Taka
Fuerza
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Voluntad
C. de Haki
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En la cueva se extendía la penumbra, las antorchas estaban dando sus últimas bocanadas de luz. Las paredes, que habían visto el paso del tiempo sin flaquear, resistiendo el peso de la montaña que las sostenía, dado cobijo a bestias y hombres, estaba a punto de derrumbarse.
Tras el impacto del animal contra la pared tras tu último golpe, la grieta que había generado el primero se había acentuado. Un golpe sordo resonó en el interior de la cueva, sacudiendo su antigua estructura. La tierra tembló, y las rocas que habían estado en su lugar durante Dios sabrá cuantos años comenzaron a ceder bajo la presión. Las paredes de la cueva, que habían sido testigos silenciosos de la muerte de antiguos viajeros y de tus precedentes en la búsqueda del cofre, parecían despertar de su letargo.
Un estruendo enorme sacudió la cueva una vez más. El sonido provenía de todos lados y de ninguno a la vez. Las paredes comenzaron a agrietarse y fragmentarse por todos lados. Los sonidos de las rocas cayendo resonaban en el interior de la caverna, creando un eco que parecía anunciar la catástrofe.
Las grietas se extendieron si fuera un cristal a punto de estallar, multiplicándose a lo largo de las paredes. Trozos de roca se desprendían y cayeron al suelo en una lluvia de sedimentos rocosos, llenando el aire con polvo y escombros. Ya no tu aventura, sino la cueva misma, se estaba desmoronando ante tus ojos.
El suelo temblaba con cada impacto, y el ruido era inmenso y aterrador. Las estalactitas del techo se desprendían, cayendo con un estruendo estremecedor. La cueva se llenó de una atmósfera caótica y hostil.
El oso, que aún no era capaz de incorporarse, comenzó a recibir los impactos de las rocas cayendo en todas partes. Varios le golpearon en la espalda y otros en la testa. La caverna se había convertido en una trampa mortal. El colapso de sus paredes era un recordatorio poderoso de la fragilidad de la naturaleza y la inevitabilidad del cambio.
Al final de ésta el botín permanecía inmutable. Esperando ser recogido a contrarreloj y, con suerte, poder escapar antes de que todo se viniera abajo. Era el momento decisivo.
La cueva se derrumba inevitablemente. Deberás tomar la decisión de si abandonar o conseguir el botín y sufrir las consecuencias. Para tu desgracia, la salida está en el lado opuesto y tus opciones son limitadas. Piensa y decide con cuidado.
Vitalidad: 374 - 145 = 229 – Energía: Sin gastos – Espíritu: Sin gastos
Si llegas a coger el cofre y no huyes inmediatamente del lugar alejándote lo suficiente, serás atacado una nueva bestia.
Sohem
Fuerza
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Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Otro golpe certero, un ligero resoplar por mi parte y el ritmo acelerado de mi corazón intentando proveer de más sangre a mis pulmones para rentar el esfuerzo extra que estaba realizando. Tenía que dejar de quejarme de hacer sobresfuerzos y ponerme a entrenar para cubrir mi falta de resistencia, porque estaba seguro de que esto me iba a jugar a la contra en un futuro... y si seguía así, en un futuro no muy distante. Pero ahora en el presente más inmediato, el éxito de mi improvisada y burda estrategia vino acompañado de un desmesurado error de cálculo: Si la cueva se venía abajo, el cofre que estaba en ella, también. Un éxito Emerec Mars, eres un genio.
Miré hacia el cofre, devolví la mirada al oso y una lluvia de rocas comenzó a asediarnos. Algunas comenzaron a impactarle en la espalda y otras en la cabeza, mientras caían frente a mi y a los costados, tuve poco tiempo para tomar una decisión. Mirando de nuevo hacia el cofre, no podía evitar pensar en por qué había venido hasta aquí. Ahora estaba en una cueva que se desmoronaba, después de pegarme mano a mano con un puto oso acorazado táctico y de previamente haber bateado a una serpiente con caparazón insistentemente. Y estaba ahí por un rumor. Un rumor de un poder. Un poder incierto en una cueva recóndita. ¿Un rumor era tan fuerte como para venir hasta el culo del mundo y hacer todo aquello? ¿Era el destino?
Sentía la sangre de mis venas rugiendo y ardiendo. La adrenalina se apoderaba de mi y mientras veía caer las rocas a cámara lenta, sin saber bien por qué, corrí.
