[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata.
#2
Yacía sobre el pecho de mi minino, con los ojos cerrados y los brazos apoyados a los lados, con las manos reposando sobre sus hombros. Mi cabeza descansaba sobre la mejilla izquierda y escuchaba atentamente a los latidos de su pecho. Era una sensación increíblemente agradable y tranquilizadora, y aunque todavía estaba extenuada por la manifestación completa de nuestro amor hasta apenas un momento antes, serenaba mi alma con ese dulce sonido. Suspiré, esbozando una sonrisa y sintiendo una satisfacción como nunca antes, en todos los sentidos posibles. El tacto de sus dedos acariciando mi pelo me daban unas cosquillas agradables que aceptaba con mucho gusto, y el abrazo en el que me envolvía me hacía sentir en un lugar seguro, protegida. El silencio que reinaba en nuestro claro no era uno incómodo, era un silencio en confianza, ese tipo de silencio que solo puedes tener con esas personas de plena confianza, en las que ambos sabéis que aunque no digáis nada, todo está bien. Abrí los ojos, todavía acompañados por la expresión de mis labios, y comencé a dibujar con la yema del dedo índice con mi diestra sobre su piel. Caricias leves como susurros, esbozando formas inconexas, pero que me permitían ver como su bello se elevaba suavemente con el roce de este. Al cabo de lo que me pareció un instante y a la vez una eternidad en aquel rincón de paz alejado de todo, mi Garnet por fin rompió el silencio para preguntar, interrumpiéndose primero, si aquello no había sido increíble. Abrí los ojos un instante, al percatarme de que me había llamado “Iki”, algo  estúpido, pero que para mí significaba mucho. Relajé la cara casi al instante, tenía todo el derecho para llamarme así y se lo permitía.

—Ha sido perfecto. —respondí cruzando miradas, dando un beso en su pecho y volviendo a alzar la cabeza cuando posó su mano en mi mejilla.

Incliné la cabeza buscando su contacto agradable y llevé mi derecha hacia su pelo, jugueteando con uno de sus mechones, largos y rojos como los míos. Reí suavemente cuando dijo “pitote”, me hizo gracia esa tontería. Y aclaró que no solo había sido ese placer, sino el calor en el corazón también, aunque lo llamó “patata”. Sonreí como si mi erudita alma se hubiese esfumado y hubiese sido sustituida por la de una niña que se divertía con palabras como aquellas. Preguntó entonces sobre qué pensaba yo sobre ello, y que sentía, si es que lo hacía igual que él. Sus mejillas sonrojadas, la sinceridad que sus palabras delataban, todos sus gestos me…

—Me haces estallar la “patata”, gatito mío. —respondí sonriendo y utilizando de nuevo su jerga. Después, llevé la mano que él tenía sobre mi mejilla hasta mi pecho izquierdo, justo encima del corazón y bajé mis párpados— Me ha encantado cada segundo que hemos pasado juntos. Cada beso, cada roce y cada… —miré a un lado con una sonrisa traviesa y totalmente sonrojada— Los he sentido en cuerpo y alma, ¿sabes?

Solté entonces su mano y me apoyé en el suelo para levantar la cabeza y observarlo, mientras él se tumbaba de nuevo y suspiraba mirando al cielo. No podía apartar la vista de él, esa sensación era más adictiva que la mejor de las salsas Sriracha, y mira que me encantaba. Tras el suspiro, afirmó que no quería que ese día acabase.

—Ojalá poderme quedar a tu lado para siempre… —confesé dejándome llevar por la emoción que me embargaba y sin darme tiempo a pensar en las palabras, escondiendo la cara tras mi pelo suelto al girarla avergonzada.

Una risilla me sacó de mi verguenza, una que denotaba algo… travieso.

—¿Qué pasa, minino? —pregunté con curiosidad y suspicacia al ver su rostro que escondía algo juguetón.

Me rodeó con las manos y me hizo girar hasta quedar debajo, haciendo que se me saltase un latido. ¿Cómo podía estar tan atontada? Contuve un grito interno y en su lugar sonreí abiertamente cuando me guiñó un ojo y se levantó, añadiendo que había tenido una idea. Me incorporé sentándome, doblando las piernas y reposando el peso lateralmente en ellas apoyándome en el suelo con la mano derecha y llevándome la otra al pecho. Observé como miraba a los árboles, confundida por no saber que tramaba, y se acercó a su ropa interior para ponérsela, dejándome con una sonrisilla al ver como todavía podía ver sus glúteos prietos.

—Shshshsh… —reí ligeramente y acto seguido sorprendiéndome por ello— Ehem, ehem. —carraspeé mirando hacia otro lado.

“¿Qué akumas te pasa, Iki?” me dije a mí misma mientras me abofeteaba la cara. Garnet volvió a reir, diciendo que volvía en breves, con su laúd colgado al hombro y que fuese vistiéndome mientras, que no quería que mi culito pasase frío.

—Tontito… —respondí con cariño para después ponerme en pie cruzándome de brazos enfurruñada— Como no vuelvas y me dejes aquí plantada, te llevaré directito a Impel Down. —lo amenacé con una mentira que ni yo misma me creía— Te espero aquí, tigre. —respondí al final sonriendo y viendo como se alejaba transformado a través de la tupida vegetación.

