14-06-2024, 12:24 AM
Después de mis andanzas por el barco de los alas negras y de haber dejado lo que a todas luces era un mensaje de guerra, regresé al barco del gremio. Chloe apenas se había movido, pues cuando subí al barco se acercó rápidamente a mí solicitando que le diera lo que llevaba y que ayudara al jefe, ya que se mantenía en pie a duras penas. Por un momento y en una situación normal, quizá le hubiera entregado el saco de dinero y joyas sin rechistar, sin embargo, cualquier persona con un mínimo de inteligencia emocional se daría cuenta de que me molestó profundamente su comentario. Sin dirigirle en absoluto la mirada, pasé a su lado golpeándola con el hombro fuertemente y avanzando un par de pasos más para parar finalmente de espaldas a ella. — Empieza a preocuparte por algo más que el puto dinero — dije mientras dejaba caer el saco al suelo — o la próxima vez que vengan a por nosotros me olvidaré de ti. — sentencié a la tiradora del gremio para actos seguidos dirigirme hacia el timón donde se encontraba el jefe.
Parece que Sohem ya había comenzado con los preparativos y a mover lentamente el barco. Me paré unos segundos a su lado tratando de evaluar que tan capaz era de mantenerse consciente, ya que no quería que encalláramos el velero. — ¿Un mal día? — dije con cierta burla mientras me dirigía hacia los cabos de las velas. Tras desatar dos de ellos y soltar las velas más grandes, permitiendo que el barco comenzara a coger su velocidad, me volví a dirigir hacia Sohem y me coloqué a su derecha. — No lo dejaremos así, ¿verdad? — dije mirando al jefe con gesto sumamente serio mientras analizaba sus heridas. La mayor parte de ellas, aunque cicatrizadas seguramente utilizando el poder de su fruta del diablo, tenían algo en común: todas serán heridas con forma alargada y fina. No era médico, pero sabía qué tipo de ataque provocaba esas heridas, pues llevaba la vida infligiéndolas. Aquello me hacía suponer que el causante de las heridas del jefe enmascarado del gremio fue un espadachín. La mujer. No recuerdo su nombre, pero recuerdo que utilizaba dos katanas. Nunca está de más medir tus habilidades contra otro espadachín, pero además en este caso había algo personal. Si tocas a los míos estás muerto. Poco a poco el jefe comenzó a movilizar el barco y supuse que Chloe se había refugiado en su camarote para la bajada, por lo que me mantuve al lado del jefe y me preparé para el descenso. Nos vemos, Skypiea.
Parece que Sohem ya había comenzado con los preparativos y a mover lentamente el barco. Me paré unos segundos a su lado tratando de evaluar que tan capaz era de mantenerse consciente, ya que no quería que encalláramos el velero. — ¿Un mal día? — dije con cierta burla mientras me dirigía hacia los cabos de las velas. Tras desatar dos de ellos y soltar las velas más grandes, permitiendo que el barco comenzara a coger su velocidad, me volví a dirigir hacia Sohem y me coloqué a su derecha. — No lo dejaremos así, ¿verdad? — dije mirando al jefe con gesto sumamente serio mientras analizaba sus heridas. La mayor parte de ellas, aunque cicatrizadas seguramente utilizando el poder de su fruta del diablo, tenían algo en común: todas serán heridas con forma alargada y fina. No era médico, pero sabía qué tipo de ataque provocaba esas heridas, pues llevaba la vida infligiéndolas. Aquello me hacía suponer que el causante de las heridas del jefe enmascarado del gremio fue un espadachín. La mujer. No recuerdo su nombre, pero recuerdo que utilizaba dos katanas. Nunca está de más medir tus habilidades contra otro espadachín, pero además en este caso había algo personal. Si tocas a los míos estás muerto. Poco a poco el jefe comenzó a movilizar el barco y supuse que Chloe se había refugiado en su camarote para la bajada, por lo que me mantuve al lado del jefe y me preparé para el descenso. Nos vemos, Skypiea.
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