[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#61
Se alegró de sobremanera, quizá sin mucho sentido, cuando Tocho Morocho pasó completamente desapercibido, casi como un tripulante más. Y es que, después de todo, ¿qué tenía de malo? El Goldstar estaba acostumbrado a ser uno más con la naturaleza y sentirse simplemente otra pieza del mundo, sin nada relevante que lo diferencia del resto de seres sintientes. Eso sí, entendía la mayor responsabilidad que les cabía a ellos como seres pensantes, y era un ideal que compartía con sus recientes compañeros, a quienes había caracterizado como unos pintorescos jóvenes idealistas y entusiasmados con apoyarse para lograr sus objetivos.

— Bingo. — se relamió los labios, vanidoso, mientras observaba a su caballo amigo y elevaba las cejas, sonriéndose. Avanzó hasta un punto, e hizo caso a Ryota sin abandonarlo. Era su amigo y cuasi parte de la tripulación, después de todo, y no quería alejarse de él. Además, tenía parte de su equipaje en las bolsas que colgaban del equino, así que no era bueno dejar rienda suelta a cualquier carterista. Después de todo, sabía que el ferry estaba lleno de piratas y maleantes, y lo confirmó aún más cuando las alarmas sonaron y, entre ellos, el nombre de Barald Kane se oyó.

Primero, Wyatt se quedó pensando un segundo, pero las miradas de todos los Hanu Mahana se posaron en el espadachín, así que él lo identificó de inmediato —. Te felicito, compañero. Eres tan memorable que ellos hasta se acuerdan de tu nombre. Qué tiernos, ¿no? — comentó con un deje de ironía, pero no continuó mucho tiempo con el tono de chiste. Estaba demasiado confiado en el grupo, así que sus sensores de alerta no se activaron con todo el revuelo que los marines hacían. Ahora, lejos de ellos ya que estaban en altamar zarpando, sería difícil que los cables del rubio se cruzaran.

Sólo deseaba que ningún idiota uniformado quisiera tomarse muy enserio lo de apresar a Barald o a quien sea que estuviese en el ferry de letras de oro.

Lo que sí le hizo saltar las alarmas, ponerse alerta, acelerar el flujo sanguíneo, casi parar el corazón y sobresaltarse, dejándolo con un gesto de total estupefacción, fue el acercamiento repentino de Yuuki. Ni tan repentino, en realidad —. Yo... Eh, ¡¿eee-eehg?! — echó un poco su rostro hacia atrás, ahora enrojecido inevitablemente por la subida de temperatura y su pulso movido. Pero al sentir el beso en la frente, soltó un suspiro que lo relajó. Creía que la había hecho enfadar con lo de rosada, pero la birkiniana parecía ser mucho más amigable y amorosa de lo que parecía. No sólo lo entendió, sino que no preguntó NADA. Se hizo del papel y, un poco tembloroso, leyó su nombre —. Gracias, Yuuki. No hacía falta, ahora no siento que haya sido un regalo, de hecho. — había vuelto un poco a la normalidad. Al sentir que ella no estaba enfadada, pudo relajarse y supo que no sembraría mala onda entre el grupo —. Fue un intercambio... Pero sigo debiéndote, no fue equivalente. Esa pluma ni es tanta cosa. Sobre tu regalo... — se calló. No dijo más y se dio la vuelta, sonriendo casi por primera vez en lo que llevaban de día.

¡POR FIN! Fuera de la gran ciudad se sentía un poco más relajado. Amarró a Tocho Morocho en la cubierta, allí en medio, cerca de ellos, en un poste que daba a altamar desde donde su amigo podría tener buenas vistas y la fresca del salado viento marítimo dándole en sus narices. "Fufufufufu", casi como la risa de Runin, podría escucharse del castaño amigo de cuatro patas. Wyatt se volteó, alejándose apenas del cuarteto que se tomaba de los brazos para encaminarse al buffet, no sin antes mirar como empezaban a alejarse de tierra firme —. Fue corto y para nada agradable, pero quizá la nostalgia nos haga recordar Batter & Ya como una bonita isla, ¿no creen?

