[Presente Absoluto] Un día soleado para la revolución
#11
Me volví a poner a 4 patas cogiendo conmigo mi bolsa y mi lanza tras la palmada de mi amigo y salí después de él para que no volviera hacer ninguna tontería, fui a cerrar la puerta delicada del local tras salir y en cuanto me gire Kova ya no estaba, - pero este muchacho a dónde ha ido ahora?-.

Muevo la cabeza para la izquierda y para la derecha y no lo consigo ver hasta que me fijo al frente y ahí lo veo con una especie rara y un… un… -pero ese no es mi primo er Richar?- voy acercándome hacia ellos por ver si era mi primo o no, -Richar Richar- dije en voz alta pero a medida que me acercaba lo veía más bajo a sí que ya dejé esa idea, pero en lo que sí me fijé era en esa katana era bonita, pero peligrosa y Kova se encontraba ahí, por lo tanto, eso no puede ser bueno.

Me fui acercándome de forma erguida, pero a medida que me acercaba me venía un olor a pescado y eso sí que era delicioso, pero de dónde venía ese olor, no veo humo en ningún local como para que salga su aroma además olía como si de un pescado crudo se tratase, una vez me acerque vi a Kova y a ese oso panda que definitivamente no era mi primo er Richar, pero ese olor era de ella de la chica roja que olor tan rico, la baba sobresalía de mi boca me acerco a ella sin importarme quién estuviera, ya que el olor era espectacular… -ven pescadito… ven pescadito- mi cuerpo parecía estar flotando entre nubes, mi hambre ya era importante y no aguantaba más con mis zarpas rozaba la piel de ese pescado tan sabroso, -mmm tiene pinta de ser viscoso, pero sabroso- no lo podía soportar más cogí un brazo y me dejé llevar le di un lengüetazo para probar su verdadero sabor,
 - Kova gracias por ser tan rápido es un pescado genial no había probado un sabor igual- mis ojos solo hacía que parpadear mi gran amigo Kova era el mejor.
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#12
Los oscuros ojos del panda analizaron a la gyojin que tenía delante con detenimiento al ver que ésta se había caído de culo al suelo. Tenía el pelo rubio y la piel de un color similar, también amarillento. Era alta para estándares humanos, pero para él era muy pequeña, como suele ser el caso con las demás razas. Su cuerpo tenía aletas y su cuello branquias. Lo que encontró tal vez más llamativo de ella era el verde tan intenso de sus colores. Ni siquiera su percepción alterada de los colores le podría engañar con eso. En la profundidad de aquellos ojos cabían civilizaciones enteras.
 
La gyojin se había hecho daño con la caída. Don Bambú, a pesar de tener un aspecto bastante intimidante, no era mala persona. Se sintió mal por haber provocado aquello. Se llevó la mano a la nuca e intentó pensar en cuál sería la mejor manera de ayudar pese a que la muchacha decía que no había de qué preocuparse –Estamos al lado de una curandera, tal vez tenga algo... Invito yo, es lo menos que puedo hacer –Por fin de algo serviría el dinero heredado de su viejo. Ese cascarrabias perro del estado nunca encontraría descanso en su tumba si se enterase de que iba a ayudar a una gyojin con su dinero. La situación le parecía hasta deseable.
 
Antes siquiera de poder girarse hacia el local de la curandera, la voz de un humano le llamó la atención. No se trataba de la voz de cualquier pueblerino que ha visto pocos minks en su vida, ni de la voz de alguien que nunca había salido de su isla. Era una voz cargada de una seguridad tranquilizante. Bajo la influencia de esa voz, cualquier conflicto dejaría de parecer irresoluble. Era además un tanto hipnótica. Se sentía incapaz de hablar mientras él lo hacía. Interrumpirla... Sencillamente no estaría bien. 
 
Cuando le miró le quedó claro que no se equivocaba. Era un humano más grande de lo normal, de casi dos metros de altura. Tenía una melena blanca y una cara surcada de enormes cicatrices. ¿Contra quién se habría peleado? Casi tuvo ganas de sonreír, no sabía por qué.
 
