16-06-2024, 06:09 PM
La mujer rio.
Rio como pensé que aquella anciana amargada no habría hecho en al menos cuarenta o cincuenta años. Parece que toqué finalmente la fibra de la bibliotecaria y esta accedió a enseñarme a leer la extraña escritura de los Poneglyphs. Tras adular mi entusiasmo y soñar con ver qué hazañas lograría con este conocimiento. Quería verlo… ya. Ya tenía mis planes. Tras esto me hizo una última advertencia y leyó el título de la obra que teníamos delante: Las piedras del conocimiento, explicando que era una obra que un autor escribió para datar la investigación de este sobre las extrañas piedras. No mencionaba lugar alguno donde se encontraran, pero al menos daba una información inicial. Acto seguido comenzó a explicar el sistema, apartando la pila de libros sobre la mesa y haciendo que uno de ellos cayera. Yo lo miré de reojo, sin mover la cabeza del libro que nos tenía sobre la mesa a ambos eruditos como niños delante de un juguete nuevo, pero aquello no me impidió leer el título que tan a la ligera dejó caer como si no le importara de repente nada más que la tarea que nos ocupaba.
La lectura de los Poneglyphs era un sistema de símbolos, líneas y marcas que en determinados contextos pueden significar unas u otras cosas. Me mostró algunas de estas diferencias a través de un fragmento del libro y después comencé a leer y analizar el sistema de patrones simbólicos que el libro poseía para, poco a poco, intentar traducir los textos de este con la ayuda de la anciana bibliotecaria. Analicé las letras, las curvas y pequeños matices en las características de cada palabra acuñada en el grabado sistema de las piedras. Esta parecía ser un entramado de golpes sobre una roca sin mucho sentido, pero, conforme más lo leía y la anciana me corregía, más sensación tenía de que se volvía algo sumamente natura. Quizá yo tenía cierta afinidad con las lenguas después de tanto leyendo y por eso me fue tan fácil. Quizás la anciana era una excelente maestra. En cualquier caso, pasamos largo rato leyendo y traduciendo, recibiendo los correctivos de esta hasta que decidí romper la práctica con una pregunta. — Tengo una duda… — dije mientras me reclinaba hacia atrás — ¿Por qué es tan peligroso entender la escritura de los Poneglyphs? Deben contener una información sumamente valiosa. — continué mirando hacia arriba, volteando los ojos y elevando el mentón un poco. — Me imagino que habrá pocos como nosotros que sean capaces de hacerlo. ¿De verdad está tan perseguido? — pregunté volviendo la vista hacia la anciana. Me interesaba bastante la percepción de otras personas que supieran leer estos textos que tuviera la anciana. El hecho de que fuera una capacidad tan exclusiva lo hacía valioso. Peligroso y valioso a la misma proporción. Y estaba seguro de que mucha gente querría beneficiarse de este conocimiento sin exponerse a él, por lo que… tenía que tantear el terreno. ¿Cómo de exclusivo era saber leer los Poneglyphs?
Rio como pensé que aquella anciana amargada no habría hecho en al menos cuarenta o cincuenta años. Parece que toqué finalmente la fibra de la bibliotecaria y esta accedió a enseñarme a leer la extraña escritura de los Poneglyphs. Tras adular mi entusiasmo y soñar con ver qué hazañas lograría con este conocimiento. Quería verlo… ya. Ya tenía mis planes. Tras esto me hizo una última advertencia y leyó el título de la obra que teníamos delante: Las piedras del conocimiento, explicando que era una obra que un autor escribió para datar la investigación de este sobre las extrañas piedras. No mencionaba lugar alguno donde se encontraran, pero al menos daba una información inicial. Acto seguido comenzó a explicar el sistema, apartando la pila de libros sobre la mesa y haciendo que uno de ellos cayera. Yo lo miré de reojo, sin mover la cabeza del libro que nos tenía sobre la mesa a ambos eruditos como niños delante de un juguete nuevo, pero aquello no me impidió leer el título que tan a la ligera dejó caer como si no le importara de repente nada más que la tarea que nos ocupaba.
La lectura de los Poneglyphs era un sistema de símbolos, líneas y marcas que en determinados contextos pueden significar unas u otras cosas. Me mostró algunas de estas diferencias a través de un fragmento del libro y después comencé a leer y analizar el sistema de patrones simbólicos que el libro poseía para, poco a poco, intentar traducir los textos de este con la ayuda de la anciana bibliotecaria. Analicé las letras, las curvas y pequeños matices en las características de cada palabra acuñada en el grabado sistema de las piedras. Esta parecía ser un entramado de golpes sobre una roca sin mucho sentido, pero, conforme más lo leía y la anciana me corregía, más sensación tenía de que se volvía algo sumamente natura. Quizá yo tenía cierta afinidad con las lenguas después de tanto leyendo y por eso me fue tan fácil. Quizás la anciana era una excelente maestra. En cualquier caso, pasamos largo rato leyendo y traduciendo, recibiendo los correctivos de esta hasta que decidí romper la práctica con una pregunta. — Tengo una duda… — dije mientras me reclinaba hacia atrás — ¿Por qué es tan peligroso entender la escritura de los Poneglyphs? Deben contener una información sumamente valiosa. — continué mirando hacia arriba, volteando los ojos y elevando el mentón un poco. — Me imagino que habrá pocos como nosotros que sean capaces de hacerlo. ¿De verdad está tan perseguido? — pregunté volviendo la vista hacia la anciana. Me interesaba bastante la percepción de otras personas que supieran leer estos textos que tuviera la anciana. El hecho de que fuera una capacidad tan exclusiva lo hacía valioso. Peligroso y valioso a la misma proporción. Y estaba seguro de que mucha gente querría beneficiarse de este conocimiento sin exponerse a él, por lo que… tenía que tantear el terreno. ¿Cómo de exclusivo era saber leer los Poneglyphs?
Resumen
Karmas
Inventario

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