18-09-2024, 09:00 PM
Día 54 del año 13, Otoño - 5:04 p.m.
Grand Line - Corriente Rakusei - Isla de Arabasta - Desierto
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- Huh.... huh... Q-que tragedia... ¿C-cómo es posible que haga tanto calor..?- Se quejaba un sofocado Kevin, preso del parpadeo excesivo de su párpado izquierdo, mientras se aireaba el cuello de su túnica y caminaba a través del desierto bajo los radiantes y abrasadores rayos solares que emitía el astro rey.- E-es una pena que no pueda llevar aquí un traje en condiciones c-como a mi me gusta...- Comentó, mientras descendía su mirada hacia sus ropajes, consistentes en una larga túnica, de color azul marino con patrones a rayas de color blanco, que cubría todo su cuerpo. A pesar de no llevar ni sus habituales camisas y chaquetas, la necesidad de Kevin de portar una corbata era superior a el, llevando, en este caso, una que, a penas se veía, de color naranja. Para rematar su estrafalaria indumentaria, en lo alto de su cabeza llevaba puesto un turbante de un tono más claro de azul que su túnica con el propósito de ayudarle a combatir el calor.- P-pero no me queda de otra... T-tengo que hacer caso a la advertencia de Ryze y d-dejar de lado los trajes cuando haga mucho calor...- Suspiró, acordándose de la tontatta, mirando seguidamente hacia el despejado cielo.- ¿C-cómo estará? H-hace mucho tiempo que no hablo con ella...- Se detuvo, por unos instantes, pensando en lo que echaba de menos a la pequeña marine. Esperaba de corazón que le fuera bien y que logrará conectar de verdad con sus compañeros.- T-tengo que llamarla por Den Den...- Volvió a dirigir su mirada hacia el frente.- P-pero ahora a trabajar...- Dijo con moderada decisión, para proseguir su caminata hacia su objetivo.
Aquel día, el joven oficinista, como todas las mañanas, salió del lugar dónde se estaban hospedando con el propósito de ganar algo de dinero que, desgraciadamente, hacía mucha falta y escaseaba. El negocio de ser cazarrecompensas, honestamente, no estaba saliendo tan bien como uno podría esperarse. Ya no es que no fueran lo suficientemente fuertes como para ir tras cierto pirata, criminal o banda, es que ni siquiera eran capaces de toparse con ninguno. Simplemente eran una panda de desgraciados como cazadores. Era por eso que el joven Fojobs debía suplir esa falta de ingresos con pequeñas tareas que le pudieran encomendar los distintos habitantes del poblado. En esta ocasión, una mujer de mediana edad pedía entregar una medicina a un asentamiento que se encontraba en las profundidades del árido desierto. No es que la señora diera muchos detalles de para que serviría o para que era necesaria, pero al final el trabajo era trabajo, y aún más cuando estaba remunerado. Junto a los medicamentos, aquella mujer otorgó a Kevin un desgastado mapa para ayudarlo a la hora de encontrar dicho asentamiento. Bastante práctico el mapa, ciertamente pues, si no, a saber como iba a llegar el oficinista de una sola pieza a su destino.
Y de esta manera es como nuestro querido y simpático amigo había llegado a emprender su travesía. Podría llevar perfectamente alrededor de una hora caminando por la suave y ardiente arena del desierto, esquivando como podía cualquier encontronazo con los depredadores de dicho ecosistema y, sobre todo, de esos temibles artrópodos con aguijón venenoso y pinzas denominados como "escorpiones"... ¿El veneno? ¡Ni hablar! El mayor terror que le producía a Kevin esas criaturas eran esas patas articuladas que amenazaban por escalar tu cuerpo. De sólo pensarlo...- A-ay... ¡Q-quita! ¡Quita!- Hablaba para nadie el pluriempleado, mientras sentía un escalofrío en su espalda. Al cabo del tiempo, al horizonte, comenzaría otear, detrás de unas kilométricas dunas una hilera de humo ascendiendo hasta la atmósfera.- ¿S-será una hoguera?- Se preguntaba Kevin a la par que sacaba el mapa que le había proporcionada aquella señora, observando con detenimiento el contenido del mismo, y comparando su recorrido y situación geográfica con la del trozo de papel.- S-si no he cometido ningún error...- Comentó mientras analizaba detenidamente su ubicación, dirigiendo ahora su mirada hacia la columna de humo.- N-no cabe duda... ¡Ese tiene que ser el asentamiento de-del que me había hablado esa sim-simpática señorita!- Exclamó con entusiasmo, volviendo a guardar el trozo de papel con información topográfica para volver a emprender su caminata hacia la humareda aunque para ello, primero, debía subir por aquella infinita duna que amenazaba con acabar con la poca energía que le quedaba.- Va-vamos, Kevin, un último esfuerzo...- Se animó después de tragar saliva.
