[Auto T3] Soltar lastre
#1
Quería recordar.
Las noches que estábamos pasando en la costa de Báltigo estaban siendo tan infructuosas como sus días. El clima primaveral que predominaba en la zona poco a poco se iba volviendo a uno un poco más estival y conforme pasaban los días las temperaturas se incrementaban a lo largo de este haciendo que poco a poco se volviera menos soportable si es que eso era posible deambular por aquel rocoso peñasco al que llamaban isla. Durante este tiempo habíamos tenido el privilegio de poder disfrutar de una distancia de tranquila en la que podíamos entrenar y reposar de nuestras heridas a la vez que aprendíamos nuevas habilidades para continuar nuestro camino. Sin embargo aquella pesadilla que me acechaba desde los juegos de el emperador de la isla del cielo seguía como una incógnita para mí. Sentía la necesidad de averiguar a quien pertenecía la voz que escuchaba en mis sueños pero por otra parte y no entendía cómo podía tener algo real en mi cabeza que no recordaba.

Sobre la cubierta del barco y con los antebrazos apoyados en la baranda del Parabellum oteaba la costa. Ni siquiera yo con mi aguda vista era capaz de atisbar algo más que no fueran rocas. Rocaje vivo que se extendía por toda la zona que nuestra visión alcanzaba. Sin embargo, y con el sol comenzando a caer cerca del horizonte, pensé que no sería un mal momento para repasar algunas notas y planificar nuevas estrategias. El nuevo periódico anunciaba el comienzo del Levely y, con este, todas las familias de nobles mundiales se darían encuentro para debatir temas de los que los meros mortales estábamos ajenos. Junto a esta noticia se incorporaba a otra justo debajo en la que se mencionaba un programa de investigación que no comprendía muy bien. Sin embargo parecía tener bastante importancia. Estaba claro que el gobierno mundial estaba invirtiendo muchos billetes en desarrollo tecnológico.

— El mundo no volverá a ser el mismo... — leía mientras me acercaba a una de las sillas que habíamos ubicado en las cenas ella es hora de la cubierta sí y me sentaba recostándome todo lo posible y colocando los pies sobre la baranda del barco volviendo a centrar mi vista en el periódico. Parece ser que el mundo estaba volviéndose loco por momentos pues desde unos cuantos periódicos hasta aquí parecía que todo eran peleas y trifulcas en todos lados. Por un lado los piratas de Carmine Strong y los de Aknam Ghalas habían iniciado una guerra abierta en la isla de Chika, y aunque no había mucha más información parecía que la pelea había sido seria. Tal parecía que todos los piratas y gremios se estaban movilizando por todos lados y yo desde el barco solo podía lamentarme por nuestra pasividad. Habíamos venido aquí a cazar presas poderosas pero por alguna razón siempre se escapaban de nuestro alcance.

Cambiando de tercio totalmente la siguiente noticia trataba sobre un revolucionario que había saltado la isla de Water Seven. Parece ser que todo el foco se lo llevan los piratas pero los revolucionarios no dejan de ser una interesante si merecen la pena y valen lo suficiente. — El dinero es dinero... — mascullé con tono desganado mientras bajaba al final del periódico para descubrir las últimas noticias sobre un atentado y una plaga que tampoco me interesaban demasiado. Acto seguido fue el periódico y lo dejé sobre la mesa que utilizábamos para comer en un equipo. Te cagas esto me crucé de brazos y me quedé mirando al sol. Este bajaba de manera impasible e inexorable hacia el horizonte, te va a ser que ya había ocultado la mitad su cuerpo. Eché mano hacia el interior de mi chaqueta buscando mi libro y lo abrí por las últimas páginas buscando algún hueco en blanco para, acto seguido, comenzar a dibujar con lápiz de forma tosca un rostro de mujer. Ni siquiera sabía si era un recuerdo o mi imaginación además de que mis dotes como pintor eran prácticamente nulas pero sentía que quería desahogarlo por esa vía. Sin embargo y pasado unos minutos me quedé mirando mis trazos inestables y el rostro que intentaba recordar pero no podía. La frustración se apoderó de mí hasta el punto en el que emborroné el rostro dibujado hasta volverlo totalmente y reconocible. Cerré el libro con un golpe y lo lancé hacia la mesa para después hacer lo mismo con el lápiz que aterrizó un poco más lejos y rodó hasta caer al suelo por el otro lado. Gruñí molesto por aquello y me levanté con resignación para acercarme rodeando la mesa y apartar una silla que me impedía cogerlo. Tras dejarlo esta vez con más cuidado en la mesa volvía a mirar al horizonte. — ¿Y si tú eres el sol y yo soy la luna? — cuestionaba al aire como si aquella voz femenina que me llamaba en sueños pudiera escucharme — Quizá no podemos encontrarnos jamás. — sentencie entendiendo que quizás jamás supiera de esos sueños y asumí que lo mejor era soltar la cuerda que me estrangulaba los dedos y me impedía avanzar.

