16-07-2024, 06:12 PM
(Última modificación: 16-07-2024, 08:36 PM por Gideon De Villiers.)
Reino Sakura - Día 48 de Primavera, Año 13
Hacía ya varias semanas que no salía a entrenar ella sola. Gideon necesitaba un poco de intimidad a la hora de preparar nuevos ataques o simplemente cometer errores. Tener público nunca había sido algo que le agradase y mucho menos cuando se trataba de entrenar con su katana. Lo poco que le había enseñado su padre había servido para valerse por sí misma los primeros meses en solitario. Con la llegada a su vida de nuevos amigos se habían quedado cortos y, aunque desde hacía un tiempo se veía bastante preparada para defenderles, no era suficiente. Nunca era suficiente mientras quedara algo de miedo en su pecho. Por lo tanto, tendría que entrenar hasta el fin de sus días, pues era muy consciente de que esa sensación no desaparecería de su interior.
Evolucionar era sobrevivir y eso era lo más valioso que tenía en un mundo como aquel.
El último entrenamiento que recordaba como satisfactorio y del cual había aprendido mucho, era el combate contra Ryze. La marine le había ayudado muchísimo con sus críticas constructivas. Había comprendido cuales eran sus puntos débiles y lo solucionó entrenando nuevos ataques. Ahora que estaban en Drum, y no habían encontrado aún a algún pirata al que capturar, era el momento de entrenar.
Por lo que, aquella mañana decidió recorrer el reino y llegar hasta la ladera de la Drum Rockies, la cual estaba plagada de vegetación, algunos cerezos sueltos y otras plantas que contrastaban con la nieve de la parte alta de la montaña. Encontró una zona donde podía situarse y practicar con su espada, un claro de unos 10 metros de diámetro. Gideon dejó su abrigo junto a un tronco cercano y se remangó la camisa, aquel día llevaba el pelo suelto, pero para entrenar prefería recogérselo, así que se hizo un pequeño moño a la altura del cogote y se colocó para desenvainar su katana.
Sus entrenamientos empezaban siempre igual, se colocaba la katana dividiéndole la cara en dos y empezaba con los cortes sencillos que le había enseñado su padre. Cada vez se veían más elegantes y tajantes, no había duda en el balanceo del arma, eran cortes limpios en el aire. A esto le seguían giros sobre si mismo empuñando la espada, controlándola perfectamente para que el corte fuese siempre a la misma altura. Esta forma de atacar era la que más le había costado hasta la fecha. Girar sobre sí misma y controlar que todo estuviese balanceado no era tarea fácil y, aunque ya la tenía dominada, si algo la desconcentraba podría salir mal.
Al finalizar uno de los giros escuchó ruidos venir desde los árboles que tenía delante suya. Podía escuchar el crujir de las ramas caídas y si se concentraba podía reconocer que era alguien corriendo, las pisadas sonaban contra la nieve. Se puso en posición defensiva y agradeció no haber traído aquel día a Omi, Suna se había empeñado en intentar acicalarlo y Gideon por tal de no discutir con la rubia le dejó con ella. Lo que había sido una buena idea, pues a los pocos segundos vio como llegaba un pequeña chica corriendo y sollozando. Las lágrimas le caían desconsoladamente por toda la cara, su pelo rosa estaba todo despeinado y al llegar al claro tropezó con una raíz de uno de los árboles y cayó ante Gideon.
La skypiean envainó la katana y fue hasta la niña.
— ¿E-estás b-bien? —la timidez hacía mella en ella, pero en una situación como esta tenía que actuar rápido. El tic de sus ojos apareció inmediatamente al ver a la chica levantar la vista y hacer contacto directo con la mirada aterrada de la pequeña.
— M-me persiguen… —no era capaz de decir mucho más, estaba asfixiada de tanto correr.
Gideon se fijó un poco más y se dio cuenta de que la chica tenía las ropas rasgadas, le faltaba una manga del vestido largo que llevaba y la parte de abajo de este también estaba desgarrada. Aquello pintaba fatal, tenía que actuar rápido, porque seguramente se encontraría con quien la estaba persiguiendo. Cogió su abrigo y se lo echó por encima a la chica.
— V-vale, quédate ahí detrás —le tendió su abrigo para que se tapara del frío—, te prometo que no te pasará nada —se levantó y se puso en posición para proteger a aquella chica.
