02-07-2024, 12:04 AM
(Última modificación: 02-07-2024, 12:08 AM por Max D. Bambú.)
Tal y como esperaba sus movimientos habían causado confusión en sus alumnos y las dudas se habían manifestado en un seguimiento más lento del panda, al menos por parte de Kisuke. Sin embargo, ambos habían logrado seguir satisfactoriamente los movimientos de Don Bambú hasta el final de su recorrido a espaldas de sus alumnos. —Bien. Parece que lo tenéis más o menos controlado. Podéis quitaros las vendas, que este ejercicio es muy aburrido. Tengo uno mucho más interesante en mente para vosotros. —Don Bambú regresó al lugar del que había sacado los aros y las vendas y materializó en sus manos un par de martillos de juguete de cuerpo blanco y cabeza negra con la cara de un panda dibujada en relieve blanco en cada uno de los extremos del cabezal. Don Bambú regresó junto a los revolucionarios mientras se cercioraba de que no había presencias cercanas a la puerta de la sala de entrenamiento. No quería que nadie le espiase mientras revelaba uno de sus ases en la manga por mucho que se encontrase en territorio amigo. Asintió mentalmente ante la confirmación de que se encontraban solos en ese momento.
El panda le entregó uno de los martillos a cada uno y se crujió los dedos. —Este ejercicio consiste en perseguir mi presencia y darme en la cabeza con ese martillo. Va a ser complicado para vosotros por un buen motivo, ya os daréis cuenta de por qué. Mantened la calma y confiad en vuestras nuevas facultades. —Tenían la suerte de que las salas de entrenamiento se encontraban a nivel de suelo. De no ser así, el ejercicio en cuestión hubiera sido imposible. —¿Listos? El ejercicio comienza en cuanto yo desaparezca. —Confiaba en que la sorpresa inicial les desconcertase un poco. Sin previo aviso, el panda dio una palmada en el suelo y éste empezó a agitarse como si no estuviera hecho de piedra, sino de algún otro tipo de material más maleable. Allí donde la palma del panda había impactado se había abierto un oscuro túnel de 3 metros de diámetro cuyo destino y profundidad eran inciertos para los revolucionarios. El panda se adentró en la oscuridad de un salto, descendiendo una altura de diez metros antes de aterrizar sonoramente en el subsuelo. Rápidamente, el panda echó su zarpa a la pared de tierra y la empujó con brutalidad, haciéndola retroceder como si nada y formando un largo túnel en dirección noroeste. Así pues, a diez metros de profundidad, el panda comenzó a avanzar en esta dirección con sin excesiva prisa, dando tiempo a los revolucionarios para que intentasen extender el rango de su percepción hasta la profundidad en la que se encontraba. Una vez consideró que había dado el tiempo suficiente, flexionó sus piernas, elevó sus puños y dio un potente salto atravesando tanto la tierra como la piedra encima de él, emergiendo gloriosamente del suelo a una distancia de siete metros de donde originalmente había comenzado.
Curiosamente, el primer agujero ya no estaba, como si el suelo nunca se hubiera modificado en primer lugar. Pero únicamente porque Don Bambú no quería que ese agujero permaneciese ahí. El túnel del subsuelo, en cambio, resistiría un poco más hasta que los efectos de su fruta cedieran del todo.
El panda le entregó uno de los martillos a cada uno y se crujió los dedos. —Este ejercicio consiste en perseguir mi presencia y darme en la cabeza con ese martillo. Va a ser complicado para vosotros por un buen motivo, ya os daréis cuenta de por qué. Mantened la calma y confiad en vuestras nuevas facultades. —Tenían la suerte de que las salas de entrenamiento se encontraban a nivel de suelo. De no ser así, el ejercicio en cuestión hubiera sido imposible. —¿Listos? El ejercicio comienza en cuanto yo desaparezca. —Confiaba en que la sorpresa inicial les desconcertase un poco. Sin previo aviso, el panda dio una palmada en el suelo y éste empezó a agitarse como si no estuviera hecho de piedra, sino de algún otro tipo de material más maleable. Allí donde la palma del panda había impactado se había abierto un oscuro túnel de 3 metros de diámetro cuyo destino y profundidad eran inciertos para los revolucionarios. El panda se adentró en la oscuridad de un salto, descendiendo una altura de diez metros antes de aterrizar sonoramente en el subsuelo. Rápidamente, el panda echó su zarpa a la pared de tierra y la empujó con brutalidad, haciéndola retroceder como si nada y formando un largo túnel en dirección noroeste. Así pues, a diez metros de profundidad, el panda comenzó a avanzar en esta dirección con sin excesiva prisa, dando tiempo a los revolucionarios para que intentasen extender el rango de su percepción hasta la profundidad en la que se encontraba. Una vez consideró que había dado el tiempo suficiente, flexionó sus piernas, elevó sus puños y dio un potente salto atravesando tanto la tierra como la piedra encima de él, emergiendo gloriosamente del suelo a una distancia de siete metros de donde originalmente había comenzado.
Curiosamente, el primer agujero ya no estaba, como si el suelo nunca se hubiera modificado en primer lugar. Pero únicamente porque Don Bambú no quería que ese agujero permaneciese ahí. El túnel del subsuelo, en cambio, resistiría un poco más hasta que los efectos de su fruta cedieran del todo.
Resumen
Datos de fruta
