[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata.
#8
El felino pelirrojo desvió la mirada con una expresión seria cuando agradecí a su madre por darle el don de la música. “¿Habré dicho algo inadecuado?” me pregunté preocupada, pero pareció relajarse después de besarle la mano, lo cual me tranquilizó un poco. No quería decir nada que lo molestase, no a mi minino. Cuando dije que le debían tener envidia porque parecía un ángel, pude observar como sus mejillas se encendían. Disfrutaba muchísimo viendo aquel tipo de reacciones en él, un hombre tan seductor y apuesto sonrojándose como una chiquilla de 15 años. Aunque… Pensándolo bien, ¿no reaccionaba yo de la misma manera? Toda la situación que me envolvía me tenía desconcertada por completo, pero la adoraba más que a nada y la atesoraría por siempre en mi corazón, eso lo tenía asegurado. Sonrió llamándome a mi ángel y ladeé la cabeza sonriente acabando en una risotada cuando se interrumpió la muletilla con un escalofrío muy sonoro. Comenzó a tiritar y se acercó a mí, en busca de un calor que muy de buen grado le regalé. Tal vez hiciese algo de fresco, pero lo agradecía mucho más que el calor y yo no lo sentía tan fuerte como él al parecer. Con unas palabras que me hicieron elevar las comisuras de los labios me pidió que me acercase a él, y me acurruqué junto a él, posando mis manos en sus piernas y acariciándolas para calentarlo mientras él me rodeaba con sus brazos y suavemente acariciaba los mios.

—Toma todo el calor que quieras de mí, gatito tiritón. —le dije mientras se apoyaba contra mi cabeza.

Continuó diciendo que no creía que se burlasen de él por envidia, pude notar cierto resentimiento en su voz al decir que, en esta sociedad, si eres diferente a los demás te repudiarán de por vida. Sin moverme, dirigí mis ojos a su cara para ver como arrugaba la frente. Parecía evidente que algo de aquello le hacía enojar. No quise decir nada por el momento y me limité a escuchar como continuaba diciendo que eso era porque tenían miedo. Me abrazó con más fuerza al decir que si por la sociedad fuera, no podría estar teniendo uno de los mejores días de su vida, haciendo que sonriese y asintiese a su declaración. Suspiró, entonces, antes de continuar con su historia, una parte que según él trataba sobre ello. Tras el regalo de su madre, dejó de importarle la soledad, había encontrado algo que lo llenaba en la música. Alzó la vista al cielo diciendo que tenía la música y a su madre, la cual le daba clases, y que con eso todo lo demás le daba igual. Se centró en ello durante años hasta dominar el estilo musical de su madre. Se puso de morros, muy mono, diciendo que su madre era una superestrella del arpa en su juventud, pero que ya en Lvneel pasó a dedicarse a dar pequeños conciertos nocturnos y que había dejado atrás las grandes batallitas que le contaba. Una de las manos que acariciaba mis brazos pasó a mi cabeza, entrelazando sus dedos con mi pelo y dándome un gustito que… Suspiré, era demasiado agradable su contacto. Continuó diciendo que cuando tenía unos quince años y le llegó la pubertad, sus gustos musicales cambiaron por completo y que su madre era incapaz de entenderlo, que se había enamorado del rock, punk y heavy y que quería tocar esa música. “Claro, por eso hablaba del rechazo con resentimiento…” aventuré al escuchar que incluso le quitó su instrumento. No quería interrumpirlo mientras se abría a mí, y me limité a estar ahí para él y escuchar. Podía ver como aquello lo sacaba de quicio, y lo entendía. Después de haber encontrado un refugio en la música, que precisamente la persona que se lo había dado, su propia madre, se lo negase… Pero continuó narrándome como lo recuperó a escondidas y se fue a la calle tocar, con un cambio de look radical que no debió gustarles nada a sus padres y comenzó a reír. Reí con él imaginando al joven y apuesto gatito rebelde.

—¡Shshshshhshs! La ostia… —solté entre risas hasta quedarme parada un momento al darme cuento que había dicho un improperio— Ehem, ehem.