Hacía referencia a un primo. Tras ver detrás de él la enorme figura del mink oso pardo que entró a la curandera hace un rato le quedó claro por qué. El oso era una enorme masa de músculos, aunque era de menor tamaño que Don Bambú. Lo que sí había que destacar, y tal vez fuera algo que solo otro mink podría identificar, era que el oso pardo era feo de cojones. El cabrón rompería espejos a su paso si se lo propusiera.
 
El humano se encaró con Don Bambú y empezó a recriminarle que hubiese golpeado a la mujer. Había algo en su postura, mostrando claramente su espada, que le alteraba. Sintió la necesidad de defenderse. –No le he pegado, ha sido un accidente –Respondió el panda. Su voz ya no estaba impregnada de pura amabilidad, sino que iba acompañada de una amenaza latente. El humano estaba siendo demasiado agresivo y era conveniente que se relajase.
 
Fue en ese instante cuando el oso pardo se lanzó a darle un lengüetazo a la gyojin. No supo reaccionar y se quedó inmóvil –Pero qué haces, no vayas por ahí lamiendo a personas que no conoces de nada, cojones –Le recriminó ya de mal humor.
 
Cita:Karmas: Daltonismo (indistinción entre rojo y amarillo), Voz intimidante.
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#13
A pesar de las cicatrices y de la cara intimidante de aquel mink, pudo ver en su rostro que se arrepentía. Ahora se sentía incluso mal ella por haberse hecho daño. ¿Tenía eso algún tipo de sentido? Así que para salir de esta espiral de culpabilidad decidió aceptar la propuesta de su nuevo amigo. - Vale, pasémonos a ver. - Le sonrió ampliamente, no siempre pasaba que te encontrabas a personas buenas con tal nivel de dedicación, así que se dio por vencida y dejó que la ayudasen.

Cuando estuvo a punto de levantarse del suelo, otra persona más intervino en la situación, preguntándole por su estado, pero sin mirarla si quiera, pues se colocó de espaldas a ella, mirando directamente el panda con el que había chocado. - Sí, sí, de verdad, no te preocu- - Se quedó muda. Escuchaba que ambos se decían cosas, pero no prestaba atención en absoluto a sus palabras. ¿Era él de verdad? No podía comprobarlo del todo, pero aquel enorme cuerpo, el pelo blanco, joder, la voz. Por su mente pasó un huracán de emociones, ¿qué posibilidad podía haber de volver a encontrarse con él? Una entre un millón. Por eso se quedó medio conmocionada, ignorando por unos segundos lo que ocurría alrededor de ella.

Iba a levantarse. Por tercera vez. Cuando un enorme oso en el que ni si quiera se había fijado por culpa de su ensimismamiento la agarró del brazo para repentinamente darle un lametón en toda su extensión. Sintió que se le subían los colores, en cuestión de unos segundos, toda su cara se puso roja como un tomate. Dio un fuerte tirón de su brazo hacia atrás, obviamente asustada, apartandose de las zarpas de aquel monstruo horrendo. Escuchó la voz del panda, que la defendía, aunque bastante tranquilo. Cosa que ella no pudo corresponder. - ¡¿QUÉ COÑO HACES!? - Y pum, Derya le propinó un puñetazo en toda la cara con todas sus fuerzas. No pudo evitarlo, le salió desde dentro. A estas alturas, bastante gente se había ido ya de la plaza, asustados por el numerito que se estaba formando. Se levantó del suelo, esta vez sí, aunque de forma muy patosa, tropezando hacia atrás, sujetándose en una columna para no caerse de nuevo, completamente aterrorizada. Joder, es que tenía una cara espantosa, parecía el típico personaje que inventaría una madre para darle miedo a su hijo y que no saliese al bosque solo. No era el lobo feroz, era el oso caníbal. Y ahora igual se había cabreado por culpa del puñetazo.

