22-05-2024, 09:52 PM
Llevaba un rato sentada, ensimismada y abstraída en mi cabeza, hojeando de vez en cuando mi libreta y todos los datos que había conseguido. Me pareció escuchar una voz, pero estaba centrada en lo que había sacado del combate de Karl contra Garnet y sus frutas. Al cabo de poco, unas pisadas me alertaron y al levantar la vista vi a Joe salir de su habitación. Sentí alivio al ver que se encontraba bien, o al menos así me lo pareció, pues alzó la voz saludando.
—Tardes. —lo corregí y le devolví una sonrisa apagada.
Cerré mi libreta de golpe y la guardé en el bolso. Me abaniqué con la mano, hacía mucho calor para mi gusto, y suspiré mientras Joe preguntaba sobre Karl y Sephi, cómo me encontraba y lo que había pasado. No recordaba nada más desde la pelea de Sohem y Yojimbo, y no era de extrañar.
—Tranquilo, Comandante. Estamos todos bien y a salvo. —respondí con un tono amable y tranquilizador— Están ambos en las habitaciones, descansando como hasta hace un momento lo estabas tú. El resto de los Marines están en unos barracones, durmiendo todos. Les he dejado una nota para que vayan al barco a revisarlo cuando despierten.
Hice una pausa y me eché hacia adelante en la silla, apoyando los codos en las rodillas y cruzando los dedos de ambas manos, apoyando la barbilla en ellos y con la mirada clavada en el suelo.
—Yo estoy bien también, no me…
Karl interrumpió al salir de su habitación, preguntando al igual que Joe sobre la situación actual.
—Karl, está todo bien. Si me dejas un momento os explico a ambos…
Por segunda vez consecutiva, fui interrumpida a media frase cuando Sephiroth salió de su habitación gritando de alegría y riendo. Me eché atrás en la silla y llevé el pelo detrás de mi oreja, sonriendo con cariño y suspirando sonoramente con una mezcla de gran alivio y frustración por no poder terminar una sola frase. Me levanté de la silla sacudiendo los pantalones.
—Bueno, ahora que estamos todos reunidos… En la planta baja hay una cocina e ingredientes. —dije dirigiéndome a las escaleras y apoyando una mano en la barandilla— Seguro que todos estáis muertos de hambre de tantas horas sin comer. Joe. —llamé al comandante girando la cabeza hacia él— ¿Serías tan amable de preparar algo de cenar para todos? Hay una mesa en la cocina en la que podemos sentarnos mientras y así os cuento todo. La verdad, —continué diciendo y comenzando a bajar las escaleras— hay mucho de lo que debemos hablar.
—Tardes. —lo corregí y le devolví una sonrisa apagada.
Cerré mi libreta de golpe y la guardé en el bolso. Me abaniqué con la mano, hacía mucho calor para mi gusto, y suspiré mientras Joe preguntaba sobre Karl y Sephi, cómo me encontraba y lo que había pasado. No recordaba nada más desde la pelea de Sohem y Yojimbo, y no era de extrañar.
—Tranquilo, Comandante. Estamos todos bien y a salvo. —respondí con un tono amable y tranquilizador— Están ambos en las habitaciones, descansando como hasta hace un momento lo estabas tú. El resto de los Marines están en unos barracones, durmiendo todos. Les he dejado una nota para que vayan al barco a revisarlo cuando despierten.
Hice una pausa y me eché hacia adelante en la silla, apoyando los codos en las rodillas y cruzando los dedos de ambas manos, apoyando la barbilla en ellos y con la mirada clavada en el suelo.
—Yo estoy bien también, no me…
Karl interrumpió al salir de su habitación, preguntando al igual que Joe sobre la situación actual.
—Karl, está todo bien. Si me dejas un momento os explico a ambos…
Por segunda vez consecutiva, fui interrumpida a media frase cuando Sephiroth salió de su habitación gritando de alegría y riendo. Me eché atrás en la silla y llevé el pelo detrás de mi oreja, sonriendo con cariño y suspirando sonoramente con una mezcla de gran alivio y frustración por no poder terminar una sola frase. Me levanté de la silla sacudiendo los pantalones.
—Bueno, ahora que estamos todos reunidos… En la planta baja hay una cocina e ingredientes. —dije dirigiéndome a las escaleras y apoyando una mano en la barandilla— Seguro que todos estáis muertos de hambre de tantas horas sin comer. Joe. —llamé al comandante girando la cabeza hacia él— ¿Serías tan amable de preparar algo de cenar para todos? Hay una mesa en la cocina en la que podemos sentarnos mientras y así os cuento todo. La verdad, —continué diciendo y comenzando a bajar las escaleras— hay mucho de lo que debemos hablar.
