Chloe desapareció un momento mientras Viktor probaba el té, y reapareció con un fajo de billetes que puso en la mesa con un golpe, diciendo que la deuda estaba saldada. La miré y miré el fajo, y después volví a mirarla a ella chasqueando la lengua — Bueno... — dije, tendiendo la mano hacia delante para agarrar el fajo y comenzar a contarlo con calma y muy despacio, para comprobar que todos los billetes eran correctos, buenos, y la cantidad era la indicada. Mientras tanto el peliblanco preguntó con sorna que si teníamos portero — No es hostil — dije, apartando billetes lentamente — Es gilipollas — añadí — Probablemente nos escuche, hablan entre ellos tocándose la sien y hacen cosas raras... — otro billete más — ...Cincuenta... — seguía — La situación es que el Emperador nos quiere fuera de los límites de su ciudad, esta ciudad, mañana. Sólo teníamos plazo para que despertáseis y para que yo vaya a recoger el premio de la competición cuando me lo comuniquen... — otro taco de billetes — ...Cien... — y seguí contando — Que supongo que será mañana, a no ser que mande a otro imbécil con alas a buscarme en medio del bosque, y todo esto previendo que vaya a cumplir con su palabra, claro. En caso de negarme mi recompensa tendríamos que marcharnos tal cual, porque no podemos asumir una ofensiva contra todo un reino — otro taco de billetes — ...Ciento cincuenta... — y miré a Chloe — Y menos teniendo que proteger a esa — chasqueé la lengua y seguí contando — Por como lo veo tenemos dos posibilidades obvias: O me dan la recompensa o no me la dan. Si es lo primero, perfecto. Volvemos al Parabellum y esperamos a ver qué rutas toman los demás para poder actuar en consecuencia. Si es lo segundo pueden pasar dos cosas: O nos marchamos sin el premio, o es una trampa y me retienen a la fuerza — carraspeé la garganta y paré un segundo para rascarme con la yema del meñique la cicatriz sobre la nariz — ...Doscientos... — y dejé otro taco de billetes en la mesa, para seguir contando — Si no nos dan la recompensa podríamos probar a robar lo que haya en los barcos de los demás, útiles, riquezas, armas, información... lo que sea. Todos estarán en la ciudad probando y saboreando las mieles de Shandora. Pero si me retienen habrá problemas — y miré a Viktor, volviendo a poner un fajo de billetes en la mesa — ...Doscientos cincuenta... — agité los billetes que aun tenía en mi mano con gesto de decepción y continué contando, mirándolos, mientras hablaba — Obviamente me resistiré y tendremos que salir llevándonos por delante lo que haga falta. Pero sólo como gesto de buena fe y por mantener los ánimos calmados, acudiré a la llamada del Emperador sin mi arma. Como necesito que tú estés funcional y a pleno rendimiento por si hiciera falta abrirse paso de forma hostil, será Chloe quien lleve a Ein Hauch hasta que yo vuelva — sentencié, poniendo el resto de los billetes en la mesa, y juntándolos todos — Trescientos mil — y me puse en pie buscando mirar a Chloe — Está todo, excepto los intereses por haber tardado tanto en pagarmelo. Te faltan cien mil más, y cada día que pase desde hoy, serán mil berries más — le dije agitando el fajo y volviendo a dejarlo sobre la mesa, dirigiéndome hacia la ventana de nuevo para volver a mirar de reojo al quicio de la puerta y controlar la figura del ángel "guardián". Tras eso volví sobre mis pasos, de nuevo a la mesa, y volví a hablar bajando el tono.
— Durante la entrega de premios al menos el Emperador estará ocupado. Sus guardias no lo sé, seguramente no todos, pero gran parte custodiará el palacio o las calles... y es el único momento que tenéis para actuar. Podéis hacer lo que queráis, pero en cuanto yo abandone la sala del trono, vamos a volver a la costa y vamos a saquear todos los barcos de todos los presentes — dije, golpeando con el índice de la mano derecha en la mesa, y miré a Viktor — Tú consigue toda la información que puedas — y miré a Chloe — Y tú hazte con víveres y no pierdas de vista mi arma bajo ninguna circunstancia — me erguí de nuevo en su dirección, y empecé a caminar hacia ella — Y más te vale rebajar tu tono y recordar que el jefe aquí soy yo, y tu seguridad y protección por nuestra parte es sólo fruto de mi generosa oferta financiera. Actualmente eres un activo sin valor alguno, y si vuelves a faltarme el respeto con tus palabras, tu actitud o tu gesto, te agarraré esa garganta blanca y fina que tienes y la calentaré tanto que la cabeza se te desprenderá del cuello como la cera caliente resbala por el resto del cirio — finalicé frente a frente con ella, apoyando el índice con el que había golpeado la mesa, en su esternón. Lo notaría caliente, pero no hervía ni era dañino aunque su temperatura estuviera aumentando progresivamente — Respeto y dinero. Es lo único que me espero de ti... no vuelvas a decepcionarme. — y me giré para volver a la mesa, a sentarme cruzando la pierna y beberme el té de un trago, poniendo una mueca de asco al final — ¡Y encima esto sabe como una puta mierda! — grité, lanzando el vaso contra la pared, furioso — ¡¡Joder!! — exclamé colérico y me levanté, dirigiéndome hacia mi habitación — Me voy a vestir ¡que alguien prepare algo de cenar que no de asco! — sentencié cerrando la puerta tras de mi, esperando que mis compañeros/subordinados procediesen como les correspondía.
— Durante la entrega de premios al menos el Emperador estará ocupado. Sus guardias no lo sé, seguramente no todos, pero gran parte custodiará el palacio o las calles... y es el único momento que tenéis para actuar. Podéis hacer lo que queráis, pero en cuanto yo abandone la sala del trono, vamos a volver a la costa y vamos a saquear todos los barcos de todos los presentes — dije, golpeando con el índice de la mano derecha en la mesa, y miré a Viktor — Tú consigue toda la información que puedas — y miré a Chloe — Y tú hazte con víveres y no pierdas de vista mi arma bajo ninguna circunstancia — me erguí de nuevo en su dirección, y empecé a caminar hacia ella — Y más te vale rebajar tu tono y recordar que el jefe aquí soy yo, y tu seguridad y protección por nuestra parte es sólo fruto de mi generosa oferta financiera. Actualmente eres un activo sin valor alguno, y si vuelves a faltarme el respeto con tus palabras, tu actitud o tu gesto, te agarraré esa garganta blanca y fina que tienes y la calentaré tanto que la cabeza se te desprenderá del cuello como la cera caliente resbala por el resto del cirio — finalicé frente a frente con ella, apoyando el índice con el que había golpeado la mesa, en su esternón. Lo notaría caliente, pero no hervía ni era dañino aunque su temperatura estuviera aumentando progresivamente — Respeto y dinero. Es lo único que me espero de ti... no vuelvas a decepcionarme. — y me giré para volver a la mesa, a sentarme cruzando la pierna y beberme el té de un trago, poniendo una mueca de asco al final — ¡Y encima esto sabe como una puta mierda! — grité, lanzando el vaso contra la pared, furioso — ¡¡Joder!! — exclamé colérico y me levanté, dirigiéndome hacia mi habitación — Me voy a vestir ¡que alguien prepare algo de cenar que no de asco! — sentencié cerrando la puerta tras de mi, esperando que mis compañeros/subordinados procediesen como les correspondía.

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