28-06-2024, 01:13 PM
El comodoro saludó con la vista todavía centrada en el mar y se incorporó, acercándose a mí para colocar su mano sobre mi espalda. Con energía, declaró que hacía buen día, sonriente. Asentí algo confusa, volvía a parecer el Joe amable de siempre, aunque sin duda agradecía el cambio. Escuché algo entrando en el agua y me giré para ver como Sephiroth venía hacia nosotros nadando. El pobre no había podido descansar bien, nervioso por el entrenamiento, bostezando tras decirlo y así corroborando ese hecho.
—Yo estoy fantásticamente, como siempre. Me quedé despierta hasta tarde leyendo algún que otro libro, pero con la cama tan cómoda que tengo en la posada me siento de maravilla, ¿sabes? —respondí risueña a su pregunta de qué tal habíamos dormido.
Joe afirmó que el entrenamiento de hoy sería muy bueno para todos, intentando calmar los nervios del pelirrojo. Por último, pero no menos importante, Karl llegó corriendo, agotada tras la carrera, disculpándose con nosotros. Al parecer, ella tampoco estaba durmiendo bien últimamente.
—¿Y eso, Karl? —pregunté alzando las cejas preocupada.
Siendo como era, no sé qué podría ser lo que la mantenía en vela por las noches y esperaba que no tuviese que ver conmigo. ¿Me echaría de menos desde que me estaba hospedando en otro sitio? ¿Habría enfermado Joseba y la tenía despierta por las noches cuidando de él? No sabía que sería, pero esperaba que no durase mucho. Me crucé de brazos y asentí al escuchar como Joe se ofrecía a prepararle una infusión para ayudarla a descansar. Me coloqué junto a Karl mientras Joe nos pasaba revista a cada uno de nosotros, aprovechando para hacerme un moño para estar lista para el entrenamiento. Comentó, entonces, que empezáramos ya y nos contó que en Skypiea habían pasado muchas cosas, algo confuso por los últimos sucesos del lapso de tiempo perdido.
—Ah… Lo de los Ñordikis… —murmuré cerrando los ojos y asintiendo.
Al parecer, él había estado buscando información sobre lo que sucedió en la pelea de Sohem contra el malvado lunarian usurpador. Así, conoció a una joven llamada Jalindra, en un poblado de gente que según él eran discriminados. “Birkanianos” pensé ipso facto. Lo que me pareció curioso fue que comentó que la chica le había hablado sobre el Haki y sus tipos. Esa charla ya la conocía, pero igualmente escuché sobre ello por si había algún detalle nuevo. Jalindra le había enseñado el Kenbunshoku a Joe, alegando que tenía un gran talento para él. Mis ojos se iluminaron como dos faros centelleantes cuando dijo que nos iba a enseñar precisamente el que yo no tuve tiempo de aprender y apreté con fuerza el puño derecho levantándolo al aire.
—¡Qué grande eres, Joe! —exclamé enérgicamente— Por cierto, Jalindra debía ser una birkaniana. En skypiea los repudian y los consideran poco más que esclavos, de ahí que el pueblo estuviese tan alejado. Yo también encontré a un maestro muy amable, llamado Kaelith, que me enseñó el Busoshoku. Apenas tardé unos minutos en aprenderlo, me pareció realmente sencillo. —aclaré, cruzando los brazos y levantándola barbilla orgullosa— Había quedado con él al día siguiente para aprender el Kenbunshoku, pero… —me ruboricé al instante al recordar lo que pasó ese día tan especial— Shshshshsh —reí algo nerviosa— Esto… me encontré un gatito perdido y me despisté. Pasas que cosan, ¿sabes? Digo, cosas que pasan.
Asentí afirmando a mí misma aquella idea en la cabeza. “Un gato perdido, sí. Eso fue lo que pasó” pensé convencida de ello.
—Bueno, ¿por dónde comenzamos? —pregunté mientras miraba alrededor y después a Joe— Guíanos, profesor. —terminé sonriendo y guiñándole un ojo, emocionada por dominar otro tipo de Haki.
—Yo estoy fantásticamente, como siempre. Me quedé despierta hasta tarde leyendo algún que otro libro, pero con la cama tan cómoda que tengo en la posada me siento de maravilla, ¿sabes? —respondí risueña a su pregunta de qué tal habíamos dormido.
Joe afirmó que el entrenamiento de hoy sería muy bueno para todos, intentando calmar los nervios del pelirrojo. Por último, pero no menos importante, Karl llegó corriendo, agotada tras la carrera, disculpándose con nosotros. Al parecer, ella tampoco estaba durmiendo bien últimamente.
—¿Y eso, Karl? —pregunté alzando las cejas preocupada.
Siendo como era, no sé qué podría ser lo que la mantenía en vela por las noches y esperaba que no tuviese que ver conmigo. ¿Me echaría de menos desde que me estaba hospedando en otro sitio? ¿Habría enfermado Joseba y la tenía despierta por las noches cuidando de él? No sabía que sería, pero esperaba que no durase mucho. Me crucé de brazos y asentí al escuchar como Joe se ofrecía a prepararle una infusión para ayudarla a descansar. Me coloqué junto a Karl mientras Joe nos pasaba revista a cada uno de nosotros, aprovechando para hacerme un moño para estar lista para el entrenamiento. Comentó, entonces, que empezáramos ya y nos contó que en Skypiea habían pasado muchas cosas, algo confuso por los últimos sucesos del lapso de tiempo perdido.
—Ah… Lo de los Ñordikis… —murmuré cerrando los ojos y asintiendo.
Al parecer, él había estado buscando información sobre lo que sucedió en la pelea de Sohem contra el malvado lunarian usurpador. Así, conoció a una joven llamada Jalindra, en un poblado de gente que según él eran discriminados. “Birkanianos” pensé ipso facto. Lo que me pareció curioso fue que comentó que la chica le había hablado sobre el Haki y sus tipos. Esa charla ya la conocía, pero igualmente escuché sobre ello por si había algún detalle nuevo. Jalindra le había enseñado el Kenbunshoku a Joe, alegando que tenía un gran talento para él. Mis ojos se iluminaron como dos faros centelleantes cuando dijo que nos iba a enseñar precisamente el que yo no tuve tiempo de aprender y apreté con fuerza el puño derecho levantándolo al aire.
—¡Qué grande eres, Joe! —exclamé enérgicamente— Por cierto, Jalindra debía ser una birkaniana. En skypiea los repudian y los consideran poco más que esclavos, de ahí que el pueblo estuviese tan alejado. Yo también encontré a un maestro muy amable, llamado Kaelith, que me enseñó el Busoshoku. Apenas tardé unos minutos en aprenderlo, me pareció realmente sencillo. —aclaré, cruzando los brazos y levantándola barbilla orgullosa— Había quedado con él al día siguiente para aprender el Kenbunshoku, pero… —me ruboricé al instante al recordar lo que pasó ese día tan especial— Shshshshsh —reí algo nerviosa— Esto… me encontré un gatito perdido y me despisté. Pasas que cosan, ¿sabes? Digo, cosas que pasan.
Asentí afirmando a mí misma aquella idea en la cabeza. “Un gato perdido, sí. Eso fue lo que pasó” pensé convencida de ello.
—Bueno, ¿por dónde comenzamos? —pregunté mientras miraba alrededor y después a Joe— Guíanos, profesor. —terminé sonriendo y guiñándole un ojo, emocionada por dominar otro tipo de Haki.
