Isla Momoiro
Día 77 - Invierno - Año 12
7:23 AM
Un nuevo día amanecía en esta playa rosada. La salida del sol comenzaba a iluminar todo a su paso, y juntándose con aquellos colores tan vivos que la isla poseía, se reflejaba incluso en el agua cristalina del mar, que, a su vez, impactaba de lleno en las ventanas de nuestro barco. Realmente era un despertar muy agradable, calmaba completamente mi cabeza y mi alma, agradeciéndolo cada día tras abrir los ojos.
Hoy era un día bastante especial para mí. Creo, que por primera vez, iba a ejercer de maestro a mis compañeros, enseñarles un poco de lo que sé, las dudas nublaban mi mente, preguntándome si estaba a la altura y si sería capaz de que pudieran aprender lo mismo que aprendí yo. Iba a enseñarles a usar Kenbunshoku, Haki, lo mismo que hizo conmigo la joven Jalindra en la isla del cielo. Era importante que supieran usarlo para poder actuar en caso necesario, y más en esta isla, donde el peligro nos rodeaba constantemente.
Quizás, ese ha sido mi error hasta ahora, pretender yo solo salvarlos a todos.
Y a estas alturas me ha quedado bastante clara la lección; no puedo salvarlos a todos.
Pero quizás sí está en mi mano el ayudarles a ser más fuertes, y a su vez, que ellos me enseñen a mí a serlo. Era lo que hoy íbamos a comprobar. Cada paso que damos es un peligro nuevo para la División 21, y había que estar preparados. Procedí a levantarme de la cama sin pensármelo mucho, acercarme al armario y vestirme. Hoy iba a ser un día intenso, así que opté por algo cómodo: Una camiseta de tirantes completamente blanca, y unos pantalones cortos negros, con dos líneas azul marino verticales, para finalizar, unas sandalias, que solo me servirán para bajar a la playa, pues una vez allí, tenía pensado quitármelas por mayor comodidad. Salí de mi camarote y fui a la cocina directo, ya había allí dos aprendices preparando el desayuno de todos, pero yo no tenía tiempo. Me acerqué al mostrador y solo cogí una manzana, mientras daba los buenos días a los dos chiquillos, los cuales me devolvieron el saludo con entusiasmo, y yo solo pude responderles con una sonrisa.
Salí a la cubierta, de nuevo, muchos ya estaban preparando el día. A pesar de ser invierno, hacía buena temperatura al ser tan pronto por la mañana, y aunque fuera mucho más baja, no hay mejor manera de entrenar el cuerpo y la mente que de esa manera, pasando frío, yo al menos estaba bien. Saludé a los que me crucé de camino a la pasarela para bajar a la playa mientras mordía y comía la manzana sin quitar la piel, mucho más rica así. Una vez puse el pie en la arena, avancé unos 5 metros más adelante, totalmente en mitad de la playa, alrededor mía había sitio libre, de sobra para los demás y pudieran posicionarse como más quisieran. Terminé de comer la manzana, entera, no se desperdicia nada de un alimento, y con un movimiento rápido con la pierna derecha, lancé hacia arriba la sandalia para agarrarla con mi mano derecha, y a continuación, lo mismo con la pierna y mano izquierda.
Me dejé caer en la arena, sentándome allí mismo, con la pierna derecha estirada, la izquierda flexionada con la rodilla quedando arriba, apoyando mi brazo en ella, y visualizando una vez más aquel bonito amanecer. Dejé las sandalias a mi lado para que no molestasen. Ahora solo tocaba esperar a que los demás bajasen aquí y poder comenzar el entrenamiento.
Creo que estoy preparado para enseñarles. Al menos, eso quiero pensar.
Off
