27-05-2024, 06:55 PM
Desde las alturas de mi viga enfoqué de nuevo la vista en la desgraciada que yacía en el suelo. Larian. Vaya, parecía que, efectivamente, estaba muerta. Nuestro curioso acompañante había destruido su vida en un abrir y cerrar de ojos, seguro que no esperaba que le sucedería algo así cuando nos miró de arriba abajo hacía no tanto en la cubierta. No es que me importase, la verdad, sentía total indiferencia hacia ella y hacia lo que le había sucedido. Supongo que es lo que le ocurre a una cuando se cruza en el camino de la persona incorrecta. Curioso que precisamente fuese ese mi pensamiento cuando nos hallábamos en un barco donde, hasta el momento, las intenciones habían sido más bien hostiles hacia nosotros, aunque la eficacia portase justo el valor contrario. La colección de cadáveres alrededor de Eaa y ahora cerca de Gin lo corroboraba.
Bueno, ¿y ahora qué?, pensé.
Tampoco tuve mucho tiempo para darle cuerda a mi imaginación, puesto que una silueta apareció por la puerta que, hasta el momento, había permanecido cerrada e impasible ante la carnicería que había tenido lugar allí.
Bueno, ¿y ahora qué?, pensé.
Tampoco tuve mucho tiempo para darle cuerda a mi imaginación, puesto que una silueta apareció por la puerta que, hasta el momento, había permanecido cerrada e impasible ante la carnicería que había tenido lugar allí.
Mentiría si dijese que el hombre que se adentró en la sala no captó toda mi atención. Caminaba con elegancia, como si su mera presencia allí fuese la que mantenía a flote aquel grandioso barco. Iba apagando el fuego de los candiles a su paso. Su porte era regio, señorial, y cuanto más se acercaba a las posiciones de Eaa y Gin (y, por ende, a la mía en las alturas), más podía observar los detalles. Me resultó curioso el color de su cabello: de los cuatro que estábamos allí, tres lo lucíamos blanco. No es que fuera algo importante, pero a estas alturas de mi vida, mi mente sigue sorprendiéndome con ciertos pensamientos aleatorios en momentos nada apropiados.
Supe que me había visto porque, en el momento en el que subió la mirada a mi posición en concreto, sonrió. Era una de esas sonrisas que odiaba mirar, pocas veces observadas en mi vida, pues me resultaba terriblemente atractiva. De hecho, el tipo, presentado a sí mismo como Hunter Wolf, era terriblemente atractivo en sí mismo. Y eso no me gustaba nada en absoluto, pues daba por hecho que, al igual que el resto de imbéciles ahora muertos, no se encontraría entre nuestros aliados allí. Incluso cuando su aspecto físico parecía sugerir lo contrario.
No pude evitar sentir cierto punto de simpatía hacia él cuando, por sus palabras, parecía sufrir más por la puerta de su precioso barco que por el puñado de cuerpos que rociaban el suelo. Admitió que él no era el capitán de la banda, que el verdadero se encontraba mucho más adelante en el Grand Line, que él era quien se encargaba de recoger a los potenciales nuevos miembros.
No seré yo esa, pensé. Ni muerta me uniría a esa gente. Por lo que a mí respectaba, no habían comenzado con mal pie, sino con un pie nefasto. Y, por supuesto, yo ya formaba parte de una banda, aunque tan solo estuviese conformada por dos personas.
El hombre extraño nos pidió que le acompañásemos. A mi pesar, su educación me agradó, pues lo diferenciaba del grupo de paletos y paletas que nos habían emboscado. Dijo que, en la cubierta, estaría el banquete. Vaya, así que habría banquete después de todo, y yo que pensaba que había sido una vil mentira para intentar atraernos como moscas. Bueno, atraer sí nos habían atraído, pero si en algún momento pensaban que nos fiaríamos —hablaba por mí y esperaba que también por Eaa—, es que eran más cortos de neuronas de lo que pensaban.
Pronto, estábamos a oscuras salvo por la iluminación procedente del exterior. Aproveché para dejarme caer desde la viga, frenando la velocidad de llegada al suelo con las alas. Al segundo siguiente ya había recuperado mi forma humana. Mi plan inicial había sido quedarme ahí arriba hasta comprobar los siguientes acontecimientos, pero estos ya habían ocurrido con la presencia de Wolf. Tampoco es que ya sirviese como factor sorpresa, pues aquella enigmática sonrisa había dejado bien claro que era consciente de mi presencia allí.
