[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata.
#16
Dos mundos totalmente distintos, que deberían chocar, que deberían estar enfrentados, que en apariencia no deberían poder encajar de ninguna forma, de alguna forma lograban congeniar entre ellos. Ambos mundos colisionaban bajo el manto estelar de una forma que parecía hecha por arte de magia, encajando hasta a nivel atómico y uniendo a dos amantes con un enlace más fuerte que ningún otro a nivel físico y químico. De alguna forma, ese pirata baboso, macarra y ruidoso me había arrebatado por completo el corazón, sanando sin saberlo muchas de mis heridas, haciéndome ver que era mucho más que aquello. Era mi sensible, dulce, apuesto y fiero felino, además de mi primer novio. Tenerlo entre mis brazos sollozando, con su cabeza enterrada entre mis pechos, con las lágrimas resbalando por mi escote, me parecía lo mínimo de todo lo que estaba dispuesta a hacer por él. Así lo reflejé cuando le dije que podía dejar salir su tristeza tanto como quisiese. Sabía de primera mano que reprimirlo, encerrar todo aquel vendaval de emociones y cerrarlos bajo llave, era como un veneno que te corroía por dentro lentamente hasta dejar poco más que una cáscara vacía. “Cualquier cosa menos esa, gatito.” pensaba para mí misma mientras depositaba un beso en su cabeza. Él se aferraba a mí con fuerza, no podía saber lo que pensaba, pero podía imaginarlo. Yo no era capaz de hacer desaparecer todo aquello con la música, ese era su «Don», pero tenía algo que contarle y que a lo mejor podía ayudar.

Así, comencé a explicarle sobre como había llegado a la Isla Oykot, dónde él vivía antes de surcar los mares bajo una bandera pirata. Era una etapa de mi vida que tampoco había explicado a nadie antes, no estaba demasiado orgullosa de las cosas que tuve que hacer para sobrevivir durante aquella época. Y habría sido mucho peor de no haber sido por Ivy. Aquella mujer había sido lo único que había impedido que acabase en un pozo mucho más profundo, quien me había cuidado cuando nadie más lo hizo y compartido conmigo lo poco de lo que disponía. Jamás, pasase el tiempo que pasase, podría pagar esa deuda. Si las estrellas del cielo eran nuestros seres queridos, ella merecía ser la luna, o así lo sentía al pensar en ella. Mientras contaba la historia, parecía que mi amado minino encontraba algo de sosiego en su alma, dejando finalmente de llorar y asintiendo en mis pechos cuando le pregunté si recordaba el suceso del barco. Al llegar a la parte de que “naufragué” en Oykot, Garnet se sorprendió, separando la cabeza al fin de sus dos cojines personales. Aquello le tomaba tan desprevenido como lo había hecho conmigo unos minutos antes. ¿Cómo podía ser otra cosa que el destino nuestra reunión? La idea de que nos hubiésemos cruzado por Lvneel paseaba por mi mente, dejando un rastro de posibilidades que se podrían haber dado en aquellos años. Deseaba con todo mi ser haber podido encontrarlo antes, haber podido abrazar al amor de mi vida cuando acababa de perderlo todo, poder haberlo animado para que siguiese con su hermosa música, pero el pasado está escrito y no había forma de cambiar eso. Si el pasado es inalterable y el futuro es desconocido, lo único que nos quedaba era el presente, y en aquel momento lo tenía conmigo, por lo que nada podía ser mejor. Cuando le confesé mi certeza sobre que el destino nos había querido unir, sus ojos se abrieron y se sonrojó como una cereza. Aun con la esclerótica enrojecida por las lágrimas, mi minino era precioso y cada vez que el rubor cubría sus mejillas mi corazón se saltaba un latido. El caso es que no había dicho nada todavía, y quería saber qué pensaba al respecto, así que de forma casi instintiva comencé a hacerle cosquillas, obligándole a que hablara o sufriera mi fiero castigo mientras sonreía juguetona.

Mi amor estalló en carcajadas, pidiéndome que parase, pero su risa era tan adorable que no quería detenerme. Su risa se me contagiaba cuando nos hizo girar por la fuerza, colocándose sobre mí mientras lo miraba con una gran sonrisa. Nada me había preparado para lo que acontecería justo después, su venganza. Riendo todavía me dijo que vería lo que era bueno sonriendo con picardía y comenzó a hacerme cosquillas sin piedad.

—¡SHSHSHSHSH! ¡NOOOO! ¡AHH! ¡SHSHSHSH! ¡Para, para! —supliqué sin poder contener la risa.

No recordaba la última vez que me reía de aquella forma, ni siquiera sabía que era capaz de ello. Fue tan solo un momento, pero me parecía que aquel ataque de risa me había devuelto años de vida. Y además, terminó el juego besándome y tumbándose sobre mi cuerpo. Apoyó su cabeza por encima de mi hombro y sus manos buscaron a las mías, encontrándolas y entrecruzando los dedos con los suyos mientras yo seguía sonriente. Encontré su mirada cuando me agradeció por todo sinceramente. Cerré los ojos y negué con la cabeza, no había nada que agradecer cuando hacías algo porque querías. Confesó que todo aquello, llorar conmigo, el apoyo que le había dado y las promesas que le había hecho, le habían dejado “nasty de plasty”. Era una expresión que no entendí en lo absoluto, pero que me fascinaba. No sabía como era capaz de inventar tantas palabras extrañas, algo así debía costar mucho esfuerzo y entrenamiento de años para ser capaz de decirlas con tal soltura en el momento más inesperado. Con una expresión algo triste comentó que todavía llevaba algo de oscuridad e inseguridad en su interior. “Pues como yo, minino.” pensé suspirando y con una ligera sonrisa llena de comprensión. Continuó diciendo que la cabeza le decía que era inevitable, que a cada segundo conmigo, su alma rugía con más fuerza que quería estar conmigo y que no quería perderme. Daba igual las veces que lo dijera, no podía controlar el rubor en mis mejillas cuando me decía aquellas cosas tan dulces. Apreté con fuerza las manos que nos sujetábamos, apartando un momento la mirada para coger aliento e intentar serenarme. Mientras, proseguía diciendo que no tenía ni idea de que hubiese estado en Lvneel y que eso lo había dejado más loco de lo que ya lo tenía, añadiendo tras una leve risa que no creía poder haber olvidado a una chica como yo. Alzó su cabeza y me miró entera con una cara llena de lujuria.

