[Aventura T4][P.R] Al fondo de la cicatriz [Eros & Jin]
#21
La insistencia de Cicatriz en convencer a Eros era, cuanto menos, agotador. Incluso alguien como él sabía cuándo había un “no” por delante. El caos no tardó en llegar, pero eso le hizo observar fijamente su alrededor. Esos hombres no movían un solo músculo si no era ordenado. Sus ojos se entrecerraron, viendo a la pobre mesera caer al suelo tras el disparo, la sangre salpicar su alrededor y el propio suelo formando un pequeño charco de sangre que, lentamente, comenzaba a incrementar su tamaño. Miró a la joven con naturalidad, sin alertarse en lo más mínimo. Situaciones como esas las había visto las veces suficientes para no sorprenderse de la actitud que había tomado Cicatriz.

Elevó su zurda, colocando sus dedos en el cigarrillo de entre sus labios, dando una larga calada a medida que parecía negociar con Eros. Ahora, sin embargo, la confianza hacia el Capitán de los Sepultura solo era mayor. Sin embargo, activó su habilidad en secreto, aquella que lograba analizar mejor su entorno, aquellas auras que podía ver con ellas en un radio de 10m. Por supuesto, retuvo la información sobre el “poder responder a Brandon Lee”. Eso solo significaba una cosa; lo necesitaban vivo. 

No quiso decir nada, solo fingiría desconocimiento, pero estaba seguro de que Eros no se iba a quedar de brazos cruzados por lo sucedido a la camarera y, por ello, elevó su diestra hacia su cintura izquierda, preparando su mano hacia la empuñadura de la katana.

Vio la inmovilización, el veloz y feroz movimiento del Capitán de los Sepultura. Estaba la espalda del sujeto al descubierto, y Eros tras ese muro de músculos. Apenas lo vio, desenvainó y, en un parpadeo, lo atacó directamente con las dos katanas, con su técnica de desenvaine, la cual ya había acudido en varias ocasiones, pero siendo la primera vez que realizaba dicha técnica con ambas manos. Apareció, de un momento a otro, detrás de cicatriz, pese a los doce metros que los separaban, siendo que pareció solo haber aparecido allí mismo. Evitó por completo en el momento del impacto darle al hombre topo y se había enfocado exclusivamente en impactar a Cicatriz en la espalda descubierta, haciendo que la ropa del mafioso terminara desgarrada por la zona de los cortes. Una de sus katanas se elevó, ahora tras la nuca de su calvicie, con la punta del arma apuntando directamente en su dirección, sin apartar la vista de él, manteniendo su Haki activo para ver si mantenía intenciones hostiles.

Cajita de Tabaco
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#22
Cicatriz creía que lo tenía todo bajo control. Se mostraba frente a Jin y a Eros como si fuera el dueño total de la situación y por eso mismo no se preocupaba de lo que le fuera a pasar a él mismo luego de haber ordenado, a sangre fría, dañar a la ex-mesera que tan amablemente había asistido a Eros. Primero como empleada de ese lugar y luego como persona agradecida por el gesto que el capitán de los Sepultura tuvo con ella antes. Cicatriz pensaba que con los piratas que tenía a su alrededor se bastaba para poder intimidar y coaccionar a aquellos dos... pronto se percataría de lo equivocado que había estado.

Incapaz de ver el ataque de Eros, Cicatriz fue apresado por el pirata, quien lo sostenía con fuerza y ahora le estaba impidiendo el poder respirar o hacer cualquier movimiento claro. Y por supuesto, esto hizo que los piratas se lo pensaran antes de acribillar al topo nuevamente con sus armas... y es que eran hombres a sueldo, no hombres leales. Si no estaba viva la persona que les pagaba, ¿Qué sentido tenía matar a alguien? Aunque era mejor no tentar a la suerte. Un montón de matones perdiendo dinero no era precisamente algo de lo que se podría salir hablando.

—Esta bien. Nos quedaremos quietos. Ni se les ocurra matar al jefe, idiotas. Podemos ponernos muy agr-

Y entonces vino Jin. El ataque del yakuza sobre Cicatriz fue bastante severo, quien no pudo defenderse en lo absoluto debido al agarre que estaba teniendo Eros sobre él. Las heridas que le infringiría el hombre del Goldreich a Cicatriz serían suficientes como para que Cicatriz quisiera desear estar muerto en ese instante. El dolor que sufría era intenso y no podía hacer nada al respecto... sentir que toda la situación se iba de su control lo aterraba más que ser lastimado en sí.