Con una fuerza que le salió de dentro, del puro instinto de supervivencia, corrió hasta el panda, se colocó en su espalda y se aferró a él como si fuera su protector. Habría acudido a Kovashi en su lugar, si no fuera porque parecía que eran amigos. Joder, si hasta le dio las gracias a él por haberle dado un lengüetazo a ella, ¿estábamos locos? Se sintió traicionada, como si un puñal le atravesase el corazón. La pena se le podía ver reflejada en la cara, y es que la joven era, a menudo, como un libro abierto.
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#14
El pintoresco lugar atraía la atención de las personas, pero la presencia de Baraqqiel las alejaba, lo que para los dueños parecía contraproducente para el lunarian se veía como una oportunidad de encontrarse más cómodo, ya que dada su estatura acomodarse en una mesa convencional le era incomodo y que no hubiese nadie más cerca le daba la posibilidad de explayarse como quisiera. No demoro en sentarse en una de las bancas más largas del lugar, seguramente destinada a personas que no encontraban un espacio individual, estiro las piernas y brazos soltando en automático un pesado bostezo…- Necesito dormir más – Hablo para sí mismo, enseguida percatándose de que lo que necesitaba era acción y no descanso – Que carajos, necesito encontrar algo que hacer – Luego de beber, comer, fornicar y repetir el proceso varias veces, estaba harto de esperar y esperar a que la armada revolucionaria lo convocará, el den den mushi con el que se comunicaban llevaba días sin sonar y también el dinero que cargaba se estaba por agotar…- Hey bombón – Una siniestra sonrisa se dibujo de oreja a oreja y elevando la mano diestra con la que sostenía el porro, hizo un ademan con uno de sus tantos dedos, como invitando a la camarera a que se acercara.

-Quiero 5 litros de café negro, azúcar aparte y sin crema – La mujer se veía espantada por lo que solo asintió con el rostro y se dio la vuelta – Espera – Se detuvo la camarera – Y un pastel – No una rebanada, el hombre en necesidad de azúcar pidió uno para el solo. Gracias a la repentina ausencia de la mayoría de personas su pedido no demoro en llegar, Baraqqiel dio una ultima calada a su porro y dejo caer la ceniza al adoquín que adornaba el suelo, destinando una mano para que tomará la jarra y la otra para que sujetara en una cuchara una enorme porción del postre recién llegado, así empezó lentamente a recargar su energía al mismo tiempo en que al contemplar lo que a su alrededor pasaba, una extraña escena atrajo su atención, siendo precisamente sus ojos capturados por la inmensa figura del panda que hace tiempo atrás conoció en una encomienda de la revolución, no tuvo demasiado tiempo para recordar los detalles a causa de la primera imagen, pues luego de ver caer a una Gyojin al suelo otro sujeto apareció y después otro oso más, ¿Qué mierda estaba viendo?, la pintoresca escena le saco una sonrisa burlona…- ¡Buen golpe! – Exclamo con fuerza aclamando el acto de la fémina, dando un ultimo y gran sorbo a su bebida para luego de plantar la jarra sobre la mesa, dirigirse al grupo extraño para volverlo aun más extraño.

-Hey abuelo – Se refería a Kovashi, sus cabellos grisáceos fueron el motivo de aquel llamado - ¿Tienes algún problema con mi amigo el panda? – Como todo un bravucón no dudo en reducir la distancia hasta casi invadir el espacio personal de los dos que primero estaban, ahí situado a un costado de Don Bambu y de frente al hombre con cicatrices en el rostro, Baraqqiel buscaba algo de acción por su propia cuenta, a sabiendas de que su aliado revolucionario a pesar de su agresiva apariencia era bastante majo.
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#15
La altura era un problema, mejor dicho fue un problema. Lo era porque para Kovashi demostraba una cierta superioridad pasiva que no todo el mundo era capaz de entender, pero cuando tu compañero de aventuras es un puto oso de cuatro metros te vas haciendo a la idea de qué igual tampoco hay que ser tan estricto con el tema. En este caso la influencia de la estatura que dibujaba el panda no le intimidaba en absoluto, al revés, le daban ganas de seguir incitando al choque. Sin embargo, en la vida las situaciones dan muchas vueltas y hoy no sería la excepción, al parecer. No hubo choque ninguno, Caló apareció en escena y la mujer que tenía detrás lanzó un poderoso golpe. Acto seguido fue a esconderse tras el mismo tipo que la agredió.