—Shshshsh… —reí suavemente— Dudo mucho que pudieras, ¿sabes? —añadí, levantando la cabeza para darle un pequeño y suave mordisquito en la mejilla.

Meneó la cabecita como un gatito mojado queriendo quitarse el agua del pelo, volviendo en él mismo y continuó con que aunque no recordase haberme visto, que sí que creía que el destino, de alguna forma, había querido que nos encontráramos y nos completáramos el uno al otro. Sonreí avergonzada cuando dijo que era como si fuéramos el medio “pomelo” del otro. En cualquier momento iba a morir por la forma de hablar que tenía, que en lugar de molestarme o desagradarme me cautivaba. El gatito entonces extendió sus brazos, apoyados sobre mis manos pero sin soltarlas, para separarse un poco de mí. Clavé la mirada en la suya con el pecho aleteando, embrujada por su hechizo de amor. Rio para después decir que iba a acabar harta de escucharlo, pero que me quería, tal y como había prometido, en aquel momento y siempre.

—Jamás me cansaré de escucharlo. —respondí antes de cerrar los ojos y juntar mis labios con los suyos en un beso que rebosaba amor.

Los únicos espectadores de nuestras promesas y adoración eran los astros que coronaban el cielo en esa noche de invierno, pero si el destino había querido juntarnos, el amor que nos profesábamos no necesitaba a más testigos que nuestros corazones, que latían como uno solo. Solté sus manos para llevar las mías a su cabeza, queriendo que aquel beso no terminara jamás. De todas las akumas que conocía, no había una sola que pudiese lograr lo que anhelaba en ese momento; parar por completo el tiempo. Rodeé con mis piernas su cadera, cruzándolas tras él. Las mullidas nubes acariciaban mi espalda mientras comenzaba a acariciar con mis manos su cuerpo, repasando cada centímetro de su piel. Quería memorizar con el tacto cada detalle de su cuerpo, porque en el fondo sabía que, por mucho que deseara lo contrario, en algún momento el sol sustituiría a la luna en el firmamento. La noche desaparecería y tendría que volver con los demás, y no mucho después, tendría que abandonar la isla de los cielos. Cerré los párpados con más fuerza, en un desesperado intento por alejar esas ideas de mi cabeza. No quería separarme de mi amor, de mi medio “pomelo”, de mi dulce felino. ¿Y si la vida nos alejaba y no volvíamos a encontrarnos? El terror de aquella idea hacía que mi cuerpo se tensara, solo con el delicado roce de su piel contra la mía frenando aquellos impulsos, consiguiendo relajarlos. Me perdí en la pasión del beso y de su contacto, aferrándome así a la realidad, al ahora, a nuestro momento. Mordí su labio inferior, abriendo los ojos para ver su rostro y calmarme. Daba igual la distancia y el tiempo, si el hilo rojo del destino nos unía, no habría nada ni nadie que pudiese interponerse.

—Te quiero. —dije interrumpiendo momentáneamente nuestro beso— Y te querré hasta el fin del mundo y del tiempo, minino. —aparté la mirada avergonzada por decir aquello y lo que implicaba, ya que nos conocíamos desde hacía tan poco. Pero me daba igual, desde ese día, al fin escuchaba a mi corazón— Te quiero, te quiero, te quiero y te quiero. —repetí, una y otra vez, cerrando los ojos con fuerza soltándolo todo de una vez— Si alguien va a hartarse de escucharlo, serás tú. —sentencié exhalando por la nariz y sonreí satisfecha conmigo misma.

Sin soltar las piernas de él, comencé a pasear los dedos de mi mano derecha por su cara, pensativa, hasta llegar a sus labios, los cuales recorrí con delicadeza hasta finalizar haciendo un pequeño toque en ellos, como si pulsase una tecla. Volví a abrazarlo y llevé mi boca hasta su hombro, mordiendo con delicadeza justo en su trapecio.

—¿Shabesh? —pregunté sin soltar la mordida— Estaba penshando que estagia bien seg un koala, y que tú fueshes mi ágbol. —continué diciendo, cerrando los ojos y asintiendo levemente retirando finalmente la boca y dando un beso en la zona que acababa de morder— Así no habría problema con que nos quedásemos en este bosque para siempre. —suspiré tras decir eso— Aunque bueno, pensándolo mejor, prefiero que no. Shshhshs. —negué con la cabeza y lo miré a los ojos con una sonrisa pícara acariciando su pelo por detrás y bajando hasta su espalda— Hay demasiadas cosas que no se pueden hacer con un árbol, así que te prefiero de carne y hueso, fiera. Además, me debes una canción, ¿recuerdas? Y los árboles no pueden tocar, ni tocar música, ni cantar. No… sin duda te prefiero así. —terminé diciendo acercándome a su rostro con la vista clavada en sus labios para besarlos de nuevo.
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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - por Ikirami - 02-07-2024, 04:37 AM

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