Pareciera que mis palabras estaban siendo suscritas una a una por la anciana bibliotecaria. Mientras yo trataba de buscar un sentido lógico al orden en el que debería devorar las hojas de los libros que había mencionado, ella simplemente parecía asentir con la cabeza. Finalmente, me dio permiso para leer cualquier libro de los que había en la biblioteca. También me especificó que en esta planta es donde se encontraban toda la información de Shandora y la isla del cielo, siendo que las plantas superiores había información sobre lugares y campos de estudio distintos, pero que también podía ir sin ningún problema a buscar su conocimiento. El único sitio que prohibió fue una puerta de madera entre dos estanterías donde decía tener libros viejos para restaurar. Miré a la puerta de reojo y observé un viejo candado intentando impedir que esta se abriera. No es que tuviera todo el sentido del mundo. Bajo llave pones algo valioso o que no quieres que alguien pueda acceder, pero libros por restaurar... No lo sé, Joe, parece falso. De todas maneras no me importo. Había suficientes libros en las tres plantas para leer una vida completa y no iba a arruinar la confianza de la bibliotecaria en mí por cuatro libros viejos.
— Sí, señora. — dije girándome a ella y realizando un saludo cordial, inclinando mi torso ligeramente con las piernas rectas y juntas, deslizando mis manos a lo largo del exterior de mis piernas. Tras esto, la señora comenzó a subir las escaleras para marcharse a los pisos superiores. Me quedé solo antes todo el conocimiento de Skypiea. — Bien... ¿Por dónde empezamos? — mascullé mientras me acercaba la primera estantería y pasaba los dedos índice y corazón por los lomos de los libros.
El primero que ayer fue uno de los que la anciana mencionó: historia de una ciudad ancestral. Lo saqué con cuidado de la línea de libros y comencé a leerlo. En eso relataban diversos aspectos de la fundación de la isla del cielo desde épocas inmemoriales. Con la sucesión de las hojas aprendí mucho sobre los que fueron reyes y emperadores de aquella isla, así como héroes y figuras emblemáticas, siendo la última más llamativa Yojimbo LeMarcus Cornell Yamamura 2º. Se hablaba de un primogénito, pero no había más datos. Finalmente, cerró el libro tras terminarlo y lo dejé en su sitio exactamente igual que antes, alineado con todos sus similares. El segundo libro fue el de la arquitectura y arte. Este, quizá un poco menos interesante para mí, hablaba sobre la edificación y las técnicas de construcción de la isla. Además, también se mencionaban autores y artistas referenciando a sus obras y el estilo de estas. Nada que me llamara especialmente la atención, por lo que devolví el libro a su lugar tras terminarlo. Finalmente, hallé los manuscritos perdidos de Shandora. Este libro era terriblemente extraño, pues, cuantas más páginas leía, más dudas sentía que tenía sobre la civilización de la isla del cielo. Sus páginas desgastadas eran a la vez fuentes de información y de duda, haciendo que cada línea arrojara luz y sombras sobre ciertos aspectos en mi cabeza.
Me senté sobre una de las sillas de la mesa donde había conocido la bibliotecaria, puesto que esto estaba siendo una lectura bastante más densa. Dentro del libro de los manuscritos perdidos se mencionaba una biblioteca oculta o perdida a través de otros textos. Esto agrandó mi curiosidad sobre dicha biblioteca. Si esta era una de las más grandes, o la más grande, ¿por qué había otra biblioteca perdida? Preguntas inconexas. Continué revisando otros libros y di con uno en el que se mencionaban una serie de textos de la antigua biblioteca. Algunos de ellos hablaban sobre relatos, otro sobre maneras de tratar enfermedades, algunos útiles como la navegación y la astronomía, pero finalmente y casi pasando desapercibido en esa extensa lista de libros uno de los títulos estaba tachado haciendo totalmente imposible que supiera que ponía ahí. Mi cara de confusión fue apreciable desde kilómetros. ¿Cómo la anciana que tan concienzudamente cuidaba de los libros había permitido que se tachara en uno de ellos? Comencé a pasar páginas buscando más señales y allí varias de ellas arrancadas. Algo no cuadraba. Cerré el libro y comencé a subir las escaleras en busca de la señora. — Disculpe... — dije en voz alta para que me escuchara y hallar a la anciana. — He encontrado este libro y parece que está dañado. Quizá quiera incluirlo en su habitación de restauración. — expliqué a la vieja bibliotecaria, buscándola con la mirada. Al ser tan pequeña, cualquier estantería por pequeña que fuera era capaz de taparla por completo.
