06-06-2024, 11:54 PM
Varios intentos me costó hacer que la vieja bibliotecaria atendiera mi llamado. Si de entrada le hubiera dicho que había encontrado un libro dañado, seguramente le hubiera dado un soponcio y con casi total certeza me hubiera cargado a una de las bibliotecarias más longevas que había conocido. Y sinceramente creo que he visto lo visto hubiera sido hasta una buena opción para poder leer sin problemas. Sin embargo, la vieja bibliotecaria baja por las escaleras con una taza de té y abrió los ojos mientras miraba el libro que le ofrecía. Mientras le enseñaba las hojas dañadas del libro, esta fue abriendo los ojos con un gesto que me resultó extraño. Dijo haber encontrado el ejemplar hace tiempo en una librería y no haberlo restaurado en su momento, cosa que, incluso para alguien como yo que tendía a ser de bueno idiota, parecía a todas luces una mentira improvisada.
Pude notar como y no dejaba de mirar hacia la puerta y el libro repetidas veces, como si supiera que su lugar era aquel y le aterrara que yo hubiera encontrado esas páginas. ¿Sería posible que aquella habitación no fuera donde guardaba los libros a restaurar sino los libros prohibidos? En ese caso tenía que hacer lo posible por entrar ahí. Debía ser inteligente. La vieja señora ya me había demostrado que era bastante desconfiada de los extraños y estaba siendo muy afortunado de poder leer en su biblioteca. Mantengamos el papel. Tras dejar su taza de té sobre la mesa, la mujer se aproximó a mí extendiendo su brazo y pidiéndome el libro para dejarlo en la habitación y poder restaurarlo próximamente. Sin embargo, sabía que si le entregaba el libro no había manera de entrar a esa habitación si no era por la fuerza, así que tenía claro cuál iba a ser la jugada. — No, tranquila. Lleve usted el té. Yo llevaré este libro, lo último que podríamos permitir es que tropiece con alguno de los libros del suelo y terminemos con este libro dañado mucho peor. — dije mientras comenzaba a andar directamente hacia la puerta cerrada como dando por sentado que no pasaba absolutamente nada por acercarme y dejando la pelota en su tejado. — ¡Bastante ha sufrido ya el pobre libro! — dije con un tono alegre y personificando el sufrimiento del ejemplar dañado mientras caminaba de espaldas a la señora y levantaba el libro por encima de mi cabeza girándolo con la muñeca de lado a lado.
Cuando alcance la puerta me giré 180 grados y apoyé mi espalda sobre en la pared al lado de la puerta, justo en el lado del pomo mientras esperaba mirando a la señora con una sonrisa lo más amable que pude. Ahora ella tenía que hacer su siguiente movimiento. Yo tenía mis sospechas que esta habitación guardaba algo interesante y si la vieja señora me impedía el paso ahora me estaría confirmando de alguna manera que todo lo que tengo que hacer si quiero llevarme el conocimiento de la isla del cielo es entrar en esta habitación.
Tu turno.
Pude notar como y no dejaba de mirar hacia la puerta y el libro repetidas veces, como si supiera que su lugar era aquel y le aterrara que yo hubiera encontrado esas páginas. ¿Sería posible que aquella habitación no fuera donde guardaba los libros a restaurar sino los libros prohibidos? En ese caso tenía que hacer lo posible por entrar ahí. Debía ser inteligente. La vieja señora ya me había demostrado que era bastante desconfiada de los extraños y estaba siendo muy afortunado de poder leer en su biblioteca. Mantengamos el papel. Tras dejar su taza de té sobre la mesa, la mujer se aproximó a mí extendiendo su brazo y pidiéndome el libro para dejarlo en la habitación y poder restaurarlo próximamente. Sin embargo, sabía que si le entregaba el libro no había manera de entrar a esa habitación si no era por la fuerza, así que tenía claro cuál iba a ser la jugada. — No, tranquila. Lleve usted el té. Yo llevaré este libro, lo último que podríamos permitir es que tropiece con alguno de los libros del suelo y terminemos con este libro dañado mucho peor. — dije mientras comenzaba a andar directamente hacia la puerta cerrada como dando por sentado que no pasaba absolutamente nada por acercarme y dejando la pelota en su tejado. — ¡Bastante ha sufrido ya el pobre libro! — dije con un tono alegre y personificando el sufrimiento del ejemplar dañado mientras caminaba de espaldas a la señora y levantaba el libro por encima de mi cabeza girándolo con la muñeca de lado a lado.
Cuando alcance la puerta me giré 180 grados y apoyé mi espalda sobre en la pared al lado de la puerta, justo en el lado del pomo mientras esperaba mirando a la señora con una sonrisa lo más amable que pude. Ahora ella tenía que hacer su siguiente movimiento. Yo tenía mis sospechas que esta habitación guardaba algo interesante y si la vieja señora me impedía el paso ahora me estaría confirmando de alguna manera que todo lo que tengo que hacer si quiero llevarme el conocimiento de la isla del cielo es entrar en esta habitación.
Tu turno.
Aclaraciones
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