Genial, el minino había caído completamente en mi trampa, incluso me había llamado DIOSA. Y en cierto sentido, lo era. "Espera un momento... Ay, que malas son las viejas costumbres", pensé al recordar que en realidad no había trampa ni artificio, y que no estaba tramando nada. Todo aquello aún se me hacía extraño, casi ajeno, como si todavía no acabase de encajar del todo en el fondo de mi mente. Tras un rato a solas, sumida en una meditación no muy agradable con mis demonios acechando en cada sombra que el atardecer proyectaba en nuestro claro, él regresó en su forma híbrida. Me pregunté si era normal que, a pesar de ser un hombre medio tigre, me excitase y me agradase tanto su aspecto y su pelaje. Tal vez era porque era él, y recordaba lo bien que nos habíamos sentido antes en esa forma. No importaba el aspecto que tomara, me fascinaba todo de él. Tras un breve pero significativo beso con mi bestia salvaje, se disculpó por haberme hecho esperar.
—No, tranquilo. —respondí con una sonrisa— Solo tenía muchas ganas de volver a verte de nuevo, ¿sabes?
Con la ilusión irradiando en su cara, como la de un niño pequeño que me enterneció por completo, me dijo que esperaba que lo que había preparado me dejase "con el culo roto".
—Shshshshsh. —me reí sin poder evitarlo al escuchar sus palabras tan encantadoramente sinceras. Era tan adorable— Confío en que será maravilloso.
Me preguntó si lo tenía todo listo mientras me acercaba a un lateral, donde descansaba mi bolsa. Me agaché para recogerla, de espaldas a él. No necesitaba girarme para saber que me estaba observando. Podía sentir su mirada clavada en mi trasero. Sonreí, sosteniendo la bolsa con una mano levantada y apoyando la otra sobre mis caderas. Balanceándome, giré la cabeza hacia él cuando comentó sobre lo bien que me quedaba mi ropa interior. Los cumplidos siempre eran bienvenidos, verdades tan absolutas como que la tierra es redonda y que el sol sale cada mañana. Pero viniendo de él, me hacían sentir especial.
—Y eso que no has visto mi lencería más... atrevida. —le respondí, riendo suavemente mientras volvía junto a él.
Una vez frente a él, sonreí y me mordí el labio inferior, impresionada por lo adorable que estaba en su forma híbrida, sacudiendo su cabeza y disculpándose por no estar acostumbrado a tener a una diosa como novia. "Novia..." La palabra se me clavó en la mente, haciéndome sonrojar. Sacudí la cabeza, al igual que había hecho él un momento antes, tratando de serenarme, y respiré hondo, cerrando los ojos por un momento para dejar de ver a ese hermoso felino.
—¿¡Q-Qué…!? —exclamé, abriendo los ojos de par en par al sentir que mis pies se separaban del suelo.
Me encogí, cruzando los brazos sobre mi pecho y agarrando mis manos con fuerza, mientras miraba asombrada y a la vez avergonzada a mi apuesto tigre, sosteniéndome entre sus musculosos y peluditos brazos. Mi rostro, más rojo que una cereza, no podía ocultar la emoción, y mis ojos brillaban intensamente. Enmudecí ante su presencia imponente y solo pude asentir, sin apartar la mirada de él, cuando dijo que nos íbamos. La aceleración me tomó completamente por sorpresa. Debería haberlo previsto tras ver cómo apenas podía seguirlo con la vista durante su combate contra Karl, pero su acción me descolocó por completo. Cerré los ojos y rodeé su cuello con mis brazos, abrazándome a él y hundiendo mi rostro en su pecho. Nos movíamos a toda velocidad, a través de la oscuridad de la noche en la densa selva. Estaba convencida de que en algún momento nos estrellaríamos, pero, aparte del aire, ni una sola rama ni hoja me tocó. Negué con la cabeza cuando me preguntó si estaba incómoda. Era tan cuidadoso conmigo... Abrí entonces los ojos y vi cómo las oscuras siluetas se movían rápidamente detrás de nosotros. Giré la cabeza hacia el frente, sintiendo mi cabello revoloteando. La emoción me embargó, y sonreí mientras la adrenalina recorría mi cuerpo como una corriente.
—¡Es... increíble! Shshshsh. —grité, riendo y esperando que pudiera escucharme a través del rugido del viento.
