Al parecer, nuevos miembros se estaban movilizando hacia Momoiro para unirse a nuestra división. Era una noticia reciente y bastante curiosa, a mi parecer, pues era la segunda vez desde la llegada a aquella isla que sucedía algo así. Hacía ya un tiempo, la pequeña Ryze se había incorporado a nuestras filas, ahora era el turno de dos más. No nos habían dado una fecha exacta de su llegada, así que me había ofrecido para echar un ojo por la playa por si llegaban durante alguno de aquellos días y avisar. El calor sofocante del verano ya hacía tiempo que nos había dejado y los días en la isla cada vez se volvían más fríos. Pero el verdadero frío era el que sentía desde que el gato se había ido. De un día para otro, había desaparecido, se había esfumado como humo a través de mis manos y no sabía el porqué. Esperaba una llamada que nunca llegaba y había pasado las últimas semanas más apagada que de costumbre. Tan solo me había comprado unos doce vestidos, algo muy raro en mí. Atravesé el bosque a mediodía hasta llegar a la playa, donde una larga extensión de arena cubría el espacio entre el bosque y el mar, unos 200 metros desde la costa hasta la arbolada y kilómetros y kilómetros a lo largo perfilando el océano. El sol estaba en su cenit y, aunque no hiciese calor precisamente, este brillaba con fuerza. Curiosamente, mi idea era llegar hasta nuestro barco, pero mirase donde mirase no lo veía por ninguna parte. Paseé por la arena descalza hasta encontrar un lugar con una visión perfecta del mar, extendí una toalla en el suelo y me senté sobre ella, a unos 20 metros del agua. Con la ayuda de un pañuelo, limpié mis pies y me volví a calzar, apoyando las manos detrás de mí y echando la cabeza hacia atrás. Llevaba una habitual camisa blanca, de manga larga y con una falda negra desigual que se habría por delante a mitad de muslo y cuya parte trasera era más larga, llegando hasta casi los tobillos. A mi lado, dejé mi bolso, de charol negro, el cual contenía algunos útiles que solía llevar conmigo, además de mi libreta, un coletero y un sandwich de kimchi. Lo abrí para coger el coletero y me hice un recogido rápido formando un moño algo despreocupado, dejando varios mechones por delante que perfilaban mi rostro perfecto. También llevaba mi estuche de maquillaje, y a falta de algo mejor que hacer mientras esperaba, decidí que podría entretenerme con ello. Apliqué una ligera sombra de ojos ahumada sobre mis ojos, alineándolos con un fino eyeliner, pasé una brocha con colorete sorbe mis pómulos y pinté mis labios de rojo a juego con mi color natural de ojos y pelo. Si iban a llegar nuevos compañeros, mejor dar una buena primera impresión, ¿no? Así pues, me dispuse a esperar por si llegaban aquel día, aunque nada era seguro, aprovechando para comer mi sanwich.
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[P. Absoluto] Novedades a la vista
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25-09-2024, 04:20 PM
Día 75 de Otoño, Año 13.
Isla Momoiro, Playa del Orgullo.
Al parecer, nuevos miembros se estaban movilizando hacia Momoiro para unirse a nuestra división. Era una noticia reciente y bastante curiosa, a mi parecer, pues era la segunda vez desde la llegada a aquella isla que sucedía algo así. Hacía ya un tiempo, la pequeña Ryze se había incorporado a nuestras filas, ahora era el turno de dos más. No nos habían dado una fecha exacta de su llegada, así que me había ofrecido para echar un ojo por la playa por si llegaban durante alguno de aquellos días y avisar. El calor sofocante del verano ya hacía tiempo que nos había dejado y los días en la isla cada vez se volvían más fríos. Pero el verdadero frío era el que sentía desde que el gato se había ido. De un día para otro, había desaparecido, se había esfumado como humo a través de mis manos y no sabía el porqué. Esperaba una llamada que nunca llegaba y había pasado las últimas semanas más apagada que de costumbre. Tan solo me había comprado unos doce vestidos, algo muy raro en mí. Atravesé el bosque a mediodía hasta llegar a la playa, donde una larga extensión de arena cubría el espacio entre el bosque y el mar, unos 200 metros desde la costa hasta la arbolada y kilómetros y kilómetros a lo largo perfilando el océano. El sol estaba en su cenit y, aunque no hiciese calor precisamente, este brillaba con fuerza. Curiosamente, mi idea era llegar hasta nuestro barco, pero mirase donde mirase no lo veía por ninguna parte. Paseé por la arena descalza hasta encontrar un lugar con una visión perfecta del mar, extendí una toalla en el suelo y me senté sobre ella, a unos 20 metros del agua. Con la ayuda de un pañuelo, limpié mis pies y me volví a calzar, apoyando las manos detrás de mí y echando la cabeza hacia atrás. Llevaba una habitual camisa blanca, de manga larga y con una falda negra desigual que se habría por delante a mitad de muslo y cuya parte trasera era más larga, llegando hasta casi los tobillos. A mi lado, dejé mi bolso, de charol negro, el cual contenía algunos útiles que solía llevar conmigo, además de mi libreta, un coletero y un sandwich de kimchi. Lo abrí para coger el coletero y me hice un recogido rápido formando un moño algo despreocupado, dejando varios mechones por delante que perfilaban mi rostro perfecto. También llevaba mi estuche de maquillaje, y a falta de algo mejor que hacer mientras esperaba, decidí que podría entretenerme con ello. Apliqué una ligera sombra de ojos ahumada sobre mis ojos, alineándolos con un fino eyeliner, pasé una brocha con colorete sorbe mis pómulos y pinté mis labios de rojo a juego con mi color natural de ojos y pelo. Si iban a llegar nuevos compañeros, mejor dar una buena primera impresión, ¿no? Así pues, me dispuse a esperar por si llegaban aquel día, aunque nada era seguro, aprovechando para comer mi sanwich.
