05-06-2024, 04:57 PM
Era extraño pero pese a estar a escasos pasos del "agua" de la costa el esperable murmullo del mar no sonaba, o no como yo esperaba que lo hiciera, en parte me gustaba, pues solo rompía el silencio las voces lejanas de la gente que también ocupaba la isla, pero a las que no me había acercado demasiado para poder estar tranquila, pero por otro lado el sonido del rompeolas siempre me había resultado relajante y muy atractivo, como un reclamo del propio océano para invitar a los bañistas. Doblé mi espalda para alcanzar sin dificultad la zona baja de mis piernas y poder cubrirlas también con la crema que ya cubría por completo mis brazos, llegué a ponerla desde los tobillos y subía lentamente hasta cubrir mis gemelos y posteriormente mis muslos, cuando me giré para tomar de nuevo el bote descubrí que ya no estaba sola en mi rincón de paz, una rubia enorme estaba quitándose un fino vestido blanco y dejando al descubierto un físico notablemente trabajado y cubierto con cicatrices - y con un no tan envidiable bikini- aparté la mirada antes de que pudiera ver su cara, pero también asegurándome de que no me había pillado mirándola, finalmente tomé la loción protectora y empecé a echarla sobre la palma de mi mano derecha, frotándola después contra la palma contraria y empezando a restregar ambas contra sendos hombros, para cubrir toda la zona superior de la espalda y la parte trasera del cuello.
Cuando terminé de echar crema por esos sitios hice un movimiento circular con el cuello para destensarlo y justo cuando terminé sentí un suave impacto en mi cabeza, un sombrero, lo cogí por el ala y ojeé en dirección a donde la rubia estaba antes, para descubrirla mirándome y con sus cosas en la mano, ahora si hice un barrido rápido y completo, sus sandalias eran monas, mucha plataforma para mi gusto, pero monas, sus piernas resultaban del todo envidiables, el tren superior lo había visto ya mientras se quitaba el vestido, pero no la cara, y verla me dejó tan paralizada como ella parecía estarlo de verme a mi, a todas luces me había reconocido de los juegos del mismo modo que yo acababa de hacer, no recordaba los detalles, pero era una pirata, eso seguro, y si era afín al hombre de las alas negras que mi jefe había intentado matar era posible que intentase buscar venganza, tragué saliva mientras me levantaba de la toalla y sacudía un poco la parte de mis piernas que había estado en contacto con la arena para que esta cayera, intenté tranquilizarme, quizá no me había reconocido, quizá lo que la había dejado sin habla era mi despampanante figura y lo bien conservada que la mantengo.
Di un par de pasos en su dirección y traté de normalizar mi respiración antes de extender el brazo con el sombrero hacia ella — ¿Esto es tuyo? Creo que se te ha caído. — por mucho que lo intentase mi voz temblaba un poco al hablar, así como mi pulso meneaba el sombrero que sujetaba frente a ella, intenté no hacer contacto visual directo, como si fuera a ayudar de algo, para que no fuera del todo evidente que temía por mi vida, cuanto más intentaba pensar en ella más alcanzaba a recordar, estaba delante de la ganadora en la prueba de fuerza, desarmada, si, pero era más que evidente que no necesitaba armas para acabar conmigo, si así lo deseaba.
