27-06-2024, 02:12 AM
(Última modificación: 27-06-2024, 02:23 AM por Ikirami.
Razón: añadir inventario
)
—Ahhh… —suspiré sonoramente en mi habitación de corazones en Momoiro.
Desde que Monsieur Okaliva me había enseñado a maquillarme mejor, todavía me era más fácil pasar desapercibida por allí. Todo marchaba genial, no parecían habernos descubierto, al menos a mí no, y el día no podía comenzar mejor. Me desperté a buena hora, debían ser las cinco y media de la mañana, algo antes de la salida del sol. La noche anterior me quedé hasta tarde despierta, leyendo un nuevo género de libros al que me había aficionado recientemente, y además uno que me parecía particularmente útil. Bostecé llevándome la mano ante la boca, aún a solas era importante mantener las buenas maneras. Me desperecé estirando brazos y piernas a lo alto y ancho de mi enorme cama de corazón y después me puse en pie lista para asearme. Al levantar, me fijé que en el suelo había caído el libro, no sabía muy bien cómo había sido, pero del suelo no pasaría.
Tenía prisa, no quería llegar tarde al entrenamiento, así que me aseé rápidamente, me vestí con un bikini rosa a modo de ropa interior y por encima algo de ropa deportiva cómoda y una chaqueta blanca. Simple, eficiente, pero por encima de todo, fabulosa.
Salí del vestíbulo despidiéndome de Beaufleur, aunque la pobre mujer ni se enteró, pues estaba roncando como una bestia marina en su silla con un libro sobre su cara. Pasé hasta la zona de desayuno, donde simplemente me hice una bola de arroz del día anterior rellena de un poco de salsa picante y algo de jalapeño. Delicioso. Así pues, habiendo desayunado, puse mi objetivo en la costa y fui hacia allí. Pero como siempre, el mundo no estaba de mi lado aquel día. Anduve durante más de una hora, terminando en el punto dónde había empezado. “¿Por qué el mundo siempre decide moverse cuando voy con prisas?” me pregunté exasperada. Golpeé el propio suelo con el pie, propinándole una buena patada esperando a ver si así escarmentaba. Resoplar enojada y volví a intentarlo. Una vez más, no sé como esa mujer era capaz de saberlo, pero nada más eché a andar, un portazo interrumpió mi caminata y me giré para ver a Beaufleur ahí, suspirando y negando con la cabeza. La saludé alegre levantando una mano, pero antes de darme cuenta me cogió por ella y comenzó a llevarme. Sonreí amablemente y le dije que iba a correr por la playa, como solía hacer por las mañanas, y aunque pude notar cierto tic nervioso en su ojo, me acompañó hasta la misma playa. Me despedí de ella, prometiéndole que le llevaría algunas conchas de corazón como presente. Inspiré profundamente, viendo el sol salir por el este. Era una visión hermosa la de aquella isla, no tanto como la de Skypiea, por muchas razones, pero bella sin lugar a dudas. A lo lejos, muy a lo lejos, pude discernir una figura sentada en la playa. Coloqué una mano sobre mis ojos y agudicé la vista. Era Joe, aunque parecía que se había dejado algo más de barba. Estaba tranquilamente viendo el amanecer. Sonriente y alegre comencé a andar hacia allí. A mitad de camino, sin embargo, mi sonrisa fue decayendo pensando en nuestra última interacción, hacía ya bastantes días de ello. Desde entonces había estado bastante aislada del resto de compañeros, apenas hablando por el Den Den Mushi para informar que nada nuevo había sucedido. Así pues, llegué frente a él cuando todavía nadie más lo había hecho.
—Buenos días, Com… Joe. —me retracté justo antes de decir su cargo. Mejor prevenir que curar, nunca se era lo suficientemente precavido. Llevé la vista al horizonte, hacia donde el sol salía. No había nubes a la vista y el viento parecía estable— Parece que hoy vamos a tener un buen día, no creo que llueva ni haya nada que pueda interferir. O eso espero, ¿sabes?
Lo miré de nuevo e intenté sonreír, a ver con que pie se había despertado aquel día. No sabía qué clase de entrenamiento se habría propuesto darnos, pero esperaba que fuera intenso. Al final, me había tenido que saltar el mío para acudir a esa hora tan temprana.