Abracé a mi tigre con más fuerza, sintiendo el suave y cálido pelaje bajo mis manos. Normalmente, necesitaba tener todo bajo control, saber exactamente dónde estaba y a dónde me dirigía, era esencial para poder actuar correctamente y con eficiencia. En cualquier otra situación, habría detestado la incertidumbre de no ver el camino, pero con él era diferente. Con sus fuertes brazos sosteniéndome y protegiéndome, me sentía completamente segura, y el destino no importaba tanto como el viaje a su lado. Una sonrisa amplia se dibujó en mi rostro mientras disfrutaba del trayecto, escuchando el murmullo suave de su voz, apenas audible sobre el rugido del viento. De repente, nos detuvimos en medio de la oscuridad, y él se rió, diciendo que habíamos llegado. La penumbra nos envolvía completamente.
—¿Aquí? —pregunté confundida, notando como bajaba la altura a la que me sostenía— No veo na…
Entonces, como si el aire mismo se convirtiera en un cuento de hadas, pequeños destellos amarillos y verdes comenzaron a surgir, llenando el ambiente con su luz titilante. Era como si las estrellas hubieran descendido del cielo para danzar alrededor nuestro, iluminando la oscuridad con su resplandor mágico. Los diminutos puntos de luz flotaban desde el suelo, ascendiendo hacia nosotros en un movimiento suave y ligero, creando un espectáculo que parecía sacado de los más bellos sueños. Con un gesto casi instintivo, extendí la mano, deseando tocar aquella maravilla que nos envolvía. Mi corazón latía con fuerza, cada vez más rápido, embriagado por la emoción y la belleza del momento. Entonces, mi querido me llamó, aconsejando que me agarrase fuerte. Sonreí y devolví mi mano a él, afianzando todavía más que antes mi agarre, preparada para lo que quisiera hacer. Sentí como nos elevábamos, sin saber a dónde, pero me dejé llevar con él hasta que salimos por encima del dosel arbóreo. Alcé la vista cuando sentí una nueva luz sobre nuestra piel.
En lo alto, la luna brillaba, llena y hermosa, rodeada de miles de estrellas y bañando con su luz plateada nuestros cuerpos como una suave caricia de terciopelo, envolviéndonos en su etéreo abrazo. La ingravidez que me envolvió al llegar al punto culminante del salto desató una corriente de cosquilleo que recorrió todo mi ser, dejando mi respiración atrapada en un suspiro de asombro. Boquiabierta, observé el majestuoso espectáculo que se desplegaba a nuestro alrededor. Giré la mirada hacia mi tigre, que buscaba algo bajo nosotros, ilusionado al dar con su objetivo. Lo seguí en su búsqueda y, bajo el resplandor del cielo estrellado, pude vislumbrar unas nubes blancas y esponjosas extendiéndose unos metros por debajo de nosotros. Cuando el impulso de nuestra aceleración se agotó, empezamos a descender suavemente. No sentía miedo alguno ante la altura que nos separaba del suelo, por el contrario, la experiencia era increíblemente emocionante y me llenaba de una extraña pero reconfortante seguridad. Con la gracia y la precisión de un felino, mi tigre nos dirigió hacia esas nubes. Al principio, pensé que simplemente la atravesaríamos, pero en lugar de eso, nuestra caída se detuvo, como si aquella nube fuera un colchón suave que frenara nuestro descenso, sosteniéndonos por encima de la espesura de la jungla. Debería haberlo previsto, tratándose de Skypiea, pero me sorprendió por completo. Estaba… Estaba en una nube, en todos los sentidos posibles de la frase. Con suavidad, el hombre que hacía latir mi corazón a mil me dejó en pie sobre aquella esponjosa nube. No sabía como había hecho aquello o cómo lo había encontrado en la oscuridad, pero me daba igual. Tenía la respiración acelerada, mirando hacia abajo y con las manos recogidas en mi pecho, que no cabía de la emoción. Las luciérnagas estaban ascendiendo en nuestra dirección, danzando en la oscuridad como en un espectáculo privado únicamente para nosotros. Volví la mirada a él para ver como volvía a su forma habitual y cogía mis manos. Apreté con fuerza las suyas, casi incapaz de contener el calor que llenaba mi pecho. Rió al mencionar que los árboles no nos dejaban ver el cielo, sonrojándose y desviando la vista sonriente añadiendo que sería una pena no poder ver “nuestro primer cielo estrellado”. Se me cortó la respiración, mirándolo fijamente. Estaba… paralizada por completo. Incapaz por completo de hacer nada más que quedarme ahí, como si mi cuerpo fuese el de una estatua de una diosa hermosa y exuberante. Y si todo aquello, no fuese suficiente, volvió a penetrarme con su intensa mirada para añadir que yo era la estrella más brillante de todas, acompañándolo con un tierno beso y preguntando si me gustaba la idea, “Iki”...