Eaa se adelantó a mis pasos y fue detrás de Hunter Wolf tras haberse agachado un instante ante la muerta, que yacía cual muñeco de trapo frente a las escaleras. Yo la seguí tras pasar por encima del cuerpo de Larian, pisándolo. Como dije, no sentía nada hacia ese cadáver.
Mis ojos tardaron algunos segundos en acostumbrarse a la maldita luz, lo que hizo que tuviera que cubrirlos con el dorso de la mano. Luego, se abrió ante mí la visión que Wolf había vaticinado: una mesa enorme cubierta de comida, casi rebosante, incluyendo los postres. Frente a sillas vacías, la cerveza. Joder, me moría de ganas de pegarle un trago a esa mierda, pero mi convicción de no probar nada de lo que veía allí era más fuerte. Incluso cuando mi estómago protestó ante tan ingente cantidad de alimentos, incluso cuando mi garganta clamaba por la humedad de una buena bebida.
Todo esto es puro veneno, estoy segura, me dije en sintonía con la desconfianza que no había dejado de sentir en ningún momento.
Hunter tomó el único asiento de la mesa individual, ofreciéndonos hacer lo propio en la grande. No sabía si se trataba de una elegante falta de respeto, si amaba su espacio personal por encima de todas las cosas, o si nos consideraba inferiores como para compartir mesa con nosotros. Cualquiera de las tres podía ser perfectamente plausible, a juzgar por su vestimenta. Hasta tenía bandejas con cúpula sobre aquella pequeña mesa.
De algún modo, me recordó al Patrón. Sentí asco durante unos segundos ante el recuerdo de aquel miserable, pero, aparte de la distinción de su apariencia, nada sugería que compartían ni el más mínimo rasgo. Eso sí, esperaba que el tipo no fuese de la nobleza, porque me agradaba como más que posible enemigo y no quería que su imagen se manchase en mi mente.
"Interesante" podría ser la palabra que describiese cómo se estaba poniendo la situación en aquel preciso instante.
Entonces, descubrí a Eaa murmurando, enfurruñada. Luego, apeló a la resolución de preguntas que Hunter Wolf había asegurado. Tuve un presentimiento, aquel que me advertía de que Eaa no mediría sus palabras, como solía suceder en ciertas situaciones. Lo llamó "pijo repelente". Por supuesto, no me equivocaba. Habló de ruiditos con referencia al tipo. Más de una vez me he preguntado si a Eaa le faltaba el filtro del sentido común a la hora de soltar lo primero que se le pasaba por la cabeza. Todos tenemos un límite, todos, más fácil de alcanzar o menos, para dejar la mesura a un lado y entrar al trapo en una conversación o discusión, pero ella... bueno, mi teoría es que no sabe medir las consecuencias de sus palabras frente a quien sea. No es que pensase que había que tratar con reverencia a ese apuesto hombre, pero estábamos en territorio ajeno, enemigo con gran probabilidad, y a veces, solo a veces, hay que pensar, por mucha impulsividad que se tenga.
Y si sé de algo, es de impulsividad.
En fin, todo aquello me habría gustado decirle a Eaa, pero como capitana de un grupo de dos, seguía una premisa: elogia en público y corrige en privado. Por supuesto, no la pondría en evidencia frente a aquellos dos tipos de cabello blanco.
Caminé hacia una de las sillas, la más cercana a Wolf, y, al igual que hice en aquella viga minutos antes, me aseguré de que mi espalda quedaba cubierta al no ofrecérsela a Hunter. Me senté. Podría no haberlo hecho, haberme quedado de pie como muestra de desconfianza, pero precisamente quería que percibiese confianza, confianza en nosotros mismos. Por eso, y porque me negaba en rotundo a permanecer de pie mientras otra persona se sentaba, como si tuviese algún cargo por encima de nosotros, como si tuviésemos que guardarle un respeto enfermizo.
—Hunter Wolf —pronuncié su nombre para llamar su atención—, yo también tengo mis preguntas. —Desde mi posición, lo miraba directamente a él e ignoraba la comida cuyo olor quería tentarme. Descubrí que su rostro era incluso más bello de cerca. Sus ojos resultaban penetrantes—. ¿Por qué? ¿Qué es lo que una supuesta banda como la vuestra, tan importante como queréis hacer ver en vuestras cartas, querría de gente como nosotros, que ni siquiera habíamos salido de nuestro Blue?
Mis palabras fueron tranquilas, sin apartar mis pupilas de las suyas, esperando que las recibiese como una nevada invernal, lejos de cualquier indicio de cándida curiosidad, sino más bien como muestra de que me fiaba de él tan poco como de un marine uniformado.
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