Aspecto Ikirami
Resumen
Karmas
Inventario
26-09-2024, 12:40 AM
Casi un mes había pasado desde aquel incidente en Ballywood en el que una quinceañera había sido abusada por un pirata. Incidente que tuve que solucionar por mis propios métodos y a mi manera, en mi día libre, ya que estaba rodeado de incompetentes. Ese incidente fue el detonante que provocó que me haya pasado estas últimas semanas encerrado en un barco, camino de no sé dónde, a hacer no sé qué. Mi órdago a mi superior había sido lanzado con todas las consecuencias, le había dejado claro que hiciese lo que quisiese conmigo y que me daba todo absolutamente igual, por eso cuando me llamó para tener esa última reunión, no escuché absolutamente nada de lo que tenía que decirme, ni le presté atención. Lo único que me había extrañado fue que en esos últimos momentos se dirigió a mí de una forma más sosegada y cordial, una pena que la relación por mi parte ya estuviese muerta. Estar relegado a un segundo plano, teniendo que limpiar siempre el cuartel, mientras sucedían cosas turbias con gente joven había sobrepasado mi límite.
Lo único que sabía es que tuvimos que atravesar el Red Port hacia el South Blue, de ahí atravesar el Calm Belt y entrar en el Grand Line. Era mi primera vez en este mar, del cual había oído cosas por parte de mi madre sobre que era un mar bastante más peligroso del que vivíamos, un mar en el que ver Akuma no Mi era más habitual y en el que había que estar más preparado para sobrevivir. La buena de Tainara, la única Marine que he llegado a respetar y querer en mi vida... a ella y a Leandro, el cual siempre se había portado bien con nosotros. Al contrario que el puto traidor de João, diez años habían pasado de aquella noche y yo sigo sin olvidar ni perdonar. Quizás la parte buena de todo es que me lo pueda encontrar en este mar y pueda por fin cobrar mi deuda. Seguía divagando en mis pensamientos, acostado sobre una hamaca dentro del camarote vestido únicamente con el pantalón del uniforme de marine y las botas. Mucho tiempo había tenido para pensar sobre todos estos años y la vida en general en este viaje. Aunque si tanto parecía que molestaba en la Marina por mis métodos o por mi actitud, bien que podrían haber aprovechado para dejarme en Samba una vez que estábamos navegando por el South Blue. Quizás eso significaba que me querían para algo... o que querían utilizarme. Alguien dio un par de golpes en la puerta de mi camarote y eso me hizo entender que ya habíamos llegado al destino. Bajé de la hamaca, me estiré, me puse la parte superior del uniforme de Marine sin abrochar y me coloqué la gorra. Otra vez había vuelto a perder el pañuelito azul del cuello, pero tampoco me preocupaba porque no me gustaba llevarlo, me hacía parecer imbécil. Cogí mi mochila, acoplé mi preciado skate a él y salí del camarote hacia la cubierta con toda la desgana del mundo. Mientras caminaba hacia los botes para desembarcar, uno de los Marines encargados empezó a hablarme de no sé ni qué, porque no le estaba escuchando. — Apolo esto, Apolo aquello, bla, bla, bla, mándale un último saludo al superior cuando llegues, dile que le den bien por el culo de mi parte y que a ver si deja de ser tan incompetente ¿me sigues?— hablé por encima del Marine sin al final enterarme de qué me quería decir. Quizás habría sido buena idea escucharle, pero al final, la vida es fluir. Y eso hacía yo, fluir a mi manera. Salté hacia el bote y dejé mi mochila cerca — Buenas tardes y todo eso — le dije al par de Marines que remarían para acercarme a la costa de la isla, mientras me acomodaba en la parte trasera de la embarcación, tumbándome con las manos en la nuca, bajando la gorra para cubrirme del sol y cruzar las piernas buscando la postura más cómoda. No faltaría mucho para llegar al invierno y eso se iba notando en el ambiente, ya no hacía tanto calor pero al menos sí que hacía buen día. Minutos después por fin llegamos a tierra, así que tocaba descubrir cuál sería mi futuro. Me levanté, cogí mi mochila desacoplando el skate y me la coloqué. — Hasta más ver, mis amigos. Pronto conoceréis las increíbles hazañas del todopoderoso e indomable Apolo Bahía ¡kakahaha! — dije a esos Marines que no conocía de nada, mientras me colocaba la gorra hacia atrás y me preparaba para salir del bote. Pegué un tremendo salto y me llevé el skate hacia la parte inferior de mis pies, tocaba por fin patinar un rato después de tanto tiempo encerrado... o ese habría sido el plan de no ser porque cuando toqué tierra, el skate se hundió en una especie de arena rosada. — … — Me quedé unos segundos en silencio viendo mi tabla enterrada a mis pies. Miré al cielo, luego al horizonte viendo cómo los marines volvían al barco y volví a ver hacia mis pies. Las emociones eran un motor para mi cuerpo, la desidia últimamente era mi musa. Me quité la gorra, peiné con mi mano derecha hacia atrás mi medio melena, la cual brillaba al sol, y me volví a colocar la gorra del revés. — Hora de improvisar, supongo — Bostecé sonoramente, cogí mi tabla y miré a mi alrededor mientras le quitaba la arena. La playa estaba vacía y lo único que llamaba la atención era una imagen femenina bien vestida, de la cual llamaban la atención tres atributos: un pelo rojizo y otros dos. Parecía que estaba comiendo algo bien tranquila, sólo esperaba que esta isla al menos estuviese más animada que esta playa.