Después de un arduo esfuerzo físico, consiguió llegar al punto más álgido del monte arenoso pudiendo divisar el pequeño campamento que había allí montado.- Hala...- Expresó genuinamente ante la belleza de aquel pequeño páramo. Rodeado por una cordillera de dunas, el asentamiento poseía un total de 7 tiendas de campaña dispersas en ese recóndito lugar. A pesar de estar en el desierto, lo que dotaba de belleza a ese lugar, era el pequeño oasis que había en la zona más sureste del asentamiento, lugar dónde, a pesar de que Kevin no podía distinguirlos debido a la lejanía, poseían un establo con varios camellos que, probablemente, usarían como medio de transporte para desplazarse hacia poblaciones y ciudades vecinas.- V-vale... Si no recuerdo mal tenía que b-buscar a un tal Avdol...- Dijo pensativo, llevando su mano derecha a su mentón.- B-bueno, ahora con c-cuidado vamos a bajar...- Musitó el oficinista, prestando sumo cuidado al inestable terreno que se extendía bajo sus pies, sin mucho éxito pues, dio una primera y mala pisada, que hizo que se precipitara hacia abajo y descendiera rodando hacia el pequeño poblado.- ¡QWE TWAGWEDIAA!- Gritó, preso de los nervios ante la movida situación en la que se encontraba ahora mismo.
Agónicos momentos después en los que Kevin deseaba morirse mientras rodaba duna abajo, terminó de llegar al asentamiento rodando, cayendo al suelo de espaldas y con las piernas por encima.-Bwuaaaaaaaahh- Escupió toda la arena que se le había introducido en la boca durante la bajada, poniéndose a cuatro patas y mirando hacia el suelo. Una vez no quedaba ni un grano de arena, su cara se tornó de color blanco, llegando a hinchar sus mofletes a la par que sus pupilas se volvían del mismo color que su tez.- BWWWWWWEEEEEEEHHH- Esta vez, vomitó, debido a las náuseas y mareo de estar rodando durante un tiempo considerable.- Ey, ¿estás bien, joven?- Sonó una grave voz que provenía del frente, alzando Kevin su cabeza, con el rostro empapado en vómito, que hizo a la presencia que le había llamado poner una mueca de asco.- P-perdón... Me hallo... M-me hallo co-completamente desubicado...- Intento decir el joven Fojobs entre arcadas, deteniéndose en apreciar el aspecto del hombre que le había venido a hablar. Rondaría entre los treinta y cuarenta años y, con su piel morena, presentaba unos rasgos bastante varoniles, llegando fácilmente a los dos metros, destacando la esbeltez y musculatura de su cuerpo que era imposible de ocultar a pesar de llevar una túnica roja. Llevaba puesto un pañuelo de color blanco en la frente de su cabeza, que separaba su cara de su pelo castaño, recogido en pequeños moños, dejando caer a sus espaldas una pequeñas y largas trenzas. No pudo evitar percatarse en uno de sus accesorios, su collar, consistente en varias placas circulares de oro unidas entre sí que le rodeaba su cuello.- Espera, joven, ven, te llevaré hasta mi tienda de campaña para que puedas descansar.- Dijo el hombre, de la forma más hospitalaria posible, llevando el brazo izquierdo de Kevin por encima de sus hombros, ayudando de esta forma al pluriempleado a caminar.- Gr-gracias...- Agradeció la amabilidad por el gesto del desconocido hombre.
