05-06-2024, 01:32 PM
Así que Zorak le ha hablado mucho de mí a Jerry, pensé mientras alzaba una ceja. Me intrigaba y me inquietaba a partes iguales. Llevaba mejor salir en el periódico por haber llevado a cabo una barbaridad —como la primera y la única vez que había sido el caso— que saber que alguien sabía de mí por otro alguien si esto se ligaba al ámbito personal. En cuanto a la piratería, me importaba una mierda, jamás me he arrepentido de lo que soy.
—Un placer, Jerry —respondí con voz impersonal ahora que había recuperado la capacidad de hablar sin hacer el ridículo.
Dejé que continuase hablando sobre los presuntos piratas que tendrían la mala suerte de encontrarse con la gente equivocada, si es que era verdad que Zorak pretendía hacerse con ese mapa. Hacerse con ello para dármelo a mí, según había revelado el muchacho tras el Den Den Mushi. El pelirrojo era una caja de sorpresas.
—Sin aspiraciones altas no se va a ningún sitio, todos comenzamos alguna vez —comenté—. Claro que no todos están a la altura de la grandeza.
¿Por qué había dicho eso? ¿Estaba yo a la altura de la grandeza? Quería pensar que sí, Peteiro y Eaa confiaban en ello al haberme nombrado líder de nuestro pequeño grupo, sobre todo teniendo en cuenta que pretendíamos adentrarnos en Grand Line. Para ello hace falta aspiraciones altas y la capacidad de alcanzarlas. Mi plan contemplaba ambas.
Una goleta de velas amarillas. Joder, qué mal gusto.
Cuatro tripulantes.
Un mapa.
Zorak le dio las gracias por la información, transmitiendo su orgullo. Miré hacia un lado, incómoda. No acostumbraba a presenciar muestras de cariño entre camaradas más allá de las que me ofrecía Eaa. A veces me gustaría corresponder su entusiasmo, pero me es jodido estar a su altura. Al menos, si no he bebido. Sin embargo, para mí era importante que supiera cuánto me importaba, aunque mi habilidad emocional era la misma que la de una bota.
De pronto, el Den Den Mushi se emocionó. ¿Se puede emocionar un caracol? Jerry, entonces, me habló directamente a mí. Cubrieron mi contratiempo, dijo. Fue como llamó a aquel embajador puerco y abusador que tuve a bien asesinar en East Ballywood para posteriormente arrancar su polla a modo de mensaje. Sonreí. Era agradable saber que tenía a aquella gente de mi lado. Me invitó a pasarme por La Última Gota si algún día me dejaba caer por allí de nuevo, así como a Eaa y a Peteiro. Era la primera vez que hablaba con Jerry y ya me caía bien.
—Te tomo la palabra —respondí. A continuación, bebí de mi jarra de nuevo, asegurándome de no morirme en el intento. La cerveza bajó, fresca, por mi garganta. Así sí—. Y si alguna vez pisas nuestro barco, también estarás invitado a una buena cerveza. O a varias, las que este —miré a Zorak— no se quiere beber.
Saber que Zorak quería dar un golpe a unos pobres novatos disparó mi adrenalina. No diría que no a una aventura improvisada. Porque, por supuesto, me sumaría a él, lo quisiera o no. Me terminé de golpe el contenido de la jarra.
—Un placer, Jerry —respondí con voz impersonal ahora que había recuperado la capacidad de hablar sin hacer el ridículo.
Dejé que continuase hablando sobre los presuntos piratas que tendrían la mala suerte de encontrarse con la gente equivocada, si es que era verdad que Zorak pretendía hacerse con ese mapa. Hacerse con ello para dármelo a mí, según había revelado el muchacho tras el Den Den Mushi. El pelirrojo era una caja de sorpresas.
—Sin aspiraciones altas no se va a ningún sitio, todos comenzamos alguna vez —comenté—. Claro que no todos están a la altura de la grandeza.
¿Por qué había dicho eso? ¿Estaba yo a la altura de la grandeza? Quería pensar que sí, Peteiro y Eaa confiaban en ello al haberme nombrado líder de nuestro pequeño grupo, sobre todo teniendo en cuenta que pretendíamos adentrarnos en Grand Line. Para ello hace falta aspiraciones altas y la capacidad de alcanzarlas. Mi plan contemplaba ambas.
Una goleta de velas amarillas. Joder, qué mal gusto.
Cuatro tripulantes.
Un mapa.
Zorak le dio las gracias por la información, transmitiendo su orgullo. Miré hacia un lado, incómoda. No acostumbraba a presenciar muestras de cariño entre camaradas más allá de las que me ofrecía Eaa. A veces me gustaría corresponder su entusiasmo, pero me es jodido estar a su altura. Al menos, si no he bebido. Sin embargo, para mí era importante que supiera cuánto me importaba, aunque mi habilidad emocional era la misma que la de una bota.
De pronto, el Den Den Mushi se emocionó. ¿Se puede emocionar un caracol? Jerry, entonces, me habló directamente a mí. Cubrieron mi contratiempo, dijo. Fue como llamó a aquel embajador puerco y abusador que tuve a bien asesinar en East Ballywood para posteriormente arrancar su polla a modo de mensaje. Sonreí. Era agradable saber que tenía a aquella gente de mi lado. Me invitó a pasarme por La Última Gota si algún día me dejaba caer por allí de nuevo, así como a Eaa y a Peteiro. Era la primera vez que hablaba con Jerry y ya me caía bien.
—Te tomo la palabra —respondí. A continuación, bebí de mi jarra de nuevo, asegurándome de no morirme en el intento. La cerveza bajó, fresca, por mi garganta. Así sí—. Y si alguna vez pisas nuestro barco, también estarás invitado a una buena cerveza. O a varias, las que este —miré a Zorak— no se quiere beber.
Saber que Zorak quería dar un golpe a unos pobres novatos disparó mi adrenalina. No diría que no a una aventura improvisada. Porque, por supuesto, me sumaría a él, lo quisiera o no. Me terminé de golpe el contenido de la jarra.