— Orokana meinu... —  Escupió a los pies del panda tras seguir el camino de la mujer. Muy mal tenía que estar de la cabeza para no recordarla. Sí, era aquella gyojin ... Pero no importaba, sabía que su color pelo no era natural, así que ese poder no tenía efecto en el. Casi lo consiguió por otros métodos, pero no fueron suficientes, no al menos hasta que golpeó a Khruner, ahí desapareció el poco encanto que le guardaba. Kovashi no era amigo de las distancias y si bien tuvo un bonito encuentro con la mujer tiburón, eso pasó hace semanas, no podía anclarse al apsado. Encima ahora se ponía del lado de su agresor, como hacían las parejas maltratadas que no eran capaces de escapar de su cautiverio.

Kovashi daría dos pasos atrás, sacando con su diestra lentamente la katana. Se colocó justo delante de su compañero, protegiendo su imagen al mostrarse frente a el. Pronto apareció otro bicho extraño que vete tu a saber que era, parecía como si una cucaracha y un murciélago hubieran copulado de mala gana. Al parecer decía ser amigo del panda, genial. Mostró una ligera sonrisa al tiempo que movilizaba su arma en forma da S. El polvo alrededor del Shimatsu fue ascendiendo. — Qué bonito grupo hacéis —  Con toda la mala vibra. Realmente se encontraba al borde del cabreo, algo que no solía suceder. —  Voy viendo que esto será un tres contra uno —  Comentó, haciendo caso omiso de la presencia de Caló. — Tú tendrás que aguantarme la petaca. Me los pido yo —  Esbozó una sonrisa al decir aquello. Su recipiente de alcohol cayó sobre el abdomen del oso pardo y acto seguido Kovashi se colocó en pose de combate. ¿Qué tipo de pose era esa? Brazos abajo, katana apuntando al suelo, mirada de asesino. Realmente no era una postura, pero eso hacía confiarse a los enemigos, los combates eran más divertidos.

— Rubia, prometo no hacerte daño a ti —  Le guiñó un ojo. —  Pero a ellos dos, no les puedo prometer lo mismo — Se mascaba la tensión, el inicio de un combate estaba a punto de comenzar. 

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#16
Justo en mejor momento, justo cuando mis papilas gustativas habían comprobado el sabor de un pescado nuevo y sabroso, justo cuando mi colmillo estaba brillando de felicidad, justo cuando mis ojos brillaban de felicidad, justamente en ese momento recibo el puñetazo del pescado ese haciéndome que mi cara se gire unos 30 grados hacia la izquierda y como si de una cámara lenta se tratase mis labios se iban moviendo por todos los lados junto con mi cachete, y junto a eso una palabra -¡ANDEVE!-, pues después del puñetazo del pescado me pongo sentado y solo se me ocurre decir - Kova que él ¡Pescao está toh vivo chacho!- .

Después vi como el pescado me mira con una cara asustadiza quizás por mi faceta facial que no era la más bonita, pero cada vez que miraba más hacia sus ojos me hacía sentirme peor era como si su mirada y su pensamiento me clavasen puñales, por el mi condición facial, y si eso no poco un hombre o algo raro, cosas que nunca había visto, ya que solo había visto en mi vida minks y humanos, hasta que mi hermano me convenció hacer este viaje que estoy conociendo todo, lo que sí podía ver y comprobar que tanto como el mink panda que se parecía a mi primo Richar y el otro individuo eran más altos que yo.


Kova empezó a sonreír de la mejor manera que se le da con esa confianza suya, recibo su petaca y la guardo en mi bolsa y como buen hermano suyo esta vez por mi orgullo y por la manera en la que el tiburón como dijo Kova me había hecho sentir me disponía  a ponerme a su lado y bien firme, -Escúchame bien palla te arrepentirás-  con mi puño bien apretado y mi lanza a la otra mano agarrada bien fuerte me puse a la derecha de mi hermano mirando al tipo nuevo que se acercó de la nada y con voz fuerte y con mi lanza apuntando hacia él le dije -Lo Harás?..... ATRÁS-
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#17
La situación se había ido de madre demasiado deprisa. La gyojin, como es natural, reaccionó con violencia a la agresión de aquel mink tan impulsivo y le propinó un puñetazo que le hizo plantearse cómo era posible que hubiera sido el panda el que hubiera arrojado al suelo a la muchacha y no al revés. Esto desencadenó una serie de eventos que solo podrían terminar en catástrofe si no había una mediación pacífica de por medio. ¿La iba a haber? Bueno, es que el señor del pelo blanco desenvainó su espada. Don Bambú sintió la necesidad de actuar. Se metió la mano en el bolsillo y sacó su cajetilla de cigarros. Pronto el humo del tabaco le embriagó y tranquilizó. Antes siquiera de poder decir nada, una quinta voz se sumó a la compañía, se trataba de aquel sujeto con el que había realizado cierta misión tiempo atrás. Su compañía podría ser clave en caso de enfrentamiento, pero eso era justo lo que quería evitar. Le dedicó un saludo con la cabeza para hacerle entender que había reconocido su presencia y que le recordaba. La raza a la que pertenecía el sujeto era tan rara que casi ni recordaba cómo se hacían llamar.