Siguió las indicaciones y, finalmente, llegaron a la zona del buffet. No sabía que tan lujoso sería, pero Wyatt hizo lo que mejor sabía hacer: seguir sus instintos y sentidos, como si fuese un animal. Entrecerró los ojos y siguió un rastro olfativo, hasta que, casi catastróficamente, chocó con una mesa donde, en primera plana, se topó con una bandeja de quesos finamente distribuídos en dados y fetas enrolladas —. Hmm... — ni miró a su alrededor. Se limitó a empezar a tomar, uno por uno, los diferentes tipos de queso, y a degustarlos sin parar. Eran sabores que ni siquiera había probado en Sorbet, de hecho, así que empezaba a darse cuenta que, desde temprano, el viaje al Grand Line valdría la pena.

Por más de que hubiese marines, sí... Y aún habiendo tenido que soportar unos días ajetreados en la tumultuosa Baterilla.

Bitácora de las estrellas
#62
 

Tenía algo que siempre le devolvía los pies a la tierra rozando la yema de sus dedos, algo por lo que morir pero también algo por lo que vivir, aun sintiendo un pesar manejaba sus emociones como hombre que era, hoy sonreía por todo el camino que había llevado hasta ahora. Era un muchacho guiado por el camino del acero, con la mente alejada de cualquier nubarrón que quisiera atormentarle, lista para tomar las decisiones más difíciles. Mientras subía por aquella rampa observaba el mar, no hacía demasiado que había disfrutado de un tranquilo viaje ¿sería este igual? Los Hanu Mahana habían abordado el ferri listos para divertirse una vez más aprovechando un viaje gratis hasta cabos gemelos. Escuchó la campana que daba por comenzaba la travesía y acompañando el movimiento del barco, partieron hacía su nuevo destino, el New Era Joy Park. 

Aun mantenía esa buena cara en el rostro; la nueva banda pirata del mar del sur de la que tantas historias contarían se había unido al completo. Caminaba hacía una de las barandillas cuando la megafonía de toda la isla ponía en situación a todo el mundo ¿un comunicado oficial? Barald ni si quiera se inmutó al escuchar su nombre. Ahora sabía algo interesante respecto a la gente que venía en este barco, esto estaba repleto de criminales y ahora, la justicia uniformada los perseguiría - ¿Todos quieren avanzar eh? - Habló consigo mismo, le gustaba la idea de que este barco estuviera lleno de "criminales" ciertamente, embarcar en un ferri directo a los cabos gemelos era acercarse al Grand Line y seamos sinceros ¿que pirata que no sueñe un poco no quiere acercarse al Grand Line? todos querían avanzar en esta nueva aventura. 

Cardan se arremolinaba en su pecho y Barald sin decir palabra alguna simplemente devolvía el trato a su tripulación, esa a la cual sería incapaz de traicionar nunca; así era la lealtad de un hombre recto, convencido de que para quebrar su voluntad tendrían que acabar con su vida. Paso el brazo sobre el hombro de su capitán sonriendo, si su hermano era el escudo el sería su espada, hoy mañana y siempre. Se giro para mostrarle una sonrisa a Yuuki, al igual que a Runin que ahora después de abrazarlo le acomodaba la camiseta, siempre tenía detalles muy cercanos. 

Incluso el chico de oro le dejó unas palabras, Barald lo miro detenidamente con la mano extendida al frente ¿es que este tipo tenía poses para todo? le guiño un ojo en señal de agradecimiento. - Dahhahahaha, el viaje gratis tan solo nos costó decir nuestros nombres ¿creen que nos escondemos? -  No le importaba lo más mínimo ser reconocido o ser perseguido por la justicia y aunque ahora pongan una recompensa por su cabeza y crean tener algo de información sobre el, hay cosas que nadie sabe, ni si quiera aquellos que todo lo ven. - Solo os digo, si toca huir me pido ir en Tocho Morocho, sabéis que correr no es lo mio - Dijo llevándose la mano a la cabeza, sonriendole a todos.

