[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata.
#14
Ambos habíamos estado nerviosos, pendientes de la reacción del otro con nuestras palabras, pero a pesar de todo lo que sucedía entre nosotros, nada había preparado del todo mi corazón para lo que estaba ocurriendo. Mi amor por él era profundo, y cada gesto suyo parecía desatar una marea de emociones en mi interior. Primero que todo, tras asegurarle que sus compañeros se habían ganado una oportunidad conmigo, él me devolvió una sonrisa hermosa y me dijo que era la mejor. Mi corazón latía con fuerza, y no pude contener el rubor en mis mejillas por sus palabras. Una vez más, sabía que era la mejor, pero las palabras cobraban más sentido al proceder de él. Su aprobación significaba todo para mí.

Tras decirle que no entendía por qué tenían tales recompensas y que lo investigaría, abrí los ojos al ver cómo comenzaba a reír hasta explotar en carcajadas. No entendía si había dicho algo malo, pero se disculpó y me sacó una sonrisa acompañada de una risa propia cuando dijo que su corazón y su alma rugían de felicidad. Su risa era contagiosa, y en ese momento, me sentí más unida a él que nunca. Después, con esa ternura que solo había visto en él, me aseguró que mis dos secretos estaban a salvo con él, poniéndose después de morritos diciendo que ahora que se “coscaba”, y riendo diciendo que cuesco era pedo.

—Shshshshhshshsh. Sí es. —me reí como una tonta llevándome una mano a la boca, sintiendo una calidez indescriptible en mi pecho.

¿Por qué me reía con esas tonterías? Era muy ordinario, pero mi corazoncito bailaba en cada uno de esos momentos. Cada palabra suya, cada mirada, me hacía sentir más enamorada. Tras aquello, me miró fijamente para decir que no sabía de qué secretos le hablaba, guiñándome un ojo. Suspiré enamorada, mi gatito era increíble y sentía que podía confiar en él plenamente. Aquel día mi vida estaba dando un vuelco por completo y estaba encantada con ello. Tanto era así, que no podía reprimir las ganas de hacerle saber lo que sentía, y le dije que lo quería. Y por encima de todo, y sabiendo por las penurias que había pasado con sus amigos, quería que supiera que iba a estar ahí para él siempre. Yo no me iría, ni le echaría y tampoco me moriría. Yo era capaz de prometerle eso, sabía que pasara lo que pasara no lo iba a perder nunca y viviría para volverlo a ver. Los ojos de mi querido minino comenzaron a humedecerse al decirle aquellas palabras, y mi corazón se conmovió profundamente. Esperaba no haberlo entristecido demasiado, únicamente quería reconfortar su corazón como él había hecho con el mío.

Y cuando me había hablado sobre que nuestros seres queridos se convierten en estrellas, no pude evitar recordar la historia que me contaba mi madre. Una de las pocas cosas que podía recordar sin sentir tanto dolor eran los cuentos que me contaba de pequeña, y precisamente aquel sobre las estrellas era uno de los que más me gustaban. Y cuanto más pensaba en él en aquel momento, más me daba cuenta de que encajaba demasiado bien. La luna resplandeciente en el cielo, rodeada de aquellas minúsculas estrellas que cubrían todo el firmamento, y los pequeños haces de luces doradas y verdes que flotaban alrededor de nosotros. Dos amantes que pertenecían a mundos totalmente distintos pero dispuestos a luchar por su amor... No podía negar de ninguna forma que parecía que esa historia fuera sobre nosotros. El minino agarró mi mano, que todavía reposaba en su pecho, para decirme que los de mi cuento éramos nosotros. Besó mi mano mientras yo asentía con una sonrisa tímida, sintiendo una felicidad abrumadora. Habría sido idiota negar algo tan evidente, y mi corazón danzaba de alegría por ver que él también lo veía igual que yo.

—Sí, parece que así es… —respondí sonrojada sintiendo el dulce contacto de sus dedos en mi pelo.