Podría decirse que el daño causado por Jin había sido suficiente como para que la tregua se rompiera. Los piratas no sabían exactamente qué hacer. Por un lado el daño había sido grande, Cicatriz ahora sangraba. Pero no había sido suficiente para que muriera como tal. Realmente dependía de lo que Eros hiciera ahora.

—¡Hijo de puta! Estás muerto, Onizuka Jin. ¡Como le hagan más daño al jefe, los vamos a cazar hasta el fin del mundo si hace falta!

Y con el giro de eventos, aún con el rehén vivo... o apenas... nuestros héroes tenían dos salidas. Una era usar a Cicatriz como escudo y salir por la puerta de adelante. La otra era salir por la puerta de atrás, que aún parecía estar libre. Quizás esta decisión sería más complicada de tomar si alguno hubiese decidido ayudar a la ex-mesera. Pero sin recibir atención alguna, la muchacha simplemente dejó de mostrar signos de resistencia al dolor y ahora estaba inmóvil sobre el charco de su propia sangre. No se veía siquiera el movimiento de la respiración en su pecho.

Al fondo de la cicatriz
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#23
La situación ahora estaba en las tornas del Sepulturero, atrapando al criminal de la mafia con el mismo agarre que en su momento había terminado con la vida de Uosan Sakana en los Cabos Gemelos, el abrazo de la muerte sometido por el poderío físico de una bestia serena. Analizó la situación, los asesinos estaban apostados en una situación estratégica, pero eran dos y tenían dos salidas. Entonces elucubró un plan de escape, en su cabeza certero.

› Di todo lo que sepas sobre la familia de Kiyoshi Maeda. Quien los mandó a matar. Donde está tu jefe. Hablar si quieres vivir con dos brazos, dos piernas, una polla y dos huevos o se fiel como un torso. No te preocupes, conozco un médico muy bueno capaz de asegurarse que tu vida se salve inclusive en esas condiciones para que disfrutes de unos lindos... ¿30 o 40 años más?

Era raro ver a Eros amenazando a alguien, pero lo cierto era que la situación hacía que pese a la inexpresividad en sus rasgos de terántopo Eros estaba más que harto de esa situación. El favor le estaba costando más caro de lo que esperaba, pero cualquier cosa que él pudiera hacer para acercar un poco más a Kiyoshi a su venganza hacía que las heridas que cubrían su cuerpo cubierto de balas, y cortes, valiesen la pena.

› Los piratas de la Sepultura somos hombres de palabra. Tendrán su pago, con o sin sus extremidades, y el vivirá contento. En caso de no pagarles podrán venir a decírmelo y con gusto me aseguraré que las condiciones de un trato noble se cumplan.

Con la cabeza le indicó a Jin que fuese por la puerta de atrás, haciendo un gesto con la mirada casi imperceptible mientras él se volteaba caminando en reversa para usar al calvo de escudo humano mientras se disponía a tomar una ruta de escape alternativa rodeando el bar para asegurarse no ser seguidos, o al menos, que tuviesen que dividirse. Sabía que teniendo al jefe priorizarían perseguirlo a él, y contaba con ello, despues de todo aunque no le gustase el prospecto tenía que proteger al yakuza ¿Pero quien lo protegía al yakuza de sus propias decisiones? Eso es algo que hablarían a futuro.

Lo lamentaba por la chica, y eventualmente volvería a darle un entierro como correspondía, pero ahora debían enfocarse en no seguir sumando fallecidos a la lista.

Ataud
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#24
La amenaza de los hombres no parecía frenar ni asustar al yakuza. Si no habían atacado ya a estas alturas, estaban teniendo ventaja. El humo del cigarrillo iba disminuyendo, del mismo modo que el consumo de este, objeto que no había sido apartado de sus labios en ningún momento. Elevó la zurda mientras el Sepulturero hablaba, para retirar el cigarrillo y apagarlo directamente en la barra del bar, sin importarle demasiado si dejaba o no una marca en la madera. La amenaza ni siquiera le sorprendió, perdió la cuenta de cuántas veces lo amenazaron de muerte hacía ya años. Solo observó de reojo a los hombres que parecían más afectados, con su Katana todavía en su diestra, sin apartarla de la nuca del mafioso que osó ignorarlo en primer lugar.

