28-06-2024, 03:03 PM
Parecía que habían pasado milenios desde la primera vez que Joe me encontró entrenando y se unió, lo que acabo en un combate de práctica. Esa fue la vez que conocí a mi comodoro y amigo, pero desde aquella noche él había avanzado mucho y cuando me dijo que quería entrenar conmigo, no lo pensé, por supuesto esa fue mi respuesta. Sabía que no tenía nada que hacer con el, al contrario que yo, Joe había mejorado una barbaridad. Estaba claro que yo no tenía oportunidad alguna de hacer algo contra él, no estaba ciego, cualquiera se daría cuenta de la diferencia que había entre nosotros a día de hoy. Lo que más me sorprendió fue la propuesta de que entrenásemos en un combate dos contra uno, mi compañera para intentar hacer algo sería Ryze. Tácticamente aunque no nos conociésemos teníamos buena dupla, ella era tiradora por lo que yo tendré que intentar que Joe se centrase en mi, mientras ella practicaba el tiro al blanco, eso es lo que sería más eficiente, pero seguro que Joe intenta por todos los medios evitarlo, así que tendré que estar atento e intentar por todas las formas que él no llegue a ella. Apenas la conocía pero confiaba en que nos entenderíamos.
Esta vez decidí ir primero al comedor para comerme unas rodajas de sandía y un zumo de melocotón. Era un desayuno ligero no quería llenarme, pero tampoco podía permitirme ir sin nada que me diese energía, esto no iba a ser un entrenamiento común, esto iba a ser un combate. Ya era hora que dejase de holgazanear y me pusiese serio. Cuando acabe de desayunar me levanté de la mesa, cogiendo la bandeja en la que coloqué un plato con la piel de ambas rodajas de sandía y el vaso vacío, algo manchado con las gotas de zumo que se quedaron en el, y las lleve a la barra para que el encargado de cocina no tuviese que ir a recogerlo a la mesa. Me dirigí a mi alcoba y cogí mis katanas, para afilarlas un poco y cuidarlas. Eran mi bien más preciado, sin ellas me vería indefenso y las cuidaba como si fuesen mis hijos. Ya me había vestido para ir a la cocina, con un pantalón de chándal corto blanco y una camiseta de tirantes color salmón, que me quedaba ceñida y unas zapatillas bajas blancas. Hubiese preferido ir con la ropa de entrenamiento de la marina, para no destrozar la mía, pero en esta isla no era muy recomendable. Como ya andaba vestido, dediqué todo el tiempo a pensar en cómo parar a Joe, cosa que se me hacía casi imposible. Tendré que hacer muy buena sinergia con nuestra pequeña compañera, o el tetudo nos hará morder el polvo.
Ya había terminado de limpiar y afilar ambas espadas, por lo que me levanté para ponerme el cinturón donde las llevaba a la cintura, las enganché y me dispuse a abandonar el barco para ir a la zona donde nos íbamos a reunir, estaba ansioso, echaba de menos tener estos ratos con Joe y también me serviría de prueba pase por cubierta y miré a Jack, sabía que podía confiarle el barco, estaba allí al timón dándole barniz y cuidando que estuviese todo en orden. Que revisen el estado de las velas y Los Cabos. Le dije mientras caminaba a la pasarela, podía ir haciendo el geppo o soru, perfectamente pero sería cansarme antes de tiempo y no sería conveniente, por lo que fui andando tranquilamente, ya estaba pisando la arena de la playa cuando vi a Joe parecía contento, seguramente él también tenía muchas ganas de vernos en acción. Miré al suelo y junto a él ya estaba nuestra tiradora, yo era el último, esperaba que no llegase tarde. Me puse a la derecha de nuestra amiga bajé la mirada y sonriendo le dije No te contengas, confío en que serás capaz de alcanzarle. Volví a levantar la cabeza para esta vez mirar a Joe, notaba como la excitación se reflejaba en mi rostro y con una sonrisa pícara y sin apartar los ojos de él dije. Que tiempos cuando no me costaba seguirte el paso ¡Sephehe! Te aseguro que te golpearé
Esta vez decidí ir primero al comedor para comerme unas rodajas de sandía y un zumo de melocotón. Era un desayuno ligero no quería llenarme, pero tampoco podía permitirme ir sin nada que me diese energía, esto no iba a ser un entrenamiento común, esto iba a ser un combate. Ya era hora que dejase de holgazanear y me pusiese serio. Cuando acabe de desayunar me levanté de la mesa, cogiendo la bandeja en la que coloqué un plato con la piel de ambas rodajas de sandía y el vaso vacío, algo manchado con las gotas de zumo que se quedaron en el, y las lleve a la barra para que el encargado de cocina no tuviese que ir a recogerlo a la mesa. Me dirigí a mi alcoba y cogí mis katanas, para afilarlas un poco y cuidarlas. Eran mi bien más preciado, sin ellas me vería indefenso y las cuidaba como si fuesen mis hijos. Ya me había vestido para ir a la cocina, con un pantalón de chándal corto blanco y una camiseta de tirantes color salmón, que me quedaba ceñida y unas zapatillas bajas blancas. Hubiese preferido ir con la ropa de entrenamiento de la marina, para no destrozar la mía, pero en esta isla no era muy recomendable. Como ya andaba vestido, dediqué todo el tiempo a pensar en cómo parar a Joe, cosa que se me hacía casi imposible. Tendré que hacer muy buena sinergia con nuestra pequeña compañera, o el tetudo nos hará morder el polvo.
Ya había terminado de limpiar y afilar ambas espadas, por lo que me levanté para ponerme el cinturón donde las llevaba a la cintura, las enganché y me dispuse a abandonar el barco para ir a la zona donde nos íbamos a reunir, estaba ansioso, echaba de menos tener estos ratos con Joe y también me serviría de prueba pase por cubierta y miré a Jack, sabía que podía confiarle el barco, estaba allí al timón dándole barniz y cuidando que estuviese todo en orden. Que revisen el estado de las velas y Los Cabos. Le dije mientras caminaba a la pasarela, podía ir haciendo el geppo o soru, perfectamente pero sería cansarme antes de tiempo y no sería conveniente, por lo que fui andando tranquilamente, ya estaba pisando la arena de la playa cuando vi a Joe parecía contento, seguramente él también tenía muchas ganas de vernos en acción. Miré al suelo y junto a él ya estaba nuestra tiradora, yo era el último, esperaba que no llegase tarde. Me puse a la derecha de nuestra amiga bajé la mirada y sonriendo le dije No te contengas, confío en que serás capaz de alcanzarle. Volví a levantar la cabeza para esta vez mirar a Joe, notaba como la excitación se reflejaba en mi rostro y con una sonrisa pícara y sin apartar los ojos de él dije. Que tiempos cuando no me costaba seguirte el paso ¡Sephehe! Te aseguro que te golpearé
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