Información
26-09-2024, 09:13 PM
Tras 6 días navegando en el Grand Line el barco de la Marina en el que me transportaba había llegado a su destino, la Isla Momorio. El viaje había sido tranquilo, libre de incidentes, cosa rara al navegar en el Gran Line según me comentaron mis compañeros de embarcación.
Se me habían entregado instrucciones de reportarme directamente con la Marine Ikirami – parte de la División 21, quien había ascendido en los rangos de la Marina a Capitán y, por lo tanto, mi superior – para lo cual me habían dado una descripción del aspecto físico de la Capitán. Debía buscar a una persona de altura media y complexión delgada con ojos de iris rojo como el fuego y de cabellera color carmesí profundo y brillante. La mayoría de los Marines con los que viajaba coincidían que la Capitán Ikirami era particularmente guapa y, en sus palabras, estaba buena. Poco me importaba esto último, aunque tampoco me quejaría he de aceptar. Al desembarcar lo primero que capto mi atención fue el color completamente rosado de la isla y sus alrededores. Incluso la arena de la playa era toda de esta misma tonalidad, cosa que me cautivo por lo que decidí caminar por toda la orilla de la isla disfrutando de tan curiosa gama de colores que reflejaba el agua del mar (producto de las propiedades de reflexión y refracción de la luz, o eso creo). Tras un corto tiempo absorto en la maravilla casi antinatural de esta playa vislumbre dos figuras que llamaban la atención por sobre las demás. La primera, una persona de unos dos metros de altura con cabello liso y dorado quien, aunque de espaldas a mí, se le podía observar claramente portaba el uniforme de Marine de forma inaceptable. Particularmente la gorra la traía al revés, pero para mayor desgracia, la camisa del uniforme estaba claramente desabrochada. Un hippie de la villa mas remota del mundo podría portar mejor el uniforme. La segunda persona, sin embargo, era seguramente a quien estaba buscando. La descripción que me habían dado era impecable, no podría ser otra persona sino la Capitán Ikirami. Ignorando por completo al Marine rubio, me adelante a él, y me acerque a la Capitán quien estaba disfrutando de un sándwich sentada sobre una toalla disfrutando de las vistas del mar. Tras reducir la distancia a aproximadamente 2 metros entre nosotros me puse firme y realicé el saludo Marine mientras en voz alta y clara me presentaba. “Buenas tardes, soldado Fuguwu reportándose”.
Informacion
05-10-2024, 05:50 PM
(Última modificación: 05-10-2024, 05:56 PM por Marcia Braun.)
El día prometía ser interesante. Después de un verano tranquilo y algo aburrido, lleno de reuniones de los mandamases, por fin había llegado el momento de actuar. Nunca había llegado a entender la necesidad de tanta habladuría, era necesario pasar a la acción, acabar cuanto antes y de raíz con el mal que pudría el mundo. Permanecí sentada en el suelo arenoso a los pies de una palmera, oteando el horizonte. Nuestros informadores estaban por todos lados y nunca se equivocaban. Esta vez el chivatazo que nos habían dado era especialmente importante. Un grupo de marines que había ido adquiriendo una gran reputación entre los suyos había decidido, por algún motivo, pasar el verano en Momoiro. Tenían que ser bastante estúpidos o estar tramando algo gordo para haberse atrevido a pisar nuestra isla. De tan solo imaginarlo, una sonrisa se dibujó en mi rostro mientras sacaba de uno de los bolsillos interiores de mi chaqueta un bote de gazpacho.