Corrí blandiendo el kanabo sobre mi cabeza y en cruz frente a mi, tratando de golpear todos los escombros que pudieran caer sobre mi. Corrí como nunca había corrido, mirando fíjamente el cofre. Corrí sabiendo que quizá quedaría ahí sepultado por un cofre que podía contener desde un mapa del tesoro hasta las bragas de la querida de algún depravado. Corrí, sin saber por qué, como si fuera lo que toda la vida había deseado hacer. Corrí. Corrí y no miré a ningún otro lugar. No pensé en nadie más, no sentí nada más. Simplemente sabía que era lo que tenía que hacer.
A pocos metros del cofre me tiré sobre él, lanzándome para volar el resto del recorrido en el aire, apenas un metro quizá, pero para mi fue eterno, buscando impactar en el cofre para abrirlo mientras la cueva se seguía viniendo abajo, tratando de poder averiguar qué había dentro. Averiguar por qué iba a morir.
Si el cofre contiene una akuma no mi, la morderé en este mismo turno.
Corro hacia el cofre y lo abro.
Taka
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Con la caída de los escombros sobre vosotros, decides que es hora de salir de ahí y corres todo lo rápido que puedes a tu objetivo.
Durante la breve carrera, el tiempo pasó lento y tuviste la oportunidad de valorar tus decisiones. Desde luego lo que fuera que te había conducido aquí no era el azar. Quizá el destino o alguna fuerza superior era la causante de toda esta serie de acontecimientos. Quizá no había manera de evitar que los animales atacaran, la cueva se derrumbara y todo se viniera abajo. Casi como si todo fuera una historia mal contada por alguien que te tuviera como protagonista. Pero, en cualquier caso, lo que estaba claro es que lo habías logrado. Tenías el cofre. No solo esto, sino que gracias a la estructura de la cueva, con el techo abierto, el derrumbe parecía no afectarte en la zona circundante al cofre.
Muy cerca de él, te lanzaste a cogerlo, quizá presa del pánico, quizá de la curiosidad desmedida, y tras esto, abriste el cofre. El pequeño cofre de madera, adornado con engarces de hierro y sin ningún tipo de cierre aparente, seguramente porque no lo necesitaba por la seguridad que había en la cueva, se abrió de golpe sin esfuerzo.
Sin embargo, la sorpresa fue, cuanto menos, desastrosa. Dentro de éste había dos objetos y uno de ellos saltó como una centella a tu cara, algo que no tuviste tiempo a ver. Apenas una silueta abalanzándose que tornó tu visión en negro. Se trataba de un animal insectoide, con el mismo patrón de forma que la coraza del oso, y saltó directo a tu cara, abrazándola y apretándola con inmensa fuerza. Por suerte tu máscara te protegía de que esto te asfixiara, pero la presión en tu cabeza era terrible. Podías sentir la fuerza que el animal ejercía, intentando comprimir tu cabeza para estallarla.
Ahora, además del derrumbe que, parecía darte una tregua al estar justo debajo de la zona abierta, tenías el problema de la nueva bestia parasitaria. Ese cofre debía valer el peso de quien te envió ahí en oro.
Desvelo anterior Hide. Como tu acción tras conseguri el cofre no es huir, se efectúa mi acción. Tu último dilema. El animal que te ataca te apresa la cara y pese a que no te asfixia, pues la máscara está entre tu cara y el bicho. Sin embargo, este apresa toda tu cabeza con una fuerza antinatural y amenaza con romper tu cabeza. Dejo a tu elección si solucionarlo de manera narrativa o bélica.
Sohem
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C. de Akuma
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Cuando llegué frente al cofre pareciera que el destino quisiera jugarme una mala pasada de nuevo, pues al abrir el mismo un insecto extraño, lo suficientemente grande como para cubrir la superficie de mi rostro al completo. Era largo, feo, con muchas ramificaciones o brazos o tentáculos o lo que fuera. Se lanzó hacia mi y se aferró con fuerza a mi cara, comprimiendo sus extremidades contra mi rostro, apresándome con fuerza y furia. Di gracias al yo del pasado por haber decidido cubrirse con un casco y no con con una máscara... su dureza me estaba salvando de seguramente una asfixia considerable.
¿Y este era el tesoro? ¿Una trampa letal? Un oso táctico acorazado que custodiaba una cueva, que contenía un cofre, que albergaba un monstruo estrangulador letal cobijado en las sombras. No podía ser esto. Me negaba a asumir que fuera esto.
