[Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine.
#23
Con las manos sostenidas por las suyas y acompañando mis palabras con suaves caricias, le conté sobre mi familia y como me crie. Claro, había muchísimos detalles que no le había contado, pero esperaba tener ocasión más adelante. Me costaba realmente hablar de ellos, no por tener dudas de hacerlo, sino por como la nostalgia me envolvía y me recordaba que jamás volverían. Él escuchó atentamente cada una de las palabras que le dije en silencio, permitiéndome tomar una pausa cuando la necesitaba, y cuando más me costaba aferraba con fuerza mis manos, dándome fuerzas para seguir adelante. Solo me cubría una fina camisa los hombros, pero su amabilidad me arropaba, con una calidez superior a la de cualquier abrigo. Al mencionar que me arrebataron aquella vida, pude sentir como apretaba con más fuerza. Parecía que realmente comprendía el dolor que significaba aquello. Cuando me sinceré con él, hablándole de que sentía que podía abrirme con él y que deseaba conocerlo también, se sonrojó abriendo los ojos sorprendido. Sí, era una locura, lo sabía muy bien, pero de verdad lo sentía así y, por una vez en la vida, opté por ser sincera. Le confesé que tenía miedo de perderlo si continuaba y descubría la verdad sobre mí, algo tan vergonzoso que no podía ni imaginar como seguiría adelante si se descubría. Al cerrar los ojos, sentí la suavidad de un beso en la frente. Noté un hambre voraz en el estómago de nuevo, que hacía ya un buen rato que se iba intensificando. Y cuando le pregunté, mostrando inseguridad, sobre si guardaría mi secreto, él me miró con una mezcla de seriedad y tristeza, acercando mi mano izquierda a sus labios sellando un delicado beso en ella.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, mezcla del temor por su respuesta y del amor por su gesto. Cerró un momento los ojos y me dijo que no soportaba a la marina, como ya me había dicho antes. Parpadeé algo confusa por su contestación, pero asentí y me dispuse a escuchar lo que tuviese que decir. Hizo mención a lo que ambos sabíamos desde el principio, pero habíamos decidido callar y dejar al fondo de nuestras mentes hasta el momento, que yo era marine… y él un pirata. Bajé la cabeza enseguida, porque sabía lo que iba a continuación. Aquello desde el principio estaba abocado a un amargo final, seguro que era lo que estaba pensando e iba a cortarme las alas, figuradamente. Desde hacía un buen rato no pensaba con la fría lógica de siempre, estaba actuando llevada por… impulsos extraños y desconocidos. O eso pensaba. Rompiendo por completo con lo que me esperaba, dijo que le daba igual, haciendo que levantase la cabeza con los ojos abiertos por completos y apretase sus manos con fuerza. No me lo podía creer. Es decir, osea, yo era increíble y fantástica y todo eso, pero el minino correspondía a mis sentimientos. Lo mismo que yo había notado, sobre que estaba surgiendo algo especial entre ambos, algo intenso y… precioso. Parecía que él también lo sentía. Apreté los labios avergonzada y sonrojada, al igual que él mientras decía que cada vez estaba más seguro de que no quería que me fuese de su vida.

—Yo… siento lo mismo. —respondí con las mejillas ardiendo como si tuviese brasas en ellas.

Justo después, ni con todo el autocontrol que tenía fui capaz de resistir que una sonrisa invadiera mi cara al escucharlo decir que no le iba a perder, que tendría que ser un auténtico “tolai” para que el muy cabezota se alejara de mí. Solté una de mis manos para pasarla detrás de su cabeza, necesitaba besarlo. A veces me parecía que me leía el pensamiento, cosa que me daba miedo, porque antes de hacerlo él se acercó para darme uno. Cerré los ojos y aproveché la mano para acercarlo a mí y acariciarle el pelo, cerrando los ojos con fuerza y perdiéndome en el beso. Fueron unos segundos, pero sentí como me quedaba sin aire cuando me alejé de él, como si cada centímetro que nos separaba fuese doloroso. Pero no me arrepentí, porque justo después, completamente serio, me juró no contar nada de lo que había dicho ni de lo que dijese a continuación. Suspiré, pero más que de alivio me parecía que era de otra cosa. A saber. Me acerqué a su mejilla y le di otro beso, cogiendo sus manos y estrechándolas con cariño.