Se alejo un poco de sus compañeros tras aquello cuando empezaron a hablar del buffet, dejando ir a Cardan que se desenrollaba de su cuerpo y empezaba a reptar por el suelo. Barald quedó viendo las vistas de todos los barcos que salían de las costas del puerto, encendió un cigarrillo para disfrutar las vistas, exhaló una bocanada de humo y retiro el cigarrillo de su boca, dejando el mismo entre sus dedos, no quería desaprovechar la oportunidad de ver aquello. Ahora que era un enemigo público y buscado dejando Baterilla. Montado en aquel ferri cambió su expresión risueña mostrada anteriormente. Ahora que tenía una recompensa por su cabeza, muchos serían los que podrían intentar cobrarla, lejos de sentirse asustado mostró decisión en sus ojos - ¿Queréis encerrarme hijos de puta? - Hablaba consigo mismo en alto disfrutando de aquel momento, lo grabaría en su memoria.

[Imagen: 30iRUWA.jpeg]
- Tendréis que matarme. -

Dedicó aquellas palabras a sus perseguidores a pesar de que no pudieran escucharle, tras aquello lanzo el cigarrillo al mar y decidió seguir con su tripulación dispuesto a llenarse el estomago antes de que empezaran las piñas ¿quien quiere pelear con el estomago vacío? quedando junto al chico de oro - No se donde coño esta el buffet, pero no pienso pagar una mierda ¿me entiendes? - Esta era la historia de la nueva generación del mar del sur; las cartas de la baraja aun no se habían repartido y todos estaban ansiosos por saber cuales eran pero no olviden que, incluso con una simple pareja de doses se podía ganar la partida. 


Off
[Imagen: FIRMA.jpg]
#63
Silencio perturbador. En algunos momentos, fracciones de segundo o simplemente un espacio mental todo puede callarse antes de que un suceso importante suceda, antes que algo esté a punto de estallar como si fuera el preludio del caos. Todos estos aspectos son cosas que, de alguna forma u otra, Sanemi ha visto en algún momento de su vida, que las cosas pueden salirse de control de un momento a otro, fino, cortante. Su experiencia y la de Dharma, les ha enseñado a pensar lo más sensatamente posible así las cosas comiencen a caerse por pedazos, así sus emociones y corazón griten que deben plantarse y destruir todo.

Sanemi se plantó tal cual navegante. Su miradaba estaba centrada en su camino, mientras observaba como el resto también estaban atentos a sus tareas. Su única misión es navegar con Buda lo más seguro posible y llegar hasta su destino completos. Su honor como navegante, si existe algo parecido, estaba a prueba. Sus grises se mostraban emocionados, mientras que la sonrisa no desaparecía de su rostro, cualquiera de Rakshasa comprendería que sus emociones están a flor de piel. Buda comenzaba a alejarse y meterse a altamar mezclándose con otro -Oe... oe... Gahahaha ¿Eso se supone que es un tipo de advertencia? -Respecto al escuchar al nombre de quien lidera la tripulación. Esto no lograba hacer otra cosa más que agitar su corazón, pero era su mente quien le traía la calma y su respiración le daba esa pausa que necesitaba para no estancarse.

Mimetizarse sería clave. Entre tantos barcos de diferentes tamaño, colores, banderas y un etc de características similares, el camuflarse no debería ser tan difícil. Y así, el navegante peliblanco comenzó a moverse entre ellos sin chocarlos, manteniendo una velocidad acorder para quedar lo suficientemente cubierto sin que pareciera una huída desesperada sino más bien un movimiento natural y prudente. Hasta ahora, la forma en como Dharma se ha ganado su nombre, han sido, por lo general, en solitario sin portar la Jolly Rogger o haciendo uso de Buda. Entendía que comenzarían a buscar más un rostro que un barco.

Sin pronunciar palabras el trabajo comenzaba a hacerse. Después de todo alguien tiene que ser la voz de mando y, lo que se planteaba, era lo más sensato. El medirse frente a fuerzas de las cuales no tenían idea no es siempre buena idea.