Desenrosqué el tapón y comencé a beber disfrutando de los sabores de los vegetales frescos. La receta era perfecta, casi inmejorable, pero estaba segura de que podría añadirle algo para mejorar aún más su sabor. Mientras pensaba en ello, me fijé en una mujer sentada algo alejada de la orilla. Al principio no había llamado mi atención, pero cuando me fijé en los destellos del sol reflejándose en su melena pelirroja me mantuve alerta. Según la descripción que me habían dado, podría tratarse de mi objetivo. Todavía estaba demasiado lejos como para asegurarlo, pero no le quitaba la vista de encima. Tan solo tuve que esperar unos pocos minutos para confirmar lo que ya imaginaba. Según nuestros informadores, ese grupo de marines era relativamente reducido, pero se iban a unir nuevos miembros a sus filas justo hoy y en aquella isla. No les bastaba con haberse pegado unas vacaciones de lujo con los impuestos de los ciudadanos en nuestro pequeño paraíso, tenían que engrosar sus filas justo delante de nuestras narices. No podíamos permitirlo. Toda la información que nos habían dado parecía fiable, cuadraba con lo que estaban viendo mis ojos en ese momento. Dos tipos que acababan de llegar se acercaron a la mujer. Uno de ellos, sin duda, vestía el uniforme de la marina. Del otro no estaba tan segura, parecía a medio vestir. Me terminé de un largo trago el gazpacho y guardé el bote para reutilizarlo otro día, tal vez con mi nueva receta mejorada. Comencé a aproximarme hacia ellos mientras activaba mi haki. No quería sorpresas, aunque algo me decía que me las llevaría. Me limpié los restos de gazpacho de la boca con la manga de la chaqueta pensando en mi aparición estelar. Las instrucciones estaban claras, pero nos habían dado cierta libertad. Tal vez lo mejor sería darles la oportunidad de venir conmigo por las buenas y evitar el enfrentamiento, pero ni yo me creía que fuesen a aceptar. Nadie aceptaba. Sin embargo, aparecer de forma agresiva y sin darles ninguna explicación me parecía bastante aburrido y su confusión podría ser molesta sí, empezaban a inflarme a preguntas o a suplicar por sus vidas. Más les valía saber a lo que se iban a enfrentar. Me quedé a espaldas de la pelirroja y de frente a los otros dos, a unos dos metros de ella, cuatro metros del gyojin y cinco del rubio. Eran un grupo de lo más peculiar. A excepción del que parecía un pez, los dos otros dos parecían sacados de una revista de moda. La marina ya no sabía a quién fichar para ganar popularidad entre la gente. Seguro que hasta vendían calendarios de ellos con poca ropa. Más o menos como iban ahora. Ella no parecía una amenaza, daba la impresión de ser una debilucha que dejaba que los demás peleasen por ella. Los otros parecían más rudos, pero no me impresionaban. Mis imponentes piernas me elevaban varios centímetros por encima de ellos. Al respirar el aire que les rodeaba, una bombilla se me encendió. ¡Piña! Eso era lo que necesitaba mi gazpacho. No sabía por qué motivo había venido eso a mi cabeza, pero tenía que concentrarme. Mi boca se movió sola antes de saber qué era lo que iba a pronunciar. —¡Hola! ¿Sabéis cómo se le llama a un pirata que no sabe disparar? —sin apenas dejar tiempo respondí a mi propia pregunta —¡Un futuro recluta de los marines! ¡AAAAAWAWAWAWAI! —reí de forma escandalosa. Ese chiste era lo más, cada vez que lo contaba a mis compañeros se partían de risa, aunque tal vez ellos no lo pillasen. —Al lío, piltrafas. Soy Marcia, del ejército revolucionario. No os preocupéis, no os voy a hacer daño. Mi jefe me ha pedido que os lleve con él solo para hablar. Podemos pelearnos y que acabéis muy mal parados o podéis venir voluntariamente y, tras una charla, volvéis a vuestras cosas. Lo flipas. ¿Qué me decís? —les mentí únicamente con la intención de que bajasen la guardia para dejarles fuera de juego cuanto antes. Estaba segura de que podría cargármelos fácilmente, pero nunca se sabía con el tema de la superioridad numérica.
Resumen
Karmas a tener en cuenta
Bélico
Inventario
Invasión
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
6582
+
0
=
6582
Energia:
3743
+
0
=
3743
Espiritu:
2040
-
100
=
1940
06-10-2024, 05:07 PM
(Última modificación: 06-10-2024, 06:13 PM por Saint Ethanbaron V. Nusjuro.
Razón: La próxima vez que pongas los karmas así, borraremos el post.
)
A medida que el sándwich iba menguando su tamaño, el sabor picante inundaba mi lengua. De entre todos los sabores, era lo único que realmente encendía la chispa para mis sentidos. Tal era el nivel que todo lo demás que comía me sabía más insípido que unas gachas de arroz aguadas. Esa era la razón por la que siempre llevaba conmigo una botellita de salsa Sriracha, la cual está compuesta por chiles picantes y ajo fermentados. Cualquier cosa mejoraba con tan solo echarle unas gotas, y a pesar de que me encantaba el kimchi, rebusqué en mi bolso para echarle unas gotas de ese néctar divino. Abrí los ojos, sorprendida, al darme cuenta de que me había dejado la botella en nuestra habitación. Bueno, mi habitación ahora. No estaba en mis cabales, claramente. ¿Cómo podía haber olvidado algo tan valioso para mí? “Bueno, cosas que pasan. Sigue siendo kimchi.”, me dije a mí misma lanzando un sonoro suspiro. Mi deleite con aquel manjar hizo que me distrajese, y al alzar la vista de nuevo hacia al mar, a lo lejos podía verse perfectamente un barco de la Marina y un pequeño bote de remos volviendo hacia él. En la orilla, un joven de pelos rubios y aspecto un tanto desaliñado se había quedado mirándome. Si bien no llevaba el uniforme completo, desde lejos se podía ver el logo en su camisa ondeando con el viento. Suspiré y puse los ojos en blanco un momento, no por como llevaba el uniforme sino por llevarlo. Estiré la mano derecha por encima de la cabeza y le hice un gesto para que se acercara, sin levantarme de mi toalla. Mientras tenía mi vista fijada en él, escuché a alguien que se aproximaba también y, al dirigir la mirada en su dirección, vi a otro marine acercándose con el uniforme. Cerré los ojos un momento, llevándome el pulgar y el índice entre los ojos. “Esto sí que me da dolor de cabeza”, pensé suspirando nuevamente. Una vez estuvieron ambos frente a mí, el segundo en llegar, el cual era gyojin, saludó formalmente y se presentó como Fuguwu. Me puse en pie y respondí con una sonrisa que rápidamente se borró de mi cara. Me crucé de brazos, mordiéndome el labio y mirando a ambos de arriba a abajo.
