29-08-2023, 02:08 PM
El rostro de aquel hombre podía leerse perfectamente, estaba lleno de ira y rabia. En su interior había un odio muy arraigado que trataba de contener, pero mis intentos de conciliación parecían ser contraproducentes. Debía pensar pronto si tratar de neutralizarlo o terminar con su vida. Aún era pronto para saberlo.
Comenzó a andar a ritmo lento, bajando de aquella roca sin quitarme de su vista un solo instante, era casi como ver a un tigre bajando a por su presa.
- ¿Me hablas tú de querer dañar el entorno y los animales? No soy yo quien dice no querer hacer daño, y luego alega que quiere entrenar. No comprendes el instinto animal. Y sin embargo te pareces mucho a ellos. – Me recriminó sin cesar en su avance.
- ¿Acaso tú te has criado en la naturaleza? – Le contesté rápido tratando de hacerle entrar en razón antes de comenzar. – Deberías limpiarte los oídos de vez en cuando, nunca he dicho nada de dañar animales. ¿Qué sabrás tú lo que comprendo o no? ¿Qué sabrás tú sobre mí?
Nada de lo que decía tenía efecto alguno en él. Ya estaba bastante cerca, cinco metros aproximadamente. Era cierto que mi tamaño era muy superior al suyo, pero quizá eso no juegue a mi favor si era más rápido que yo. Su semblante era cada vez más serio, la ira poseía su rostro y especialmente su mirada, inyectada en sangre. Estaba claro que sería él quien lanzaría el primer ataque, desconozco todavía el cómo, aunque seguro irá con todo.
- Que elija mi destino... Ya está escrito desde que apareciste. – Sentenció casi sin darme tiempo a responder.
El tipo se había lanzado directo hacia mi posición, con lo que amplié aún más la guardia abriendo las piernas para tener más movilidad y resistencia. Planeaba contener su ataque para responder con una contra instantánea, sin embargo un movimiento me pilló de sorpresa, ya que había fintado hacia mi lado izquierdo. Pude observar en apenas un instante el movimiento de su brazo, no sabía sus intenciones, qué parte de costado querría atacar, pero lo que sí sabía es que debía moverme ya.
Apreté con fuerza la punta de mi pie derecho para impulsarme y recoger dicha pierna, girando así con todo mi cuerpo sobre mi propio eje, a fin de esquivar su ataque. Una vez logrado, mi primera reacción fue querer alejarlo, con lo que le propiné una patada en su hombro dominante para mandarlo varios metros atrás. Sabiendo la diferencia de peso de seguro que lograría alejarle al menos unos metros y que sintiese esa gran diferencia.
- ¿¡Tan poco vale tu vida que mi sola presencia ya ha sentenciado tu destino!? – Le grité aprovechando mi torrente de voz para imponer. – ¡Espabila, estás absurdamente cegado!
Mi intención era que cesase en este absurdo duelo, pero mi paciencia se acababa. Aunque tengo que admitir que su último ataque me había sorprendido, de la nada una cascada de adrenalina había recorrido mi cuerpo en segundos, realmente había corrido peligro. Una parte de mi estaba deseando seguir ese combate, y poco a poco dejaba que esa sensación se apoderase de mí. Este podría ser un buen combate que librar, solo espero no tener que lamentarlo después. Temía acabar con su vida, sin embargo él parece ser un formidable guerrero juzgándole por esa eficaz finta. Le había subestimado, y ahora mi rostro reflejaba claramente la emoción por la lucha, no podía evitarlo.
Comenzó a andar a ritmo lento, bajando de aquella roca sin quitarme de su vista un solo instante, era casi como ver a un tigre bajando a por su presa.
- ¿Me hablas tú de querer dañar el entorno y los animales? No soy yo quien dice no querer hacer daño, y luego alega que quiere entrenar. No comprendes el instinto animal. Y sin embargo te pareces mucho a ellos. – Me recriminó sin cesar en su avance.
- ¿Acaso tú te has criado en la naturaleza? – Le contesté rápido tratando de hacerle entrar en razón antes de comenzar. – Deberías limpiarte los oídos de vez en cuando, nunca he dicho nada de dañar animales. ¿Qué sabrás tú lo que comprendo o no? ¿Qué sabrás tú sobre mí?
Nada de lo que decía tenía efecto alguno en él. Ya estaba bastante cerca, cinco metros aproximadamente. Era cierto que mi tamaño era muy superior al suyo, pero quizá eso no juegue a mi favor si era más rápido que yo. Su semblante era cada vez más serio, la ira poseía su rostro y especialmente su mirada, inyectada en sangre. Estaba claro que sería él quien lanzaría el primer ataque, desconozco todavía el cómo, aunque seguro irá con todo.
- Que elija mi destino... Ya está escrito desde que apareciste. – Sentenció casi sin darme tiempo a responder.
El tipo se había lanzado directo hacia mi posición, con lo que amplié aún más la guardia abriendo las piernas para tener más movilidad y resistencia. Planeaba contener su ataque para responder con una contra instantánea, sin embargo un movimiento me pilló de sorpresa, ya que había fintado hacia mi lado izquierdo. Pude observar en apenas un instante el movimiento de su brazo, no sabía sus intenciones, qué parte de costado querría atacar, pero lo que sí sabía es que debía moverme ya.
Apreté con fuerza la punta de mi pie derecho para impulsarme y recoger dicha pierna, girando así con todo mi cuerpo sobre mi propio eje, a fin de esquivar su ataque. Una vez logrado, mi primera reacción fue querer alejarlo, con lo que le propiné una patada en su hombro dominante para mandarlo varios metros atrás. Sabiendo la diferencia de peso de seguro que lograría alejarle al menos unos metros y que sintiese esa gran diferencia.
- ¿¡Tan poco vale tu vida que mi sola presencia ya ha sentenciado tu destino!? – Le grité aprovechando mi torrente de voz para imponer. – ¡Espabila, estás absurdamente cegado!
Mi intención era que cesase en este absurdo duelo, pero mi paciencia se acababa. Aunque tengo que admitir que su último ataque me había sorprendido, de la nada una cascada de adrenalina había recorrido mi cuerpo en segundos, realmente había corrido peligro. Una parte de mi estaba deseando seguir ese combate, y poco a poco dejaba que esa sensación se apoderase de mí. Este podría ser un buen combate que librar, solo espero no tener que lamentarlo después. Temía acabar con su vida, sin embargo él parece ser un formidable guerrero juzgándole por esa eficaz finta. Le había subestimado, y ahora mi rostro reflejaba claramente la emoción por la lucha, no podía evitarlo.
