05-06-2024, 03:17 PM
La presa me siguió, como si de un felino sumiso se tratase, a través del bosque hasta el claro donde me senté, dispuesta a concederle su último momento de paz. Por supuesto, no había pasado desapercibida ninguna de sus lascivas miradas a mi cuerpo. Qué fantástica escena y que deleitoso momento estaba viviendo en aquel momento. ¿Qué cara pondría cuando, embriagados todos sus sentidos por nuestra romántica y caliente “cita”, descubriese que su vida terminaría en ese mismo instante? No podía borrar de mi cara una sonrisa llena de expectación y anhelo por ver la vida del hombre apagarse en sus ojos. Le daría exactamente lo que él había dado al mundo, rompiendo los sueños y fantasías de otros en apenas un instante, cambiando por completo sus vidas para siempre. Aunque parecía que él no cabía de la emoción, cosa que su tanga así confirmaba, no estaba ni por asomo tan excitado como yo en aquel momento. Expiró profundamente, dándose unos momentos para relajarse tras lo cual me sonrió y guiñó el ojo, diciendo que me preparase y que esperaba que disfrutara del concierto.
—¡Es! —respondí con una radiante sonrisa y juntando las manos rectas apoyando mi mentón sobre ellas— Adelante, mi apuesto juglar.
Garnet comenzó a entonar las primeras notas con su laúd, una melodía intensa a la vez que hermosa. Una de las muchas mentiras que le había contado al músico, era que nunca antes habían tocado para mí. Una gran mentira, puesto que en mi juventud, mis padres contrataban asiduamente a músicos para ello, incluso tuvimos a uno durante unos meses tocando cada día para amenizar las cenas, hasta que mi padre se cansó de él. Todo aquello me había dado la capacidad de saber apreciar si un músico era bueno y si tenía talento o no, y lo cierto era que Garnet tocaba espectacularmente y rebosaba de talento. Era la primera vez que lo escuchaba con atención, quedando asombrada y, para mi estupor, disfrutando de la pieza musical. Además, el joven danzaba de forma animada, moviéndose de un lado a otro pero sin alejarse demasiado. En una ocasión incluso paso su trasero por toda mi cara, que tuve que echar hacia atrás para no golpearme con él. Estaba siendo muy divertido, sin duda los artistas que había visto no actuaban de esa forma y en aquellas circunstancias habría sido considerado una grosería y algo sumamente vulgar, pero tras una vida llena de normas y etiqueta, al salir al mundo real y conocer a más personas, había llegado a recrearme con actuaciones como aquella. Precisamente por las limitaciones que me habían impuesto a la hora de comportarme, las personas como Karl, que eran directas, sinceras, naturales, que mostraban sus emociones sin tapujos, sin máscaras artificiales, me despertaban una genuina simpatía. Eran todo lo contrario a lo que yo era, y en lugar de generarme rechazo, me atraían magnéticamente.
Garnet terminó su actuación, exhausto por la enérgica actuación, sudoroso y jadeando. Me preguntó sobre qué me había parecido.
—Ha sido… —dije levantándome— francamente fantástico, ¿sabes? —terminé de decir, sonriente y aplaudiendo— Tienes muchísimo talento, Garnet, te lo digo de corazón, ha sido maravilloso.
Fue una reacción sincera, lo cual hizo que me sintiese terriblemente mal. Él apartó la mirada hacia el suelo, no parecía estar a gusto con su actuación y dijo que no estaba en su mejor momento, que le habría gustado cantar también, pero que no era capaz de encontrar las palabras. Lo observaba con una expresión agridulce en el rostro. Me estaba planteando de nuevo si realmente era verdad que fuese un asesino desalmado. Su música, su actitud, no veía ningún atisbo en él de la maldad que proyectaban los piratas. Me preguntó si querría que para la próxima me compusiese una canción, una solo para mí. Era hasta dulce…
Tap, tap, tap…
Un sonido cercano me puso en alerta. Si mi oído no me fallaba, y nunca lo hacía, algo grande acechaba en el bosque al frente, justo por detrás de Garnet, todavía oculto por las sombras. Podía escuchar el leve sonido de las patas sobre la maleza, un sonido increíblemente sutil, pero letal. Y cuando desvié la mirada por encima del hombro del hombre, crucé la mirada con los ojos de la bestia, que reflejaban muy ligeramente la poca luz del claro. Era una situación perfecta. Si una bestia acababa con él, no tendría ni que ensuciarme las manos. Una lástima, a su vez, pues llevaba mucho sin poder disfrutar del fragor del combate, pero una opción mucho más segura, sobre todo en lo concerniente a Zarutsuki. Sería imposible que me echasen la culpa de que un animal salvaje asesinara a Garnet, y una vez muerto, podría entregar su cuerpo incluso, tal vez. Independientemente del resultado para mi carrera, lo importante es que habría un pirata menos respirando en el mundo.