No tardaron demasiado en llegar al humilde hogar de ese señor siendo el interior de la tienda de campaña mucho más amplio y acogedor de lo que uno podía imaginar. Sentó en una silla a Kevin y, seguidamente, sacó un tarro lleno de una sustancia blanquecina.- Toma, es leche de camella, te ayudará a recuperar energías y fuerzas.- Ofreció, extendiéndole el bote con su diestra.- ¿L-leche de camello?... ¡G-gracias!- Aceptó la bebida láctea del amable hombre tras dudar del contenido del tarro.- Dime, ¿qué te trae a nuestro humilde campamento? No todos los días se ve a un hombre enfrentándose a las inclemencias del desierto.- Preguntó, al mismo tiempo que Kevin se tomaba la leche.- ¡Q-qué rica!- Pensó tras darle un primer sorbo a la bebida rica en calcio, dejándole un manchurrón blanco por encima del labio superior.- ¡E-es verdad! P-pues verás, venía a hacer un recado...- Comenzó a rebuscar entre sus ropajes, hasta sacar una bolsa en la cuál se encontraban los medicamentos proporcionados.- B-buscaba a un tal Av-Avdol para darle estas m-medicinas de parte de la s-señorita Nyaban... ¿S-sabes dónde puedo encontrarle?- Informó y preguntó el pluriempleado a su salvador.- ¿Avdol? Heh, lo tienes aquí mismo.- Se señaló a sí mismo, haciendo que Kevin abriera los ojos como platos mientras seguía dándole a la leche.- Es-espera, ¿tú eres Mohammed Avdol?- Preguntó exageradamente sobresaltado.
- YES... ¡I AM! -
Exclamó de forma aún más dramática Avdol, señalándose a sí mismo, primero, con el pulgar de su diestra para luego, descender dicha mano de forma súbita hasta dejar su brazo derecho lo más extendido posible. Un silencio incómodo invadió la escena, llegando este a prolongarse alrededor de 5 segundos.- Ah... Y-ya veo... - Rompió el silencio, extendiendo entonces la bolsa con medicinas.- A-aquí tiene entonces, s-señor Avdol...- Terminó por ofrecer lo que buscaba el señor, aceptándolo este con seriedad.- Gracias, joven.- Dejó la bolsa en la mesa para, acto seguido, introducir su mano en uno de sus bolsillos y sacar un pequeño saco.- Aquí tienes lo debido, 15.000 berries por las molestias.- Recompensó Mohammed al oficinista, cogiendo este el saquito entre sus ropajes.- G-gracias señor Avdol...- Se levantó del asiento, y comenzó a dirigirse hacia la salida de la tienda.- G-gracias por su hospitalidad y por la leche de ca-camella, ¡estaba deliciosa! S-si necesitáis en algún otro momento q-que vuelva con más medicina preguntaré a la s-señorita Nyaban.-
Y fue justo cuando iba a salir al exterior, que un conjunto de gritos y chillidos de pavor y auxilio comenzaron a resonar, alarmando instantáneamente tanto a Kevin como a Avdol que salieron de inmediato de allí para ver que estaba pasando encontrarse de cara dos tiendas ardiendo, a la par que, varios residentes del campamento eran perseguidos por unos hombres armados con sables y vestidos por completo con túnicas y turbantes de color negro, dejando solo ver la zona de sus ojos.- ¿P-pero qué?- Preguntó exaltado Kevin al no esperarse encontrarse una escena tan violenta como aquella.- Bandidos del desierto...- Musitó Avdol, quién apretaba los puños con firmeza y se lanzaba a defender a su gente sin pensárselo dos veces.- Déjamelos a mi, joven, tú vete, ¡ya tienes el dinero!- Exclamó a la par que iba al campo de batalla, empezando a enzarzarse a puñetazos contra uno de los asaltantes.- N-no puedo dejar que os ataquen de esta manera...- Pensaba con decisión, al mismo tiempo que se llevaba ambas manos a su cintura, dónde residían sus dos martillos... O al menos debía pues, cuando tenía las dos manos ahí, no tocó nada.- D-den Den Mushis.. M-me los he dejado en la p-posada...- Susurró, más calmado de lo que cabría esperar.- ¡Q-QUÉ DESASTRE! ¡Q-QUÉ HAGO AHORA!- Se dejó apresar por el miedo vociferando a los cuatro vientos su pequeña desgracia, y llevándose las manos a la cabeza.