Desde que Monsieur Okaliva me había enseñado a maquillarme mejor, todavía me era más fácil pasar desapercibida por allí. Todo marchaba genial, no parecían habernos descubierto, al menos a mí no, y el día no podía comenzar mejor. Me desperté a buena hora, debían ser las cinco y media de la mañana, algo antes de la salida del sol. La noche anterior me quedé hasta tarde despierta, leyendo un nuevo género de libros al que me había aficionado recientemente, y además uno que me parecía particularmente útil. Bostecé llevándome la mano ante la boca, aún a solas era importante mantener las buenas maneras. Me desperecé estirando brazos y piernas a lo alto y ancho de mi enorme cama de corazón y después me puse en pie lista para asearme. Al levantar, me fijé que en el suelo había caído el libro, no sabía muy bien cómo había sido, pero del suelo no pasaría.
Habitación en la Posada
Tenía prisa, no quería llegar tarde al entrenamiento, así que me aseé rápidamente, me vestí con un bikini rosa a modo de ropa interior y por encima algo de ropa deportiva cómoda y una chaqueta blanca. Simple, eficiente, pero por encima de todo, fabulosa.
Outfit de Ikirami
Salí del vestíbulo despidiéndome de Beaufleur, aunque la pobre mujer ni se enteró, pues estaba roncando como una bestia marina en su silla con un libro sobre su cara. Pasé hasta la zona de desayuno, donde simplemente me hice una bola de arroz del día anterior rellena de un poco de salsa picante y algo de jalapeño. Delicioso. Así pues, habiendo desayunado, puse mi objetivo en la costa y fui hacia allí. Pero como siempre, el mundo no estaba de mi lado aquel día. Anduve durante más de una hora, terminando en el punto dónde había empezado. “¿Por qué el mundo siempre decide moverse cuando voy con prisas?” me pregunté exasperada. Golpeé el propio suelo con el pie, propinándole una buena patada esperando a ver si así escarmentaba. Resoplar enojada y volví a intentarlo. Una vez más, no sé como esa mujer era capaz de saberlo, pero nada más eché a andar, un portazo interrumpió mi caminata y me giré para ver a Beaufleur ahí, suspirando y negando con la cabeza. La saludé alegre levantando una mano, pero antes de darme cuenta me cogió por ella y comenzó a llevarme. Sonreí amablemente y le dije que iba a correr por la playa, como solía hacer por las mañanas, y aunque pude notar cierto tic nervioso en su ojo, me acompañó hasta la misma playa. Me despedí de ella, prometiéndole que le llevaría algunas conchas de corazón como presente. Inspiré profundamente, viendo el sol salir por el este. Era una visión hermosa la de aquella isla, no tanto como la de Skypiea, por muchas razones, pero bella sin lugar a dudas. A lo lejos, muy a lo lejos, pude discernir una figura sentada en la playa. Coloqué una mano sobre mis ojos y agudicé la vista. Era Joe, aunque parecía que se había dejado algo más de barba. Estaba tranquilamente viendo el amanecer. Sonriente y alegre comencé a andar hacia allí. A mitad de camino, sin embargo, mi sonrisa fue decayendo pensando en nuestra última interacción, hacía ya bastantes días de ello. Desde entonces había estado bastante aislada del resto de compañeros, apenas hablando por el Den Den Mushi para informar que nada nuevo había sucedido. Así pues, llegué frente a él cuando todavía nadie más lo había hecho.
—Buenos días, Com… Joe. —me retracté justo antes de decir su cargo. Mejor prevenir que curar, nunca se era lo suficientemente precavido. Llevé la vista al horizonte, hacia donde el sol salía. No había nubes a la vista y el viento parecía estable— Parece que hoy vamos a tener un buen día, no creo que llueva ni haya nada que pueda interferir. O eso espero, ¿sabes?
Lo miré de nuevo e intenté sonreír, a ver con que pie se había despertado aquel día. No sabía qué clase de entrenamiento se habría propuesto darnos, pero esperaba que fuera intenso. Al final, me había tenido que saltar el mío para acudir a esa hora tan temprana.
Karmas
Inventario

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