Comencé a plantearme como iba a contárselo. Confiaba en su palabra, estaba dispuesta a hacerlo, fuese por lo que fuese. Entonces, llamó mi atención para decirme algo.

—¿Qué pasa, minino? —pregunté con curiosidad cuando desvió la mirada.

Rápidamente, entendí por qué aquella pregunta que iba a hacer le incomodaba tanto. Me preguntó si lo que le había pasado a mi familia fue por culpa de piratas. Alterné la mirada entre él y nuestras manos, estaba claro que sabía la respuesta. Más que una pregunta, había sido una afirmación. Me quedé unos segundos sopesando en silencio, pero de cualquier forma ya había decidido contar lo que me pasó.

—Sí es. —respondí finalmente y suspiré con pesar, preparada para revivir aquel día.

Si el hecho de estar desnuda frente a él no era suficiente, había decidido desnudar tambien mi alma y compartirla con él. Esperanzada con que de verdad pudiese aceptarme a pesar de mi pasado y temerosa de que me rechazara tras saber la verdad.

- Cuando tenía catorce años, estaba volviendo a casa de haber estado estudiando con un tutor que mis padres habían contratado para darme clases de literatura. Estaba al otro lado de la ciudad, y mientras volvía, comencé a ver mucho humo en la zona cercana al puerto. A lo lejos se escuchaban los ecos de armas entrechocando y disparos. Recuerdo tener que atravesar calles donde las casas ardían consumiéndose en el fuego. La gente gritaba y huía, y yo corrí hasta llegar a nuestra mansión, ¿sabes? —aparté la mirada a un lado, la tristeza me comenzaba a inundar, haciendo contraste con la felicidad que había sentido unos momentos antes, pero debía continuar— Cuando llegué, mi padre me gritó que me escondiese, subí las escaleras con mis hermanos y nos encerramos en un armario. Sí, ya sé que no es un gran escondite, ¿sabes? Pero… no supe que más hacer.

Solté su mano izquierda y agarré la contraria con ambas, llevándola frente a mi cara y posando mi frente en ella, cerrando los ojos con fuerza.

—Fue totalmente inútil, al cabo de poco rato unos hombres entraron en nuestra casa y nos encontraron. Eran piratas. No sé qué fue lo que buscaban, si solo querían dinero o si buscaban algo más. Fuese lo que fuese que querían, cuando nos vieron a nosotros decidieron que yo… —paré un momento para respirar, conteniendo como podía el dolor del recuerdo de lo que sucedió hasta que pude continuar— Pensaron que podrían venderme a buen precio, como una mercancía, y me ataron para llevarme con ellos. Intenté resistirme y luchar, pero fue totalmente inútil. Les supliqué que dejasen a mis hermanos en paz, pero al parecer no les servían y entonces… Él… —sollocé, aferrándome todavía más a su mano y me apoyé en su pecho— Su capitán puso las manos sobre ellos, era un usuario de akuma, de la Sabi Sabi no mi, ¿sabes? Lloré, grité, pedí ayuda, pero no conseguí nada. Lo único que pude hacer fue ver como… él… los convertía en óxido delante mi.

Necesité parar, con las lágrimas escapando por mis mejillas. Después de diez años sus muertes seguían pesando sobre mis hombros.

—Todo este tiempo siempre me he culpado de sus muertes, ¿sabes? Si hubiese corrido y escapado con ellos en lugar de esconderme tal vez estarían vivos. Quizás podría haber luchado más, enfrentarme de alguna forma… No lo sé, lo que fuese… Algo… —conseguí decir entre sollozos— Me arrastraron fuera, pasando por delante de los cadáveres de mis padres y mientras me llevaban, vi como mi casa ardía, con todo lo que conocía y me era querido en su interior.