Mientras Kevin tenía este pequeño ataque de pánico, Avdol junto a otros miembros del asentamiento, empezaban a presentar múltiples heridas, que si bien eran leves, se iban a acumulando, dificultándole cada vez más la batalla.- M-mecachis... Los bandidos le duplican en número... S-si al menos pudiera ayudarlos a todos...- Meditó, tembloroso, intentando analizar el campo de batalla y que podía aportar para ayudar a esa pobre gente y a Avdol, a quién le debía su hospitalidad. En ese momento, vislumbró una caja de dos metros de alto, que se hallaba casi en el centro del belicoso área.- E-eso es...- Expresó, dirigiéndose sin pensárselo hacia allí, al mismo tiempo que se llevaba su diestra a la corbata que llevaba puesta, quitándosela del cuello y agarrándola de la mano. Sin llamar la atención de los bandidos, que estaba puesta en saquear lo máximo posible el asentamiento, Kevin logró subirse a dicha caja, poniendo en pie y alzando su brazo derecho hacia el cielo, con la corbata ondeando .- A-ALDEANOS, ¡N-NO PODÉIS PERMITIR QUE ESTOS BANDIDOS S-SE SALGAN CON LA SUYA!- Empezó a gritar, causando que todas las miradas se desviaran hacia él.- ¡¿V-VAIS A DEJAR QUE OS R-ROBEN TODOS VUESTRO ESFUERZO!?- Siguió con su pequeño discurso.- Joven...- Musitó Avdol. Mientras tanto, uno de los bandidos aprovechó el momento de confusión para acercarse hacia donde estaba Kevin, subiéndose levemente a la caja para propinarle un corte en su gemelo izquierdo.- AGHHH D-DUELE...- Se quejó el oficinista, dándole una patada al bandido para alejarlo y tirarlo de allí.- N-no pierdas la concentración, K-Kevin... ¡T-tú puedes!- Se autoconvenció, no dejando llevarse por el dolor y no parando de ondear su corbata.- ¡Y-YO OS ANIMO A Q-QUE LE DEIS UNA P-PALIZA A ESTOS B-BANDIDOS! ¡P-PODÉIS CON ESTO Y MÁS!- Terminó de dotar Kevin a todos los atacados de una voluntad inquebrantable, no permitiendo, de esta manera, que cayeran aún con las pequeñas heridas que tenían acumuladas.- Siento como podría estar todo el día peleando... Ahora verán, mi Red Bind he he...- Comentó un Avdol que estaba completamente metido en la batalla por la defensa del asentamiento que, junto al resto de residentes y gracias a los continuos ánimos de Kevin, consiguieron derrotar con éxito a ese grupo de saqueadores.
Aquel día, y debido al esfuerzo de Kevin por no permitir que ninguno de la gente de esa pequeña aldea en mitad del desierto cayera, Avdol decidió invitar al oficinista a quedarse en su casa aquella noche para descansar, prometiéndole darle después de cenar más de esa leche de camella que tanto le había gustado. En esa nocturna velada, el pluriempleado, aparte de atender los cortes de todos los heridos, aprendió como funcionaba el pequeño comercio y como se auto sustentaba el asentamiento, pareciéndole a Kevin una práctica de lo más interesante, tomando nota del funcionamiento de la pequeña aldea para saber qué. Al amanecer, el joven Fojobs partiría nuevamente hacia la posada dónde se hospedaba junto a Gideon y Suna, deseando de contarles la hazaña que había realizado el miedoso de Kevin ese día, no sin dejarle 1.000 berries delo 15.000 que le dio Avdol por su amabilidad y dejarle quedarse en su hogar esa noche.
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