—No os recomiendo que sigáis con eso. Sabéis que su vida está en nuestras manos.

Su tono sonó firme, seguro, tono característico que utilizaba para esos varones que podían llegar a hacerlo temblar. ¿Lo harían también ellos? No era relevante. Sus ojos, sin embargo, exploraron ahora a Eros, quien pese a la falta de expresividad le sorprendió ver la verdadera amenaza en esas palabras. Descendió, eso sí, la mirada hacia la muchacha, quien había dejado de pelear por el dolor y ya se encontraba inmóvil en un charco de sangre. Al menos el dolor del maltrato no la iba a perseguir por más años, o el miedo a ser perseguida por la traición.

Elevó la mirada hacia el Sepulturero una vez más, ahora guardando sus armas en la vaina. No dejó de utilizar su visión de “ver sin ver”, manteniendo su Haki, ahora incrementándolo hasta 20m a su alrededor para no perder detalle de su entorno, solo para saber si existían más auras a su alrededor. No le agradaba la idea de dejar a Eros en solitario con Cicatriz, pero él lo tenía de rehén, y sin duda no era mala idea. Además, sus habilidades para ocultarse eran bastante buenas, podría distraerlos rápidamente. Al comprender el gesto y verlo alejarse en una dirección, en su caso volteó el camino al opuesto, yendo directamente hasta donde se encontraría la puerta trasera. Confiaba de todas formas en la habilidad del sepulturero, estaba seguro de que, con su fortaleza, podría salir y distraerlos rápidamente si alguien lo perseguía.

Sus pasos se aceleraban, mientras su Haki se mantenía activo. Sus pasos, pese a la velocidad, eran sorprendentemente sigilosos. Paseaba entre personas, se ocultaba entre algún que otro barril en el camino, mientras sus ojos parecían apreciar algunas auras a su alrededor, algunos más adentro, otros más cerca de él. No tardaría demasiado en llegar a la entrada principal, pero algo no iba bien. Su Haki ya le decía que no podía abrir esa maldita puerta sin consecuencias. Había gente, no podría confirmar si enemigos o solo personas que estaban allí, pero estaban demasiado juntos como para que solo fuera casualidad. 

Volteó la mirada, volviendo a mirar a su alrededor. Lo positivo de usar Haki era que no tenía que concentrarse tanto en ver a nadie, ya veía sus auras por todo su alrededor. Lo que buscaba ahora era otra vía, alguna ventana, algún techo, algo en lo que pudiera escabullirse sin ser visto fácilmente, un lugar por el que él pudiera moverse, al menos a una distancia suficiente como para, en caso de ser atacado, estar más prevenido que ellos y tener la ventaja del factor sorpresa.

Cajita de Tabaco
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#25
—¡Maldita sea! ¡Te recordaremos, Eros Focalor! ¡Por esto y por lo que le hiciste a nuestro capitán! ¡Más te vale que Cicatriz siga vivo y completo cuando lo encontremos!

Respondió quien parecía estar ahora al mando de los piratas. Era un hombre delgado y con una bandolera en la cabeza. Llevaba un rifle en sus manos y, a diferencia de Garfio o del propio Cicatriz, este se veía que no sería solo un personaje de relleno... aunque lo fuera. Quizás Eros Focalor y Onizuka Jin estaban consiguiendo más enemigos en el camino de poder solucionar el misterio tras la tragedia de los Maeda. Enemigos que podrían aparecer luego... o no. El futuro es incierto.

Mientras Jin salía por la puerta de atrás como se lo recomendaría el capitán de los Sepultura, Cicatriz hablaría mientras seguía estando bajo la custodia del pirata. Seguía sangrando y no se sentía con fuerzas de poder soltarse del agarre aún. Al escuchar lo que decía el hombre topo, realmente sintió terror. Cicatriz podría ser capaz de percibir cómo un frío sobrecogedor lo invadía desde sus entrañas y hacía que incluso el dolor de las heridas causadas por Jin un momento antes fueran insignificantes.

Quería hablar, quería decir lo que fuera que pudiera. Pero simplemente no podía. Seguía agarrado y seguía sufriendo por siquiera mantenerse consciente. A menos que el pirata le dejara respirar y hablar, no iba a poder soltar ninguna información ni aunque quisiera. Así que simplemente asintió bajo el agarre del pirata, entregándose como prisionero con dicha acción.