KO técnico.
“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH” gritó mi interior sin poder soltar un solo sonido, pero mi corazón latiendo tan fuerte que pensaba que iba a morir en aquel mismo instante y con la cara más roja que nunca, nunca, nunca antes.
De pronto, mi cuerpo se entregó a una relajación absoluta, como si ya no pudiera soportar ni un ápice más de tensión, liberando las emociones aprisionadas en mi interior. Solté mi mano izquierda, y con un movimiento suave, coloqué el antebrazo sobre mis ojos. Mi cuerpo se inclinó hacia atrás, abandonándose como si no fuese más que una hermosa muñeca de trapo, sosteniéndome únicamente con la firmeza de mis pies y el fuerte agarre de Garnet con mi otra mano. Con la cabeza inclinada hacia el cielo, una amplia sonrisa que revelaba mis dientes se dibujó en mi rostro. Levanté el brazo lo justo para poder contemplarlo directamente desde aquella posición inclinada, y mis ojos, cubiertos de lágrimas de pura felicidad, reflejaban la inmensidad del amor y la alegría que sentía en ese momento.
—No podría ser más perfecto. Como sigas así, creo que me vas a matar de amor, ¿sabes? Shshshsh. —respondí a su pregunta, utilizando su brazo para erguirme, secándome las lágrimas con la contrari, volviendo a sostenerme por mí misma y soltando finalmente su mano.
Siguiendo su gesto, me senté junto a él de la misma forma, apoyando mi mano derecha sobre la suya con una dulce y sentida caricia. Alcé la vista al cielo, con su cortina de luces centelleantes como ojos posados sobre nosotros. La belleza de aquellas tierras en los cielos era absoluta, y nosotros nos encontrábamos sobre ellas, profesándonos elogios y palabras tan dulces como sinceras. Preguntó entonces, mi querido gatito, si me apetecía escuchar su historia.
—Sí. —respondí asintiendo con rapidez, mientras me acomodaba un poco hacia la derecha. Con la mano izquierda, acaricié suavemente su flequillo, dejando que mis dedos se deslizaran por el mechón hasta alcanzar su mentón, donde tracé una caricia— Quiero saber todo sobre ti, cada detalle que ha forjado la persona que eres hoy.
Mientras pronunciaba estas palabras, las luciérnagas que nos habían seguido desde el suelo nos alcanzaron, elevándose a nuestro alrededor como si las mismas estrellas hubieran descendido para rodearnos con su resplandor mágico. Solté suavemente su rostro y me arrodillé, con la emoción dibujada en la mía mientras levantaba ambas manos, maravillada por la luz que nos envolvía. Una de esas pequeñas luces vivientes se acercó lentamente, como si también estuviera fascinada por nuestra presencia. Se posó delicadamente en mi palma, y un cosquilleo suave recorrió mi piel al sentir su diminuto cuerpo. Cerré los ojos, dejando que una sonrisa iluminara mi rostro al acercar la mano hacia mí para disfrutar de su luz. Abrí los ojos de nuevo, para encontrarme con su mirada.
—Quiero conocer más a fondo a la persona que amo. —finalicé, elevando el brazo para que la luciérnaga extendiera sus alas y revoloteara a nuestro alrededor, dejando tras de sí una estela de luz que parecía danzar para nosotros con una coreografía tan bella como nosotros.
