02-06-2024, 12:46 PM
Nada más terminar con aquella formalidad y pedir el deseo podría haber vuelto a subir las escaleras para regresar a la habitación en la que me hospedaba, pero con este giro de los acontecimientos debía actuar cuanto antes. Si no interceptaba al cazarrecompensas, se marcharía ya mismo de la isla, tal y como le había ordenado el emperador Zarutsuki. Le vi salir por la gran puerta del palacio, no le quité la vista de la espalda. No parecía prestarme demasiada atención, estaría pendiente de otro asunto o, tal vez, era así de despistado. Por lo que había podido comprobar, era un tipo bastante peculiar, pero todavía no sabía si se comportaba de esa manera a propósito para despistar o realmente era tan caótico, explosivo y olvidadizo. De cualquier manera, era un cóctel peligroso.
Al ver que salía por la puerta me giré olvidando por completo despedirme de los demás o dedicarles unas últimas palabras. Aceleré el paso para no perderle de vista, pero sin pretender alcanzarle del todo aún. Cuando crucé la puerta él ya estaba terminando de descender las escaleras para dirigirse hacia algún lugar. Di una última calada a mi puro y lo lancé hacia uno de los lados. Los guardias que vigilaban no parecieron inmutarse, pero en estos momentos tampoco me preocupaba mantener los modales. Mientras se alejaba, continué avanzando manteniendo las distancias. ¿Debía ser igual de traidora que él y atacar sin avisar? Eso me daría ventaja, pero mi intención no era solo derrotarle, quería le quedase claro quién era y con quién no debía meterse.
Llegó un punto en el que se quedó inmóvil, como esperando algo. Se encontraba en mitad de la nada, a medio camino entre el palacio y la ciudad. Tal vez esperase a alguien. Los suyos tenían prohibida la entrada a esa zona, pero no me extrañaría que incumpliesen con la orden. Si era así, tenía que darme prisa. Por mucha rabia que sintiese al verle, era consciente de su poder y su habilidad en combate, no iba a subestimarle. Ni siquiera estaba segura de poder vencerle, si aparecían más de los suyos, mis posibilidades de salir con vida se reducirían considerablemente.
Mientras esperaba, continué caminando por su espalda hasta quedarme a 7 metros de distancia. Me paré a esta altura y desenvainé mis dos katanas, sin importarme el sonido que pudiesen hacer. Ya había decidido que no haría de esto una emboscada. —Tú —le dije sin ocultar el desprecio que sentía por él —. Has intentado matar a mi capitán y eso te va a costar caro—. No pensaba dedicarle ni una palabra más por el momento, no sería necesario. Mientras hablaba, crucé mis katanas por delante de mí, a la altura de mi pecho, para formar una equis sujetándolas con fuerza y colocarme en posición, preparada para hacer frente a lo que fuese, pero sobre todo para atacar.
Al ver que salía por la puerta me giré olvidando por completo despedirme de los demás o dedicarles unas últimas palabras. Aceleré el paso para no perderle de vista, pero sin pretender alcanzarle del todo aún. Cuando crucé la puerta él ya estaba terminando de descender las escaleras para dirigirse hacia algún lugar. Di una última calada a mi puro y lo lancé hacia uno de los lados. Los guardias que vigilaban no parecieron inmutarse, pero en estos momentos tampoco me preocupaba mantener los modales. Mientras se alejaba, continué avanzando manteniendo las distancias. ¿Debía ser igual de traidora que él y atacar sin avisar? Eso me daría ventaja, pero mi intención no era solo derrotarle, quería le quedase claro quién era y con quién no debía meterse.
Llegó un punto en el que se quedó inmóvil, como esperando algo. Se encontraba en mitad de la nada, a medio camino entre el palacio y la ciudad. Tal vez esperase a alguien. Los suyos tenían prohibida la entrada a esa zona, pero no me extrañaría que incumpliesen con la orden. Si era así, tenía que darme prisa. Por mucha rabia que sintiese al verle, era consciente de su poder y su habilidad en combate, no iba a subestimarle. Ni siquiera estaba segura de poder vencerle, si aparecían más de los suyos, mis posibilidades de salir con vida se reducirían considerablemente.
Mientras esperaba, continué caminando por su espalda hasta quedarme a 7 metros de distancia. Me paré a esta altura y desenvainé mis dos katanas, sin importarme el sonido que pudiesen hacer. Ya había decidido que no haría de esto una emboscada. —Tú —le dije sin ocultar el desprecio que sentía por él —. Has intentado matar a mi capitán y eso te va a costar caro—. No pensaba dedicarle ni una palabra más por el momento, no sería necesario. Mientras hablaba, crucé mis katanas por delante de mí, a la altura de mi pecho, para formar una equis sujetándolas con fuerza y colocarme en posición, preparada para hacer frente a lo que fuese, pero sobre todo para atacar.
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