Día 29 -Invierno
13:47 AM
Año 12
Ya no sé en qué día vivo desde que bajamos de la isla del cielo, pero al menos sé qué han pasado unas cuantas lunas, eso estaba claro
Pasé la mayor parte del tiempo tratando de informarme sobre lo sucedido, pero no encontré respuesta de nada, desde luego, tratar este tipo de cosas no es lo mío. Simplemente, me rendí y traté de aceptar lo ocurrido, no quería darle más vueltas. Ahora teníamos un nuevo destino, y una nueva compañera estaba esperándonos allí.
Me quedé en despacho, sentado en mi silla, relajándome, mirando por la ventana que había en la parte de atrás, mientras fumaba un cigarrillo — ¿Qué habrá en Momoiro? Espero que nada de sorpresas raras... — Pensé. De repente, alguien llamó a la puerta dando un par de golpes suaves — ¡Adelante, pasa! — Grité — ¡Buenos días, Comodoro Joe Joestar! — Se presentó un cadete jovencito, con gafas y su uniforme impoluto — ¡Buenos días, muchacho, dígame, que ocurre! — Le dije con una agradable sonrisa — ¡Vengo a informarle de que estamos llegando a nuestro destino! — Gritó con intensidad, llevándose la mano al lateral derecho de su cabeza, haciendo el saludo militar — ¡Perfecto! — Dije mientras apaga el cigarrillo en el cenicero de la mesa y mi zippo con el estampado del pulpo en el bolsillo de la camisa. Tras esto, me acerqué a él para posarle la mano en su hombro izquierdo en modo de agradecimiento — ¡Muchas gracias, venga va, vamos a preparar todo para desembarcar! — Le dije para animarle, a lo que el joven se dio media vuelta con mucha energía y salió disparado para ayudar a los compañeros.
Salí a la cubierta. Todos los soldados estaban dejando todo listo y preparado para llegar al destino. Pasé al lado de otra cadete, igual que el anterior, con su uniforme impoluto y su rubio pelo recogido en una coleta, la cual estaba intentando amarrar unas cuerdas a varias cajas apiladas para que no pudieran moverse, pero dado a su pequeña estatura, no era capaz de llegar, suspiraba de impotencia, por lo que me acerqué — Permíteme ayudarte — Le dije amablemente y con una sonrisa — ¡S... Sí, comodoro! — Gritó totalmente nerviosa y desprevenida. Agarré la cuerda que sujetaba con sus manos y la até a otra cuerda que colgaba de la parte de arriba de la caja, que daba la vuelta a esta misma, hice un nudo fuerte que pudiera resistir — ¡Listo, ya no se moverá! — La chiquilla se sonrojó mientras me miraba, temblando como un flan — ¡Mu... Mu... Muchas gracias, Comodoro, lamento las molestias ocasionadas! — ¡Hmpfefefe, no es molestia ninguna! ¡Aquí todos nos ayudamos unos a otros, sea el rango que sea! — Le dije dándole una palmadita en la espalda mientras me marchaba hacia la proa del barco.
Era extraño, lo primero que hice fue mirar al cielo, el cual parecía tener un ligero toque rosado, pero sin perder su azul característico, para a continuación, mirar hacia delante — ¿Pero qué...? — De nuevo, no estaba dando crédito, incluso me froté los ojos para ver si estaba soñando o que. Delante de mí se podía visualizar una isla con un enorme arcoíris en forma de corazón — Bueno... aquí la primera sorpresa rara — Pensé arrascándome la mejilla — Aunque hay que reconocer que es bastante bonito — Según se acercaba el barco se podía apreciar mejor algunas partes de la isla. Un bosque se posaba encima de una montaña escarpada, lo curioso es que ese bosque era rosado, algo totalmente nuevo para mí. Ya estábamos a una distancia en la que la playa donde nos acercábamos era visible. Al igual que lo demás, la arena de aquel sitio era totalmente rosada, acompañado de vegetación un poco más al fondo, obviamente, rosada. Incluso algunas rocas que había por allí lo eran, dando un toque especial a las aguas que la rodeaban — Es... Estoy alucinando, ¿no? — Dije irónicamente a mí mismo. Nos acercábamos ya finalmente, preparados para echar el ancla y poder tocar con nuestros pies aquella bella playa, aunque de esto se encargaba Sephiroth, el cual sabía que daría las órdenes correctas.
Me di media vuelta, buscando a mis compañeros principales mientras me ataba los botones de las muñecas de mi camisa — ¿Tenéis todo preparado para bajar? — pregunté esperando alguna respuesta, y asomándome para pegar un vistazo a la playa — Supuestamente tiene que estar por aquí — Comenté mirando de lado a lado, buscando con mis ojos alguna persona que estuviera allí. Pero nada, no encontré a nadie — Mmm, qué raro... Debería de estar ya esperándonos — Me arrasqué de nuevo la mejilla, mostrando un poco de duda y confusión por la situación — Será mejor bajar a la playa directamente a ver si podemos ver con mejor perspectiva —
Tomé la iniciativa por mi cuenta, y de un salto bajé a la playa directamente. Me agaché para tocar aquella arena rosada por si tenía algo de especial. Pero no, era arena, rosa, y ya. Volví a mirar a los lados.
— ¿¡Ryze!? ¿¡Estás aquí!? — Grité esperando alguna respuesta.
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