Por si la situación no fuera ya lo bastante tensa, el puto mink oso sacó una lanza y se puso en posición de combate junto a su amigo de pelo canoso. —Vamos a calmarnos, que estamos todos muy tensos. —Sentenció el panda levantando las manos. —Melenas, tu amigo el oso le ha pegado un lametón a una gyojin que no conoce de nada, ¿cuál quieres que sea su reacción? ¿Enamorarse? —dirigió su mirada al oso, que medía casi un metro menos que el panda. —Compadre, si quieres pescado tienes en la plaza que está al este de aquí, siguiendo ese camino, y ese pescado te prometo que no te pega. —Para no mostrarse como una amenaza, metió ambas manos en sus bolsillos, aunque aquello no era garantía de nada. Siempre le quedaba su as en la manga. —Pero si de verdad queréis bulla, nos vamos fuera del pueblo y nos damos de hostias hasta la muerte si os hace ilusión. —Ahí se le escapó una sonrisa, su boca parecía compuesta de sierras más que de dientes, cualquiera se replantearía si los pandas son herbívoros con tanto bambú que comen. La promesa de algo de emoción le animaba. Pensar en su padre le había puesto de mal humor y tenía delante a dos salvajes con los que no le daba pena desahogarse. —No será un 2 contra 3, eso no sería justo. Hay un descampado sur, bastante vacío. —El desbalance numérico en las peleas no le hacía gracia, ellos no eran policías, después de todo. Sacó su mano derecha del bolsillo para señalar un camino que iba directo hacia el descampado del que hablaba. Allí nadie les vería. Al menos, nadie peligroso.

Cita:Karmas empleados:

Guía (el oso se orienta guay)
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#18
No podía dejar de pensar en el sentimiento de traición que la inundaba. Hacía unas semanas que conoció a Kovashi, y fue un encuentro tan mágico, tan precioso, él se portó con ella como un completo caballero y sin embargo... Ahora actuaba como un macarra de barrio. ¿Realmente iban a pelear? El ambiente no podía estar más tenso, eso sumado a que apareció otra persona más que parecía conocer al panda de algo. Derya no daba crédito a lo que estaba pasando. Todo ocurrió tan rápido... y además por un motivo tan estúpido. Si hubiese caminado dos metros más hacia atrás, no se hubiera chocado con nadie y todo aquello simplemente no hubiese pasado. Pero ahí estábamos.

Kovashi prometió no hacerle daño. Ella tampoco quería, no quería nada de lo que estaba pasando. Y mucho menos contra él, si tenía algo contra alguien, en todo caso sería contra aquel horripilante oso pardo. Pero claro, si quería volver a pegarle a él, entonces Kovashi se pondría en medio. Era toda una tesitura complicada. Encima la había amenazado, ¿”palla”? ¿qué coño significaba eso? Estaba claro que iba por ella. - ¿Quieres más? ¡Por mi genial! - Encima de que él había empezado todo, va y se pone chulo. Derya no soportaba que la provocasen.

El panda fue el único que puso un poco de orden en todo aquel caos. Parecía que no se había equivocado al fiarse de él. Encima la defendió, más de lo que ya había hecho el que creía que era su aferrimo aliado. O incluso más que eso. Por unos segundos, un pequeño instante, daba la impresión de que todo iba a resolverse de forma pacífica. Pero no, porque el panda al final del todo también quería pegarse, solo que en un descampado alejado del centro del pueblo. “Joder, ¿qué podía esperar de los hombres? Claro que iban a querer pegarse, todo lo solucionan a hostias.” Resopló. - Pues vamos para allá. - Concluyó, y fue la primera en ponerse a caminar en la dirección que el panda había señalado.