—Fuera ropa. Los dos. Ahora. —ordené llevándome una mano al pelo y sacudiéndolo— Estamos en territorio Revolucionario, ¿no os han avisado? —pregunté a ambos bastante incrédula— Fue lo primero que nos dijeron al enviarnos aquí, así que los uniformes quedan prohibidos durante nuestra estancia, ¿sabéis? —expliqué, esperando que no reprochasen— Podéis considerarme la segunda al mando. —mentí, aunque realmente casi que yo lo veía así— Joe es el líder de la división, me ha mandado a recibiros antes de encontraros con él. Espero que nadie os haya visto con esas ropas… —murmuré mientras me levantaba recogiendo mi bolso— Voy a avisar de que ya estáis aquí. Introduje mi mano en el bolso para buscar el Den Den Mushi, pero un sonido me alertó de que alguien más se aproximaba por la playa antes de sacarlo. Arrugué la frente y rápidamente giré la cabeza en la dirección de la que procedía el sonido. Acercándose a nosotros había una mujer, de aspecto atlético y con unas piernas kilométricas bien tonificadas. Alcé una mano hacia mis nuevos compañeros mientras me giraba en dirección a ella y activaba el kenbunshoku a una distancia de 50 metros. Esa mujer era peligrosa. Solo con extender mi aura pude comprender que estaba por encima de nosotros individualmente, no era una don nadie. Si bien notaba cierta cautela en sus emociones, también podía notar determinación. Probablemente, se avecinaba una batalla. Joder, era lo último que me apetecía en ese momento, y aunque al sentir el aura de mis compañeros me había sorprendido porque esperaba que fuesen más débiles, el gyojin parecía quedarse un poco atrás. La mujer se plantó frente a mí, a dos metros exactamente y saludó como si no pasara nada. Lanzó una pregunta al aire, sobre como se llama a un pirata que no sabe disparar. Me mostré confundida, quedando ligeramente boquiabierta, pues la pregunta me había pillado por sorpresa. Antes de que pudiera responder, ella misma dijo que se llamaba un futuro recluta de los marines. —Shshshshsh. —reí ligeramente, pues tenía su gracia, ya que la fama de la puntería de los soldados rasos era ampliamente conocida— Reconozco que ha sido bueno, ¿sabes? —respondí a su extraño chiste. ¿Tal vez no viniese tan de malas como había esperado? Por desgracia, enseguida esa pequeña esperanza desapareció por completo. Su nombre era Marcia y pertenecía al ejército revolucionario. Comentó que no quería hacernos daño, que podíamos ir a hablar con su líder y después marcharnos o pelear y acabar mal. La verdad que parecía sincero, pero sus emociones no me transmitían lo mismo. —¿Solo hablar? —pregunté amablemente mientras recogía mi pelo en un moño desenfadado— La verdad que no me parece un mal plan. ¿Y de qué quiere hablar alguien como él con unos don nadie como estos? —pregunté con curiosidad para ver que respondía, esperando que no se tomasen a mal mis palabras— Soy Ikirami, capitana de la Marina, y estos dos no son más que unos novatos, ¿sabes? Si permites que se vayan con el rabo entre las piernas, te acompañaré. Algo me decía que no iba a aceptar, pero lo cierto era que prefería evitar el conflicto y no me hacía ninguna gracia que la bienvenida de los dos acabase en una peligrosa batalla. ¿Podría hablar con su líder de forma pacífica y volver como si nada? Dudaba mucho que algo así pudiese pasar, pero ya me las arreglaría de alguna forma. Lo primero era que mis compañeros estuviesen a salvo.
Resumen
Karmas
Bélico
Inventario
06-10-2024, 08:43 PM
Mientras terminaba de sacarle la arena al skate, un Gyojin un poco más alto que yo, pasó por mi lado hasta cuadrarse un metro delante de mí, hacia esa mujer. Fuguwu decía llamarse, no había escuchado ese nombre en mi vida... o quizás sí y simplemente no prestaba atención. Sea como fuere, la pelirroja parecía que no estaba de muy buen humor, nos estaba analizando con la mirada y con mala cara... vale que ese Gyojin no era muy agradable a la vista, ¿pero en mi caso? Esperaba al menos otro tipo de reacción.