Cada vez había menos luz en aquel claro, y mi sentido de la vista, aunque agudo, no era demasiado bueno para la noche, que lentamente se cernía sobre los enamorados como un telón invisible amenazando nuestro tiempo juntos. Aproveché que todavía podía ver lo suficiente para encontrar, desperdigada por partes en toda la zona, mi ropa. Primero recogí mi camisa, que estaba manchada de su sangre. Era inservible, además de que no podía volver con ella puesta a nuestra residencia con el resto de marines. La arrugué entre mis manos y hundí la cabeza en ella, encontrando un emocionante olor a hierro que me hizo suspirar. Envolví la prenda en una de mis manos mientras seguía olfateándola y buscaba el resto de mi ropa. El sujetador, rojo como mi pelo, se encontraba entre unos arbustos ala derecha. La parte inferior de mi uniforme, los pantalones negros, de alguna forma extraña, estaban colgando de una rama de un árbol a más de 15 metros. “¿Cómo demonios han llegado hasta ahí?” me pregunté riendo para mí misma. De verdad no tenía ni idea de en qué momento había ocurrido, pero con la “locura” que había sido todo aquello, tampoco me sorprendía. Renuncié a mis ajustados pantalones, entonces, lanzándoles un beso por haberse portado tan bien hasta el momento, y busqué el resto de mi atuendo. Las braguitas y zapatos estaban juntos a unos pocos metros del jaguar, y como me parecía que era feo ponerse zapatos de ese tipo llevando solo ropa interior, prescindí de ellos. Así pues, me quedé en mi conjunto de lencería, dejando en el suelo al fin la camisa, y con la parte inferior que tapaba algo más que la de Garnet, pero dejaba a la vista la mitad de mi hermoso, suave y redondo culito. También debo decir, que lo prefería así. Ocultar mi cuerpo era un crimen absoluto, no entendía como la Marina podía permitirlo.

A través del oído escuché como se alejaba hasta que el silencio quedó en silencio de nuevo. Algunas brancas se rompían aquí y allá, delatando la fauna que había en el lugar. ¿Habría algún carroñero al acecho de darse un festín con nuestro jaguar? Busqué la silueta del jaguar, cada vez más difícil de divisar para mí. Anduve hasta él, poniéndome a cuclillas y acariciando su cabeza como si fuese una mascota.

—Al final sí que has sido un gran aliado para mí, ¿sabes? —susurré al animal con una tierna sonrisa recordando como lo había considerado un aliado para acabar con mi pelirrojo con un resultado completamente opuesto.

El silencio del claro me permitía pensar con algo más de claridad sobre todo lo que había sucedido entre Garnet y yo aquel día. Un pequeño eco de las voces conseguía colarse a través de la calma. Dudas sobre el futuro, sobre mis compañeros, los suyos, e incluso sobre la Marina. En lo único que tenía una confianza plena y que ni tan solo esos malignos susurros podían resquebrajar, era en él. Creía firmemente que los dos nos profesábamos los mismos sentimientos, fuesen cuales fuesen, y que aquello era sincero y puro, además de emocionante. Pero, ¿qué había de mis compañeros? Karl lo había declarado su rival abiertamente en la pelea que tuvieron, la frustración en su rostro y la slágrimas que derramó tras la pelea me hacían imposible creer que pudiese aceptarlo, lo cual me desgarraba. Yo la apreciaba muchísimo, aunque no lo expresase, pues no estoy acostumbrada a ello. Y estoy segura de que Joe no aceptaría algo así en la vida. Sephiroth, tal vez lo viese de otra forma, o al menos así me lo hacía pensar el comentario que tuvo Garnet respecto a él en nuestra cita. Aun así, era demasiado arriesgado para mi carrera, y necesitaba llegar a lo alto para cumplir mi objetivo vital. Me dolía no poder contárselo a nadie, pero era un dolor millones de veces inferior al que sentiría si me alejara de él. Y respecto a sus compañeros… No tenía ni idea de quienes de los participantes formaban parte de su tripulación, ni si había más, y tenía grandes dudas de que ellos también fueran como él. Garnet era una excepción, pero que hubiera más como él me era imposible de imaginar. Tendría que verlo con mis propios ojos para aceptarlo, pues además suponía que… algo malo sucedía con la Marina, y aquello se me hacía absolutamente imposible de creer sin pruebas. Y si era así, ¿qué haría al respecto? No tenía ni idea, y me daba absoluto pavor imaginar que su “justicia” no fuera la que yo defendía. Por primera vez en seis años de servicio, me cuestionaba cosas. Yo, que siempre había defendido su moralidad por encima de todo. Pero cuestionar, no significa renegar de ella. No, solo implicaba que tal vez tuviese que corregir algo, y para ello, debía ascender y ponerme al mando.

Los minutos de espera se me hacían eternos, anhelando compartir más tiempo a su vera. Seguía acariciando al felino con mis manos, pensativa, hasta que escuché un ruido acercándose en mi dirección.

—¿Garnet? —pregunté levantándome con precaución, más bestias aparte de un felino guarrete podían estar acechando en la oscuridad.

Para mi regocijo, la dulce y melódica voz de mi bonito minino me llamó, y lo vi acercándose con una expresión ilusionada que me hizo sonreír y echar a andar hacia él sonriendo plenamente y compartiendo su expresión. Dejó sus cosas en el suelo y se acercó a mí, extendiéndome la mano, todavía transformado y preguntando si estaba preparada para flipar. Me coloqué frente a él, tomando su mano, o pata más bien, tirando levemente de ella y poniéndome de puntillas elevando mi mentón, esperando que se agachase para poder darle un beso. Reposé mi otra mano en su abdomen contra su pelaje, sintiendo una sensación agradable y reconfortante. Volví a mirarlo con alegría e ilusión, asintiendo enérgicamente. Su sola presencia había vuelto a silenciar los murmullos de mi cabeza.

—Te he echado de menos, mi tigre, ¿sabes? —comuniqué con una sonrisa radiante— A ver que tiene mi precioso gatito para mí.


Karmas
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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - por Ikirami - 20-06-2024, 05:26 PM

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