Off Rol
#64
Mizuki tuvo que dejar de sonreír cuando fue atacada injustamente por su querida compañera Skypean, un temible acto de traición a la mujer de escamada piel ocre pues se sentía en paz y confianza junto a aquellas personas, pero la primera en juzgarla había sido nada más ni nada menos que Seraphine que le había pedido por escrito que no iniciara ningún combate -Podría haber sido una pelea, pero creo que prefiero hacerle otra cosa a ese tipo…-- pensó para sus adentros la oji azul dejando que sus compañeros que era solo una sonrisa con espíritu de batalla y no una más lasciva. -De acuerdo Seraphine, por ti me portaré bien.- dijo sonriéndole de forma gentil antes de volver a cambiar de tema -Ya quiero ver ese parque de diversiones ¡Sha sha sha!- dijo riendo tranquilamente hasta que algo perturbó el ambiente de mala manera, un anuncio nada agradable de escuchar para la atigrada mujer.
 
El ambiente festivo y alegre que se había podido disfrutar hasta aquel momento lentamente comenzó a desvanecerse una vez que cierto anuncio desagradable se dio a lo largo y ancho de barco pues no fueron pocas las personas que escucharon el anuncio que se dio en el muelle, por no mencionar que incluso con una descripción general era obvio que uno de los individuos sobresalientes estaba… bastante visiblemente en una de las embarcaciones, específicamente la del New Era estaba albergando gente “non grata” para el gobierno mundial. Mizuki estaba sonriendo de forma menos feroz, había dejado de mostrar los dientes y de salivarse, pero rápidamente su compañero, cierto gigante de color cerúleo comenzaba a hablarle intentando ¿Calmarla? ¿Evitar que se emocionara demasiado? ¿Qué planeara algo loco? -No te preocupes Kazan, se cuándo ser una dama y a menos de que me invite a bailar, no planeo cortejarlo.- bromeo la gyojin mientras dedicaba una mirada preocupada a la compañera de cabello bicolor.
 
Varias personas del barco que habían mirado a Kazan ahora estaban mirando también a la Gyojin por razones… entendibles, una mujer de más de dos metros treinta cargando en su espalda un espadón y un rifle, guanteletes en las manos y punteras en los pies, grilletes adornando de forma terrible las muñecas de aquella mujer delatándola como una ex convicta o una ex esclava, siendo eso último algo no tan visto ni aceptado generalmente, así que probablemente más de una persona pensaría que ella era una de los piratas que habían abordado la embarcación, a la rubia aquella idea no le molestaba en lo más mínimo así que lo dejó pasar para enfocarse en su pálida amiga.
 
Off
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
#65
La alarma por megafonía, emitida, al parecer, desde los mismo cuarteles de la Marina, había comenzado a resquebrajar una fina película de hielo que muchos de los presentes en Baterilla en aquel día señalado ni siquiera habían percibido aún. Una delgada capa de hielo sobre la que todos habían caminado hasta el momento, con mayor o menor delicadeza, y cuya superficie helada había empezado a agrietarse en el instante en que el ferry del New Era había soltado amarras y había empezado a alejarse, a paso lento pero seguro, del puerto de la isla de Baterilla, con rumbo a los Cabos Gemelos y, quién sabe, más allá. A medida que se alejaba de la costa, el ferry iba adquiriendo velocidad, llevado por las corrientes del mar, sus velas infladas por la brisa. Al mismo tiempo, barcos de diverso pelaje salían tras él, tomando velocidad conforme se distanciaban del puerto.







