02-06-2024, 07:38 PM
(Última modificación: 02-06-2024, 07:53 PM por Triana Tempesta.)
Como era de esperar, se giró al escucharme tras él. Esta vez sí pareció reconocerme, aunque seguía sin decir bien mi nombre. No sabía si lo que pretendía era enfadarme más o su memoria era realmente tan mala, pero no podía importarme menos. Era la primera vez que le escuchaba hablar tanto. Parecía que le molestaba que fuésemos los invitaos de honor del emperador y era comprensible, eso le había impedido venir a por nosotros. Su mensaje parecía cargado de sorna, incluso se atrevió a llamarme cobarde. Ni siquiera se me había pasado por la cabeza recibir ayuda de nadie, algo tan rastrero solo podía pasar una mente despreciable como la suya. Si los guardias intervenían pensaba cortarles por la mitad a ellos también. No tendría ningún mérito vencerle si no era por mis propios medios.
Él también se posicionó, listo para el combate, haciendo unas poses de lo más extrañas. A saber si era parte de su extraño poder, una especie de condición para utilizarlo, o era así de rarito. No me importaba, hiciera lo que hiciese no pensaba rendirme, mi estrategia consistiría en no dar tregua, en atacar sin descanso hasta verle tirado en el suelo. Ahora que había mencionado a Sasha me había dado otro motivo para no perder. No solo estaba en juego el honor de nuestra banda, sino también la integridad de los miembros. Había estado tan enfrascada pensando en Yamamura y en vengarle que no recordaba que ese enfermo estaba engañando a una niña para capturarla a ella y a sus compañeros y venderlos como si fuesen ganado, vivos o muertos.
—Ahora vas a ver cómo me hice las cicatrices —le dije descruzando la espada derecha y lanzándome a por él, fijándome en sus manos. Quería salvar la distancia entre nosotros, recorrer seis de los siete metros que nos separaban para extender mi espada derecha lo más rápido que pudiese realizando un corte vertical dirigido hacia su muslo izquierdo. Mientras, mantendría la otra cerca de mi cuerpo, frente a mi pecho. —Hoyo de Monterey.
Él también se posicionó, listo para el combate, haciendo unas poses de lo más extrañas. A saber si era parte de su extraño poder, una especie de condición para utilizarlo, o era así de rarito. No me importaba, hiciera lo que hiciese no pensaba rendirme, mi estrategia consistiría en no dar tregua, en atacar sin descanso hasta verle tirado en el suelo. Ahora que había mencionado a Sasha me había dado otro motivo para no perder. No solo estaba en juego el honor de nuestra banda, sino también la integridad de los miembros. Había estado tan enfrascada pensando en Yamamura y en vengarle que no recordaba que ese enfermo estaba engañando a una niña para capturarla a ella y a sus compañeros y venderlos como si fuesen ganado, vivos o muertos.
—Ahora vas a ver cómo me hice las cicatrices —le dije descruzando la espada derecha y lanzándome a por él, fijándome en sus manos. Quería salvar la distancia entre nosotros, recorrer seis de los siete metros que nos separaban para extender mi espada derecha lo más rápido que pudiese realizando un corte vertical dirigido hacia su muslo izquierdo. Mientras, mantendría la otra cerca de mi cuerpo, frente a mi pecho. —Hoyo de Monterey.
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