Decía ser la segunda al mando de no sé qué y no sé cuánto de un tal Joe y los Revolucionarios. Tanta chapa estaba empezando a hacer que empezase a perder la atención y... vaya, qué curiosa es esta isla, jamás había visto algo tan rosado y una playa de este color... espera... ¿que me desnude, dice? — Aquí Apolo, leyenda en activo del West Blue, conocido por ser el héroe y líder de infinidad de operaciones que ahora mismo no vienen al caso — aún sin saber por qué yo estaba en aquella isla, qué tenía que hacer o quién era esa gente... en la vida lo importante siempre ha sido saber adaptarse, ser analítico y fluir en consecuencia a las oportunidades que se presentan — si quieres que me desnude, al menos ten la decencia de invitarme a cenar primero ¡kakahaha! — reí para mí, a la vez que me quitaba la gorra, me echaba el pelo hacia atrás y volvía a colocármela del revés. No nos había dado tiempo casi ni para presentarnos cuando de fondo apareció una mujer altísima pero un poco deforme, en mi vida había visto unas piernas tan largas. Me apetecía practicar capoeira o patinar con ella, ahora tengo curiosidad de ver cómo podría hacerlo con esas pedazo patas. Lo único que me resultaba extraño era ver que apareció por la espalda de la pelirroja, a unos dos metros de ella y a cinco de mí, intentando vacilarnos con un chiste sobre marines, a la vez que decía que pertenecía al ejército revolucionario. No me caía mal esa gente, solían hacer cosas buenas y en Ballywood pude notar cómo la situación entre las diferentes clases sociales eran bastante desiguales, además de que todos mis compañeros allí me parecían unos completos inútiles, sobre todo el flipado venido a menos del superior — Oye María ¿por qué intentas ofendernos diciendo una obviedad? ¿quién quiere saber disparar cuando ya de serie vengo con estos cañones? ¿me sigues? ¡kakahaha! — di un par de palmadas a mis cuádriceps mientras reía. Mientras tanto la pelirroja, que decía llamarse Ikirami, parecía acceder a charlar con su jefe, a la vez que nos llamaba don nadies. Supongo que mi mensaje firmado de haber dejado demacrado al borde de la muerte a un pirata violador no habría llegado lejos, tendría que depurar y mejorar mi técnica. Suspiré agotado al oír que una de las opciones sobre la mesa era pelear, después de estar navegando semanas que lo primero que tuviese que hacer era combatir me daba muchísima pereza — No te ofendas amiga, pero como que me da mucha fatiga tener que combatir nada más llegar y los revolucionarios ni siquiera me caéis mal... pero bueno... yo qué sé, supongo que no podré rechazar tu invitación — comencé a mover el cuello de lado a lado y a levantar la pierna derecha para estirarla, después la izquierda. De forma analítica observé el terreno que nos rodeaba y en el que nos situábamos. Moví los pies notando la arena y sonreí de forma confiada Dejé mi mochila a mis pies y me quité la camisa, arrojándola a un lado y dejando al aire libre mi espalda completamente llena de tinta. En el tatuaje, de un estilo tradicional japonés, se podía observar a un zorro rojo acompañado de ramas y flores de cerezo. Sacar a relucir el tatuaje era una prueba de que tendría que pelear en serio, el Grand Line era una zona muy hostil y parecía que no había solución, la mejor forma de presentarme ante mis nuevos compañeros era sacar a pasear mis habilidades. Estaba decidido, había que fluir. Era ahora o nunca. — ¡Es broma! — Cogí mi mochila y me la llevé al hombro — Ya he dicho que me da pereza tener que pelear sin motivo y, seamos serios... ni siquiera conozco de nada a estos dos, así que no es cosa mía. No es personal pero me apetece tomarme un zumo de piña así que buscaré una taberna, ya si eso solucionad vosotros vuestros problemas y luego me buscáis si queréis hacer surf o lo que sea, ¿me seguís?. ¡Recordad disfrutar la vida, polvo somos... — dije con una sonrisa amplia mientras empezaba a transformarme completamente en arena — y en polvo nos convertiremos, paz! — una vez convertido totalmente en mi elemento, aproveché el entorno arenoso de la playa para camuflarme y desplazarme por el suelo, avanzando siete metros, para colocarme dos por detrás de la revolucionaria
Resumen
Karmas a tener en cuenta
Bélico
Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
4302
+
0
=
4302
Energia:
3107
-
26
=
3081
Espiritu:
906
+
0
=
906
07-10-2024, 08:20 AM
(Última modificación: 07-10-2024, 08:22 AM por Fuguwu.
Razón: Agregar link a la guía 15. Guía Bélica Básica.
)
La capitán Ikirami se puso en pie, cruzándose de brazos y mordiéndose el labio nos echó una mirada a mí y al hippie rubio de arriba a abajo.
“Fuera ropa. Los dos. Ahora.” – ordenó. “Estamos en territorio Revolucionario, ¿no os han avisado? Fue lo primero que nos dijeron al enviarnos aquí, así que los uniformes quedan prohibidos durante nuestra estancia, ¿sabéis?” – concluyó. Estas palabras me dejaron anonadado. No podía creer que no hubiera llegado a esta conclusión lógica por mi cuenta tras saber que estábamos en territorio Revolucionario. Supongo que mi urgencia por encontrar a la Capitán cegó mi cordura. ¿Era esta la razón por la que el hippie rubio no portaba el uniforme debidamente? Claro, eso tenía más sentido. Y yo que me apresure a tacharlo como hippie, el Marine rubio seguro tenía mucha mas experiencia que yo y por esto decidió portar así el uniforme. Además, que cerraba su atuendo con una patineta y unos guantes de box, no era fácil asumirle Marine, particularmente si se le ponía alado mío. El Marine rubio era un maestro del disfraz, concluí. “Podéis considerarme la segunda al mando.” – aseveró la Capitán. “Joe es el líder de la división, me ha mandado a recibiros antes de encontraros con él. Espero que nadie os haya visto con esas ropas…” – diciendo esto último en un murmuro – “Voy a avisar de que ya estáis aquí.” El Marine rubio se presento como Apolo, leyenda del West