14-06-2024, 03:09 PM
Skol… Rust… Los rostros de todos aquellos piratas volvían a mí. Ya no estaba en aquel claro, estaba en un barco oxidado y destartalado en mitad de algún lugar de los Blue. ¿Cómo era posible que después de tanto tiempo todo siguiese grabado tan a fuego en mi mente? Había escapado de aquellos recuerdos desde entonces, apartándolos de mi mente como si fuesen una molesta mosca, convirtiéndolos en un pequeño arcón cerrado con llave en el fondo de mi consciencia que intentaba no ver nunca. A pesar de ello, el peso era demasiado grande y apartar la vista de ello no lo había borrado, en lo absoluto. Lo único que había conseguido era que se fuese acumulando la presión en su interior, convirtiéndolo en una bomba de relojería que estallaría en cualquier momento. Y ese momento, acababa de suceder. Una voz lejana me llamaba, pero los ecos de las risas de las figuras que veía delante de mí no me permitían escucharla. Incluso mis propios sollozos se veían eclipsados por sus odiosas risas. Con las manos, tapé mis oídos para acallarlas, y a pesar de intentar con todas mis fuerzas deshacerme del recuerdo del tacto de sus cuerpos sobre mi piel, me era imposible. Noté algo posándose sobre mis hombros y agaché la cabeza instintivamente, aterrorizada por completo. Cerraba los ojos con fuerza, esperando que todo acabase, como había hecho siempre, pero no paraba. Las siluetas ante mí me observaban con una sonrisa curvada diabólica y el estruendo de sus escarnios no me permitían pensar en nada más. ¿Por qué tenía que volver a vivir aquello? ¿Por qué no acababan de una vez conmigo? ¿Qué había hecho para merecer todo lo que me hicieron durante tanto tiempo? Pero el filo que atravesaba a más profundidad el corazón era otro. ¿Por qué nadie me salvó? Estallé en sollozos volviendo a ser aquella chica, casi una niña todavía. Sola, desamparada y sin nadie que acudiese a mis súplicas por ayuda.
Un sonido comenzó a colarse a través de sus voces, consiguiendo llegar hasta mis oídos. Era una melodía triste, nostálgica, que parecía entonar acorde a los latidos de mi dañado corazón, sosegándolo. Bajé las manos de los costados de mi cabeza hasta cruzarlos frente a mi pecho y me centré en el compás de sus notas, que tranquilizaban mi respiración y apaciguaban mi mente rota. Como si de un espejismo se tratase, las sombras se desvanecieron junto a sus risas, sustituidas por la pieza musical y finalmente abrí los ojos. Levanté la cabeza lentamente, buscando el origen del sonido, encontrando con la mirada a Garnet.
Terminó de tocar unas últimas notas y dejó su laúd en el suelo. Sollocé levemente, consiguiendo al fin controlar las lágrimas, que todavía cubrían mis mejillas. No sabía qué decir, ni que pensar. Toda la agitación y el dolor que sentía hasta hacía unos instantes se había evaporado por completo como el agua de mar chocando contra la lava de un volcán. Me quedé ahí, observándolo pensativo y en silencio, hasta que me llamó diciendo que estaba ahí. Con su brazo izquierdo, rodeó mi espalda, reposando con gran suavidad su mano sobre mi hombro. Ni siquiera me di cuenta de que me cubría la camisa por encima. Pero ese contacto gentil, amable, y sus palabras diciéndome que estaba ahí, cuando nunca nadie lo estuvo para mí… Me hicieron sentir una calidez abrumadora que me hizo estallar en lágrimas y me aferré a su torso reposando la cara contra su pecho, como una niña pequeña buscando la protección de un abrazo. Garnet entonces me dijo en voz baja que podía hablar con él, recalcando de nuevo que estaba ahí y acariciando mi hombro. Él no tenía ni idea de lo reconfortante que era escuchar aquello, lo que esas palabras significaban para mi fracturada mente. Era imposible que lo supiese. Aun así, las dijo y mi corazón dio un vuelco.
—Lo… Lo siento… —me disculpé entre sollozos, separando un momento una de las manos de su torso para limpiarme las lágrimas que brotaban de mis ojos— Seguro que debes pensar que estoy loca, ¿sabes? —continué con las comisuras de mis labios elevándose en una expresión amarga.
Alcé la mirada hacia él, tímida y elusiva. No sabía como continuar.
