06-06-2024, 01:56 PM
Día 17 - Invierno - Año 12
11:37 PM - En algún lugar de la selva Oki...
- Al final me voy a volver loco – dije mientras con el dedo índice mantenía mi katana en equilibrio.
- Ya lo estás – Contesto mi coco con un retintín en su voz que no me gustaba nada. Me caía mal ese coco, pero era mi única compañía.
- Escúchame, Nicolas – Pronuncié mientras apretaba los dientes y le miraba de Soslayo – La próxima vez que te permitas usar un tono así de beligerante conmigo te parto en dos, ¿entiendes? – Con un leve movimiento eleve el índice y mi katana empezó a girar en el aire, su Tsuka cayó en la palma de mano, el filo apuntaba hacía el Pequeño Nicolas.
- Tu puta madre hombre, soy fruto de tú imaginación. No pagues conmigo tu esquizofrenia de los cojones, pedazo de mierda – Me dijo Nicolas, el puto coco tenía bastante genio, supongo que de tal palo tal astilla.
- Tienes razón, terrible hijo de la gran puta – dije arqueando una ceja - Pero aun así me debes sumisión – le espeté mientras con un leve movimiento cortaba uno de los pelos que recubrían su corteza.
- Vale, vale, no te pongas así… De todos modos, he visto más monos de esos de los que jactabas de haber exterminado, eres un inútil que lo sepas – Puto Nicolas, que razón tenía, mi exterminio no había servido para nada, pero bueno, me divertí por 5 minutos fue como hacerse una paja.
- Déjame en paz, joder – Le escupí, y me volví a recostar sobre el esqueleto del enorme mamífero qué tenía a mi espalda.
Dónde me encontraba era un pequeño claro, generado por un combate que había tenido con mi amigo, ahora ya esqueleto, sobre el que tenía la costumbre de dormir. Le había cogido gusto a esa almohada, aunque era más cómodo antes de que los insectos lo devoraran por completo. Allí las cosas muertas duraban como mucho 2 días con su piel y sus cosas, luego ya eran polvo o huesos.
El claro tenía un diámetro de entre 12 y 9 metros de diámetro, había árboles partidos, leves levantamientos de tierra, y algún que otro matorral, el suelo era básicamente vegetación. Aquel día era un día normal de invierno, no había riesgo de tormenta ni lluvia y el cielo estaba completamente despejado. Eran las 12 del mediodía y había una visibilidad perfecta. Observe mi pequeño “refugio” odiándolo a él y al marinero que me confino en aquella isla.
- Joder, yo creo que no voy a salir de aquí en mi puta vida, por lo menos te tengo a ti Nicolas – dije suspirando con un cierto tono de ironía.
11:37 PM - En algún lugar de la selva Oki...
- Al final me voy a volver loco – dije mientras con el dedo índice mantenía mi katana en equilibrio.
- Ya lo estás – Contesto mi coco con un retintín en su voz que no me gustaba nada. Me caía mal ese coco, pero era mi única compañía.
- Escúchame, Nicolas – Pronuncié mientras apretaba los dientes y le miraba de Soslayo – La próxima vez que te permitas usar un tono así de beligerante conmigo te parto en dos, ¿entiendes? – Con un leve movimiento eleve el índice y mi katana empezó a girar en el aire, su Tsuka cayó en la palma de mano, el filo apuntaba hacía el Pequeño Nicolas.
- Tu puta madre hombre, soy fruto de tú imaginación. No pagues conmigo tu esquizofrenia de los cojones, pedazo de mierda – Me dijo Nicolas, el puto coco tenía bastante genio, supongo que de tal palo tal astilla.
- Tienes razón, terrible hijo de la gran puta – dije arqueando una ceja - Pero aun así me debes sumisión – le espeté mientras con un leve movimiento cortaba uno de los pelos que recubrían su corteza.
- Vale, vale, no te pongas así… De todos modos, he visto más monos de esos de los que jactabas de haber exterminado, eres un inútil que lo sepas – Puto Nicolas, que razón tenía, mi exterminio no había servido para nada, pero bueno, me divertí por 5 minutos fue como hacerse una paja.
- Déjame en paz, joder – Le escupí, y me volví a recostar sobre el esqueleto del enorme mamífero qué tenía a mi espalda.
Dónde me encontraba era un pequeño claro, generado por un combate que había tenido con mi amigo, ahora ya esqueleto, sobre el que tenía la costumbre de dormir. Le había cogido gusto a esa almohada, aunque era más cómodo antes de que los insectos lo devoraran por completo. Allí las cosas muertas duraban como mucho 2 días con su piel y sus cosas, luego ya eran polvo o huesos.
El claro tenía un diámetro de entre 12 y 9 metros de diámetro, había árboles partidos, leves levantamientos de tierra, y algún que otro matorral, el suelo era básicamente vegetación. Aquel día era un día normal de invierno, no había riesgo de tormenta ni lluvia y el cielo estaba completamente despejado. Eran las 12 del mediodía y había una visibilidad perfecta. Observe mi pequeño “refugio” odiándolo a él y al marinero que me confino en aquella isla.
- Joder, yo creo que no voy a salir de aquí en mi puta vida, por lo menos te tengo a ti Nicolas – dije suspirando con un cierto tono de ironía.
mapa conceptual
Ashura - Inventario

