06-06-2024, 08:13 PM
Se despertó con el trinar de los pájaros y la luz del sol entrando por la ventana y deslumbrando al antiguo pescador. Se incorporó algo desorientado; se había quedado dormido en la hamaca sin pretenderlo y ahora le dolía el cuerpo de dormir tantas horas en un sitio inadecuado. Maldijo para sus adentros porque ahora el entrenamiento sería más duro todavía, pero el sueño tras tanto esfuerzo el día anterior, le había pasado factura. Sentía las extremidades rígidas y las articulaciones como un señor de setenta años.
Lentamente se levantó e hizo sus abluciones matinales; sus ojeras características estaban más presentes que nunca. Con agua bien fría, se lavó la cara y se mojó el pelo para refrescarse y quitarse el sueño de encima. Los músculos de su cuerpo le rugían del sobreesfuerzo, pero no podía detenerse. Con los útiles que tenía en la cabaña se preparó medio litro de café y le añadió azúcar, que le vendría bien. También masticó cuatro o cinco tiras de cecina seca con un par de huevos fritos. Mientras terminaba de hacerse el café, se comió también un par de naranjas.
El café le sentó como agua de mayo; seguía teniendo sus ojeras pero al menos ya no se sentía como si tuviese ochenta años. Los músculos seguían tensos, tendría que ser prudente en su entrenamiento para no lesionarse con algún desgarro muscular o algo por el estilo. Con una sonrisa, pese a que estaba agotado por el día anterior, cogió sus katanas y se las ciño al cinto. Salió por la puerta y se encendió un cigarrillo para el camino hasta el claro en el que entrenaba.
"Sin duda, hoy por lo menos me habituaré al uso de dos katanas a la vez. Va a ser duro pero espero que mi cuerpo lo aguante."
Durante el camino no se cruzó con nadie, aún era temprano en la mañana, apenas había amanecido, y si no estaba mal, era fin de semana, así que como es lógico, la gente no madrugaría. Por lo menos, aún hacía una temperatura agradable, y apenas soplaba una ligera brisa; pero sabía que eso no iba a durar mucho, en unas horas el calor sería su enemigo más duro, así que tendría que mantenerse hidratado. Para eso, había llevado un cubo de unos veinte litros que llenaría antes de comenzar el entrenamiento; también llevaba tiras de cecina y lomo seco para comer algo a mediodía.
A unos cien metros del claro de entrenamiento, discurría un arroyo de aguas cristalinas, en el que aprovechó para llenar el susodicho cubo. Por fin llegó al claro, donde dejó a la sombra de un árbol enorme, su petate y el cubo de agua. Aquel pequeño recorrido cargado con el agua, ya había hecho que el pescador arrancase a sudar, por lo que se quitó la camiseta quedando desnudo de cintura para arriba; necesitaba de primeras la máxima movilidad y, al final, la ropa era en cierto sentido un limitante.
-Hora de aprender el nitoryuu.
Lentamente se levantó e hizo sus abluciones matinales; sus ojeras características estaban más presentes que nunca. Con agua bien fría, se lavó la cara y se mojó el pelo para refrescarse y quitarse el sueño de encima. Los músculos de su cuerpo le rugían del sobreesfuerzo, pero no podía detenerse. Con los útiles que tenía en la cabaña se preparó medio litro de café y le añadió azúcar, que le vendría bien. También masticó cuatro o cinco tiras de cecina seca con un par de huevos fritos. Mientras terminaba de hacerse el café, se comió también un par de naranjas.
El café le sentó como agua de mayo; seguía teniendo sus ojeras pero al menos ya no se sentía como si tuviese ochenta años. Los músculos seguían tensos, tendría que ser prudente en su entrenamiento para no lesionarse con algún desgarro muscular o algo por el estilo. Con una sonrisa, pese a que estaba agotado por el día anterior, cogió sus katanas y se las ciño al cinto. Salió por la puerta y se encendió un cigarrillo para el camino hasta el claro en el que entrenaba.
"Sin duda, hoy por lo menos me habituaré al uso de dos katanas a la vez. Va a ser duro pero espero que mi cuerpo lo aguante."
Durante el camino no se cruzó con nadie, aún era temprano en la mañana, apenas había amanecido, y si no estaba mal, era fin de semana, así que como es lógico, la gente no madrugaría. Por lo menos, aún hacía una temperatura agradable, y apenas soplaba una ligera brisa; pero sabía que eso no iba a durar mucho, en unas horas el calor sería su enemigo más duro, así que tendría que mantenerse hidratado. Para eso, había llevado un cubo de unos veinte litros que llenaría antes de comenzar el entrenamiento; también llevaba tiras de cecina y lomo seco para comer algo a mediodía.
A unos cien metros del claro de entrenamiento, discurría un arroyo de aguas cristalinas, en el que aprovechó para llenar el susodicho cubo. Por fin llegó al claro, donde dejó a la sombra de un árbol enorme, su petate y el cubo de agua. Aquel pequeño recorrido cargado con el agua, ya había hecho que el pescador arrancase a sudar, por lo que se quitó la camiseta quedando desnudo de cintura para arriba; necesitaba de primeras la máxima movilidad y, al final, la ropa era en cierto sentido un limitante.
-Hora de aprender el nitoryuu.
