yo esperaba sobre mi trono, sentado con gesto taciturno y el ceño ligeramente fruncido, aun en mi forma híbrida. El quinto Primarca, Milim, apareció caminando con pasos pesados y estruendosos hasta el trono, hincó rodilla, me reverenció y asintió con la cabeza acompañado sólo del sonido de su armadura. — Gracias Milim — dije con un tono solemne y tranquilo — Ve al piso superior y encárgate de garantizar la seguridad de nuestros invitados de honor, y su alteza real — añadí, ante lo cual el Primarca se incorporó y se dirigió por la escalera de la izquierda en ascenso hacia el piso superior.
Los invitados del Mar Azul no deberían tardar mucho, tanto la que ya se encontraba en palacio, Triana Tempesta, como los tres que tenían que venir desde Shandora: La Teniente Ikirami, de la Marina. La Pirata Sasha, de los Shogun Gari. Y ese bárbaro dragón celestial, rebajado a burdo cazador de recompensas. Todos habían sido citados por los Custodios, avisados todos ellos por el Primarca Milim en persona, y debían personarse en este momento y lugar para poder solicitar el deseo al que tenían derecho como equipo ganador de los Juegos. Y tras eso, me aseguraría de incrementar el orden y la seguridad en el reino para garantizar el bienestar de mis súbditos, el pueblo que mi líder había dejado a mi cuidado.
Una vez dentro de ese umbral - en el cual podrías advertir que el grosor de los muros del palacio era de cinco metros - llegarías a una estancia tan abrumadoramente enorme como imponente: Un gran salón con seis columnas de oro en paralelo a cada lado, de un grosor de fácilmente cinco metros de diámetro cada una, y una distancia de más de diez metros una de otra. Cruzando por en medio de estas, dejando tres a la derecha y tres a la izquierda, había una alfombra de terciopelo roja que se extendía hasta cuatro escalones que daban lugar a un trono, similar al visto en la prueba de combate, y a cuyos flancos se erguían dos guardias. A los laterales externos de cada uno de estos, respectivamente, surgían y ascendían dos escaleras que giraban hasta juntarse en la parte trasera del trono y ascender hasta un segundo piso, que no podríais ver ni visitar aun, pues albergaba las estancias privadas del palacio entre las que se encontraban los hospedajes de los Alas Negras.
Las puertas del palacio dorado de Shandora estaban abiertas de par en par, custodiadas por los guardias reales, los Primarcas.
Humanoides más grandes, altos y anchos que los Custodios, con más alas y ropajes extraños y entre sí - al igual que los Custodios - completamente iguales. Casi cuatro metros de altura como cinco eran las alas doradas a cada lado de su espalda, curvadas, iban desde su nuca hasta su cadera. Hacían juego con una tela que caía desde su bajo vientre hasta sus tobillos, del mismo color dorado y con grabados de letras de un lenguaje desconocido, de color rojizo. Vestían una armadura entera de placas, de color del acero pulido, que cubría tanto su torso como sus brazos y piernas por completo, destacando una falda de planchas cubriendo los muslos, unos cubre mangas en los antebrazos, de color azul, al igual que las enormes hombreras de su armadura. Su apariencia estaba rematada por un casco azul, enterizo, sin apertura para la visión, y adornado con una estrella dorada en el centro, una pequeña cresta, y dos pequeñas alas blancas a los flancos. Todos ellos portaban frente a sí, y sujetándolo con ambas manos, un gran escudo - de tres metros de diámetro - redondo y dorado, que parecía un sol.
En la puerta, a cada lado de la misma, había dos de ellos: Malam y Melem. Y a su espalda, una vez cruzada toda la alfombra carmesí y flanqueando el trono y por tanto sirviendo de protección directa a quien se sentase allí - que era yo- otros dos más, Molom y Mulum.
Todos los Primarcas esperaban pacientes e inmóviles, mientras yo esperaba sobre mi trono, sentado con gesto taciturno y el ceño ligeramente fruncido, aun en mi forma híbrida. El quinto Primarca, Milim, apareció caminando con pasos pesados y estruendosos hasta el trono, hincó rodilla, me reverenció y asintió con la cabeza acompañado sólo del sonido de su armadura. — Gracias Milim — dije con un tono solemne y tranquilo — Ve al piso superior y encárgate de garantizar la seguridad de nuestros invitados de honor, y su alteza real — añadí, ante lo cual el Primarca se incorporó y se dirigió por la escalera de la izquierda en ascenso hacia el piso superior.
Los invitados del Mar Azul no deberían tardar mucho, tanto la que ya se encontraba en palacio, Triana Tempesta, como los tres que tenían que venir desde Shandora: La Teniente Ikirami, de la Marina. La Pirata Sasha, de los Shogun Gari. Y ese bárbaro dragón celestial, rebajado a burdo cazador de recompensas. Todos habían sido citados por los Custodios, avisados todos ellos por el Primarca Milim en persona, y debían personarse en este momento y lugar para poder solicitar el deseo al que tenían derecho como equipo ganador de los Juegos. Y tras eso, me aseguraría de incrementar el orden y la seguridad en el reino para garantizar el bienestar de mis súbditos, el pueblo que mi líder había dejado a mi cuidado.
Resumen
Apariencia de los Primarcas

![[Imagen: Hq7uBMf.png]](https://i.imgur.com/Hq7uBMf.png)