Garnet bajó la vista, diciendo que le daba igual que fuese un deseo infantil, y apreté los labios cuando, al levantarla de nuevo, me miró llorando atravesándome con una mirada firme y prometiendo que me amaría eternamente. Aquella promesa me impactó como una bola de cañón directamente en el pecho. Abrí los ojos de par en par, con el corazón revoloteando y alterando la entre sus dos hermosos ojos. Tras contarle la historia, aquel juramente se volvía inquebrantable a mi parecer. Cualquier mínima duda que hubiese podido albergar en el fondo de mi mente y cualquier voz interior que osase oponerse a creerle, se esfumó para siempre. Así mismo, juró hacerse tan fuerte que me protegería de todo a mí y a su familia. La emoción inundaba su corazón al igual que sus ojos, que goteaban mientras decía que no sabía como lo haría, como se enfrentaría a gente como Sohem, el cazarrecompensas, o a gente que podía dejarte fuera de combate sin siquiera tocarte, pero que no quería volver a perder a nadie más. Podía sentir su dolor y frustración, todas esas emociones como si fuesen propias, y mis ojos hicieron lo suyo dejando caer lágrimas junto a las suyas. Mi minino tenía un dolor como el mío atenazando su pecho y estalló todavía más en sollozos al gritar que no quería volver a estar solo. Casi al unísono, lo rodeé en un abrazo con fuerza cuando él hizo lo mismo hundiendo su cabeza en mis pechos. Llevé mi mano derecha a su cabeza, acariciándola con suavidad, mientras con la otra lo mantenía contra mi pecho, ofreciéndoselo como almohada para que se desahogase todo lo que necesitase. Esas mismas palabras que acababa de decir resonaban con fuerza en mi cabeza. Tras perder a mi familia había estado sola siempre, y aun tras entrar en la División 21, esa sensación nunca había desaparecido. Era la primera vez en más de una década en la que al fin sentía que existía alguien para mí.

—Yo tampoco quiero volver a estar sola… —solté sollozando con él y bajando mi cabeza para apoyarla contra la suya.

Cerré los ojos, acariciando su cuerpo mientras compartía mi calor con él. Mi gatito amoroso lloraba desconsolado y me dolía más eso que nada en el mundo. No quería que volviese a pasar por un infierno como el que había pasado tan recientemente, no quería que sufriera más. No sabía como lo iba a hacer, pero estaba decidida a hacer lo que hiciese falta para cuidarle y hacerle feliz, a la persona que me había liberado de un peso que arrastraba toda mi vida. Daría lo que fuese por él y con eso en menté, poco a poco, dejé de llorar hasta llevar la vista a las estrellas. Busqué con la mirada la misma constelación bajo la que había jurado mi deseo de librar al mundo de la piratería y proteger a los inocentes y, una vez la encontré, cerré los ojos inspirando profundamente.

—Bajo estas mismas estrellas, juro que nunca más permitiré que estés solo. —declaré con firmeza y una voluntad inquebrantable para cumplirlo— Haré todo lo posible y más para asegurarme de tu felicidad. Y prometo que te amaré por siempre, pase lo que pase.

Estaba hecho, no había forma de romper ese pacto jurado bajo el manto estrellado. Abrí los ojos para agachar la cabeza y besar con delicadeza su cabeza.

—Llora todo lo que necesites. —susurré con suavidad apoyando mi frente sobre su cabeza con los ojos cerrados— Todo lo que sientes puedes dejarlo escapar aquí conmigo, ¿sabes? Está bien, vas a estar bien, y estaré aquí a tu lado cuando lo necesites, siempre.

Aproveché que estaba encima para dejarme caer ladeada y quedar tumbados los dos lateralmente sobre nuestras nubecitas esponjosas, reposando sobre mi lado derecho con el brazo del mismo lado rodeándolo bajo su cabeza. Con ternura, pasé el dedo índice izquierdo por sus antenitas hasta llegar a su flequillo, que aparté detrás de su oreja. No sabía si estaba escuchando o seguía sumido en sus pensamientos, pero de cualquier forma comencé a hablarle, esperando llamar su atención y alejarlo un poco de la tormenta.

—No creo en las coincidencias, ¿sabes? —comencé a decir con una apacible sonrisa en el rostro, jugueteando con su pelo tan bello como el mío— ¿Recuerdas que antes te he contado que, al escapar de aquellos piratas, me lancé al agua en mitad de la noche, sin esperanzas por salir viva de aquello? —me interrumpí un momento para soltar una pequeña risita, era todo demasiado evidente para mí en aquel momento— Las olas me llevaron a una playa, casi como si “algo” no quisiera que mi vida terminase ahí. La costa en la que terminé, fue en la de la Isla Oykot, ¿sabes? Viví allí una temporada, fue una época complicada, pero me las arreglé como pude aun estando sola. —continué explicando, pausando un momento para volver a besar la linda cabecita del minino— El reino Lvneel no fue muy amable conmigo tampoco, una huérfana problemática y sin dinero no tenía cabida para ellos en aquel lugar. Cuando me has dicho que tú vivías ahí, y junto con la historia que me contaba mi madre… —miré hacia él torciendo una sonrisa avergonzada— Me ha quedado claro. Creo que el destino quería que nos encontráramos, y que lleva intentándolo muchos años, ¿sabes?

Retiré la mano izquierda de su cabeza y comencé a pasarla por su costado, buscando hacerle unas leves cosquillas para llamar su atención. Necesitaba que el minino volviese en sí mismo, por las buenas o por las malas.

—Vamos, gatito, di algo. No me hagas tener que ser mala. Shshshsh —le insté a hablar, siguiendo con el juego de hacerle cosquillas con una sonrisa juguetona.
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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - por Ikirami - 30-06-2024, 05:17 PM

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