— Sí, señora. — dije girándome a ella y realizando un saludo cordial, inclinando mi torso ligeramente con las piernas rectas y juntas, deslizando mis manos a lo largo del exterior de mis piernas. Tras esto, la señora comenzó a subir las escaleras para marcharse a los pisos superiores. Me quedé solo antes todo el conocimiento de Skypiea. — Bien... ¿Por dónde empezamos? — mascullé mientras me acercaba la primera estantería y pasaba los dedos índice y corazón por los lomos de los libros.
El primero que ayer fue uno de los que la anciana mencionó: historia de una ciudad ancestral. Lo saqué con cuidado de la línea de libros y comencé a leerlo. En eso relataban diversos aspectos de la fundación de la isla del cielo desde épocas inmemoriales. Con la sucesión de las hojas aprendí mucho sobre los que fueron reyes y emperadores de aquella isla, así como héroes y figuras emblemáticas, siendo la última más llamativa Yojimbo LeMarcus Cornell Yamamura 2º. Se hablaba de un primogénito, pero no había más datos. Finalmente, cerró el libro tras terminarlo y lo dejé en su sitio exactamente igual que antes, alineado con todos sus similares. El segundo libro fue el de la arquitectura y arte. Este, quizá un poco menos interesante para mí, hablaba sobre la edificación y las técnicas de construcción de la isla. Además, también se mencionaban autores y artistas referenciando a sus obras y el estilo de estas. Nada que me llamara especialmente la atención, por lo que devolví el libro a su lugar tras terminarlo. Finalmente, hallé los manuscritos perdidos de Shandora. Este libro era terriblemente extraño, pues, cuantas más páginas leía, más dudas sentía que tenía sobre la civilización de la isla del cielo. Sus páginas desgastadas eran a la vez fuentes de información y de duda, haciendo que cada línea arrojara luz y sombras sobre ciertos aspectos en mi cabeza.
Me senté sobre una de las sillas de la mesa donde había conocido la bibliotecaria, puesto que esto estaba siendo una lectura bastante más densa. Dentro del libro de los manuscritos perdidos se mencionaba una biblioteca oculta o perdida a través de otros textos. Esto agrandó mi curiosidad sobre dicha biblioteca. Si esta era una de las más grandes, o la más grande, ¿por qué había otra biblioteca perdida? Preguntas inconexas. Continué revisando otros libros y di con uno en el que se mencionaban una serie de textos de la antigua biblioteca. Algunos de ellos hablaban sobre relatos, otro sobre maneras de tratar enfermedades, algunos útiles como la navegación y la astronomía, pero finalmente y casi pasando desapercibido en esa extensa lista de libros uno de los títulos estaba tachado haciendo totalmente imposible que supiera que ponía ahí. Mi cara de confusión fue apreciable desde kilómetros. ¿Cómo la anciana que tan concienzudamente cuidaba de los libros había permitido que se tachara en uno de ellos? Comencé a pasar páginas buscando más señales y allí varias de ellas arrancadas. Algo no cuadraba. Cerré el libro y comencé a subir las escaleras en busca de la señora. — Disculpe... — dije en voz alta para que me escuchara y hallar a la anciana. — He encontrado este libro y parece que está dañado. Quizá quiera incluirlo en su habitación de restauración. — expliqué a la vieja bibliotecaria, buscándola con la mirada. Al ser tan pequeña, cualquier estantería por pequeña que fuera era capaz de taparla por completo.

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