31-05-2024, 04:27 PM
Sohem empezó a contar, aparentemente a disgusto, el dinero que le había entregado y a la vez a responder a Viktor. Afirmó que el custodio no era hostil, cosa que me hizo sentir un poco mejor, pero al momento afirmó también que probablemente nos escuchasen, y eso borró el alivio que acababa de sentir. Empezó entonces a explicar que no somos bienvenidos en la ciudad, algo que resultaba lógico después de su intento de asesinato en público, y que nos marcharíamos en cuanto él tuviera su premio, si es que se lo llegaban a dar, malas noticias tanto para Viktor como para mi, que ya nos habíamos hecho a la idea de poder explorar a nuestro aire el lugar para conocer más de esa tierra, cada uno a su manera. El jefe creía que podía ser una trampa ese llamado del emperador, y por cómo lo dijo la verdad es que no era raro que lo pensase. Explicó nuestros tres posibles; que le dieran el premio y esperásemos en el barco para ver qué hacían los demás, que no le dieran el premio y a cambio saqueásemos los barcos que había en la costa junto al velero de Magna, y finalmente, la opción menos apetecible, que retuvieran por la fuerza a Sohem en el palacio y tuviéramos -más ellos que yo- que abrirnos un camino de huida por las malas. Tras la exposición comenzó a explicar su plan, para empezar acudiría desarmado a la ceremonia de los premios pero yo tendría que vigilar su arma hasta su regreso.
Hubo algo de su planteamiento que no terminé de entender, pero antes de que pudiera siquiera plantearle mi duda el jefe me encaró y me dijo que aunque si estaba todo el dinero faltaban los intereses por haber tardado tanto en pagarle, cien mil extras que aumentarían diariamente sumando mil más a una deuda que parecía no acabar nunca. Logré, con esfuerzo, mantenerme calmada y esperar a que dejase de hablar para increparle por esa tontería. Siguió entonces explicando su plan, nos dio a Viktor y a mi tareas que llevar a cabo durante su breve estancia en el palacio dorado, él recogería información y yo víveres que llevar al barco, — ¿Tengo que ocuparme de comprar comida mientras cargo con la maza..? — fue el primer pensamiento que cruzó mi mente al escucharlo, y mientras le daba vueltas a cómo iba a cargar con eso y una bolsa llena de comida Sohem empezó a acercarse a mi. Me recordó que mi bienestar es solo posible gracias a ellos y que si volvía a faltarle al respeto mi cabeza quedaría separada del resto de mi cuerpo de una forma para nada agradable. No respondí, por más que quisiera pensar lo contrario él tenía razón, que era lo que más me enfadaba de toda la situación, llevó un dedo acusatorio a la zona baja de mi tórax, colocándolo sobre el esternón, y ese dedo debía estar caliente pues a través de la prenda que cubría mi cuerpo era capaz de sentir como ese calor penetraba el tejido hasta llegar a mi propia piel.
Tras esto volvió a sentarse y yo volví a respirar con normalidad. Vi que dio un trago al té para acto seguido gritar que su sabor era horrible, lanzando el vaso contra la pared, de nuevo gritó, levantándose y yendo a vestirse, pidiendo que alguien hiciera algo de cenar que fuera comestible, aunque después de probar ese té cualquier cosa le iba a saber a ambrosía. Tras su marcha de la habitación yo fui a sentarme en la silla que había dejado libre, coloqué sobre esta la taza con lo que me quedaba de té y apoyé mi cara contra las manos, que alcé, dejando mis brazos con un ángulo de, aproximadamente, noventa grados y con los codos reposando en la mesa, tomando aire y exhalándolo de forma pesada. Escuché a Viktor levantarse, y tras recoger sus cosas afirmó que nos veríamos en el que una vez fue su velero y que estaría atento a su Den Den por si algo pasaba, cosa que me preocupó, si capturaban a Sohem no podría comunicarse, y yo no tenía uno ya que nunca lo había necesitado antes. Después de quedar sola en la habitación dediqué un par de segundos a recomponerme mentalmente de que me dijeran algo que, en realidad, ya sabía. Alcé la mirada y vi la tetera, después miré mi taza de té y la tomé, vertiendo lo poco que quedaba de vuelta, no pensaba terminarlo, y tras eso me puse en pie, andando hacia la habitación en la que había dormido para buscar un armario en el que poder buscar algo de ropa limpia, sin embargo nada más entrar vi mi bolso, abierto por haber sacado dinero de él hacía nada, suspiré pesadamente, de nuevo. Saqué doscientos mil berries y volví a la sala de estar en la que anteriormente estábamos los tres, dejando los billetes en la mesa, al lado de la tetera, y hecho eso empecé a buscar una cocina en la que poder empezar a preparar algo de comida, la ropa no iba a moverse de su sitio mientras yo hacía la cena.