Llevé mis manos hacia mi casco por la parte de la mandíbula y lo saqué de mi cabeza, lanzándolo lejos, hacia la cueva por la parte donde se estaba derruyendo, buscando que las piedras acabasen por aplastar al monstruo y librarme de ese tormento final. Con ello, me libraba de aquel casco. Un compañero fiel que me había acompañado en distintas situaciones y aventuras a lo largo de mi vida y me había protegido de ojos indiscretos y chivatazos letales que me hubieran llevado de vuelta a aquel lugar pútrido y nauseabundo lleno de opulencia y lujo déspota. Un simple velo que no sólo protegía mi identidad, si no que también aguantó algún golpe certero contra mi herido y doliente rostro en más de una ocasión, y que ahora se sacrificaba finalmente en un último movimiento para terminar de salvarme la vida una última vez.
Si conseguía salir de ahí tendría que fabricarme o comprarme otro, pero por el momento tenía que conseguir salir de aquella cueva. Eché un vistazo hacia el cofre y su contenido y me apropié de él, buscando una salida de este imperio rocoso que se desmoronaba. No iba a permitir que me encontrasen muerto en una cueva derruida alejada de la mano de la civilización y devorado por un gusano con multiarticulaciones. Mi destino era ser mucho más grande y fuerte. Mi destino era convertirme en el hombre más fuerte del mundo y conseguir capturar al Rey de los Piratas, para poder demostrar que no había nadie más fuerte, y por tanto más libre que yo. Mi destino era salir de aquella cueva, y mis pies tenían que ayudarme a conseguirlo, fuera como fuese.
Si en el cofre hay una akuma no mi, la morderé en este mismo instante
Me quedo lo que haya dentro del cofre y trato de salir de la cueva.
Taka
Fuerza
Resistencia
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14-09-2023, 01:57 AM
(Última modificación: 14-09-2023, 02:28 AM por Taka.)
Presión, tensión y desesperación.
El horripilante animal tensó sus viscosas patas alrededor de tu cabeza con más fuerza. Incrustando poco a poco el casco sobre tu cabeza, empujando desde los pómulos y amenazando con impedir tu respiración. Incluso con el casco, la sensación de claustrofobia y agobio era extenuante. La respiración se desbocaba con cada fracción de segundo que el insecto amordazaba tu testa.
Finalmente, y ante quizá ninguna otra posibilidad, optaste por sacrificar momentáneamente lo que es más importante para ti: tu identidad. Pese a que era un lugar totalmente solitario, el hecho de quitarte el casco era algo que salía de tus planes. Tras agarrarlo y lanzarlo lejos, el animal, que pronto sintió que había sido separado de su presa o su posible huésped, se despegó del mismo, dejando una pequeña pero visible marca de su presión en el casco. Intentó arrastrarse hacia ti, pero parecía que su esperanza de vida era ínfima y había gastado sus energías en intentar adherirse a la última forma de vida que había podido encontrar. Quién sabe cuánto tiempo había pasado en el cofre, aletargado, esperando un huésped que parasitar para salir de allí. Poco a poco, tras unos centímetros reptando por el suelo, el animal cesó su movimiento y comenzó a abrirse desde el lugar que parecía su boca, como si una bolsa se desinflara, y dejó esparcir sus interiores sobre la cueva. Su vida había terminado tristemente, sin lograr su objetivo.
La cueva, por otro lado, seguía su proceso de derrumbe, pero poco a poco cesó. Tu posición en la zona de techo abierto te había protegido pero te daba una única salida: hacia arriba. Por suerte, los escombros del derrumbe creaban una escalera natural, inestable, pero útil para alcanzar la cima de la misma y poder ascender. Una vez fuera, observaste que la noche se había echado encima y que desde lo alto de la formación cavernosa, podías vislumbrar de nuevo las luces de lo que obviamente era el barco habías avistado desde el comienzo de tu aventura.
Era hora de volver a casa.
El casco, por mi parte, no es necesario que quede destruido, quedo a tu decisión si reemplazarlo para dar desarrollo a tu personaje o si recuperarlo antes de irte y arreglarlo. Dentro del cofre que tanto te ha costado conseguir hay ni más ni menos que una fruta del Diablo. Dado que lo único que podrías rolear desde aquí es como vas al barco y allí no te esperan personas hostiles, doy por hecho que la aventura está finalizada y pendiente de revisión.
14-09-2023, 02:12 PM
(Última modificación: 14-09-2023, 04:04 PM por Pandaman.)
Aventura Tier 3 Completada
Cita:Sohem Obtiene:
- 1 Punto de Atributo.
- 10 Mugiwaras.
- 40.000 berries.
- 40 Reputación (20+15 Simpatía natural y Fama +15% Bono Solitario)
- Contenido del cofre.
Cita:Taka Obtiene:
- 1 Punto de Atributo.
- 14 Mugiwaras.
- 60.000 berries.
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