Blue. Tome nota mental de buscar en los periódicos antiguos notas sobre el West Blue, seguro aparecía un par de veces Apolo. Justo cuando iba a empezar a desnudarme (tal cual había ordenado la Capitán), una persona con piernas increíblemente largas se nos acercó saludando y haciéndonos una pregunta sin sentido. La respuesta tampoco tenía sentido y menos aun que se pusiera a reír escandalosamente. Nos habíamos topado con una persona o loca o peligrosa, posiblemente ambas. La Capitán Ikirami rio ligeramente, seguro por cordialidad. Se presentó como Marcia, del ejército revolucionario, se ubicó a dos metros de la Capitán y nos dio dos opciones. Ninguna de las dos me pareció razonables en realidad, pero siendo un novato me mantuve al margen dejando contestar a la Capitán. Le dijo quien era y propuso que nos dejara ir por ser novatos a cambio de ella acompañarle a hablar con el jefe de los revolucionarios. Esta acción de calma y valentía de la Capitán me conmovió. No nos conocía de nada y ya nos estaba protegiendo. Una de las razones por las que me uní a la Marina era justamente este espíritu de unión que existe en la organización. Estaba contento de haber sido asignado a la División 21, aunque mi felicidad fue breve ya que debía estar pendiente al enemigo que teníamos enfrente. Apolo, en lo que yo estoy convencido que es parte de su plan ingenioso de pasar desapercibido como Marine, contesto con ligereza a Marcia y, tras comentar en un tono de desenfado que tenía pereza de pelear y le buscáramos en la taberna, procedió a realizar la proeza de desaparecer de nuestra vista. La única conclusión a la que llegue era que Apolo estaba usando algún tipo de camuflaje. Decidido estaba, confiaría plenamente en la leyenda del West Blue y la Capitán. Analizando la situación concluí que lo más apremiante era separarnos para realizar una formación triangular y así poder atacar desde varios ángulos en caso de ser necesario. Con un poco de suerte el combate no sería necesario, aunque a Marcia se le veía bastante confiada, sin embargo, confirmaría sus intenciones provocándole un poco. “¿A eso llamas chiste Marcia? He escuchado a críos contar mejores.” – dije con voz energética mirando fijamente a Marcia. “Ahí te va uno propio ¿sabes que hace un ex-marine fracasado? Se crea su propia Marina, con juegos de azar y mujerzuelas, ‘ejercito revolucionario’ le llaman. ¡Gowowo wowowo!” Al terminar mi chiste, doy un salto hacia atrás de 13 metros para quedar 5 metros a la orilla del mar llegando a tocar con mis pies la arena mojada por el ir y venir de las olas.
Resumen
Karmas Aplicables
Bélico
Inventario
08-10-2024, 11:42 AM
Tanto la chica pelirroja como el rubio se rieron de mi chiste. A pesar de ser marines, tenían sentido del humor y les quedaba bastante bien, sobre todo la mujer. Me fastidiaba a reconocerlo, pero además de tener buen gusto para reconocer los chistes, era bastante guapa. El chico tampoco estaba mal, pero ella resaltaba por encima de todo. Por su parte, al cara pez no parecía haberle hecho gracia el chiste ni haberle impresionado mi fantástica presentación. Seguramente fuese un sieso y una especie de cabecilla de aquel grupo de marines, además del tal Joe, del cual ya nos habían advertido. Pero de él ya se encargaría mi compañero.
Para mi sorpresa, la que llevó la voz cantante fue la mujer, que se presentó como Ikirami, capitana de la marina, y a ellos dos como unos novatos. Tenía que estar tomándome el pelo. Me costaba creer que esa mujer de facciones y actitud tan angelical fuese la superior de nadie. Más que nada, porque era difícil imaginarla dando órdenes y consiguiendo que un grupo de garrulos la obedeciesen. Su respuesta fue de lo más conciliadora y me pilló completamente desprevenida. Ni yo misma me estaba creyendo lo que les estaba ofreciendo, ningún marine en su sano juicio se entregaría a la revolución para charlar. Definitivamente, algo extraño estaba ocurriendo, pero mis dudas sobre sus palabras chocaban con el aspecto y la voz de la chica, que parecía que no había roto un plato en su vida y que no sería capaz de mentir tan hábilmente. Pero las sorpresas no pararon ahí. El chico rubio respondió a mi chiste con un chas carrillo. —¡AAAAAWAWAWAWAI! —reí ante su ocurrencia. La verdad, era una lástima que perteneciesen a la marina. Seguro que si Schierke estuviese aquí intentaría reclutarlos para el ejército revolucionario. De todas formas, no parecían muy inteligentes. O eran tan imbéciles como para haberse creído mi mentira o eran tan imbéciles como para creer que podrían tendernos alguna especie de trampa y vencernos si les llevaba hasta los míos. El caso: que eran imbéciles. Además, aquel tipo no parecía tener ningún aprecio por sus compañeros a los que acababa de conocer. Dijo que no tenía nada en contra de los revolucionarios y que el asunto no iba con él. Me daba algo de lástima, realmente parecía que no quería involucrarse, pero era demasiado tarde. Tendría que habérselo pensado antes de alistarse. Ahora no me quedaba más remedio que capturarles, esa era mi misión, quisieran o no pelear. Sin embargo, a pesar de que esa frase anticipaba su intención de no pelear, que parecía totalmente sincera, sentía sus verdaderas intenciones. Por sus palabras parecía que quería escaquearse del conflicto, pero algo me decía que pelearía. —¡Al loro! aquí nadie se va a pirar. Lo flipas —le interrumpí pegando un salto hacia adelante antes de que terminase su frase y tuviese tiempo a hacer lo que fuese que estuviera intentando. No sabía qué era, pero no me convenía. Imbuí mi pierna derecha en haki y me situé a su lado izquierdo y el del cara pez, a medio camino entre ambos y a menos de un metro, para agacharme ligeramente y girar sobre mí misma con la pierna derecha estirada. Con ello, intentaría golpearles a la altura de sus muslos, el izquierdo era el más próximo, y hacerles perder el equilibrio.