Por suerte, parece que pasó desapercibido y prosiguió contándome que se dedicó a tocar por todo Lvneel, pero que en lugar de brindarle amor y apoyo, los vecinos le devolvieron odio, con palabras como escandaloso, ruidoso y macarra. Noté la fuerza aumentar en su agarre cuando mencionó aquello, que debía dolerle y era totalmente comprensible. Lo que dijo a continuación, me dejó bastante tocada, y se podía notar por como abrí los ojos y desvié la mirada. Lo que pasó después es que él no se rindió y que los marines aparecieron para decir que su música era un escándalo público. Que ni siquiera había una base de la marina por allí y que en lugar de dedicarse a otra cosa, parecía que no tenían nada mejor que hacer que prohibirle tocar la música de la que disfrutaba. Me dio un suave beso en la cabeza, pero lo sentí inmerecido. Me estaba hirviendo la sangre y a la vez me sentía avergonzada. ¿Qué clase de tarea era prohibirle tocar a un adolescente que no hacía daño a nadie? La marina está para ayudar a la gente, no para eso. Si de verdad a los idiotas de sus vecinos les molestaba tanto, podrían haber dialogado entre ambos y llegado a un punto en común, que le permitiesen un lugar o unas horas. Había mil formas de haber llevado aquello sin tener que llegar al extremo de lo que me comentó después. Al paso de los años, lo encerraron varias veces por resistirse ante la brutalidad de la marina y sus padres y vecinos lo repudiaron hasta el punto de que lo exiliaron. El frío que podía hacer aquella noche no tuvo nada que ver con el escalofrío que me recorrió al escuchar aquello. No podía imaginar lo duro que debía ser que tus propios padres te exiliaran de tu hogar por no compartir los mismos gustos que ellos, y me enfurecía que hubiesen sido así de duros con él. Le restó importancia al asunto alegando que era posible que fuese cosa de la adolescencia y que se comportara como un idiota, admitiendo que fue un golpe duro que sus padres lo expulsaran.

—Lo siento mucho, mi gatito. —respondí mientras me envolvía con intensidad en su abrazo y yo rodeaba su cintura con los míos.

Se disculpó entonces, diciendo que no solo estaba saliendo con un pirata, sino también con un macarra y un gamberro. Solté una risilla cuando lo hizo y me dio un beso en la cabeza. Después me dijo que aquello fue lo que lo hizo salir al mar, supongo que hacerse pirata, y me preguntó si quería escuchar como conoció a su otra familia. Supuse que se referiría a sus compañeros piratas, y la verdad que sentía tanta curiosidad como miedo por lo que venía a continuación. Pero, antes de responder, me solté de su abrazo un momento para pasar mi pierna por encima de las suyas y quedar sentada sobre él de rodillas, hundiendo su cabeza entre mis pechos y acariciando su pelo.

—Sí, estoy saliendo con un pirata, un macarra y un gamberro. Pero también con un romántico, sensible, dulce, amable y precioso músico minino, ¿sabes? —respondí a lo que había dicho hacía un momento, pasando las manos por su pelo y reposando mi cabeza ladeada sobre la suya— A mí me parece que solo eras un jovencito en busca de expresarse a través de la música. Lo que te hicieron no tiene nombre, y aún peor viniendo de tus padres… Ojalá poder haber estado ahí para apoyarte. —continué, aventurándome sobre lo que opinaba de ello y separé su cabeza de mis pechos para mirarlo un momento a los ojos, desviando después la mirada avergonzada— Y lo de esos marines… No puedo entender por qué actuaron así. De verdad que lo siento… Yo… creo que la marina debería estar ahí para ayudar a dar voz a los necesitados, no para acallarlos, que fue lo que hicieron contigo, ¿sabes? —continué, sintiendo como las dudas surgían en mi interior. Volví mi mirada de nuevo a él, con determinación al decir mis próximas palabras— Esa no es la justicia que yo defiendo.

Aquellas últimas palabras iban dirigidas tanto para él como para mí misma. Después de escuchar su historia y lo que me contó con anterioridad sobre su recompensa, algo comenzaba a no encajar con mi visión de la marina, lo que me disgustaba sobremanera. ¿Era todo un caso aislado, dos extraños errores y coincidencias? Todavía quería aferrarme a esa idea, pero cada vez me costaba más y sentía la necesidad de obtener respuestas, aunque no sabía cómo. Pero lo que venía a continuación, tal vez podía iluminar un poco el oscuro pasillo que recorría mi mente en aquel momento. Si sus compañeros, no eran como él y se dedicaban a arrasar y destrozar todo cuanto veían, era posible que su recompensa hubiese sido debido a ellos. Y si era así, no sabía muy bien como reaccionaría. Si la familia a la que se refería eran asesinos, esclavistas o algo así, ¿lo tendría que aceptar y hacer como si nada? Abracé al minino entre mis brazos, rodeando su pecho hasta cerrar las manos por detrás y apoyé mi cabeza sobre su hombro.

—Estoy lista. Háblame sobre ellos, tus compañeros piratas. —respondí, a pesar de que no estaba preparada en realidad.

Cerré los ojos y apacigüé mi mente con el contacto de su dulce y suave piel mientras acariciaba su espalda y enterraba mi cara entre su pelo. Necesitaba ese confort que solo podía darme él para lo que venía.
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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - por Ikirami - 24-06-2024, 12:36 AM

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