[Presente Absoluto-Entrenamiento] Preludio a una nueva misión
#3
Varias semanas habían transcurrido ya desde aquel entrenamiento en el que los jóvenes revolucionarios creían haber despertado el asombroso poder del haki. Sin embargo, para disgusto de todo el grupo, resultó ser una ilusión del momento. En ningún momento habían podido percibir al panda, sino que debió haber sido una extraña combinación de factores lo que les llevó a pensar que sí lo habían hecho. Cómo había sucedido aquello ninguno lo sabía. Inicialmente había sido una decepción para el grupo, pero como el panda iba a viajar con ellos al haber aceptado formar parte de los toros negros tendrían oportunidades de sobra a lo largo de sus viajes para continuar con el entrenamiento hasta que sus compañeros llegasen a aprender el haki sin problemas. Al panda no le importaba seguir entrenándoles, pues era un océano de paciencia en aquel tumultoso mundo de conflictos. En ocasiones llegaba incluso a contagiar su calma a los otros revolucionarios. No necesariamente a Kisuke o Zorak, que parecían bastante tranquilos la mayor parte del tiempo, pero otros revolucionarios de la base con una mayor predisposición a la agresividad o a enfadarse por cuestiones sin importancia reducían inmediatamente una marcha en cuanto el panda les sugería que se calmasen. Cierto es que cuando un oso de casi cuatro metros te sugiere que te calmes tu cuerpo tiende a intentar relajarse mientras las gónadas inician un lento pero seguro descenso a su posición original. Contestar no es posible, pero asentir es suficiente.

El tiempo pasó con el panda realizando el entrenamiento habitual de los revolucionarios a la espera de su siguiente misión. No solía perderse ninguno de los ejercicios ni de las tareas asignadas a los revolucionarios de su rango. Era común encontrarse al panda patrullando el perímetro de la base, montando guardia en alguna de las torres del castillo o incluso pelando patatas en la cocina, si es que eso era lo que se requería de él. No se le daba bien, pero él lo intentaba. El lugar más habitual donde se encontraba era, sin embargo, hundido en una montaña de libros en la pequeña biblioteca de la base. Kisuke, un estudioso como él, pasaba por allí también de vez en cuando y el panda lo saludaba con la cercanía que en el grupo se exigía. Un día, el día presente, les llegó la noticia al grupo de que debían viajar hasta el archipiélago Sabaody. La engordada presencia de marines en el lugar debía de haber alertado al Ejército Revolucionario. Lo que el panda no entendía es por qué habían tardado tanto en mover ficha y por qué les habían enviado a ellos en concreto. O quizás ya habían movido ficha en un primer momento y ellos serían una ficha más recién movida en alguna clase de imaginario tablero de ajedrez. Sea como fuere, los revolucionarios disponían de un tiempo para zarpar hacia allí. A pesar de ello, parecía que Kisuke tenía prisa por iniciar la marcha. ¿Contaban con un navío adecuado? El panda no tenía ni idea. ¿Era Kisuke, el navegante, lo bastante hábil como para navegar por las embravecidas aguas del Grand Line? Qué sabía Don Bambú, cuya única ocupación era leer libros. Confiaba en el criterio de sus compañeros, pues ellos sabían mejor que nadie de qué eran capaces. Sin embargo la inmediata marcha de la base revolucionaria le dejaba un mal sabor de boca. Llevaba muchísimo tiempo sin combatir amistosamente con nadie que se aproximase a su nivel. Ni siquiera en Skypiea pudo catar el combate, ya que Karlglass actuó como representante de su equipo en la fase de combate de los Juegos de Zarutsuki. Le hubiera encantado poder combatir contra Garnet. También le hubiera gustado combatir contra Sohem, que con su habilidad de generar calor parecía invencible. Yamamura parecía un oponente interesante también, pero el atractivo de aquella hipotética pelea palidecía ante la idea de pegarse con los dos primeros. El panda hubiera perdido ambas peleas sin lugar a dudas. Pero quién sabe si viviría para ganarlas otro día.

Con todo aquello en la cabeza, el panda se levantó aquel día listo para afrontar aquello que decidiesen hacer sus compañeros. Acudió al puerto donde su navío se estaba preparando y comenzó a cargar con grandes cajas de suministros para el viaje. En los últimos meses sus músculos se habían fortalecido de nuevo. Nunca se había sentido más fuerte, más ágil, más reactivo. Incluso notaba como el manejo de sus poderes sobrenaturales se le hacía más liviano que de costumbre. Saludó a Kisuke con la cabeza mientras pasaba a su lado rumbo a la bodega y lo vio fumando cuando regresaba de la misma para coger otra caja. —Tengo que aprender a navegar yo también para pegarme esos descansos, ¿eh? Honhonhonhon. —Dijo sin malicia alguna. Le gustaba el trabajo físico, así que no le importaba cargar con las cajas o encargarse de levantar las velas cuando hacía falta, como Derya le había enseñado. Zorak, el rubio de la tribulación, llamó a Kisuke para que bajase para que estuviera presente mientras le daba algo al panda. Don Bambú arqueó una ceja y observó a su compañero con curiosidad, deseoso de saber qué le iban a dar. El muchacho comenzó a mover las manos y a hacer gestos extraños, como si de un mago se tratase. Le recordó un poco a cómo se movía Kovashi, que empleaba su increíble destreza para birlarle al panda un par de billetes siempre que se presentaba la ocasión. Resistió el impulso de echarle mano a su cartera para ver si seguía en su sitio y observó maravillado cómo el rubio sacaba de la nada un nuevo manto diferente al que él mismo llevaba puesto. Parecía ser para el panda. Honestamente no pegaba ni con cola con el atuendo habitual del panda (una camisa verde de manga corta y unos vaqueros azul oscuro), pero ya tendría tiempo de ajustarse el outfit para el futuro cercano. Recogió aquel manto con ambas manos como si de un tesoro se tratase. —Lo conservaré con cuidado, muchas gracias. —Y se inclinó levemente. A continuación Zorak le hizo otro regalo a Don Bambú, uno si cabe mejor que aquel manto honorífico. Le ofreció al panda un combate. —En mi antiguo escuadrón era a través de combate cómo se decidía quién era el líder. Sin embargo eso a mí nunca me interesó demasiado. Sólo quería pelear. —Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del oso. —Estaría encantado de poder medirme con vosotros. —Aunque no lo necesitaba. Podía sentir en sus auras que él era el más débil en aquel momento. Sin embargo tenía ases bajo la manga y unas ganas tremendas de batirse en duelo con sus dos compañeros.

Resumen


Karmas en juego


Bélico


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RE: [Presente Absoluto] Rumbo a una nueva misión - por Max D. Bambú - 07-07-2024, 10:45 PM

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