02-07-2026, 09:16 AM
Las jarras chocaron sobre la cubierta del Eidfrost con un sonido limpio que se perdió en el viento del oeste antes de llegar a ningún lado. Bebimos los tres juntos, Karl con una sonrisa que no había tenido cuando la encontré aquí hace menos de una hora, Viktor con esa solemnidad tranquila que tienen los que no necesitan decir mucho para que se les entienda todo, y yo con el sabor de la cebada fría en la garganta y la sensación de que esta conversación había valido más que cualquier entrenamiento de las últimas tres semanas. Karl alzó la jarra y brindó por Joe, por nosotros y por el alcohol con esa energía que tiene cuando decide sacudirse la melancolía de encima de golpe. El viento del oeste seguía soplando con la misma calma de antes, pero el aire había bajado un par de grados desde que salimos y la cerveza que quedaba en el barril estaba ya francamente fría.
Cuando Viktor se despidió rumbo al puente y Karl empezó a recoger sus cosas para irse a cenar, dejé el tarro sobre la tapa del barril y me moví un paso hacia ella quedando a poco menos de un metro. Para alguien de mi tamaño eso era acercarse bastante, así que lo hice despacio, inclinando levemente el torso hacia adelante para no resultar intimidante. Desde esta distancia podía ver el reflejo del último rastro de luz del ocaso en su pelo y el vapor que salía de su jarra todavía caliente por el contacto con sus manos — Karl. — esperé a que me mirara antes de continuar — Juntos vamos a lograr hasta lo imposible. Lo sabes, ¿verdad?
No añadí nada más. No hacía falta. Karl apuró lo que le quedaba de jarra, sonrió y se fue en dirección a la cocina. La observé alejarse por la cubierta, sus pasos resonando sobre la madera a medida que se distanciaba, hasta que la puerta que daba al interior del barco se cerró detrás de ella con el mismo sonido sordo con el que se había cerrado antes detrás de Viktor. La cubierta quedó completamente sola. Solo el barril, los tarros vacíos, el viento del oeste y yo. Permanecí ahí un momento sin moverme, mirando la puerta cerrada. El Eidfrost crujía suavemente bajo mis pies con el vaivén del mar, un sonido constante y tranquilo que en tres semanas había llegado a resultarme tan familiar como el del O'Redentor. Recogí los tarros uno a uno apilándolos sobre la tapa del barril y cargué el conjunto en el hombro izquierdo igual que cuando salí de la cocina. El barril pesaba considerablemente menos que antes. Eché un último vistazo al horizonte donde el ocaso había terminado de apagarse del todo dejando solo una franja violeta muy tenue sobre el agua, y volví al interior del Eidfrost.
Cuando Viktor se despidió rumbo al puente y Karl empezó a recoger sus cosas para irse a cenar, dejé el tarro sobre la tapa del barril y me moví un paso hacia ella quedando a poco menos de un metro. Para alguien de mi tamaño eso era acercarse bastante, así que lo hice despacio, inclinando levemente el torso hacia adelante para no resultar intimidante. Desde esta distancia podía ver el reflejo del último rastro de luz del ocaso en su pelo y el vapor que salía de su jarra todavía caliente por el contacto con sus manos — Karl. — esperé a que me mirara antes de continuar — Juntos vamos a lograr hasta lo imposible. Lo sabes, ¿verdad?
No añadí nada más. No hacía falta. Karl apuró lo que le quedaba de jarra, sonrió y se fue en dirección a la cocina. La observé alejarse por la cubierta, sus pasos resonando sobre la madera a medida que se distanciaba, hasta que la puerta que daba al interior del barco se cerró detrás de ella con el mismo sonido sordo con el que se había cerrado antes detrás de Viktor. La cubierta quedó completamente sola. Solo el barril, los tarros vacíos, el viento del oeste y yo. Permanecí ahí un momento sin moverme, mirando la puerta cerrada. El Eidfrost crujía suavemente bajo mis pies con el vaivén del mar, un sonido constante y tranquilo que en tres semanas había llegado a resultarme tan familiar como el del O'Redentor. Recogí los tarros uno a uno apilándolos sobre la tapa del barril y cargué el conjunto en el hombro izquierdo igual que cuando salí de la cocina. El barril pesaba considerablemente menos que antes. Eché un último vistazo al horizonte donde el ocaso había terminado de apagarse del todo dejando solo una franja violeta muy tenue sobre el agua, y volví al interior del Eidfrost.

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