23-05-2024, 10:43 AM
Desde que había despertado, me había dedicado a disfrutar por completo de las comodidades que ofrecía un lugar como aquel hasta el punto de que casi había olvidado que se me debía un premio. Entre el disfrute, la preocupación por la recuperación de Yamamura y la rabia que me abordaba de forma imprevisible y ocasional cada vez que recordaba a ese cazador enmascarado y cara ridícula, no había tenido tiempo para pensar en nada más ni en cuáles serían nuestros próximos pasos. De momento, solo podíamos esperar a estar completamente recuperados, especialmente Yamamura, el más afectado, y aprovechar la suerte de que ese mono hubiese decidido dejarnos quedarnos en su palacio (esperaba que a cambio de nada, porque no pensaba pagar ni un berrie por nuestra estancia y todo lo que habíamos comido).
Cuando recibí la nota de aquella especie de ángel guerrero recordé por qué estábamos allí y cuál debía ser nuestro objetivo. Había muchas cosas que no comprendía, entre ellas, qué eran estos guerreros que estaban al servicio del emperador. Estaban los que habíamos visto en los juegos y ahora este que me había entregado el mensaje y que parecía, si cabía, todavía más imponente. Eran diferentes a la gente que vivía en la ciudad, por lo que habíamos podido ver durante los juegos. Lo único que tenían todos en común eran sus alas. El tema me llamaba la atención, pero no podía perder tiempo pensando en ello, no nos quedaríamos demasiado tiempo, todavía había muchas islas que visitar.
Terminé de soplar mis dedos para que se secase el pintauñas y me pinté los labios frente al espejo del tocador que había en mi cuarto. Me puse en pie para acomodarme la ropa y cogí mis katanas. No me harían falta, si alguien del palacio quisiera matarnos ya lo habría hecho, más bien parecía que había un interés por mantenernos a salvo, pero estaba acostumbrada a llevarlas siempre conmigo y hoy no sería la excepción. Salí del cuarto y me dirigí hacia donde indicaba la nota. Afortunadamente, aunque el palacio era enorme no me costó encontrar la sala. Al aproximarme a las escaleras que debía descender vi subir a aquel ángel guerrero que me había mandado el mensaje. Parecía que quería escoltarme. Encendí uno de mis puros y descendí y al acercarme un poco más escuché la voz de Sasha pidiendo jugar con Yamamura. ¿Sería alguna especie de clave? ¿Qué querría decir con “jugar”? Tal vez su banda había planeado algo grande y querían nuestra ayuda.
Descendí por las escaleras con mi brazo izquierdo apoyado sobre la empuñadura de mis katanas, atadas a mi cintura, hacia aquel salón enorme y majestuoso repleto de columnas y con una alfombra roja que se dirigía desde la entrada hasta el trono del emperador, donde nos esperaba a los ganadores. La presencia de sus guardias contribuía a acrecentar el aura regia del palacio. También había llegado la marine pelirroja, tan apretada como siempre. Hablaba igual que los marines cuando se dirigían a un superior, haciendo la pelota. Aún así, había algo en ella que hacía que no me causase tanta repulsión como el resto de sus compañeros.
Al terminar de bajar con mi puro en la boca, me lo quité para dirigirme a Zarutsuki. No sabía cómo debía hacerlo, las dos se habían presentado, pero imaginaba que él recordaría quiénes éramos, al menos yo, y que también sabía a qué habíamos venido. Él mismo nos había convocado. —Buenas —dije para saludar de forma general situándome junto a Sasha. No estaba para preocuparme por formalidades, si tenía la oportunidad, más adelante y sin tanto público le agradecería lo que había hecho por nosotros. —Ya hablaremos de lo de “jugar” —le susurré a Sasha para que supiese que le había escuchado y que estaba interesada.
Cuando recibí la nota de aquella especie de ángel guerrero recordé por qué estábamos allí y cuál debía ser nuestro objetivo. Había muchas cosas que no comprendía, entre ellas, qué eran estos guerreros que estaban al servicio del emperador. Estaban los que habíamos visto en los juegos y ahora este que me había entregado el mensaje y que parecía, si cabía, todavía más imponente. Eran diferentes a la gente que vivía en la ciudad, por lo que habíamos podido ver durante los juegos. Lo único que tenían todos en común eran sus alas. El tema me llamaba la atención, pero no podía perder tiempo pensando en ello, no nos quedaríamos demasiado tiempo, todavía había muchas islas que visitar.
Terminé de soplar mis dedos para que se secase el pintauñas y me pinté los labios frente al espejo del tocador que había en mi cuarto. Me puse en pie para acomodarme la ropa y cogí mis katanas. No me harían falta, si alguien del palacio quisiera matarnos ya lo habría hecho, más bien parecía que había un interés por mantenernos a salvo, pero estaba acostumbrada a llevarlas siempre conmigo y hoy no sería la excepción. Salí del cuarto y me dirigí hacia donde indicaba la nota. Afortunadamente, aunque el palacio era enorme no me costó encontrar la sala. Al aproximarme a las escaleras que debía descender vi subir a aquel ángel guerrero que me había mandado el mensaje. Parecía que quería escoltarme. Encendí uno de mis puros y descendí y al acercarme un poco más escuché la voz de Sasha pidiendo jugar con Yamamura. ¿Sería alguna especie de clave? ¿Qué querría decir con “jugar”? Tal vez su banda había planeado algo grande y querían nuestra ayuda.
Descendí por las escaleras con mi brazo izquierdo apoyado sobre la empuñadura de mis katanas, atadas a mi cintura, hacia aquel salón enorme y majestuoso repleto de columnas y con una alfombra roja que se dirigía desde la entrada hasta el trono del emperador, donde nos esperaba a los ganadores. La presencia de sus guardias contribuía a acrecentar el aura regia del palacio. También había llegado la marine pelirroja, tan apretada como siempre. Hablaba igual que los marines cuando se dirigían a un superior, haciendo la pelota. Aún así, había algo en ella que hacía que no me causase tanta repulsión como el resto de sus compañeros.
Al terminar de bajar con mi puro en la boca, me lo quité para dirigirme a Zarutsuki. No sabía cómo debía hacerlo, las dos se habían presentado, pero imaginaba que él recordaría quiénes éramos, al menos yo, y que también sabía a qué habíamos venido. Él mismo nos había convocado. —Buenas —dije para saludar de forma general situándome junto a Sasha. No estaba para preocuparme por formalidades, si tenía la oportunidad, más adelante y sin tanto público le agradecería lo que había hecho por nosotros. —Ya hablaremos de lo de “jugar” —le susurré a Sasha para que supiese que le había escuchado y que estaba interesada.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