Por otro lado, Jin encontraría que, al otro lado de la puerta de salida del bar había un grupo de seis personas listo para atraparle. Desafortunadamente, no pudo encontrar otra salida alterna del lugar. Si Jin pensaba irse de allí, tendría que deshacerse de los hombres que estaban planeando impedirlo. Tenía una ventaja: Aún no sabían cuándo iría a salir el yakuza de allí. Esa era su oportunidad. La única. Las cosas no habían salido exactamente como lo habían planeado, pero podría decirse que el éxito recaía en que Eros lograra irse de allí junto con Cicatriz y que Onizuka Jin pudiera escapar a la emboscada en la salida trasera.

Al fondo de la cicatriz
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#26
Sus ojos siguieron analizando su entorno un poco más, pero no pudo ver nada más que solo paredes. Detrás de él no parecía que nadie lo hubiera seguido. Su Haki, todavía activo, podía visualizar mejor el otro lado de la pared. Varias auras de distintos colores y formas que en un inicio no se paró a contar, pero en ese momento sí comenzó a hacerlo. Uno, dos... Hasta seis personas en total. Sus auras no parecían ser tan amenazantes como los de Cicatriz y, tras aquel ataque combinado con Eros, tuvo confianza suficiente. No parecían haberse dado cuenta de su presencia, nada extraño teniendo en cuenta su gran habilidad de moverse silenciosamente.

Esa misma habilidad fue la que aprovechó para, en esta ocasión, desenvainar sus dos katanas una vez más, acercándose a la puerta y abriéndola de repente. Sabía dónde estaban posicionados, cómo estaban posicionados, su Haki de observación ya se había encargado de verlo todo en forma de aura de golpe. Además, sin el cigarrillo, no había humo que pudieran oler en él a esa distancia. Lo siguiente fue fugaz, una patada directa en la puerta, sus katanas, en ambas manos, moviéndose hábil y velozmente entre los hombres que acababa de tomar por sorpresa, sin darles oportunidad alguna de contraatacar. No sabía cómo se veían, tampoco qué tipo de armas usaban, su supervivencia en ese momento y el amor por el combate lo superaron. ¿Podría vencerlos a todos de golpe? Se encargaría de lograrlo en la medida de lo posible.

Jadeó una vez la última de las personas terminó de ceder a su lluvia de ataques, respirando con dificultad por unos segundos, solo para ver que, aparentemente, a su alrededor no había nadie todavía. Buscó, todavía con su Haki expandido en 20m. Podía ver la posición de Eros desde allí, reconocía al menos su aura de haberlo visto ya varias veces, al punto de aprender a reconocerla. 

—Bien, a moverse de nuevo.

Miró su alrededor de reojo, envainando sus armas y, una vez más, comenzó a moverse rápidamente, recurriendo una vez más al sigilo, evitando ser visto una vez más, acelerando sus pasos para ver si se encontraba de nuevo con el capitán de los Sepultura. Si se daba algún problema, ya encontrándose él en el exterior, quería encargarse de ayudarlo. No debía ser fácil moverse con un peso muerto como Cicatriz y, si había ataques sorpresa, al menos estaba preparado. Pero lo mejor era llevarse a ese hombre y sacarle toda la información posible.

Cajita de Tabaco
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#27
Al escuchar que lo insultaban Eros ladeó la cabeza hacia un costado, y despues hacia el otro deteniendo su huida para meditar por un momento ante las fuertes acusaciones.

› No digan groserías por favor, no saben si pueden herir mis sentimientos a futuro... Voy a volver a éste bar, y no lo haré solo, para darle un digno entierro a esa chica y a todos los que aquí hoy murieron. Cuando eso pase aceptaré manos dispuestas, y respecto a lo que dicen no se quien es ese Garfio que mencionan, pero si lo he injuriado de alguna manera díganle que me disculpe... ¡Ah! ¡Se refieren al señor con el garfio!