—Siento mucho haber roto el momento que estábamos teniendo. Yo… —me interrumpí intentando encontrar las palabras— Lo que quería decirte antes, es que es la primera vez que un hombre me trata así de bien… —apreté los ojos bajando la cabeza de nuevo, dolorida por la simple mención— Eso me ha recordado algo que pensaba que había dejado atrás, algo que sucedió hace mucho, mucho tiempo. No todos los piratas son tan gentiles como tú, ¿sabes? —medité sobre ello un momento y después cedí en mi abrazo para poder mirarle directamente a los ojos, con los míos todavía humedecidos y con una pequeña sonrisa de agradecimiento— Gracias, minino. —bajé la vista de nuevo un instante, apoyando mi mano izquierda en su pierna izquierda— Estaba perdida en los recuerdos, y temía no poder escapar. Pero, al escuchar esa canción… —devolví la mirada a sus ojos, ahora sonriendo con ternura, pero todavía con la mirada triste— Tu música me ha sacado de ahí y ha acallado sus voces. Me has salvado. Gracias.
Sin pensarlo ni meditarlo, levanté la mano de su muslo y la posé en su mejilla derecha, acercándome a su cara para besar con mis labios los suyos con delicadeza.
Un sonido comenzó a colarse a través de sus voces, consiguiendo llegar hasta mis oídos. Era una melodía triste, nostálgica, que parecía entonar acorde a los latidos de mi dañado corazón, sosegándolo. Bajé las manos de los costados de mi cabeza hasta cruzarlos frente a mi pecho y me centré en el compás de sus notas, que tranquilizaban mi respiración y apaciguaban mi mente rota. Como si de un espejismo se tratase, las sombras se desvanecieron junto a sus risas, sustituidas por la pieza musical y finalmente abrí los ojos. Levanté la cabeza lentamente, buscando el origen del sonido, encontrando con la mirada a Garnet.
Su aspecto
Terminó de tocar unas últimas notas y dejó su laúd en el suelo. Sollocé levemente, consiguiendo al fin controlar las lágrimas, que todavía cubrían mis mejillas. No sabía qué decir, ni que pensar. Toda la agitación y el dolor que sentía hasta hacía unos instantes se había evaporado por completo como el agua de mar chocando contra la lava de un volcán. Me quedé ahí, observándolo pensativo y en silencio, hasta que me llamó diciendo que estaba ahí. Con su brazo izquierdo, rodeó mi espalda, reposando con gran suavidad su mano sobre mi hombro. Ni siquiera me di cuenta de que me cubría la camisa por encima. Pero ese contacto gentil, amable, y sus palabras diciéndome que estaba ahí, cuando nunca nadie lo estuvo para mí… Me hicieron sentir una calidez abrumadora que me hizo estallar en lágrimas y me aferré a su torso reposando la cara contra su pecho, como una niña pequeña buscando la protección de un abrazo. Garnet entonces me dijo en voz baja que podía hablar con él, recalcando de nuevo que estaba ahí y acariciando mi hombro. Él no tenía ni idea de lo reconfortante que era escuchar aquello, lo que esas palabras significaban para mi fracturada mente. Era imposible que lo supiese. Aun así, las dijo y mi corazón dio un vuelco.
—Lo… Lo siento… —me disculpé entre sollozos, separando un momento una de las manos de su torso para limpiarme las lágrimas que brotaban de mis ojos— Seguro que debes pensar que estoy loca, ¿sabes? —continué con las comisuras de mis labios elevándose en una expresión amarga.
Alcé la mirada hacia él, tímida y elusiva. No sabía como continuar.
—Siento mucho haber roto el momento que estábamos teniendo. Yo… —me interrumpí intentando encontrar las palabras— Lo que quería decirte antes, es que es la primera vez que un hombre me trata así de bien… —apreté los ojos bajando la cabeza de nuevo, dolorida por la simple mención— Eso me ha recordado algo que pensaba que había dejado atrás, algo que sucedió hace mucho, mucho tiempo. No todos los piratas son tan gentiles como tú, ¿sabes? —medité sobre ello un momento y después cedí en mi abrazo para poder mirarle directamente a los ojos, con los míos todavía humedecidos y con una pequeña sonrisa de agradecimiento— Gracias, minino. —bajé la vista de nuevo un instante, apoyando mi mano izquierda en su pierna izquierda— Estaba perdida en los recuerdos, y temía no poder escapar. Pero, al escuchar esa canción… —devolví la mirada a sus ojos, ahora sonriendo con ternura, pero todavía con la mirada triste— Tu música me ha sacado de ahí y ha acallado sus voces. Me has salvado. Gracias.
Sin pensarlo ni meditarlo, levanté la mano de su muslo y la posé en su mejilla derecha, acercándome a su cara para besar con mis labios los suyos con delicadeza.

![[Imagen: dcaf1c3f295e71b5b206366b61e2d983.jpg]](https://i.gyazo.com/dcaf1c3f295e71b5b206366b61e2d983.jpg)