De entre los árboles por los que había salido la chica, se escuchaba un jadeo, de un hombre.Éste salió de la vegetación con la respiración entrecortada y una mirada aterradora. Iba vestido con una camisa azul y unos pantalones negros, todo muy sucio y tenía arañazos en la cara, que Gideon supuso que se los habría causado la muchacha. Pintaba fatal.
Con su arma preparada la skypiean miró concentrada en sus movimientos al hombre.
— ¿Tú quién cojones eres? ¿Y qué haces con Arisu? —el hombre tenía una voz grave y sonora. Retumbaba entre aquellos árboles que les rodeaban.
— S-soy Gideon De Villiers y e-esta chica ha venido buscando ayuda, no s-soy quién para negársela… —dijo entre tartamudeos, los menos posibles, intentó no mirar a los ojos de aquel hombre, pues si no era incapaz de dirigirse a él siquiera. — Pidgeon o como sea, metete en tus asuntos… no es más que una niñata y hay que enseñarles cómo se trata a un hombre en condiciones. Es mía, quiera o no.
La skypiean no se dejaba enfurecer por simples palabras vacías, pero lo que sí que le hervía la sangre era ver a un energúmeno tratar así a una pobre chica. Así que no necesitaba ni una sola palabra más. Se fijó y vio que el hombre llevaba una especie de porra de madera atada al cinturón de sus pantalones llenos de suciedad. Además de capullo era un cerdo.
— Illo, s-se lo voy a decir sólo una vez, la chica no quiere tener nada que ver con u-usted, así que dejemos la fiesta en paz… —Gideon podía notar sus parpadeos excesivamente rápidos y las ganas de pegarle un par de espadazos al imbécil ese.
El hombre tenía dos opciones, la primera era ser inteligente y alejarse de allí; la segunda, la que obviamente escogió, era la de seguir siendo un idiota y acercarse aún más a Gideon, la cual seguía en posición defensiva.
— Mira, métete en tus asuntos y déjanos a la chica y a mi a lo nuestro —escupió el hombre.
— Por favor Gideon no dejes que se acerque… —sollozaba la chica detrás de ella, se había quedado con su nombre.
Sin mediar ni una palabra más, giro con rapidez su espada para asestarle un golpe en el costado con la parte sin filo. Tampoco quería empezar a derramar sangre, quizás con un par de golpes lograba que se marchase.
Sin embargo, el hombre era de armas tomar, así que agarró la porra e intentó asestar un golpe a Gideon, el cual la skypiean pudo esquivar por los pelos. Aún con el arma girada, volvió a dar un golpe, ahora hacia sus piernas, consiguió tambalear un poco al hombre, pero era demasiado pesado.
— ¿Qué pasa? ¿No te atreves a cortarme? Menuda espadachina de pacotilla…
A Gideon no le afectaban los comentarios de sus rivales, le parecían meros discursos estúpidos. Ya había tenido que escuchar mucha mierda en sus primeros años de vida. La gente nunca había sido tolerante con ella y, llegados a este punto de la vida, poca cosa podía dañarla.
El hombre seguía intentando golpear con la porra a la skypiean, y esta había conseguido alejarse varios metros de la chica. Por fin su enemigo pudo asestarle un golpe en el brazo izquierdo, dolía, pero no era suficiente como para paralizarla. Se recolocó e intentó no pensar en el dolor que recorría desde su codo hasta su hombro.
Aquel individuo no iba a marcharse, así que giró con rapidez la espada, atacaría con el filo de su katana. No le había quedado más remedio. Así que sin pensarlo dos veces, dirigió un corte hacia la pierna derecha de su enemigo. Salía sangre, pero el hombre no pareció molestarse demasiado.
— Ishhh —siseó—. ¿Es eso lo único que tienes?
Continuó balanceando su porra hasta que en uno de esos golpes al aire, el hombre consiguió lanzar la Blockbuster volando y que esta cayera un par de metros hacia la derecha. Gideon no tenía arma y no es que fuese una gran luchadora a puños, así que instintivamente puso sus manos hacia él, como queriendo pararle y pensó en que necesitaba algo para espantarlo. Cualquier cosa. Entonces como por arte de magia apareció frente a sus manos una presencia extraña, algo que no había visto nunca. Sus ojos se abrieron como platos al ver lo que era realmente. Se trataba de un fantasma, tenía una sonrisa burlona y dos puntos negros como ojos, como dos agujeros negros.