Por un momento la horda podría ver en el rostro de Eros genuina preocupación, angustia inclusive ¿Acaso él era el malo de la pelicula? Entonces recordó que cuando apenas había entrado al bar, alguien lo había desafiado a luchar y él respondió con un golpe rápido ¡Así que él era el capitán de las hordas! Con sus 127 puntos de inteligencia, Eros suspiró finalmente relajándose aunque sin soltar el agarre. A decir verdad, despues un primer momento el objetivo era dejar inconsciente a Cicatríz antes de abandonar el perímetro solamente por la facilidad que le suponía transportar a las personas como costales de verduras sobre el hombro.

› Me alivia que cooperes, gracias de veras. Cuando todo esto termine serás libre para seguir cosechando consecuencias para las acciones que tomas

Le dijo en un tono bajo, perceptible solamente para ellos dos al rehén que llevaba consigo por las calles de Jaya quizás tan lentamente antes de usar toda su fuerza para emprender un salto en dirección a los muelles, abrazando el cuerpo del calvo contra sí. Esperaba que Jin fuese consciente que de perderlos de vista, la Black Widow sería el mejor lugar para encontrarse, pero primero debía tomar distancia de la taberna y los hombres de Cicatriz.

Ataud
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#28
Los hombres tras la puerta se sorprendieron cuando vieron a Jin salir con sus dos espadas desenvainadas. Les habían ordenado estar preparados para cualquier cosa, pero no esperaban a que aquél hombre saliera listo para el combate, y peor aún, atacándolos a ellos en primer lugar. Desprevenidos como estaban, no tuvieron oportunidad contra el implacable ataque de Onizuka Jin. La pelea, si es que podía llamársele así, duró más bien poco. Y con esto, el yakuza podría empezar a dar sus primeros pasos con una victoria entre las manos; tan solo restaba reunirse con su piratesco aliado.

Mientras tanto, para el lado de Eros, los piratas continuaron aguantando las ganas de atacar. Tenían una oportunidad mínima de quedarse sin paga, no la iban a perder solo por ceder a las provocaciones inintencionadas del capitán de los Sepultura. Así pues, no dijeron nada y el camino para que Eros pudiera salir del bar quedó despejado.

Como era de esperarse, Cicatriz quedaría inconsciente, quedando por completo a merced del pirata que lo había tomado como rehén mientras salía de aquél bar en el que antes había entrado con un aire prepotente y creyendo que tenía la victoria asegurada. Había cometido suficientes errores para que todo aquello resultara de la manera en que ha terminado y solo Eros o Jin podían llegar a imaginar lo que le iba a suceder a aquél matón venido a más.

El bar quedaba, entonces, sin su dueño, con una cuota de fallecidos dentro y en completo silencio. Se rumorea que luego de los eventos que allí tuvieron lugar, un tiempo después, el establecimiento volvería a abrir. Con otro nombre, claro. Pero con la misma forma de operación y como si nada hubiese pasado allí. Al fin y al cabo, sucesos como este no eran realmente extraños en Jaya. Era un estanque de tiburones donde unos se comían a otros, y siempre llegaba alguien nuevo para llegar el agujero que dejara uno que fuera eliminado.

Cicatriz, por otro lado, probaría contar valiosa información sobre Brandon Lee y sus planes. Sus socios y muchos otros objetivos que tenía para congraciarse con alguien llamado Raigo. Así mismo, Eros conseguiría arrebatarle datos de vital importancia para los planes de su compañero de tripulación, Kiyoshi Maeda. Cicatriz había aportado dinero en el pasado que llevó a que el buen doctor hoy no pudiera contar con su familia; pagando a diferentes asesinos y sicarios. Eros lograría obtener la ubicación de los registros que el jefe de aquél bar tenía al respecto, con nombres y ubicaciones... quedaría en los Sepultura y Onizuka Jin decidir luego el destino de aquél hombre, quien nunca reveló otro nombre para sí mismo más allá de lo que lo hacía reconocible: Cicatriz.

Al fondo de la cicatriz
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#29
Cuando sintió el cuerpo del maleante perdiendo fuerza, fue que Eros lo subió sobre su hombro deteniendo su transformación para finalmente escupir sangre en suelo y toser pronunciadamente. Ahora que nadie más lo veía podía admitir que estaba herido, que le dolía y que necesitaba atención médica de manera mucho más apremiante que el bandido que traía consigo. De todas maneras, no tenía tiempo que perder primero vaciándole los bolsillos al yakuza para entonces quitarle los pantalones, y atarlos alrededor de sus brazos para que, al despertar, estuviese correctamente maniatado.

