05-06-2024, 05:59 PM
Terminaron de acomodar el barco, antes de desembarcar y, en cierto sentido, compartía ese sentimiento por el tema de la misión en Akarui. Ciertamente que aquellos tipos, aún siendo agentes del Gobierno Mundial, montasen aquel circo para acabar con ellos era, cuanto menos llamativo, aunque una cosa era clara. El Gobierno los consideraba una auténtica amenaza, si habían hecho aquello y además ahora les habían puesto las recompensas que les habían dado.
-Tranquilo, mi hermano, seguro que Nilats nos aclara todo.
De un salto, bajó del barco y posó sus pies en la arena blanca, aquella arena calcárea que reflejaba en demasía la pálida luz del sol del invierno. Miró en derredor y se dio cuenta de lo desolado e inhóspito del paisaje. Todo reseco, con ese paisaje blanquecino por doquier y formaciones rocosas desnudas más al fondo que se abrían a un cañón por el que antaño seguramente corrió un río poderoso. El viento era fuerte allí, y, al ser todo tan arido y sin apenas vegetación, este iba cargado de partículas en suspensión que dolían al golpear los brazos y el rostro de Kisuke. Abrió su petate y sacó el manto que habían adquirido como marca de su escuadrón y, pese a que al antiguo pescador le quedaba pequeño, se lo puso.
-Quizá no sea mala idea pedir algo de ropa que nos ayude a combatir este duro viento, ¿no crees?
Ajustó su cinturón del que colgaban sus katanas y se echó al hombro el petate en el que llevaba su escaso equipaje. Se estiró todo lo largo que era para desentumecer los músculos tras la travesía marítima e hizo un par de sentadillas con salto para sentir de nuevo la tierra firme; era un viejo hábito que tenía de cuando salía a faenar en las costas de Ballywood.
-Supongo que lo más lógico es adentrarnos en el cañón, aunque habría que ir con precaución, ese tipo de sitios son ideales para tender emboscadas.
Miro a su compañero esperando una respuesta a su sugerencia. Desde el incidente de Akarui se había vuelto un tanto paranoico en ese tipo de situaciones y, realmente, estando en el Grand Line, convenía no bajar la guardia nunca.
-Tranquilo, mi hermano, seguro que Nilats nos aclara todo.
De un salto, bajó del barco y posó sus pies en la arena blanca, aquella arena calcárea que reflejaba en demasía la pálida luz del sol del invierno. Miró en derredor y se dio cuenta de lo desolado e inhóspito del paisaje. Todo reseco, con ese paisaje blanquecino por doquier y formaciones rocosas desnudas más al fondo que se abrían a un cañón por el que antaño seguramente corrió un río poderoso. El viento era fuerte allí, y, al ser todo tan arido y sin apenas vegetación, este iba cargado de partículas en suspensión que dolían al golpear los brazos y el rostro de Kisuke. Abrió su petate y sacó el manto que habían adquirido como marca de su escuadrón y, pese a que al antiguo pescador le quedaba pequeño, se lo puso.
-Quizá no sea mala idea pedir algo de ropa que nos ayude a combatir este duro viento, ¿no crees?
Ajustó su cinturón del que colgaban sus katanas y se echó al hombro el petate en el que llevaba su escaso equipaje. Se estiró todo lo largo que era para desentumecer los músculos tras la travesía marítima e hizo un par de sentadillas con salto para sentir de nuevo la tierra firme; era un viejo hábito que tenía de cuando salía a faenar en las costas de Ballywood.
-Supongo que lo más lógico es adentrarnos en el cañón, aunque habría que ir con precaución, ese tipo de sitios son ideales para tender emboscadas.
Miro a su compañero esperando una respuesta a su sugerencia. Desde el incidente de Akarui se había vuelto un tanto paranoico en ese tipo de situaciones y, realmente, estando en el Grand Line, convenía no bajar la guardia nunca.