Tal vez fuera precipitado, desafiando toda cordura y lógica, pero no podía seguir negando las emociones que brotaban en mi corazón, aquellas que mantenía celosamente bajo llave, temerosa de dejarlas salir. Sin embargo, junto a él, esas emociones clamaban por liberarse, y decidí que ya no las reprimiría más. Las dejaría volar, desplegando sus alas aunque fuera solo con él, mi minino, permitiéndoles surcar los cielos como las luciérnagas que danzaban a nuestro alrededor. Porque en él había encontrado el refugio donde esas emociones podían salir a flote sin miedo, abrazando la libertad que tanto anhelaban en lo más profundo de mi ser.
—No, tranquilo. —respondí con una sonrisa— Solo tenía muchas ganas de volver a verte de nuevo, ¿sabes?
Con la ilusión irradiando en su cara, como la de un niño pequeño que me enterneció por completo, me dijo que esperaba que lo que había preparado me dejase "con el culo roto".
—Shshshshsh. —me reí sin poder evitarlo al escuchar sus palabras tan encantadoramente sinceras. Era tan adorable— Confío en que será maravilloso.
Me preguntó si lo tenía todo listo mientras me acercaba a un lateral, donde descansaba mi bolsa. Me agaché para recogerla, de espaldas a él. No necesitaba girarme para saber que me estaba observando. Podía sentir su mirada clavada en mi trasero. Sonreí, sosteniendo la bolsa con una mano levantada y apoyando la otra sobre mis caderas. Balanceándome, giré la cabeza hacia él cuando comentó sobre lo bien que me quedaba mi ropa interior. Los cumplidos siempre eran bienvenidos, verdades tan absolutas como que la tierra es redonda y que el sol sale cada mañana. Pero viniendo de él, me hacían sentir especial.
—Y eso que no has visto mi lencería más... atrevida. —le respondí, riendo suavemente mientras volvía junto a él.
Una vez frente a él, sonreí y me mordí el labio inferior, impresionada por lo adorable que estaba en su forma híbrida, sacudiendo su cabeza y disculpándose por no estar acostumbrado a tener a una diosa como novia. "Novia..." La palabra se me clavó en la mente, haciéndome sonrojar. Sacudí la cabeza, al igual que había hecho él un momento antes, tratando de serenarme, y respiré hondo, cerrando los ojos por un momento para dejar de ver a ese hermoso felino.
—¿¡Q-Qué…!? —exclamé, abriendo los ojos de par en par al sentir que mis pies se separaban del suelo.
Me encogí, cruzando los brazos sobre mi pecho y agarrando mis manos con fuerza, mientras miraba asombrada y a la vez avergonzada a mi apuesto tigre, sosteniéndome entre sus musculosos y peluditos brazos. Mi rostro, más rojo que una cereza, no podía ocultar la emoción, y mis ojos brillaban intensamente. Enmudecí ante su presencia imponente y solo pude asentir, sin apartar la mirada de él, cuando dijo que nos íbamos. La aceleración me tomó completamente por sorpresa. Debería haberlo previsto tras ver cómo apenas podía seguirlo con la vista durante su combate contra Karl, pero su acción me descolocó por completo. Cerré los ojos y rodeé su cuello con mis brazos, abrazándome a él y hundiendo mi rostro en su pecho. Nos movíamos a toda velocidad, a través de la oscuridad de la noche en la densa selva. Estaba convencida de que en algún momento nos estrellaríamos, pero, aparte del aire, ni una sola rama ni hoja me tocó. Negué con la cabeza cuando me preguntó si estaba incómoda. Era tan cuidadoso conmigo... Abrí entonces los ojos y vi cómo las oscuras siluetas se movían rápidamente detrás de nosotros. Giré la cabeza hacia el frente, sintiendo mi cabello revoloteando. La emoción me embargó, y sonreí mientras la adrenalina recorría mi cuerpo como una corriente.
—¡Es... increíble! Shshshsh. —grité, riendo y esperando que pudiera escucharme a través del rugido del viento.
Abracé a mi tigre con más fuerza, sintiendo el suave y cálido pelaje bajo mis manos. Normalmente, necesitaba tener todo bajo control, saber exactamente dónde estaba y a dónde me dirigía, era esencial para poder actuar correctamente y con eficiencia. En cualquier otra situación, habría detestado la incertidumbre de no ver el camino, pero con él era diferente. Con sus fuertes brazos sosteniéndome y protegiéndome, me sentía completamente segura, y el destino no importaba tanto como el viaje a su lado. Una sonrisa amplia se dibujó en mi rostro mientras disfrutaba del trayecto, escuchando el murmullo suave de su voz, apenas audible sobre el rugido del viento. De repente, nos detuvimos en medio de la oscuridad, y él se rió, diciendo que habíamos llegado. La penumbra nos envolvía completamente.