Resumen
Bélico
Inventario
Moderación
Invasión
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
6582
+
0
=
6582
Energia:
3743
-
414
=
3329
Espiritu:
1940
-
83
=
1857
08-10-2024, 07:08 PM
Utilizar el terreno a mi favor e intentar que estos dos marines que no conocía de nada fuesen el cebo para que se olvidase de mí y, así poder atacar después por la espalda, era un plan perfecto. A veces era necesario ser consciente de que no servía de nada atacar sin pensar, sino que había que ser más analítico y estratega. Y más aún teniendo en cuenta que en frente tenía a una persona que no conocía de nada y que se veía que estaba regular de la cabeza, no sé si tenía problemas para controlar la ira o qué, pero un recibimiento tan hostil me parecía de estar un poquito cucú... ¡y más cuando le dije que sólo quería tomarme un zumito de piña en cualquier taberna y hasta le había invitado a surfear!
El problema fue, efectivamente, no conocer a mi rival. No esperaba que de la nada pudiese pegar ese salto, encarándose a menos de un metro delante de mí, incluso antes de que yo pudiese transformarme completamente en arena, era realmente veloz. Pero lo que más me sorprendió de todo fue la dureza de su golpe, y no sólo por eso sino porque desde que me había comido aquella Akuma no Mi por error, había dejado de sentir el contacto, era intocable. Su duro barrido me recordó a aquellos golpes que recibía cuando decidí entrenar con Tainara de adolescente, seguramente mañana tendría un buen moretón en la pierna pero volver a sentir esa sensación y ese dolor me resultaba en parte agradable, por raro que sonase. El golpe lateral en el muslo izquierdo hizo que perdiese el equilibrio y que me cayese en el sitio, golpeando mi lado izquierdo del cuerpo en la arena, sacudiéndome la cabeza. En la pierna notaba un hormigueo, como si la tuviese dormida... y la cabeza me temblaba, desorientándome levemente unos segundos. La sensación era como cuando al intentar surfear una ola grande, su fuerza lograba tirarte de la tabla y te golpeaba en la cabeza, dándote vueltas por el agua. Por suerte no estaba en el agua, sino delante de ella — ¡Kakahaha! — reía a la vez que intentaba ocultar el daño que había recibido, jamás había que darle pistas al enemigo — podrías darme un par de clases para ser tan rápido como tú. Hacía mucho tiempo que nadie me hacía sentir nada, quizás hasta me enamore y todo — hablaba a la vez que convertía mis brazos en mi elemento y los estiraba para sujetar e inmovilizar sus piernas, agarrándolas con mis manos por las tibias, encima del tobillo, envolviéndolas en una masa fuerte de arena. Con mi mano izquierda sujetaría su pierna derecha y con mi mano derecha, su pierna izquierda, acostado boca abajo y luciendo al sol mi orgulloso zorro rojo tatuado en la espalda. Visto la longitud de su tren inferior y su ataque, seguramente sus piernas serían su arma más peligrosa así que mi única opción era ganar algo de tiempo impidiendo que las utilizase, confiar en que el Gyojin lo aprovechase y no soltarla bajo ningún concepto para hacer que se agotase. — Perdona si me tomo demasiadas confianzas tan rápido, no suelo ser así, pero una aventura es más divertida si huele a peligro. Bonitas piernas, si quieres luego podemos bailar bachata, ¿me sigues?
Resumen
Karmas a tener en cuenta
Bélico
Inventario
Aclaración
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
4302
-
1645
=
2657
Energia:
3081
-
2
=
3079
Espiritu:
906
+
0
=
906
08-10-2024, 08:01 PM
Antes de caer en cuenta de lo que estaba pasando frente a mí, sentí un gran dolor a la altura de mi muslo izquierdo. Derribado por el golpe caí de culo contra la arena, el dolor fue tan grande que me entumió la extremidad que había recibido aquel ataque, llegando a ser tan agudo que no sabía ni como me llamaba ni donde estaba por un instante que, aunque pareció una eternidad, duro poco más de un par de segundos.
"¡Aaaghhh!" – brotó un grito gutural de lo más profundo de mi ser en una mezcla de dolor y coraje por lo que acababa de suceder. Desde el piso vi como Apolo igual había sido impactado por Marcia, quedando ambos separados por Marcia a menos de 1 metro cada quien. No cabía la menor duda de que las intenciones de esta chica fueron siempre las de pelear. Espabilando rápidamente, sabía que no tenía otra opción mas que atacar lo más rápido posible utilizando una de las técnicas que aprendí durante mi entrenamiento con el Maestro Ershot Spardal: Hyakumaigawara seiken, apuntando el impacto hacia el muslo izquierdo de Marcia. "Acabas de cometer un error Marcia, debiste dejarme inconsciente con tu primer ataque." – dije al instante después de que mi técnica impactara en el muslo izquierdo de Marcia derribándola sobre la arena.
Resumen
Bélico
Gastos
Inventario
Off Topic
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
4649
-
1645
=
3004
Energia:
2949
-
93
=
2856
Espiritu:
642
+
0
=
642
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