Entonces tomó su Den Den Mushi, para llamar a Kiyoshi, pero reparó en que se había olvidado el numero de Den Den de Kiyoshi, Uker y Varo. Rascó su nuca pensativo, suspiró, guardo nuevamente su dispositivo de comunicación y asintió con la cabeza.

› Nada que hacer pues, ya le daré la noticia contigo allí. Seguro que tiene más de una cosita que preguntarte... ¡Creo que me he ganado la atención médica y no tendrá derecho a enojarse conmigo! ¿Tú qué dices? Ah, cierto, estás inconsciente...

Para amordazarlo le puso sus calcetines en la boca, y finalmente se lo cargó nuevamente sobre el hombro saltando de techo en techo por las calles de Jaya sin reparar en quien lo veía, o quien lo seguía, pues nunca fue el más discreto en lo que a sigilo se refería en dirección al muelle donde esperaba su barco.

Una vez llegó a la cubierta principal de la Black Widow, arrastró el cuerpo del matón a través de los pasillos de la carabela para sentarlo en una silla donde lo ató con sogas. El método preferido de Eros para interrogar era tortura clásica, los detalles eran quizás muy gráficos para ser relatados de buenas a primeras pero involucraban mucho de sus conocimientos como tanatopractor. La diferencia era que solía trabajar con muertos, no con vivos, pero de salir mal al menos ya estaban listos para el entierro.

Y así nuevamente se demostraba que los tipos más peligrosos, eran los tipos buenos con un buen motivo para hacer el mal.

Ataud
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#30
Ese topo... Veía cómo se alejaba con Cicatriz y, por supuesto, él mismo tenía también interés en la información que fuera a proporcionar. No era solo que tuvieran que hablar de los Maeda, eran las ubicaciones, los nombres... Y el nombre que conocía tan bien como su antiguo jefe, quien se había quedado algo más atrás; Raigo. Por ello, siguió a Eros, quien no parecía ser el hombre más discreto, hasta encontrarse cerca de él y alcanzar, a su lado, el Black Widow. Necesitó un poco de aire, sus heridas no es que estuvieran en las mejores condiciones especialmente. Eso sí, el detalle no se le pasó por alto. El tic nació nuevamente en su ceja cuando vio al mafioso en calzoncillos, y con... un pequeño flashback que no tardó en reconocer. Sin duda, ahora no quería saber en absoluto dónde se encontraban esos viejos patalones.

—En serio, tienes un fetiche demasiado extraño... Tú y los pantalones...

Sin embargo siguió adelante, ayudando a Eros a mover el cuerpo inconsciente de Cicatriz. ¿Se encontraría el resto de la tripulación Sepulturera en el barco? Eso era algo que ya vería más adelante. Esperaba que Kiyoshi no lo odiara demasiado por haber involucrado a Eros en aquello que se había terminado dando. De paso, sin contar los pantalones, una vez inconsciente, aprovechó para retirar el abrigo del mafioso llamado Cicatriz, dando la vuelta al mismo y contempló, rebuscando en el interior, algún tipo de cosa que tuviera oculta. Alguna nota, algún recordatorio, lo que fuera.

El nombre de Raigo fue a parar de los labios de Cicatriz, eso era algo que ni el sepulturero, ni su contratista conocían y, al menos por el momento, no planeaba en absoluto mencionar sobre el tema, a menos que fuera estrictamente necesario. Por fortuna, lo que más peso tenía en ese momento era el evento con la familia Maeda, y con ello disfrutaría con mucho gusto la tortura que podría venirle encima. Quiso participar en ella, ser parte de ella, pero conociéndose, lo mejor era no dar motivos para que sus pantalones también desaparecieran esa noche.

Memorizó los lugares, los nombres... De hecho, aparecían más nombres de lo que él mismo esperaba, lugares más adelante, islas a las que todavía no había llegado a viajar. La importancia de esa información era de lo más satisfactoria. Un trabajo realizado con éxito. ¿Los Berries? No le importaban en absoluto, eso, a cambio de su alianza y la ayuda del topo, prefirió dejárselos a él y el resto de su tripulación. Se marcharía más tarde, eso sí, con una silenciosa victoria esa noche, victoria que esperaba mantener más adelante a medida que su historia siguiera desarrollándose. 

Cajita de Tabaco
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