21-06-2024, 07:46 PM
Día 45 de verano, año 12
Bosque costero, Ohara, West Blue
Bosque costero, Ohara, West Blue
Nueve días. Nueve días habían pasado desde el incidente de Akarui, en la mansión de Griffith. Tras eliminar a aquellos tipos que les emboscaron durante su misión de acabar con el afamado artista y, en secreto, contrabandista de armas, habían logrado escapar de Ilisia, antes de que llegasen los refuerzos de aquellos desconocidos. Durante todo ese tiempo, desde que llegaron a Ohara huyendo de aquel lugar, se habían ocultado para tratar sus heridas, que revestían cierta gravedad, sobre todo las de Zorak, que apenas había terminado consciente aquella escaramuza, y para recuperar fuerzas y ánimos.
Habían fracasado en su misión, eso era indiscutible. El objetivo se había escapado y habían sido atacados por unos tipos extraños, muy bien organizados y bastante fuertes. Todo lo que había acontecido en aquel lugar, había llenado de dudas, al menos a Kisuke. Hubieron demasiados factores con los que no contaban cuando se planteó la misión, su fuerza les había dado a duras penas para superar aquello y el objetivo había escapado. Además estaban aquellos tipos que les emboscaron. Todavía le chirriaba en la mente aquella escena en la que con un chasquido de dedos, toda la gente que había allí habían salido como corderitos ante el silbido de su pastor; eso sin contar que aquello fue el detonante de que Zorak sufriese algo como un brote psicótico que le hizo perder los estribos y casi le cuesta la vida.
Sin lugar a dudas, lo que había pasado con su amigo era algo que tendrían que tratar tarde o temprano, pero Kisuke tenía sus propios problemas y su propia angustia. Sin contar aquella vez con Maeve que fue una situación tan surrealista con aquellos caníbales, era la primera vez que mataba a alguien, y era una sensación que no le gustaba. No sabía nada de aquellos tipos, ni siquiera sabía quienes eran y si el matarlos, más allá de que ellos si iban dispuestos a eliminarlos, era algo que pudiese justificarse o tener algún propósito o motivo de peso.
Durante su entrenamiento del nitoryuu, había llegado a la conclusión de que el instinto de luchar, aquella parte de si mismo que existe tan solo para combatir debía tomar el control durante la batalla, había hecho que fuese más fuerte, que mejorase sus habilidades, pero no estaba seguro de que fuese algo bueno si al final se iba a convertir en una máquina de matar sin sentimientos.
"¿Qué me pasa?¿Por qué dudo ahora? Siempre he amado los combates, pero nunca había pensado en que estos pueden acabar con la vida de alguien, si no es la de uno mismo."
Sus heridas estaban bastante curadas ya, al menos las heridas del cuerpo; al parecer, las heridas de la mente estaban en carne viva y sangraban profusamente, llenando de dudas la mente de Kisuke, torturándole por las noches, sin permitirle dormir adecuadamente. Sus ojeras se habían profundizado, denotando que el cansancio le estaba pasando factura más de la cuenta. No lograba descansar adecuadamente y se sentía muy pequeño, a pesar de su tamaño. No estaba seguro de donde lo había oído, pero alguien le dijo una vez que los monstruos de la mente son más terribles que los que tenemos ante nuestros ojos, y empezaba a pensar que era cierto. Pero no podía seguir así, tenía que encontrarse consigo mismo de nuevo, debía derrotar a aquel monstruo, disipar las dudas que llenaban de nubes negras su mente y su corazón. Necesitaba encontrar de nuevo el camino del guerrero, y ponerlo al servicio de la revolución, eso era lo que tenía que hacer. Aunque no iba a ser nada sencillo.
Salió de su refugió y se puso a pasear entre los árboles del bosque costero, mientras fumaba un cigarro, el combate había terminado más de una semana antes, pero la guerra interna dentro de Kisuke estaba aún al rojo vivo. El antiguo pescador había encontrado una barrera que jamás pensó que se encontraría, dudar de su espíritu de pelea y de su voluntad para pelear. Tenía que reencontrarse consigo mismo, y lo más pronto posible, en cuanto estuviesen al cien por cien, pondrían rumbo al Grand Line, y allí dudar te lleva a una muerte segura.
Habían fracasado en su misión, eso era indiscutible. El objetivo se había escapado y habían sido atacados por unos tipos extraños, muy bien organizados y bastante fuertes. Todo lo que había acontecido en aquel lugar, había llenado de dudas, al menos a Kisuke. Hubieron demasiados factores con los que no contaban cuando se planteó la misión, su fuerza les había dado a duras penas para superar aquello y el objetivo había escapado. Además estaban aquellos tipos que les emboscaron. Todavía le chirriaba en la mente aquella escena en la que con un chasquido de dedos, toda la gente que había allí habían salido como corderitos ante el silbido de su pastor; eso sin contar que aquello fue el detonante de que Zorak sufriese algo como un brote psicótico que le hizo perder los estribos y casi le cuesta la vida.
Sin lugar a dudas, lo que había pasado con su amigo era algo que tendrían que tratar tarde o temprano, pero Kisuke tenía sus propios problemas y su propia angustia. Sin contar aquella vez con Maeve que fue una situación tan surrealista con aquellos caníbales, era la primera vez que mataba a alguien, y era una sensación que no le gustaba. No sabía nada de aquellos tipos, ni siquiera sabía quienes eran y si el matarlos, más allá de que ellos si iban dispuestos a eliminarlos, era algo que pudiese justificarse o tener algún propósito o motivo de peso.
Durante su entrenamiento del nitoryuu, había llegado a la conclusión de que el instinto de luchar, aquella parte de si mismo que existe tan solo para combatir debía tomar el control durante la batalla, había hecho que fuese más fuerte, que mejorase sus habilidades, pero no estaba seguro de que fuese algo bueno si al final se iba a convertir en una máquina de matar sin sentimientos.
"¿Qué me pasa?¿Por qué dudo ahora? Siempre he amado los combates, pero nunca había pensado en que estos pueden acabar con la vida de alguien, si no es la de uno mismo."
Sus heridas estaban bastante curadas ya, al menos las heridas del cuerpo; al parecer, las heridas de la mente estaban en carne viva y sangraban profusamente, llenando de dudas la mente de Kisuke, torturándole por las noches, sin permitirle dormir adecuadamente. Sus ojeras se habían profundizado, denotando que el cansancio le estaba pasando factura más de la cuenta. No lograba descansar adecuadamente y se sentía muy pequeño, a pesar de su tamaño. No estaba seguro de donde lo había oído, pero alguien le dijo una vez que los monstruos de la mente son más terribles que los que tenemos ante nuestros ojos, y empezaba a pensar que era cierto. Pero no podía seguir así, tenía que encontrarse consigo mismo de nuevo, debía derrotar a aquel monstruo, disipar las dudas que llenaban de nubes negras su mente y su corazón. Necesitaba encontrar de nuevo el camino del guerrero, y ponerlo al servicio de la revolución, eso era lo que tenía que hacer. Aunque no iba a ser nada sencillo.
Salió de su refugió y se puso a pasear entre los árboles del bosque costero, mientras fumaba un cigarro, el combate había terminado más de una semana antes, pero la guerra interna dentro de Kisuke estaba aún al rojo vivo. El antiguo pescador había encontrado una barrera que jamás pensó que se encontraría, dudar de su espíritu de pelea y de su voluntad para pelear. Tenía que reencontrarse consigo mismo, y lo más pronto posible, en cuanto estuviesen al cien por cien, pondrían rumbo al Grand Line, y allí dudar te lleva a una muerte segura.