Había sido duro contárselo, pero todavía me quedaba algo más que decirle, lo que de verdad me asustaba reconocer. Me separé del minino para mirar al frente, hacia el claro, rodeándome con los brazos y cubriéndome con la camisa sobre mis hombros.

—Cuando me llevaron con ellos a su barco, luché cada día por escapar de allí. Me tuvieron durante semanas encerrada en la bodega de carga, maniatada contra una columna, como si no fuese más que una estatua, un artículo más entre sus pertenencias robadas esperando a ser vendida al mejor postor. Un día, uno de ellos se acercó a mí, mofándose y bueno… le arranqué un dedo de un mordisco, ¿sabes? —intenté sonreír forzadamente, pero no me salió y simplemente seguí con la mirada fija en la nada, intentando por todos los medios no sentir, no revivir aquello— Me pegó una paliza para vengarse, pero cuando el capitán se enteró, convirtió uno de sus brazos en óxido como castigo. Después… Hmmm… —el corazón me latía desbocado, me acercaba al momento y mi cabeza me decía que lo dejase ahí, que no dijese más. Sacudí la cabeza y cerré los ojos. Iba a confiar en él, lo haría— Al cabo de unos días me pusieron en una jaula y, como castigo, ese mismo hombre estaba encargado de cuidarme, si es que se podía llamar así a aquello, ¿sabes? Me… me obligó a lavarme delante de él, diciendo que era el castigo por lo de su brazo. Le di la espalda avergonzada y llorando mientras lo hacía, y en un momento sin que me diese cuenta, se puso delante de mí. Se burló de mí porque yo… bueno… estaba ya desarrollada. Y al ver su asquerosa cara riéndose de mí con suficiencia, le escupí. —me pausé de nuevo, volviendo a sollozar— Supongo que te puedes imaginar que no fue muy sensato por mi parte. Despreciaba a aquellos hombres más que a nada en el mundo. Indignado por mi insolencia… me asaltó y… me violó.

Escondí la cara entre las manos, enseguida sintiendo como la humedad de mis lágrimas las impregnaba.

—No sé bien qué pasó… Me golpeó hasta dejarme casi sin sentido y no pude hacer… nada para impedirlo, ¿sabes? Y… otra vez más, cuando supliqué por ayuda… Nadie vino. Seguro que es mejor que morir, pero aquello me rompió por completo… Y no solo fue eso… Cuando el hombre terminó conmigo apareció el capitán Rust. Aun encima de mí lo convirtió en óxido… —apreté mis brazos con fuerza otra vez, el olor, el sabor y el tacto del óxido sobre mi piel volviendo a mí— Después… ya no les servía para venderme. No sé cuanto tiempo me tuvo allí, si semanas o meses, pero… a partir de aquel día, casi cada noche… me… me obligaba a vestirme para él y… Yo estaba aterrorizada, ¿sabes? Empecé a prepararme… para escapar de Rust… Me llevaba a su camarote y… me tomaba. Yo aprendí que era mejor fingir, si me resistía me golpeaba y me dejaba a oscuras durante días sin comer… Una de esas noches, conseguí engañarlo y coger un cuchillo. Se lo clavé una, otra, y otra vez. Una por cada noche que me había obligado a aquello. —paré para centrarme en respirar, ya casi estaba— Después prendí en llamas el camarote, con el fuego esparciéndose por todo el barco… La verdad, no tenía ni idea de dónde estábamos y no tenía ni idea de navegar. Me lancé al mar… De verdad creí que iba a morir ahogada allí. Pero de alguna forma las olas me arrastraron inconsciente hasta la orilla de una isla. Y… bueno…. —me giré ahora hacia él, pero rápidamente desvié la mirada— Desde entonces, es la primera vez… que estoy con alguien así, ¿sabes? —sonreí con pesadumbre— No te voy a pedir que lo aceptes, ya sé que es complicado… Pero ahora ya lo sabes.
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RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - por Ikirami - 16-06-2024, 06:37 AM

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