Pero apenas un segundo atrás, estaba planteándome si de verdad merecía aquello Garnet. Había confiado en mí, me había tratado bien, aunque lascivamente, y se había esforzado por regalarme un momento íntimo y agradable. ¿Era justo que le hiciese eso? “Justicia…” pensé en la palabra y lo que significaba para mí. ¿Cómo me habría sentido si alguien hubiese tenido la oportunidad perfecta para acabar con Rust y la hubiese dejado pasar simplemente porque le pareció majo? Aparentar, fingir, mentir… Eran cosas muy sencillas de hacer y podían cambiar por completo la opinión de los demás sobre quién eras, yo lo hacía de continuo. ¿Y si Garnet estaba haciendo precisamente eso? Bien podría estar fingiendo para cumplir sus fantasías y acostarse con una mujer hermosa, la más hermosa del mundo, por cierto. A su vez, con lo pervertido que era, seguro que le encontraba morbosidad a la idea de acostarse con una marine. Sí, era todo fingido, una tapadera para su verdadera cara, la de un asesino desalmado.
—Mi dulce y precioso gatito… —susurré avanzando hacia él, salvando la corta distancia que nos separaba sonriente.
No podía permitir que la tercera presencia lo alertase, debía entretenerlo a cómo de lugar. Y era muy sencillo el cómo hacerlo. En cuanto estuve delante, lo besé con intensidad, con las manos apoyadas en su pecho que resbalaron con el sudor hacia sus marcados abdominales. “Qué desperdicio de cuerpo, perteneciendo a un pirata. Espero al menos que sirva de algo por primera vez en su vida alimentando a la bestia.” pensé cerrando los ojos a la vez que veía como el animal se lanzaba a su espalda dispuesto a encajar un zarpazo en ella.
—¡Es! —respondí con una radiante sonrisa y juntando las manos rectas apoyando mi mentón sobre ellas— Adelante, mi apuesto juglar.
Garnet comenzó a entonar las primeras notas con su laúd, una melodía intensa a la vez que hermosa. Una de las muchas mentiras que le había contado al músico, era que nunca antes habían tocado para mí. Una gran mentira, puesto que en mi juventud, mis padres contrataban asiduamente a músicos para ello, incluso tuvimos a uno durante unos meses tocando cada día para amenizar las cenas, hasta que mi padre se cansó de él. Todo aquello me había dado la capacidad de saber apreciar si un músico era bueno y si tenía talento o no, y lo cierto era que Garnet tocaba espectacularmente y rebosaba de talento. Era la primera vez que lo escuchaba con atención, quedando asombrada y, para mi estupor, disfrutando de la pieza musical. Además, el joven danzaba de forma animada, moviéndose de un lado a otro pero sin alejarse demasiado. En una ocasión incluso paso su trasero por toda mi cara, que tuve que echar hacia atrás para no golpearme con él. Estaba siendo muy divertido, sin duda los artistas que había visto no actuaban de esa forma y en aquellas circunstancias habría sido considerado una grosería y algo sumamente vulgar, pero tras una vida llena de normas y etiqueta, al salir al mundo real y conocer a más personas, había llegado a recrearme con actuaciones como aquella. Precisamente por las limitaciones que me habían impuesto a la hora de comportarme, las personas como Karl, que eran directas, sinceras, naturales, que mostraban sus emociones sin tapujos, sin máscaras artificiales, me despertaban una genuina simpatía. Eran todo lo contrario a lo que yo era, y en lugar de generarme rechazo, me atraían magnéticamente.