Abandoné la cubierta y me dirigí hacia los camarotes. El Parabellum tenía suficientes habitáculos para albergar a más pasajeros de los que acostumbrábamos a portar, además de la posibilidad de crear zonas especializadas para distintas áreas. Paré en una de las habitaciones libres e imaginé una biblioteca. Sus estanterías repletas de conocimiento y anotaciones. Incontables armarios abarrotados de los hallazgos y recopilaciones de datos que hiciéramos durante nuestros viajes. Podría funcionar como una base de datos donde se almacenara todo lo que descubriéramos. Cuánto conocimiento podríamos llegar a conservar y utilizar a nuestro favor… Por otra parte, también podríamos hacer de esto una forja. Mis nuevas habilidades como artesano no paraban de mejorar y eventualmente sería capaz de realizar mortales obras de arte que pudieran desafiar a nuevos enemigos. Para ello, una zona acondicionada sería lo idea. Un horno a carbón que me permitiera calentar los metales a las temperaturas adecuadas, un yunque y herramientas apropiadas para la tarea facilitarían la labor y me permitirían mejorar mucho más. Aunque por otra parte, seguramente mis compañeros también quisieran realizar las adaptaciones pertinentes para que sus habilidades tuvieran un lugar en el barco. Y esa era otra, era posible que el barco no pudiera admitir todas las mejoras que necesitábamos y tuviéramos que prescindir de todo aquello que se escapara de nuestro abanico económico o espacial.

Soplé con resignación mientras continuaba por el pasillo hasta la bodega de carga, descendiendo hasta la parte más baja del barco. Los víveres habían mermado considerablemente después de casi una estación en Báltigo y apenas habíamos podido reponernos. Por suerte, todavía había suficiente para aguantar una temporada y el hecho de tener a Chloe facilitaba mucho las cosas, dada su eficiencia en la cocina. Si fuera por el jefe o por mi, comeríamos todos los días la misma mierda y estaríamos terriblemente malnutridos. Fui abriendo los baúles, barriles y cajas una a una para comprobar el estado de los víveres y asegurarme de que ninguno de ellos se estuviera pudriendo y de esa manera echara a perder lo demás. Uno de los pequeños baúles con carne parecía no estar tan fresco como acostumbraba por lo que decidí cogerlo para llevárselo a Chloe. Antes de subir a la cocina, donde seguramente estuviera mi compañera, si no era revisando su arma de fuego, aproveché para revisar el casco del barco por el interior. Yo no era experto en el tema, pero un agujero lo podía identificar cualquier idiota con dos ojos, y si era el caso, tendríamos que poner manos a la obra. Por suerte para el gremio, el Parabellum era un velero robusto que aguantaba la mar de bien cualquier inclemencia y más en manos de nuestro experto navegante y jefe del gremio, que hacía brillar aquel navío en cualquier corriente.