Hubo algo de su planteamiento que no terminé de entender, pero antes de que pudiera siquiera plantearle mi duda el jefe me encaró y me dijo que aunque si estaba todo el dinero faltaban los intereses por haber tardado tanto en pagarle, cien mil extras que aumentarían diariamente sumando mil más a una deuda que parecía no acabar nunca. Logré, con esfuerzo, mantenerme calmada y esperar a que dejase de hablar para increparle por esa tontería. Siguió entonces explicando su plan, nos dio a Viktor y a mi tareas que llevar a cabo durante su breve estancia en el palacio dorado, él recogería información y yo víveres que llevar al barco, — ¿Tengo que ocuparme de comprar comida mientras cargo con la maza..? — fue el primer pensamiento que cruzó mi mente al escucharlo, y mientras le daba vueltas a cómo iba a cargar con eso y una bolsa llena de comida Sohem empezó a acercarse a mi. Me recordó que mi bienestar es solo posible gracias a ellos y que si volvía a faltarle al respeto mi cabeza quedaría separada del resto de mi cuerpo de una forma para nada agradable. No respondí, por más que quisiera pensar lo contrario él tenía razón, que era lo que más me enfadaba de toda la situación, llevó un dedo acusatorio a la zona baja de mi tórax, colocándolo sobre el esternón, y ese dedo debía estar caliente pues a través de la prenda que cubría mi cuerpo era capaz de sentir como ese calor penetraba el tejido hasta llegar a mi propia piel.
Tras esto volvió a sentarse y yo volví a respirar con normalidad. Vi que dio un trago al té para acto seguido gritar que su sabor era horrible, lanzando el vaso contra la pared, de nuevo gritó, levantándose y yendo a vestirse, pidiendo que alguien hiciera algo de cenar que fuera comestible, aunque después de probar ese té cualquier cosa le iba a saber a ambrosía. Tras su marcha de la habitación yo fui a sentarme en la silla que había dejado libre, coloqué sobre esta la taza con lo que me quedaba de té y apoyé mi cara contra las manos, que alcé, dejando mis brazos con un ángulo de, aproximadamente, noventa grados y con los codos reposando en la mesa, tomando aire y exhalándolo de forma pesada. Escuché a Viktor levantarse, y tras recoger sus cosas afirmó que nos veríamos en el que una vez fue su velero y que estaría atento a su Den Den por si algo pasaba, cosa que me preocupó, si capturaban a Sohem no podría comunicarse, y yo no tenía uno ya que nunca lo había necesitado antes. Después de quedar sola en la habitación dediqué un par de segundos a recomponerme mentalmente de que me dijeran algo que, en realidad, ya sabía. Alcé la mirada y vi la tetera, después miré mi taza de té y la tomé, vertiendo lo poco que quedaba de vuelta, no pensaba terminarlo, y tras eso me puse en pie, andando hacia la habitación en la que había dormido para buscar un armario en el que poder buscar algo de ropa limpia, sin embargo nada más entrar vi mi bolso, abierto por haber sacado dinero de él hacía nada, suspiré pesadamente, de nuevo. Saqué doscientos mil berries y volví a la sala de estar en la que anteriormente estábamos los tres, dejando los billetes en la mesa, al lado de la tetera, y hecho eso empecé a buscar una cocina en la que poder empezar a preparar algo de comida, la ropa no iba a moverse de su sitio mientras yo hacía la cena.