—¿Aquí? —pregunté confundida, notando como bajaba la altura a la que me sostenía— No veo na…
Entonces, como si el aire mismo se convirtiera en un cuento de hadas, pequeños destellos amarillos y verdes comenzaron a surgir, llenando el ambiente con su luz titilante. Era como si las estrellas hubieran descendido del cielo para danzar alrededor nuestro, iluminando la oscuridad con su resplandor mágico. Los diminutos puntos de luz flotaban desde el suelo, ascendiendo hacia nosotros en un movimiento suave y ligero, creando un espectáculo que parecía sacado de los más bellos sueños. Con un gesto casi instintivo, extendí la mano, deseando tocar aquella maravilla que nos envolvía. Mi corazón latía con fuerza, cada vez más rápido, embriagado por la emoción y la belleza del momento. Entonces, mi querido me llamó, aconsejando que me agarrase fuerte. Sonreí y devolví mi mano a él, afianzando todavía más que antes mi agarre, preparada para lo que quisiera hacer. Sentí como nos elevábamos, sin saber a dónde, pero me dejé llevar con él hasta que salimos por encima del dosel arbóreo. Alcé la vista cuando sentí una nueva luz sobre nuestra piel.
En lo alto, la luna brillaba, llena y hermosa, rodeada de miles de estrellas y bañando con su luz plateada nuestros cuerpos como una suave caricia de terciopelo, envolviéndonos en su etéreo abrazo. La ingravidez que me envolvió al llegar al punto culminante del salto desató una corriente de cosquilleo que recorrió todo mi ser, dejando mi respiración atrapada en un suspiro de asombro. Boquiabierta, observé el majestuoso espectáculo que se desplegaba a nuestro alrededor. Giré la mirada hacia mi tigre, que buscaba algo bajo nosotros, ilusionado al dar con su objetivo. Lo seguí en su búsqueda y, bajo el resplandor del cielo estrellado, pude vislumbrar unas nubes blancas y esponjosas extendiéndose unos metros por debajo de nosotros. Cuando el impulso de nuestra aceleración se agotó, empezamos a descender suavemente. No sentía miedo alguno ante la altura que nos separaba del suelo, por el contrario, la experiencia era increíblemente emocionante y me llenaba de una extraña pero reconfortante seguridad. Con la gracia y la precisión de un felino, mi tigre nos dirigió hacia esas nubes. Al principio, pensé que simplemente la atravesaríamos, pero en lugar de eso, nuestra caída se detuvo, como si aquella nube fuera un colchón suave que frenara nuestro descenso, sosteniéndonos por encima de la espesura de la jungla. Debería haberlo previsto, tratándose de Skypiea, pero me sorprendió por completo. Estaba… Estaba en una nube, en todos los sentidos posibles de la frase. Con suavidad, el hombre que hacía latir mi corazón a mil me dejó en pie sobre aquella esponjosa nube. No sabía como había hecho aquello o cómo lo había encontrado en la oscuridad, pero me daba igual. Tenía la respiración acelerada, mirando hacia abajo y con las manos recogidas en mi pecho, que no cabía de la emoción. Las luciérnagas estaban ascendiendo en nuestra dirección, danzando en la oscuridad como en un espectáculo privado únicamente para nosotros. Volví la mirada a él para ver como volvía a su forma habitual y cogía mis manos. Apreté con fuerza las suyas, casi incapaz de contener el calor que llenaba mi pecho. Rió al mencionar que los árboles no nos dejaban ver el cielo, sonrojándose y desviando la vista sonriente añadiendo que sería una pena no poder ver “nuestro primer cielo estrellado”. Se me cortó la respiración, mirándolo fijamente. Estaba… paralizada por completo. Incapaz por completo de hacer nada más que quedarme ahí, como si mi cuerpo fuese el de una estatua de una diosa hermosa y exuberante. Y si todo aquello, no fuese suficiente, volvió a penetrarme con su intensa mirada para añadir que yo era la estrella más brillante de todas, acompañándolo con un tierno beso y preguntando si me gustaba la idea, “Iki”...