En cuanto el hombre se fijó en lo que veía lanzó un grito.
— No, no, no puede ser… —Repetía una y otra vez esas palabras y salió corriendo sin decir nada más.
Gideon no entendía absolutamente nada, pero el pequeño fantasma se quedó a su lado, parecía casi como otra mascota más. En cuanto se relajó, fue a por su katana y se acercó a la chica, el fantasma le seguía de cerca.
— ¿Eso lo has hecho tú? —le preguntaba la chica señalando al pequeño fantasma.
— Pues no tengo ni la más remota idea, estoy igual de sorprendida que tú… pero parece que le caigo bien —Gideon pensó en su fruta, ¿era eso quizás el poder que le había otorgado? Si era así, definitivamente lo usaría para una de sus películas, era lo más guay que podía usar en una película de terror. Tendría un fantasma de verdad.
— Es guay —dijo la chica mientras se levantaba—. Gracias por ayudarme, ha sido muy valiente por tu parte.
— Bueno, como debe ser… me dedico a cazar piratas —la skypiean envainó su katana y se sacó un cigarrillo, que rápidamente encendió y empezó a fumar. El fantasma se posó, aunque no notaba peso alguno por supuesto, en su hombro—. ¿Cómo te llamas? —las palabras salían con algo menos de preocupación, la adrenalina del combate le hacía hablar con más rapidez.
— Arisu. De veras muchas gracias, ¿podría pedirte un favor?
La curiosidad podía con ella, así que asintió sin pensárselo y exhaló el humo con tranquilidad. Luego le contaría todo aquello a sus amigos.
— Enséñame a empuñar una espada, necesito poder defenderme.
La idea no era mala, desde luego, pero si la chica no tenía espada propia iba a ser un poco estúpido. Lo pensó un poco, calada tras calada, quizás no le vendría mal tampoco ella misma.
— Vale, pero ¿tienes una espada?
— Sí, bueno no es mía, pero mi padre tiene una en casa y si me enseñas me haré con ella.
Quizás era una locura enseñarle a aquella chavala cómo usar un arma, pero después de haber cómo la había perseguido aquel espécimen era lo mínimo que podía hacer por ella.
— P-perfecto, lo mejor es que practiques con esa misma… así que si te parece bien, n-nos podemos ver aquí mañana —Arisu no parecía muy convencida, así que Gideon añadió—. Bueno, aún no es tarde, podemos ir a por ella y te enseño un par de cosas…
Arisu asintió con una sonrisa y cogió de la mano a Gideon, arrastrándola por las calles hasta llegar a una pequeña casa con un jardín lleno de pequeñas florecitas blancas. Era como ver a Arisu en miniatura. La skypiean esperó fuera mientras escuchaba el murmullo dentro de la casa de la chica, el fantasma había desaparecido con el recorrido, y una vez Arisu salió se dirigieron al mismo punto en el que se había conocido.
La skypiean estaba ahora motivada con las clases, le enseñó a cogerla adecuadamente, a ella le había costado bastante hacerse al peso de la katana. No era fácil manejarla y que todo estuviese balanceado a la hora de asestar un tajo. Arisu lo pilló rápido y siguieron con los movimientos sencillos que le había enseñado su padre. Con esto había sobrevivido meses, así que era suficiente para lidiar con un par de imbéciles. Arisu empuñaba la espada con una sonrisa, se notaba que disfrutaba y se lo contagió a Gideon. Era la primera vez que le enseñaba algo así a una persona y era una sensación muy bonita. Drum le estaba dando muchas experiencias que recordar.
Ya estaba anocheciendo, así que era hora de terminar y, muy a pesar de Gideon, se despidieron con un pequeño abrazo y una promesa de que la visitaría en el pequeño bar que regentaba su padre al día siguiente. La skypiean hizo el camino de vuelta a la posada con una sonrisa y el humo de compañeros. Aquella noche les contaría a sus amigos lo que había sido capaz de hacer o creía ser capaz de hacer y al día siguiente visitarían los cuatro a Arisu.
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AKUMA