Volví a subir las escaleras en dirección a la cocina y entré entablando conversación con mi compañera. — Oye esto se va a echar a per… der. — dije cortando mi frase pues me descubrí solo ante el lugar al que llamábamos cocina, que no dejaba de ser algo rudimentario y básico para poder procesar los alimentos que nos llevábamos a la boca. Suspiré profundamente pues, si no estaba allí, debía estar practicando con su rifle pero no escuchaba los sonidos clásicos del arma en cuestión, lo que me hacía pensar que estaba procrastinando. Decidí dejar el enorme trozo de carne en la zona donde cocinaba para que lo viera y pudiera decidir ella misma si lo desechábamos o si lo consumiríamos y tras esto volví a cubierta. El jefe no parecía estar por ninguna parte tampoco y eso me convertía automáticamente en la única guardia del Parabellum, así que decidí tomármelo con calma. La carencia de luz comenzó a hacerse presente, por lo que procedí a encender algunas de las lámparas del navío para que al menos algo de iluminación guiara nuestros pasos en lo que era nuestra casa. Tras esto, cogí una de ellas y la llevé a la mesa donde dejé mi libro y me senté de nuevo mirando el sol, que ya se había ocultado prácticamente por el horizonte. Mirando hacia la isla, apenas se podía vislumbrar nada en el peñón desolado salvo un pequeño halo de luz. Quizá mas por la suerte de mi perceptiva vista era que podía atisbar aquel sitio y, quizá fuera buena idea investigar qué era realmente esa edificación extraña que estaba más que claro albergaba gente.

Sin mucho más que hacer dado que mis compañeros se encontraban realizando alguna tarea que los hacía ausentarse del Parabellum decidí que era momento de tirarse a leer en la cama y finalizar un aburrido día más en la costa de Baltigo. Cogí el lápiz, el libro y apague la lámpara de un soplido para dirigirme hacia mi camarote, no obstante, antes de eso pase por la cocina para coger una manzana que comencé a morder en ese mismo mome to de camino a la habitación. Una vez allí me quité el abrigo, dejándolo solo que una silla, y las botas, que dejé a la entrada al lado de la puerta. Me tumbé en la cama apoyando a mi espalda en el respaldo de la misma y terminé de comerme la manzana mientras reía viejos pasajes del libro. Finalmente y pasada una media hora más decidí que era el momento de dormir por lo que procedía tumbarme y colocar el libro sobre mi cara a modo de antifaz para que la poca luz que pudiera filtrarse desde la ventana no me molestara, por la esperanza de que esta noche mis sueños me dieran aunque fuera un ataquegua y pudiera descansar sin sobresaltos. El barco estaba en calma gracias a que el oleaje era muy liviano y eso facilitaba mucho la tarea de desconexión mental.

Quizá fue algo meramente psicológico y el hecho de aceptar que es posible que las pesadillas que estaba teniendo con la extraña voz que me llamaba eran simplemente un producto de mi imaginación. O quizá no lo era, pero no podía descubrirlo en ese paraje desolado de piedra, y la única opción verdaderamente inteligente era dejarlo pasar hasta en la oportunidad pusiera por delante descubrir la verdad sobre ello. Quizá gracias a eso esta fue la primera noche desde que abandonamos la isla del cielo que pude dormir con tranquilidad. Cuando amaneció los primeros rayos de sol comenzaron a filtrarse y golpear de manera indirecta en mi habitación haciendo que me despertara. Me levanté de la cama y me puse las botas para automáticamente salir hacia la cocina. Alguien había hecho café y todavía estaba caliente por lo que decidí echarme una taza y salir a cubierta. El tiempo era bueno y la temperatura agradable aunque seguía manteniéndose esa sensación de calor que anunciaba que el verano estaba cerca. La sensación de paz que me otorgaba el agradable clima de la estación sumado al aroma del café y una buena noche de descanso me hacían sentir en paz y calma por primera vez en mucho tiempo.  Supongo que al final todo era una simple cuestión de soltar. Soltar lastre.

resumen

Karmas
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#2
Aventura Tier 3 Autonarrada Completada
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