KO técnico.
“AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH” gritó mi interior sin poder soltar un solo sonido, pero mi corazón latiendo tan fuerte que pensaba que iba a morir en aquel mismo instante y con la cara más roja que nunca, nunca, nunca antes.
De pronto, mi cuerpo se entregó a una relajación absoluta, como si ya no pudiera soportar ni un ápice más de tensión, liberando las emociones aprisionadas en mi interior. Solté mi mano izquierda, y con un movimiento suave, coloqué el antebrazo sobre mis ojos. Mi cuerpo se inclinó hacia atrás, abandonándose como si no fuese más que una hermosa muñeca de trapo, sosteniéndome únicamente con la firmeza de mis pies y el fuerte agarre de Garnet con mi otra mano. Con la cabeza inclinada hacia el cielo, una amplia sonrisa que revelaba mis dientes se dibujó en mi rostro. Levanté el brazo lo justo para poder contemplarlo directamente desde aquella posición inclinada, y mis ojos, cubiertos de lágrimas de pura felicidad, reflejaban la inmensidad del amor y la alegría que sentía en ese momento.
—No podría ser más perfecto. Como sigas así, creo que me vas a matar de amor, ¿sabes? Shshshsh. —respondí a su pregunta, utilizando su brazo para erguirme, secándome las lágrimas con la contrari, volviendo a sostenerme por mí misma y soltando finalmente su mano.
Siguiendo su gesto, me senté junto a él de la misma forma, apoyando mi mano derecha sobre la suya con una dulce y sentida caricia. Alcé la vista al cielo, con su cortina de luces centelleantes como ojos posados sobre nosotros. La belleza de aquellas tierras en los cielos era absoluta, y nosotros nos encontrábamos sobre ellas, profesándonos elogios y palabras tan dulces como sinceras. Preguntó entonces, mi querido gatito, si me apetecía escuchar su historia.
—Sí. —respondí asintiendo con rapidez, mientras me acomodaba un poco hacia la derecha. Con la mano izquierda, acaricié suavemente su flequillo, dejando que mis dedos se deslizaran por el mechón hasta alcanzar su mentón, donde tracé una caricia— Quiero saber todo sobre ti, cada detalle que ha forjado la persona que eres hoy.
Mientras pronunciaba estas palabras, las luciérnagas que nos habían seguido desde el suelo nos alcanzaron, elevándose a nuestro alrededor como si las mismas estrellas hubieran descendido para rodearnos con su resplandor mágico. Solté suavemente su rostro y me arrodillé, con la emoción dibujada en la mía mientras levantaba ambas manos, maravillada por la luz que nos envolvía. Una de esas pequeñas luces vivientes se acercó lentamente, como si también estuviera fascinada por nuestra presencia. Se posó delicadamente en mi palma, y un cosquilleo suave recorrió mi piel al sentir su diminuto cuerpo. Cerré los ojos, dejando que una sonrisa iluminara mi rostro al acercar la mano hacia mí para disfrutar de su luz. Abrí los ojos de nuevo, para encontrarme con su mirada.
Escena
—Quiero conocer más a fondo a la persona que amo. —finalicé, elevando el brazo para que la luciérnaga extendiera sus alas y revoloteara a nuestro alrededor, dejando tras de sí una estela de luz que parecía danzar para nosotros con una coreografía tan bella como nosotros.
Tal vez fuera precipitado, desafiando toda cordura y lógica, pero no podía seguir negando las emociones que brotaban en mi corazón, aquellas que mantenía celosamente bajo llave, temerosa de dejarlas salir. Sin embargo, junto a él, esas emociones clamaban por liberarse, y decidí que ya no las reprimiría más. Las dejaría volar, desplegando sus alas aunque fuera solo con él, mi minino, permitiéndoles surcar los cielos como las luciérnagas que danzaban a nuestro alrededor. Porque en él había encontrado el refugio donde esas emociones podían salir a flote sin miedo, abrazando la libertad que tanto anhelaban en lo más profundo de mi ser.

![[Imagen: 9ad522c6f7bc1f6db9c180240c73e8ce.jpg]](https://i.gyazo.com/9ad522c6f7bc1f6db9c180240c73e8ce.jpg)