En el fondo tenía un revuelto de sentimientos. Joder, ojalá aquel oso no hubiese hecho nada porque ahora no sería tan jodidamente incómodo el hecho de incluso mirar a Kovashi a los ojos. Le había hecho daño a su amigo, pero me cago en Dios, el panda tenía razón, ¿qué tendría que haber hecho ella? ¿Qué hubiese hecho él si le hubiese pasado? No le gustaba sentirse así, en una encrucijada, contra la espada y la pared.

Cita:Karmas empleados:

Colérico: Tiendes a adoptar una posición defensiva u ofensiva ante la mínima provocación verbal.
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#19
La acción que desesperadamente estuvo buscando se presento frente a él en forma de una pelea callejera, aunque el problema era de Don Bambu y normalmente Baraqqiel hubiese pasado de todo, en esa ocasión y a sabiendas de que era un aliado de la causa revolucionaria, decidio no dejarlo atrás, y siempre mostrando una expresión de desagrado por todos los demás a quienes no conocía, irradiaba gracias a la expresión en su mirada y postura corporal, un aura amenazante que en combinación con todo lo que pasaba, llevaba a que las pocas personas que se mantenían cerca se fueran alejando, ¿y como no hacerlo? Los individuos que estelarizaban aquella pintoresca escena eran de características físicas lejos de lo que se podía considerar lo habitual en aquella isla; Un oso pardo, un oso panda, una gyojin, un lunarian y un humano, parecía una escena digna de abrir un chiste…- ¿Tienes tantos huevos como para creer que tú puedes solo? – Una sonrisa siniestra se formo de oreja a oreja, al lunarian no le pareció siquiera gracioso aquello, su nivel de autoconfianza le hacia creer que podía encargarse de cualquiera que se interpusiera en su camino, ya que hasta ahora la mayoría de enemigos presentados demostraban ser débiles y endebles, y aunque el desconocido desprendía cierta aura de agresividad, no temía.

Echo un rapido vistazo al otro oso y determino enseguida que su compañero don Bambu podía encargarse de él, mientras el se topaba con el sujeto de rostro encarnizado…- Tu – Se refirió al otro que se parecía a su compañero – Tu piel será un buen adorno para la sala común en los cuarteles – A veces hablaba de más, ¿aunque que más daba? Aun cuando se refería inconscientemente a los cuarteles de la armada revolucionaria sabía que los otros no tendrían ni una pizca de inteligencia como para determinar aquello, ¿pero quien sabe?, tanto Baraqqiel como Don Bambu no cargaban con un uniforme de la marina o gobierno mundial, y aunque se veían como piratas la existencia de un cuartel general para dicha agrupación no se podía considerar como algo creíble…- Entonces larguémonos de aquí – Tenía un atisbo de consciencia y sabía que enfrentarse en una escaramuza en zona publica podía llevarlo a meterse en problemas, tal vez no con las fuerzas del orden locales pero si sus superiores se enteraban de que era protagonista de una escena caótica en zona civil, los problemas llegarían en cosa de nada. Así pues, a paso lento siguió el sendero que llevaba a la zona despejada, las personas a su alrededor se iban abriendo mientras que el fornido individuo vestido de negro, con zancadas largas se posicionaba aun costado de su compañero.