Garnet terminó su actuación, exhausto por la enérgica actuación, sudoroso y jadeando. Me preguntó sobre qué me había parecido.
—Ha sido… —dije levantándome— francamente fantástico, ¿sabes? —terminé de decir, sonriente y aplaudiendo— Tienes muchísimo talento, Garnet, te lo digo de corazón, ha sido maravilloso.
Fue una reacción sincera, lo cual hizo que me sintiese terriblemente mal. Él apartó la mirada hacia el suelo, no parecía estar a gusto con su actuación y dijo que no estaba en su mejor momento, que le habría gustado cantar también, pero que no era capaz de encontrar las palabras. Lo observaba con una expresión agridulce en el rostro. Me estaba planteando de nuevo si realmente era verdad que fuese un asesino desalmado. Su música, su actitud, no veía ningún atisbo en él de la maldad que proyectaban los piratas. Me preguntó si querría que para la próxima me compusiese una canción, una solo para mí. Era hasta dulce…
Tap, tap, tap…
Un sonido cercano me puso en alerta. Si mi oído no me fallaba, y nunca lo hacía, algo grande acechaba en el bosque al frente, justo por detrás de Garnet, todavía oculto por las sombras. Podía escuchar el leve sonido de las patas sobre la maleza, un sonido increíblemente sutil, pero letal. Y cuando desvié la mirada por encima del hombro del hombre, crucé la mirada con los ojos de la bestia, que reflejaban muy ligeramente la poca luz del claro. Era una situación perfecta. Si una bestia acababa con él, no tendría ni que ensuciarme las manos. Una lástima, a su vez, pues llevaba mucho sin poder disfrutar del fragor del combate, pero una opción mucho más segura, sobre todo en lo concerniente a Zarutsuki. Sería imposible que me echasen la culpa de que un animal salvaje asesinara a Garnet, y una vez muerto, podría entregar su cuerpo incluso, tal vez. Independientemente del resultado para mi carrera, lo importante es que habría un pirata menos respirando en el mundo.
Pero apenas un segundo atrás, estaba planteándome si de verdad merecía aquello Garnet. Había confiado en mí, me había tratado bien, aunque lascivamente, y se había esforzado por regalarme un momento íntimo y agradable. ¿Era justo que le hiciese eso? “Justicia…” pensé en la palabra y lo que significaba para mí. ¿Cómo me habría sentido si alguien hubiese tenido la oportunidad perfecta para acabar con Rust y la hubiese dejado pasar simplemente porque le pareció majo? Aparentar, fingir, mentir… Eran cosas muy sencillas de hacer y podían cambiar por completo la opinión de los demás sobre quién eras, yo lo hacía de continuo. ¿Y si Garnet estaba haciendo precisamente eso? Bien podría estar fingiendo para cumplir sus fantasías y acostarse con una mujer hermosa, la más hermosa del mundo, por cierto. A su vez, con lo pervertido que era, seguro que le encontraba morbosidad a la idea de acostarse con una marine. Sí, era todo fingido, una tapadera para su verdadera cara, la de un asesino desalmado.
—Mi dulce y precioso gatito… —susurré avanzando hacia él, salvando la corta distancia que nos separaba sonriente.
No podía permitir que la tercera presencia lo alertase, debía entretenerlo a cómo de lugar. Y era muy sencillo el cómo hacerlo. En cuanto estuve delante, lo besé con intensidad, con las manos apoyadas en su pecho que resbalaron con el sudor hacia sus marcados abdominales. “Qué desperdicio de cuerpo, perteneciendo a un pirata. Espero al menos que sirva de algo por primera vez en su vida alimentando a la bestia.” pensé cerrando los ojos a la vez que veía como el animal se lanzaba a su espalda dispuesto a encajar un zarpazo en ella.
Bestia
Karmas

![[Imagen: 2b35383202b8decd046252a1805c73e0.png]](https://i.gyazo.com/2b35383202b8decd046252a1805c73e0.png)