18-06-2024, 01:32 PM
(Última modificación: 18-06-2024, 03:43 PM por Max D. Bambú.)
Mientras daba buena cuenta del resto de su comida, Zorak decidió que era su momento de marchar y se levantó sin excusarse, agradeciendo la sinceridad del panda y permitiéndole un par de días de descanso para asentar la cabeza. El panda no necesitaba descansar, pero emplearía este recién adquirido tiempo para meditar en paz para despejarse. No saludó militarmente porque el propio Zorak no parecía por la labor de que lo hicieran, pero sí que asintió educadamente con la cabeza mientras el mariscal se marchaba. —Es un placer haber vuelto, mariscal. —Contestó a su bienvenida antes de girarse hacia su capitán. Ya había terminado toda su comida y estaba completamente saciado, de modo que Kisuke gozaba de su completa atención. —No se preocupe, por mucho que duela es la realidad en la que vivimos. No puedo huir de ella toda la vida. —Contestó el panda tratando de mantenerse estoico. Agradeció sin embargo el cambio de tema que el rubio le estaba proporcionando. Los acontecimientos fantásticos en la isla del cielo alejarían al panda de aquellos dolorosos recuerdos.
—Ocurrieron muchas cosas en aquella isla. Acudí como pretexto para escapar de Little Garden, pero pronto me vi involucrado en una aventura que bien podría ser un relato épico. Descubrimos la legendaria ciudad de Shandora, capital del imperio en el cielo. Es una ciudad gobernada por ningún otro que el Shichibukai Zarutsuki, el más viejo y probablemente poderoso de todos ellos. Naturalmente oculté mi identidad. ¿Quién sabe qué querellas tendría el viejo mono contra un revolucionario? —El panda se animó contando aquella historia. Su estancia en Skypiea había sido algo completamente extraordinario. Le relató a Kisuke cómo se habían desarrollado los juegos y que el equipo ganador de un deseo había sido el compuesto por el cazador Sohem, la pirata de los Shogun Gari (con los que se había juntado el panda), Sasha; la pirata de los Alas Negras, Triana Tempesta y una marine pelirrosa o rubia o algo así cuyo no recordaba muy bien, algo como Pilimari. —No sé qué pidieron, pero no tiene importancia. En Shandora estuve entrenando con un maestro en algo que se llama haki. Se trata de la energía de nuestro espíritu. Nuestra voluntad manifestándose para asistirnos. En algunos clases incluso materialmente. Si algún día está interesando en el tema, capitán, compartiré humildemente lo que bajo la tutela del maestro Kaelith pude aprender. —Dijo el panda con cierto entusiasmo. El haki le parecía una herramienta tan útil para la revolución que no compartirlo sería un delito. —Pero volviendo a la historia, finalmente me separé de los Shogun Gari para regresar con el Ejército Revolucionario a la base de esta isla. El deber me llamaba. —Concluyó el panda incluso enderezándose un poco con orgullo. Finalmente volvía a estar con los suyos. Aunque disfrutase enormemente de la compañía de los Shogun Gari, nada podía compararse al hecho de estar de nuevo con los revolucionarios luchando por lo que creía correcto.
—Ocurrieron muchas cosas en aquella isla. Acudí como pretexto para escapar de Little Garden, pero pronto me vi involucrado en una aventura que bien podría ser un relato épico. Descubrimos la legendaria ciudad de Shandora, capital del imperio en el cielo. Es una ciudad gobernada por ningún otro que el Shichibukai Zarutsuki, el más viejo y probablemente poderoso de todos ellos. Naturalmente oculté mi identidad. ¿Quién sabe qué querellas tendría el viejo mono contra un revolucionario? —El panda se animó contando aquella historia. Su estancia en Skypiea había sido algo completamente extraordinario. Le relató a Kisuke cómo se habían desarrollado los juegos y que el equipo ganador de un deseo había sido el compuesto por el cazador Sohem, la pirata de los Shogun Gari (con los que se había juntado el panda), Sasha; la pirata de los Alas Negras, Triana Tempesta y una marine pelirrosa o rubia o algo así cuyo no recordaba muy bien, algo como Pilimari. —No sé qué pidieron, pero no tiene importancia. En Shandora estuve entrenando con un maestro en algo que se llama haki. Se trata de la energía de nuestro espíritu. Nuestra voluntad manifestándose para asistirnos. En algunos clases incluso materialmente. Si algún día está interesando en el tema, capitán, compartiré humildemente lo que bajo la tutela del maestro Kaelith pude aprender. —Dijo el panda con cierto entusiasmo. El haki le parecía una herramienta tan útil para la revolución que no compartirlo sería un delito. —Pero volviendo a la historia, finalmente me separé de los Shogun Gari para regresar con el Ejército Revolucionario a la base de esta isla. El deber me llamaba. —Concluyó el panda incluso enderezándose un poco con orgullo. Finalmente volvía a estar con los suyos. Aunque disfrutase enormemente de la compañía de los Shogun Gari, nada podía compararse al hecho de estar de nuevo con los revolucionarios luchando por lo que creía correcto.
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