En su andar intento en el interior de su cabeza armar el escenario en donde todos pelearían, pero solo atinaba a confundirse, ¿Qué harían? Kovashi tenía problemas con Baraqqiel y Bambu, pero el primero era protegido por el Khruner, quien a su vez tenía líos Derya ¿Cómo terminaría todo? - Comienzo a creer que esto se ira a la mierda – Comento soltando un suspiro - ¿Pero que mas da? – Comento a su compañero...- Necesitaba un poco de acción - Sonrió, realmente le importaba un carajo quien peleaba contra quien, el solo quería hacer sangrar a alguien o en su defecto, el mismo perder sangre.
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#20
Los comentarios de Caló me provocaron cierta gracia, como siempre, el oso era un cachondo mental y le quería también en parte por tener esa capacidad de simplificar cualquier problema. Era una cualidad que yo no tenía, me habría encantado arrancarla de él para engancharla a mí. Era un pensamiento horrendo, otro más. Se puso a mi costado, lanza en mano. —  Te he dicho que ... Bah, da igual, contigo no hay nada que hacer —  Razonar a veces no suponía una tarea sencilla, así que para qué, siendo honesto, se cansaría menos el acabar con sus enemigos con algo de ayuda, aunque acabarían siendo derrotados si no la tuviera también. El otro oso en cuestión era el que lideraba el grupo, porque había dos claros grupos. Por mucho que no quisiera, la mujer con la que pasó un agradable momento antaño se encontraba frente a él, dispuesta a atacar de nuevo el mullido cuerpo de Khruner. Y una mierda, si tenía que morir ella para defender a Caló, que muriera.
—  El podrá comer el pescado que quiera, tú no eres nadie para decir que pescado sí y que pescado no —  Alargué la mano con la que sujetaba la katana, apuntando hacia la gyojin. — ¿Te ha gustado? ¿Te la quieres comer? —  Decía mirando a Caló. —  Normal, es guapa —  Sonreí de forma pícara. Estaba claro que a Caló no le importaba una mierda que fuera guapa o fea, él solo veía comida y joder como se ponía cuando no tenía lo que quería. Si se dejara arrancar alguna extremidad para tener al oso tranquilo ... Nah, no creo que eso pueda suceder.

— Será un uno contra tres, si hacemos la conversión a poder es uno contra mierda pinchada en un palo —  Le volví a responder con violencia. Era el líder de su grupo, no podía ser misericorde en ningún momento, debía mostrar liderazgo, poder y masculinidad tóxica a raudales. Casi que todos parecimos olvidar algo que estaba pasando alrededor, desde que Caló recibió su golpe en el rostro, más o menos, se escucharon algunos disparos. Sí, provenían de largas distancias y joder, era un mundo de piratas, cualquiera tenía un arma, no eran sonidos tan extraños. Pero se iban acercando.

▼A diez minutos de allí, cerca de los molinos▲

—  ¡Cogedlo todo, era el trato! —  Un pirata de aspecto peculiar arribó a la costa. Su barco completamente rojo lleno de círculos extraños. Su tripulación repleta de hombres fornidos. ¿Su capitán? un espectáculo. Era un hombre de metro cuarenta, barbas muy largas, casi hasta el suelo, portaba una corona de oro más grande que su cabeza y la armadura más desgastada jamás vista llena de apéndices de metal donde colocar armas, bombas o hasta las llaves de su casa. El resto de la banda por lo visto eran iguales, todos enanos como los de Tolkien. Una particularidad es que todos tenían armas de doble mano, grandes y muy pesadas, además de pelos de un color rojizo muy intenso. —  ¡No dejéis nada! —  Vociferó, llamando al revuelo entre los suyos. ¿Que era el trato? sin duda es información que habría de ser encontrada en algún momento.

▲En el centro del pueblo▼

Los sonidos cada vez eran más desorganizados, más caóticos, ahora no solo eran disparos, sino que se uniformaban pisadas al mismo tiempo, formando lo que parecía el peso de un gigante al andar. No temblaba la tierra, pero se escuchaba como si lo hiciera.
— ¿Vais a seguir con la tontería? ¡Ya están aquí! —  La preocupada señora abandonó la tienda de hierbas y sierras, acompañada de su ayudante, la pedazo de rubia creada por dios. No pude evitar seguirla con la mirada mientras se iba, es que es acojonante como es posible parir algo así, que pelo, qué belleza.

El despiste fue tal que no terminé de prestar la atención requerida para enterarme de lo que el tipo dijo de un cuartel. Sí, lo escuché, pero no pude indagar mucho más, ya que enseguida los problemas se les volverían encima en forma de avalancha. Y tal cual fue, la gente del pueblo salía volando. Mujeres con sus hijos, ancianos sin entender qué pasaba, los propietarios de los locales saliendo huyendo. Entre tanto descontrol se pudo escuchar en muchas ocasiones a los tan mencionados “piratas”.

"Los piratas estaban en la isla" como si los estuvieran esperando. Es más, salían corriendo isla adentro, todos hacia la misma zona, ¿los estaban esperando? ¿Tenían mecanismo de evacuación cuando pasaba algo así?

Muchas preguntas.

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