A bordo del ferry, como en toda la isla que abandonaban, se sucedían las reacciones a la alarma que había retumbado hacía apenas unos instantes; algunos reaccionaron con temor, otros con emoción, y otros con estupor, pero no pareció dejar indiferente a nadie. Los miembros de la tripulación iban de arriba a abajo, trasladando órdenes e instrucciones y hablando apresuradamente entre ellos. Se hablaba de órdenes contradictorias. Aparentemente se aproximaba un cambio de planes. Los atolondrados marines, en su mayoría más rápidos a la hora de socializar sosegada y distendidamente que a la de embarcar adecuadamente en sus navíos, y más preocupados por mostrarse debidamente acicalados y listos para un divertidísimo día en el parque que por la misión encomendada, se apresuraban finalmente a embarcar y soltar amarras, afanándose en remar primero y soltar velas después. Entre ellos, algunas voces se alzaban con autoridad, tomando el mando bajo la situación de tensión, o intentándolo. En el puerto, el viejo comandante supervisaba toda la operación, cruzado de brazos, negando con la cabeza y chasqueando la lengua con desaprobación, suspirando. Años de trabajo en el cuerpo, sin embargo, lo habían acostumbrado al estado de irreflexión y atarugamiento continuo del habitualmente hacían gala los reclutas más jóvenes, y tampoco podía decirse que aquello lo hubiese pillado completamente desprevenido. El calor continuaba siendo abrasador y pegajoso, la brisa marina continuaba siendo agradable y refrescante en su salazón, pero algo parecía cambiar en el ambiente. Tal vez fuese una impresión, o tal vez fuese un desapercibido cambio en las corrientes oceánicas, pero el ánimo de algunos empezaba a cambiar.

Bajo la atenta mirada del comandante, así como de los habitantes de Baterilla lo suficientemente curiosos como para quedarse por la zona aun después del aviso por megafonía efectuado por la Marina y saber que había maleantes de renombre por la zona, la tan inesperada como improvisada procesión de navíos se alejaba ya de la isla, rumbo a nuevas orillas, y apenas era ya visible en el horizonte. El tiempo parecía estar cambiando, el viento empezaba a arreciar, y lo que antes había sido apenas una pequeña brisa marina, a duras penas suficiente para refrescar a los más acalorados, cobraba ahora la suficiente fuerza como para empujar las velas de los barcos, como si el destino mismo pretendiese moverlos, como piezas, sobre el tablero de aquella aventura. La partida había comenzado. Los cielos, hasta entonces casi completamente despejados a excepción del ocasional jirón de nube desperdigado aquí o allá, empezaban a encapotarse en el horizonte. A bordo del ferry del New Era, todo transcurría con normalidad, o casi. La tripulación parecía ajetreada, más de lo que uno esperaría de un viaje de aquellas características. Los pasajeros podían percibir que ocurría algo, aunque era difícil discernir el qué. Habían pasado ya varias horas de navegación, y el cielo, ya visiblemente más nublado que cuando salieron, empezaba a teñirse de un leve tono rojizo cuando un aviso por megafonía resonó en la cubierta:


Estimados clientes y asistentes a la inauguración del New Era Joy Park,
Lamentamos comunicarles que, por motivos meteorológicos, y para garantizar la seguridad del trayecto,
haremos una breve parada en Kutsukku, donde podremos hacer acopio de algunas piezas y efectuar una rápida reparación
antes de continuar con nuestro trayecto.
El viaje proseguirá con normalidad una vez hayamos hecho una parada de taller.
Rogamos disculpen las molestias, ¡muy pronto podrán disfrutar de lo mejor de nuestros servicios!

Al mismo tiempo, aquellos con las suficientes dotes náuticas podrían percibir que, en efecto, el enorme ferry había comenzado a corregir ligeramente su rumbo, algo que pillaría desprevenido a los barcos que, cortando el oleaje, seguían el rastro de espuma que el enorme navío dejaba sobre las aguas. La caravana, compuesta por el ferry del New Era a la cabeza, y seguida de cerca por el majestuoso Buda, por el Tempestad y por uno de los barcos de rigor de la Marina, variaba su rumbo de forma desconcertante para hacer una pequeña parada antes de continuar su trayecto. Tal vez fuese por la forma en que parecía avecinarse una tormenta en más sentidos que el estrictamente metafórico, o por una decisión improvisada a raíz del inesperado anuncio de la Marina, pero el destino había decidido jugar en aquel instante una carta que nadie hubiese imaginado, y cuando el crupier reparte, los jugadores no pueden más que aferrarse a sus convicciones, sus sueños y sus esperanzas.




Resumen

Información importante
#66
¡Yohohoho! ¡Todos a bordo! La siguiente fase del evento tiene lugar aquí.


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: