Tal como llegó, se fue, el perro parlanchín se comió sus propios cojones, no sin antes ojear a Derya nuevamente. Exactamente, no hacerle caso terminó siendo una buena idea. Los presentes se quedaron en una posición como de coro, aunque uno de ellos continuaba con su afán por la pelea. Era extraño, Kovashi no le hacía tan guerrillero al Panda - Le pongo nervioso - Afiló una sonrisa. Adoraba afectar a otros con su forma de ser, con sus palabras, con sus gestos, que bailaran al son que proponía. Esto tenía muchas variantes, desde aprovecharse de personajes no muy inteligentes o fácilmente irascibles, también de almas en pena que buscaban un protector, cualquier situación de ventaja donde se erguía el cómo símbolo de la referencia.
El suelo alrededor de Kovashi tembló ligeramente. A su alrededor se fueron formando cubos de tierra que comenzaron a rodear su cuerpo.
— Podría estar aquí toda la noche. — Respondió a Panda. Con esas palabras daría inicio la continuación del combate, uno que quizás estaba en clara decadencia desde la aparición del chucho, que frenó cualquier desenfreno sanguíneo en los hombres/y mujer. Las aguas estaban calmadas, no tanto las que provenían del cielo ... Qué poder tenía la naturaleza, ¿Y si fuera consciente? ¿si el planeta fuera un ente pensante? con tanto poder podría barrer lo que fuera. Allí vería un pequeño resquicio de la abrumadora presencia natural. Mientras luchaban, durante aquella hora las lluvias se habían intensificado mucho. Muchísimo. Tanto que las calles se estaban empezando a llenar, la falta de un alcantarillado en condiciones propiciaba que tragedias naturales se dieran de manera habitual, allí estarían a punto de vivir algo así.
Rayos, poderosos rayos surcaban los cielos, haciendo retumbar toda la isla con sus sonidos secos. Cuando Kovashi prestó atención al problema real, fue cuando el agua le llegaba por los tobillos casi, esta descendía desde la zona alta del pueblo directamente hacia la costa y el centro (que es donde se encontraban) se ubicaba justo a medio camino.
— ¿Qué es esto? — Casi que se preguntó a él mismo. Se podían ver animales siendo arrastrados por la marabunta de agua. Kovashi elevó sus manos, lanzando un cubo de piedra de aquellos hasta un perro que estaba siendo llevado al vacío. El animal fue sostenido por la superficie y lo acercó hasta donde estaban todos. Por suerte o por desgracia, la tierra daba un pequeño hueco cerca de la plaza. A escasos metros la bajada del agua era muchísimo más pronunciada. Que es de donde estaba siendo arrastrado el animal.
— Tenemos que escapar de aquí. — Miró a Khruner, contemplando tras su amigo a la lejanía a civiles corriendo desesperados a la costa. Uno gritó "La base marine, allí tienen barcos en los que protegernos". Lo gracioso es que igual ni les dejaban subir ... No perderían la esperanza.
Se estaba viviendo migración hacia la costa de todo el vecindario, buscando barcos en los que protegerse del agua, pues sus viviendas no serían ni por asomo suficiente. ¿Y ellos? Por lo menos que Kova supiera, ni Caló ni el tenían barco, tendrían que robar uno y no caería bajo su conciencia robarle el único que pudiera tener una pequeña familia del pueblo.
— Vamos a la base marina de la costa, se ve cuando llegas a la isla, no está muy lejos. — Esta vez sí, habló al grupo. — No sé qué hace tu habilidad, pero parece que puedes introducirte en el terreno, ¿Podrías transportar gente? Si así Khruner y tú llegaríais a la base marine muy rápido, podéis llamar la atención dentro, con todo este alboroto no se lo esperarán. Derya es necesaria en la costa, es su hogar, ella es nuestra gran baza. — La miró, guiñándole un ojo. — Yo iré con ella, buscaremos un barco y estaremos esperando a que salgáis. — Sentenció. Esperaba replicar, era de esperar, pero a bote pronto fue el plan más directo que se le ocurría. — Ya lucharemos por quién es el líder más tarde. Aunque ganaré yo, como en este encuentro. — Escupió al suelo, cerrando así la disputa. Al menos eso parecía.
█▇▅▄▃▂▁ Base G-28
— Torre norte: El informe B-2 indica que los ciudadanos están huyendo hacia la costa, parecer ser confían en poder evacuar en ellos hasta que se calme la tormenta. Muchos vendrán hacia aquí. Corto. — Metro noventa y tres, pelo blanco, largo. Barba recortada de forma puntiaguda, completamente vestido del uniforme marine reglamentario. Tenía un café en su mano y estaba recibiendo la transmisión, con el den-den mushi pegado a su oreja. Se lo pasó a la boca.
— Aquí base principal. — Tosió. — Somos conscientes de los acontecimientos, pero el gobierno no puede permitirse el uso indebido de material gubernamental por parte de fuerzas ajenas a las propias.— Tras el marine habían más, rasos, unos diez, cada uno a sus quehaceres, asustados.
— Torre norte: ¿Qué quiere decir?
— No dejen a ningún civil poner un pie en nuestros barcos. Bajo ningún concepto. — Hubo un silencio amplio que inundó la torre de vigilancia norte, que es la que daba justo al puerto cercano de la base. Desde allí mismo se podía ver a gente corriendo por la playa de camino a ellos, pidiendo ayuda. Una ayuda que no llegaría.
Al final el perro se fue por donde había venido. Derya no quiso darle más importancia de la que tenía, así que se puso de pie y formó una especie de corrillo junto al resto de su grupo. ¿Por qué a los hombres les obsesionaba tanto la competición? Sí, era divertido, a ella también le gustaba pegarse de vez en cuando, pero a veces daba la impresión que se enfadaban de verdad, cuando en teoría iban a formar todos parte de un mismo equipo. — Creo que sería mejor dejar la pelea para más tarde... — La verdad es que el tiempo no acompañaba, cada vez llovía más y más fuerte. Para ella no era un problema, de hecho es posible que fuera incluso una ventaja pelear en esas condiciones, pero tampoco le gustaba ser una aprovechada. Por no mencionar, que igual deberían de preocuparse más por huir de allí, antes de que la corriente de agua les arrastrase.
Primero unos piratas enanos sedientos de sangre y ahora esto, un diluvio universal. Aquella pobre gente no dejaba de perder. Muchos empezaron a huir, buscando la costa, buscando algún barco o incluso un bote que les ayudase a huir momentáneamente de sus hogares. Ella no tenía uno, siempre iba de una isla a otra nadando... Lo cual era muy útil para ella, pero no tanto si buscaba ayudar a los demás. Se llevó las uñas a la boca, con cierto nerviosismo, su mente recorría diferentes opciones, intentando encontrar una solución para ayudar, de nuevo, a aquellas buenas personas.
Entonces Kovashi interrumpió sus pensamientos. Escuchó con interés su plan. La verdad es que no era para nada una mala idea, si Khruner y Don Bambú conseguían infiltrarse en la base de la marina, podrían abrir las puertas desde dentro, ayudar a aquella gente a buscar refugio y encima crear una distracción lo suficientemente grande como para que ellos pudieran escaparse en un barco sin demasiado problema. Sobre todo estaba emocionada porque a ella le tocaría ir con Kovashi. Sentía que hacía mucho tiempo que no compartían tiempo a solas, y aunque no iban a poder estar tranquilos con una copita charlando de la vida y coqueteando sutilmente, al menos podría disfrutar de su compañía con un toque de emoción. Le devolvió la mirada y contuvo su sonrojo cuando le vio guiñarle el ojo. — ¡Eso ya lo veremos! Tú y yo aún no hemos cruzado ataques. — Le sonrió, con picardía. — Vale, intentad abrir las puertas de la base, así la gente podrá esconderse dentro, les guste o no a esos cabrones. — La sonrisa de Derya se ensanchó, mostrando sus afilados colmillos. Le gustaba crear un poco de caos de vez en cuando, además la mera idea de robarles en su cara le entusiasmaba.
Off
Atributos Personaje
Estadísticas de Derya Tyhr:
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42 VOL
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06-09-2023, 09:27 PM (Última modificación: 06-09-2023, 09:28 PM por Max D. Bambú.)
La temperatura en el cuerpo del panda ascendía rápidamente en contraste con la helada caricia de la lluvia torrencial que sobre él caía. Estaba empezando a enfurecerse, y eso solo actuaría en su contra. Odiaba muchas cosas de ese momento, entre ellas que Kovashi le afectase tanto. También recordó con amargura el momento en el que el peliblanco se dejó dar, cómo Derya le protegía interponiéndose en el camino del panda. De repente encontraba increíblemente irritante el hecho de que el oso no dejase de olvidarse de su cara. Todos en aquel grupo le parecían un desperdicio como revolucionarios. Sin embargo esto sólo duró unos instantes. Cuando el panda se dio cuenta de la situación climática que los envolvía, su cabeza se enfrió de nuevo y descartó todos aquellos pensamientos intrusivos que le estaban acosando. ¡Por supuesto que no eran un desperdicio de revolucionarios! Eran los más poderosos que había visto en mucho tiempo, y tenían más o menos claras sus convicciones. Khruner dejó de parecerle tan imbécil, aunque sí que podría acordarse de su cara a estas alturas. Derya tendría sus motivos para interponerse. Kovashi era... Bueno, un cabrón, pero tolerable. Ya le daría otro puñetazo en algún momento.
El torrente imparable de lluvia había provocado alrededor de los revolucionarios, casi con sigilo, una escena dantesca. De repente, una marea de agua a arrastraba a toda clase de animales desde las partes más elevadas de la isla en dirección al mar, donde sin duda morirían ahogadas con la intensidad del oleaje. Rayos surcaban el cielo tiñéndolo de azul con demasiada frecuencia, y el pánico empezaba a cundir entre los aldeanos de Villa Foosha, que confiaban en el auxilio de los marines para salir de aquella situación tan engorrosa. Don Bambú escupió al suelo ante la idea de que los marines fueran a hacer algo que no fuera mirar por su propio bien. —Tendríais más probabilidades de sobrevivir si os arrojaseis al mar desde un precipicio. —Dijo el panda para nadie. Kovashi, que acababa de rescatar a un pobre perro al que arrastraba la corriente debió trazar alguna clase de plan en su cabeza, porque empezó a dar instrucciones al grupo. El panda se sintió inclinado a ignorarle, pero ese no era el auténtico espíritu revolucionario. Trabajar en equipo por el bien de la mayoría. Eso era lo que había que hacer. Escuchó con atención su plan y asintió ante su pregunta de si podría transportar gente. —Puedo, no hay problema con eso. —Le pareció bien la idea y decidió no pararse a cuestionarla demasiado, porque el tiempo apremiaba. —Me parece un buen plan, nos vemos en la costa. —Y sin esperar la confirmación de Khruner pegó un pequeño salto y golpeó el suelo con la palma de su mano. El impacto atravesó el agua e hizo un boquete considerable en el suelo, que rápidamente empezó a llenarse de agua. Por suerte su tamaño era suficiente para hundir a ambos mink hasta 4 metros por debajo del suelo, de modo que tardaría varios minutos en llenarse del todo. —Vamos deprisa, compadre, que se llena el hoyo. —Y saltó dentro.
Una vez dentro, esperó a Khruner y cuando éste estuviera dentro cerraría el agujero detrás de ellos. —La base de la marina se encuentra en dirección norte, que es esta dirección. —Una vez explicado esto, golpeó una porción de la pared igual que había golpeado el suelo y un túnel se formó delante de ellos. La oscuridad era total, pero eso no tenía importancia. —Está a media hora andando, pero vamos a ir corriendo. De vez en cuando saldré para corroborar nuestra posición. —Y con la seriedad que requería el asunto, corrió hacia el final del túnel con ambas manos por delante y agarró la pared como si no se tratase de tierra. Con la pared sujeta por sus manos, empezó a empujar hacia delante, alargando el túnel como si no le costase esfuerzo alguno. La velocidad a la que hacía esto era considerable y permitía que ambas criaturas llegar a correr, aunque no a esprintar como tal.
Resumen
Acepto el plan de Kovashi y creo un túnel en dirección a la base de la marina. Sé dónde está porque llevamos ya tiempo en la isla y me oriento en el subsuelo gracias al karma de guía que tengo.
Datos de la akuma
La Oshi Oshi No Mi otorga al usuario la capacidad de manipular el suelo como si éste fuese arcilla, es decir, puede agarrarlo, golpearlo para generar una onda, excavar en el independientemente de el material de este. Le es sumamente fácil hacerlo y puede incluso crear túneles y cuevas con relativa facilidad. Cabe decir que para crear grandes ondas o desviaciones del terreno de gran tamaño se necesita cierta fuerza por mucho que sea arcilla.
Debilidades: Las típicas
Ventajas:
Las mencionadas en especificaciones, gran parte del potencial de esta fruta estará en la creación de técnicas.
Control de Akuma 60: El usuario comienza a controlar la Akuma accediendo a todos sus usos básicos por un coste de 10 de energía por uso. Control de Akuma 80: El usuario es capaz de crear túneles que mantengan su forma a pesar de no estar en modificación constante con el usuario durante 3 turnos por un coste de 25 de energía por uso.
Atributos Personaje
Estadísticas de Don Bambú:
65 FUE
71 RES
19 DES
19 PRE
30 AGI
30 REF
35 INT
40 VOL
0 CH
80 CA
La lluvia estaba haciendo estragos en el terreno y me encontraba junto con mi hermano, una tiburon, que… -mmm qué rico- que ganas tenía de comer pescado, hacía tiempo que no comía pescado, o eso creía, últimamente mi cabeza no se encontraba en mis mejores momentos.
El suelo empezó a temblar y con ello llegaría, una cantidad de agua que básicamente era inexplicable, yo no podría decirte de dónde había salido, bueno sí, de la lluvia, pero ahora le acompañaban los rayos, unos rayos poderosos, que iluminaban el cielo por cada uno de ellos, el agua se venía hacia nosotros y los ciudadanos se pusieron nerviosos.
Ahí estaba él, mi hermano, el simple tenía en la mente un plan, la verdad no sé cómo se lo podía hacer, en unos segundos siempre tenía algo en mente y eso a mí me llena de satisfacción, mi hermano me miro y me guiño significativo de que teníamos que hacer todo lo posible para cuidar de ellos.
Y aunque en el pasado no todo nos fue bien, él sabía que podía contar conmigo para todo, y sobre todo para esto, si algo me salía de mis adentros eran el auxiliar a los demás, aunque con ello tenga que dar mi vida. Bueno… tampoco tanto solo morirá por uno de los aquí presentes ahora mismo. Kova empezó a hacer cubos por su alrededor, el agua empezaba arrastrar a varios animales, él estaba salvado a todos.
La idea le llegó a su cabeza y la expreso sin más, le habló al primo Richar para que él y yo fuéramos donde la marina a coger prestado un barco, la verdad es que lo íbamos a robar, pero no quería que luego se dijera que raro que dos gitanos como primo y yo fuéramos los ladrones.
-¡Andeve!- el primo empezó hacer unas cosas rarísimas en el suelo que hacía que se hundiera y me dijo, vamos compadre,
- Y desde cuando me llamas así?-, salte junto a él, el agua empezó a entrar en el hueco ese, pero una vez adentro el Richi empezó hacer un túnel que nos dirija hacia la marina.
El cachondo de mi primo dice que hay que correr, qué pereza me daba correr, pero no teníamos, tiempo para esas tonterías debemos de apresurarnos, para poder conseguir un barco y salvar a todos. Comencé a correr junto con mi primo por el túnel, ese que había creado él, - Oye, nene, desde cuando sabes hacer estas cosas?-, estaba impresionado con el poder que estaba teniendo.
Atributos Personaje
Estadísticas de Khruner:
73 FUE
63 RES
30 DES
30 PRE
37 AGI
30 REF
15 INT
35 VOL
0 CH
50 CA
Ante la expectante mirada de nuestro querido protagonista, ambos osos se hundirían en el suelo. Kovashi emprendió entonces su carrera. — Derya, si vas directamente a la costa, después nadando llegarás más rápido al puerto. — Indicó, señalando que si ella decidía bajar recto hacia la playa, llegaría antes al lugar indicado, mientras que Kovashi tendría mucho más sentido que si se desviara hacia el puerto concretamente. Mostró una ligera sonrisa, enseñando su colmillo derecho, el cual estaba impregnado aún de la sangre por el golpe del Panda. Le dolía, pero el dolor formaba parte de su vida. Sin camisa, con la katana en una mano y los pies descalzos, pues se quitó el calzado justo en ese mismo instante, el peli blanco empezó a correr.
Pasó varias casas, locales. Apoyaba sus manos en papeleras, farolas, haciendo grandes acrobacias con su paso, ganando así distancias aunque fueran pequeñas. Pudo percatarse que acompañaban su movimiento civiles. Los iba pasando fácilmente, su velocidad punta era muy superior a la media, pero le sorprendía. Existía una historia de una isla repleta de animales prehistóricos, donde varios humanos se internaban para conseguir información de dichos animales y vivían aventuras tales como la de tener que correr en medio de una estampida. Se sentía así en ese instante. También era desalentador, ver como a muchos la corriente de agua se los llevaba.
— ¡Hay un cordón, no nos dejan pasar! — Se extendió el rumor de que en toda la costa se situaba un cordón de marines, una barrera humana que impedía el paso. Los miembros del gobierno, mediante megáfonos hacían ver que el peligro no era tal. A fin de cuentas, ellos estaban ahí también y la isla no sucumbiría como si hubiera llegado un tsunami. Aún así las gentes de la isla ya estaban envueltas en la desesperación. Intentaban romper aquel cordón natural, pero les era imposible. Más de un marine se ponía farruco enseñando el arma. Kovashi tomó velocidad, dos cubos de roca se formaron en sus manos, lanzó estos con mucha potencia, impactando en las caras de dos marines, arrojándolos varios metros hacia atrás. El que estaba más cerca de estos vería pasar una ráfaga de aire. Pero el aire no corta. Se le cayó la cabeza ante el paso imposible de detener de Kovashi. Los pies del espadachín resbalaron por el húmedo terreno.
— ¡Aquí hay un hueco! — Como almas en pena, todos comenzaron a entrar por el agujero que había dejado.
Cita:-Contador de Kovashi Npc derrotados: 3 marines Npc muertos: 1 marine Energía: 470 - 20 (dos cubos, cada uno 10 de energía) = 450
Off
Resumen: Kovashi se separa de Derya y empieza a correr hacia el puerto. De camino se encuentran con que la marina ha creado un cordón humano que impide el paso (están comunicando que vuelvan a sus casas, que no es tan grave lo que está pasando). Kovashi derrotaría a dos marines y mataría a un tercero.
Off
Nombre: Kyubu Kyubu No Mi Rango: 3 Tipo: Paramecia Descripción
La Kyubu Kyubu No Mi es una fruta del diablo que permite a su transformar o dividir en cubos lo que toque.
Especificaciones
La Kyubu Kyubu No Mi otorga al usuario la capacidad de transformar objetos inorgánicos que toque con la mano completa, en cubos. Es una fruta extremadamente versátil basando gran parte de su potencial en las técnicas de esta, pudiendo con ellas, si se quisiera, afectar a seres vivos. Se obtendrá control sobre la fruta al llegar a los 60 Puntos de Control de Akuma, desde este momento el usuario podrá convertir en cubos de 50x50x50cm todos los objetos que toque por un coste de 10 de energía por cubo
El plan estaba zanjado, listo para ponerse en marcha. Ambos osos se enterraron en la tierra. Aquella habilidad le parecía tremendamente útil y rara, la verdad que había veces que Derya sentía envidia de los consumidores de frutas del diablo, tenían todos poderes tan únicos. Pero luego recordaba que si ingería una, no podría volver a meterse en el océano y se le pasaban todas las ganas. Empezó a correr a la par de Kovashi, sin embargo tenía razón, llegaría antes si fuera directamente por el mar. — ¡Nos vemos allí! — Dijo para después acelerar, deviándose hacia la derecha. En esa dirección había un acantilado en el que podría tirarse al mar sin problema.
Rápidamente, se arrancó lo poco que quedaba del vestido. Estaba destrozado por culpa de los arañazos de Khruner, menudo manazas. A Derya le supo terriblemente mal, era tan bonito... Pero de nada servía lamentarse, porque estaba roto y lleno de sangre. Menos mal que siempre llevaba un bikini debajo, preparada para poder meterse al mar siempre que fuera necesario. Se lanzó de cabeza y sintió como si sus heridas se sanasen al tocar el agua salada. Estaba eufórica, así que no tardó y comenzó a nadar a toda velocidad, ayudándose con el movimiento horizontal de su cola.
Comenzó a ver barcos, ya estaba cerca del puerto, así que empezó a aproximarse a la superficie. Buscó ser sigilosa, así que se asomó lentamente. Lo más seguro es que habría vigilancia en el puerto y no quería llamar la atención antes de tiempo. Consiguió ver a un marine que custodiaba uno de los barcos, colocado justo enfrente del acceso a este. Lo que hizo Derya fue sumergirse unos cuantos metros en la profundidad del agua, y tomando esa distancia como carrerilla, comenzó a nadar de nuevo hacia arriba todo lo rápido que le permitieron sus extremidades. Nada más salir del agua, lo hizo con el puño direccionado hacia arriba, rompiendo las tablas de madera sobre la que aquel marines esperaba de pie y propinándole, de paso, un buen golpe que hizo que se precipitase al agua enseguida, y en cambio ella aterrizó sobre el muelle. Triunfante y completamente refrescada, se sacudió el pelo y de nuevo echó a correr, buscando reagruparse, al menos con Kovashi, que no debería andar muy lejos.
Cita:Contador de Derya: Npcs derrotados: 1 marine
Resumen
Llegué al puertito, he derrotado a un marine que custodiaba un barco y he salido corriendo por el puerto para buscar a Kovashi y de paso enfrentarme a los marines que hayan de por medio.
07-09-2023, 10:14 PM (Última modificación: 07-09-2023, 10:19 PM por Max D. Bambú.)
El panda empujaba la tierra como si algún fuego se hubiera despertado dentro de él. Estaba cargando de frente contra una base de la marina, lo cual era una locura, pero para él no era sólo eso. Estaba yendo de frente contra todo lo que su padre representaba. Su padre, ese despreciable marine racista e intolerante. Con tanto frenetismo, casi no escuchó la pregunta de Khruner. Por un momento se había olvidado de que estaba ahí. ¿Desde cuándo podía hacer aquello? Recordó el día. Era otoño, se encontraba en una misión con un pequeño grupo de revolucionarios y estaban asaltando una torre vigía de la marina para dejarlos sin visión en un costado de Isla Conomi. Resultó que aquella torre hacía las veces de almacén y encontraron un buen botín de armas y munición. Sin embargo, le vino a la memoria una caja polvorienta, medio apartada, que tenía una fruta muy rara. La caja debía de tener años, pero la fruta no tenía aspecto de estar podrida. El panda no lo pensó mucho, tenía hambre y la fruta tenía buena pinta. Era de un verde clarito, casi blanquecino, con extraños patrones triangulares, pero al probarla le supo a mierda. Nunca había probado nada tan asqueroso. Terminó tirándola al mar desde lo alto de la torre y no pensó en ella hasta semanas más tarde, cuando sin querer cogió un trozo de suelo y se tapó con él mientras dormía pensando que era la manta que se le había caído. —Desde hace unos años. Me comí una fruta rara. ¿Y tú desde cuándo puedes hacer lo de los muelles? —Mientras hablaba, el ritmo no disminuía. Continuó por ese camino unos instantes más hasta que finalmente avisó a Khruner. —Espera un momento, voy a mirar. —Y sin decir nada más, trepó un poco empujando el techo del túnel hacia arriba y asomó la cabeza por un agujero en la superficie. La lluvia le impactó de lleno en la cara mientras oteaba el horizonte. La base de la marina estaba muy cerca, a un par de minutos si seguían ese ritmo. Lo que tenían más cerca era una de las torres que se usaban para vigilar el exterior. Aquella base era como una pequeña fortaleza, pero con la lluvia y la escasa visibilidad no podrían ver la cabeza del panda a no ser que estuviera a un par de metros de ellos. No, lo que aquellos guardias esperaban ver era una gran marea de gente. Lo que se encontrarían, sin embargo, iba a ser una gran marea de dos osos gigantes. Descendió de nuevo y el agujero se cerró detrás de él, quedando la tierra como si nunca hubieran cavado en ella. Una vez abajo informó a Khruner. —Estamos llegando ya. No sé muy bien dónde vamos a salir. Si nos pillan, tocará improvisar. —Y reemprendió la marcha empujando el suelo como antes lo había hecho. Empezó a calcular en su cabeza el tiempo hasta contar sobre tres minutos y entonces paró como lo había hecho antes. Con voz bajita esta vez, avisó a Khruner de lo que iba a hacer. —No tardaré mucho. —Y empezó a trepar de nuevo, empujando el techo del túnel hacia arriba hasta la superficie. Mientras tanto, en los baños del cuartel... Alexander Bonn, recluta novicio de la marina, se encontraba en el baño del cuartel, delante de los meaderos, ejecutando una maniobra de vaciado digna del más veterano de los defensores de la justicia. Estaba retrasando su regreso al trabajo, porque le tocaba patrullar el patio interior y éste no tenía techo ni ninguna clase de protección contra la lluvia torrencial que estaba cayendo. El pobre hombre estaba empapado, pero sólo disponía de hasta cinco minutos para ir al baño y volver. Solo necesitaba dos, pero iba a aprovechar hasta el último segundo de sequedad que su trabajo le permitiese. Terminó de mear y se quedó ahí parado, con la minga fuera y pensativo. Suspiró. —Ojalá haber seguido con la frutería de mi padre... —Deseó soñador. Bajo sus pies, notó algo raro. Era como si el suelo se estuviese moviendo ligeramente. —¿Eh? —Y se agachó un poco. Era lo que le faltaba, vamos, lluvia torrencial y ahora un puto terremoto. Pero era raro. La vibración parecía concentrada en un solo punto. Justo cuando iba a pegar la oreja en el suelo para escuchar con mayor atención, un grito que reconocía le hizo enderezarse como si fuera un palo clavado en el suelo. —¿¡QUÉ COJONES ESTÁS HACIENDO, RECLUTA!? —Era Horst Straßenbahn, otro recluta al que habían dejado a cargo de las guardias. Se tomaba su trabajo demasiado en serio. —NADA SEÑOR, NOTÉ ALGO RARO SEÑOR. —Respondió Alexander. Era un chaval de 23 años que medía metro sesenta y llevaba gafas. No parecía muy fuerte, pero soñaba con serlo. Horst, por otro lado, era un señor de 50 años con canas, calvo y con una vena hinchada en el cuello que podría explotar en cualquier momento. —RARO VAS A NOTAR EL CULO CUANDO TE ECHE DE ESTE CUARTEL DE UNA PATADA COMO NO VUELVAS INMEDIATAMENTE A TU PUESTO. —Y dicho aquello, salió dando pisotones del baño. Sin embargo, sus pisotones volvieron, porque al parecer no había terminado. —Y LÁVATE LAS PUTAS MANOS —Y se fue, esta vez de verdad. —Gilipollas... Ya verás cuando me pongan a mí de encargado, vas a limpiar este suelo con tu cepillo de dientes... —Alexander se acercó al lavabo para lavarse las manos, pero se paró a medio camino. Los temblores del suelo se estaban intensificando. Además, escuchaba voces. Bajo tierra...
—Me ha parecido escuchar gritos, pero creo que ya se han ido... —Don Bambú se había parado a media escalada porque empezó a escuchar a un señor con la voz rasgada gritar como si sus pulmones no estuviesen ya fuera de garantía. Finalmente, en el suelo surgió una apertura por la que el panda asomó la cabeza. Lo primero que vio, fue un meadero. —Ah, los baños, este lugar es perfecto parCOÑO. —Don Bambú se interrumpió a si mismo cuando vio la cara de un recluta de la marina, joven y con gafas, que le miraba con los ojos como platos y la boca entreabierta. Lo primero que hizo el panda fue agarrarle de la cabeza y arrastrarlo al hoyo con los dos osos. Lo único que se escuchó por parte del marine fue una leve queja que se apagó cuando la mano del oso cerró su mandíbula casi aplastándola con pura fuerza bruta. En el hoyo, aquel marine perdió la vida debido a una sobredosis de oso. Los chavales no controlan nada. Don Bambú salió del agujero manchado de sangre y dejó sitio a Khruner para que saliese, pero la estancia era pequeña (tamaño humano) y tropezó con varias cosas mientras intentaba hacerle sitio a su compañero. Llegó incluso a abrir un grifo de agua sin querer. Una voz rasgada llegó a escena gritando. —RECLUTA BONN, VUELVA INMEDIATAMENTE AAAAAAAAAA —El panda se quedó mirando al viejo que acababa de llegar con curiosidad. —Este te lo dejo a ti. —Le dijo a su compañero.
Resumen
Don Bambú termina el túnel hasta la base de la marina. Casualmente, la salida queda en los baños de la marina, donde ambos osos se encuentran con un recluta al que arrastran al hoyo y descuartizan (por lo menos Don Bambú lo hace) sin miramientos. Acto seguido, Don Bambú sale a la superficie, todavía dentro del baño, y llega un segundo marine, también un recluta, que buscaba al primero para devolverlo a su puesto de trabajo. Lo que le pase a continuación no será una sorpresa para nadie. Quizás.
Vitalidad: 987
Energía: 399 + 5 - 25 = 379
Karmas empleados: Guía (para orientarme), Torpe (por eso me pillan, no puedo ser sigiloso), Rivalidad contra los marines (por eso no dudo en matar al recluta).
Datos de akuma
La Oshi Oshi No Mi otorga al usuario la capacidad de manipular el suelo como si éste fuese arcilla, es decir, puede agarrarlo, golpearlo para generar una onda, excavar en el independientemente de el material de este. Le es sumamente fácil hacerlo y puede incluso crear túneles y cuevas con relativa facilidad. Cabe decir que para crear grandes ondas o desviaciones del terreno de gran tamaño se necesita cierta fuerza por mucho que sea arcilla.
Debilidades: Las típicas
Ventajas:
Las mencionadas en especificaciones, gran parte del potencial de esta fruta estará en la creación de técnicas.
Control de Akuma 60: El usuario comienza a controlar la Akuma accediendo a todos sus usos básicos por un coste de 10 de energía por uso. Control de Akuma 80: El usuario es capaz de crear túneles que mantengan su forma a pesar de no estar en modificación constante con el usuario durante 3 turnos por un coste de 25 de energía por uso.
Seguía con el primo corriendo por el túnel que creaba él con sus propias manos, me respondió a la pregunta, y luego me hizo la misma pregunta, era raro porque yo ese poder lo tengo desde bien pequeño y él, es decir, mi primo Richi, lo sabe desde siempre. Qué es lo que estaba pasando, acaso él no era…, a lo mejor él es otra persona?, ¿otra vez había tenido esa pérdida de memoria?, sacudí mi cabeza golpeándola con la mano muy floja, no era momento de ir pensando en estas mierdas.
Tengo que estar concentrado, a lo mejor él también tiene mi problema, -Richi?, eres tú?-.
Le pregunté, pero en voz muy baja casi susurrando, - la tengo desde pequeño-, Seguimos corriendo y nos paramos un momento empezó a escalar, de nuevo la lluvia volvía a caer por el hueco, también parte del agua acumulada, bajo y me dijo que ya estábamos muy cerca de la base marina, seguimos corriendo y pensaba en la venganza que juré hacer por la muerte de mis familiares, los verdaderos. Mierda, estos pensamientos no tienen que interferir ahora, volvimos a parar y fue poco a poco, se escuchaban gritos fuertes de dos marines, al menos uno sí que era, ya que lo llamaban como recluta.
El panda empezó a escalar una vez cesadas las voces, y ahí se quedó parado, no sé que era lo que pasaba, de repente un marine, por la vestimenta, diría que un recluta, bajo por el hueco y el panda, empezó a darle de ostias hasta sangrar, haber era normal el primo, media cuatro putos metros. El panda escaló y a medida que el subió yo también, yo no sé, si él era mi primo, pero hay que decir que se parecía muchísimo, pues bien torpe era, aunque yo no me quedaba atrás, pues él se tropezaba con unas cosas, y a medida, que él iba caminando y dejaba con lo que se tropezaba, me iba pegando yo con ello, El grito de una de las dos voces de antes volvió a venir y abrió la puerta, mierda nos pilló.
No le dio tiempo al panda a terminar, de decirme que me encargue yo del marine que ya había cogido con mi mano derecha su cabeza, sin darle tiempo a gritar, cogí mi otra mano y le aplaste la otra parte de la cabeza, haciéndole así un sándwich, apretando con tal fuerza que la sangre comenzó a salirle por las orejas, significativo de que sus tímpanos habían reventado. Sus ojos se pusieron en blanco, ahí cogí y lo tire al hueco junto con el otro, marine. -Terminemos con esta mierda- con voz seria y dirigiéndome hacia la salida, ya tenía ganas de reventarle a estos mierdas, que por lo que podíamos ver, estaban tranquilos, tan relajados, que diría que no tenían pensado el ir a rescatar a la gente.
Karmas
Karma negativo: Torpe, olvidadizo
Resumen
Resumen: Sigo al panda por el túnel, pensativo pues ya empiezo a darme cuenta de que mi primo no es mi primo, hasta llegar a la base, ahí me tropiezo con bastante cosas y por ultimo me cargo a otro marine
Bajas Marines
Otro marine muerto, por lo tanto ya vamos con dos marines.
Mujeres, niños, ancianos, incluso animales ... Todos pasaban por el hueco creado por Kovashi, que a su vez se iba ampliando, pues el espadachín iba luchando con los marines. En una de estas uno de ellos disparo muy cerca, aumentando el pánico. La bala le rozó el brazo. Movilizó la katana, atravesándole el pecho de un katanazo. Aprovechando el propio movimiento logró cortar por las rodillas a otros dos que estaban cerca, cayendo tres marines más.
— Podría estar así todo el día. — Era una frase típica de Kovashi. Un niño de cabeza prominente le miraba de cerca. Kova dibujaba una estatura cercana a los dos metros, lleno de tatuajes, su figura se iluminaba por los fogonazos de los rayos e impresionaba más porque le caía sangre por todas partes. — Ves con tu madre, niño. — El muchacho se levantó del suelo, agachó el torso en forma de gratitud ... Pero, de manera oriental, como lo hacían sus paisanos. Eso fue sorprendente. — Anata wa tokubetsuna kodomodesu. Ima sugu ikimashou, karera wa anata o matteimasu. — Contento se marchó. Aquello le sacó nuevamente una sonrisa a Kovashi. Agradecía el respeto, eso conllevaba educación, honor, palabra, toda la base estructural que debía sostener la forma de ser de cualquier hombre decente.
Continuó descendiendo, estaba en una colina que daba al puerto, al fin. Llegó con un total de veinte personas, algunas habían quedado en el camino, pero la mayoría estaban ahí, con Kovashi. Uno de los civiles señaló a lo lejos.
— ¡Es la gyojin!— Todos juntaron miradas. Salía del agua, reventando la madera y llevándose a marines con ella. — ¡Buala! — Dijo otro niño. — Es superfuerte ... — Miró a Kovashi.
— Yo más. — No hubo respuesta.
Ayudándose unos a otros fueron descendiendo. Un grupo de tres marines se le abalanzaron encima, Kovashi fue el último en bajar topándose con ellos. Dejó la katana en el suelo, agachó el torso y colocó ambas manos en el terreno humedo. Un total de cuatro cubos del tamaño de cabezas salieron despedidos hacia los marines. Eran tres marines y cuatro cubos. Uno golpeó a uno de ellos en el estómago, elevándolo en el aire unos siete metros hasta que lo dejó caer. Otros dos aplastaron de cuajo la cabeza del siguiente y los dos últimos fueron un poco más originales. Se elevaron para caer de repente y con fuerza sobre ambos pies. Aquel tipo liberó un grito de dolor.
— Cállate. — Le susurró. Levantó de nuevo el cuerpo, colocándose erguido. — Bueno, mejor no, no te calles. — Ansioso el marine intentaba agarrar las rocas cuadradas para despegarla de sus pies, pero no podía. Estaba inmóvil, con una espada en mano que soltó al mínimo contacto de dolor.
— ¿QUE COÑO OS PASA? — Kovashi le miró extrañado.
— ¿A que te refieres? eso tendría que decírtelo yo a ti. ¿De verdad? ¿No dejarlos ir al puerto? por un momento pensé que era imposible que hicierais eso, pero mira tú ...
— ¿Que te crees que está pasando? yo me alisté para ayudar a gente como esta, no pienso dejar que les suceda nada ... — Comenzó a sollozar. — Pero esta isla está ... — Parecía querer decir algo, pero no lo soltaba. Kovashi se acercó hasta el, medía casi dos metros, frente al hombrecillo sembraba una gigantesca sombra. Hubo un instante de silencio. El Shimatsu lo rompió. Clavó su katana en el muslo derecho del tipo, que volvió a gritar, naturalmente.
— Ahora necesito que me digas lo que has estado a punto de decirme. — Levantó su hierro, pasando la hoja por la lengua. — No tengo prisa ...
Medía un metro setenta, con gafas que ya había perdido minutos atrás. Probablemente, pesaría sesenta y pocos kilos. Su cara iba acorde con su físico, con su energía, era un medio hombre que estaba a punto de de hablar. El miedo, el dolor ... Eso convencía a cualquiera y funcionaba mucho mejor en hombres así.
— Dios mío ... — Empezó a llorar. Kovashi aún tenía la katana clavada en su pierna. La movía, hundiéndola más, abriendo la herida. — YA ESTÁ, PARA POR FAVOR, HABLARÉ, LO JURO ... Hablaré ... — En seguida, Kovashi frenó. El tipo estaba a punto de desfallecer.
— Habla ...
— Hay un pirata que se llama Durin Kili. — Mira tú la sorpresa. — En el east blue lo conocen como Mano de piedra Durin.
— Sí, me quiere sonar.
— Ese hombre nos tiene en la palma de su mano, los barcos que ves de la marina son todos de su propiedad. Yuwdech fue puesto como encargado de las comunicaciones hace un mes, justo un día después de la llegada de Durin ... Él es quien nos da las órdenes desde ese fatídico día. — El mundo era un pañuelo. ¿Entonces aquel mecanismo de defensa que consistía en dejar a los civiles tirados, era por el enano pirata? — Nadie conocía al interino Yuwdech, pero él es quien da las órdenes ... — Escupió a un costado, entre lágrimas, aunque algo más calmado.
— Comprendo. — Respondió. Arrancó la katana rápidamente de su pierna, liberó también los pies de aquel marine de los cubos, que se deshicieron al instante.
— Que es lo que comprendes ... — Estaba en el suelo, de rodillas, sin poder levantar siquiera la vista.
— La situación, ¿qué va a ser? — Se volvió hacia el puerto, los civiles habían llegado a donde estaba Derya, allí la mujer podría ayudarlos. — Sois tan decadentes, si fuera alguien importante ... Pero ¿Durin, mano de piedra? hace unos días le dimos una lección que tardará en olvidar. ¿Te has visto? has tardado cinco segundos en cantar, al mínimo dolor. Es ridículo. — Alcanzó un par de pasos, dispuesto a bajar la colina.
— ¡Espera! — Intentaba levantarse a duras penas. — ¿Qué vais a hacer?
— Ayudar a la gente. — Blandió su arma, limpiándola de sangre, gracias en parte a la fuerte lluvia. — Para eso están los revolucionarios. — Sentenció.
El era un hombre de frases grandilocuentes, de escenas cinematográficas, actuaba para la gente, eso ayudaba a la manipulación, algo que se le daba de lujo. Pero en este caso si que había quedado muy solida la frase. Hasta el marine se quedó acongojado, se podría decir que ilusionado ... Ese mismo lema lo podría haber repetido el perfectamente, pero quien lo estaba haciendo era justo el perfil de persona de la que le tocaba tener en frente en una guerra. Los pies de Kovashi se deslizaron pendiente abajo, hasta llegar a la entrada del puerto. Allí estaban los barcos, siguiendo el camino de madera se podría ver a Derya, rodeada ya de civiles que le pedían ayuda. Como el cabalgar de unos potros salvajes, pero acompasados, una milicia llegó. Se aventuró por la entrada del puerto (entendiendo entrada al pie que da paso al camino de madera que a su vez da con el inicio del puerto y sus barcos).
— Por órdenes superiores, quedan ustedes arrestados.— Quién habló era más grande que los otros cuatro que tenía detrás, aunque estéticamente vestían completamente igual. Menos el vocal, el resto portaba un rifle en mano, apuntando.
— Órdenes superiores, casi parece que te lo ha pedido el todopoderoso. — Mientras se daba este encuentro, una poderosa alarma empezó a sonar no muy lejos de allí. Se trataba del cuartel marine, ¿habían llegado ya el dúo de osos? o pudiera ser que la situación con el aguacero se estaba descontrolando, tanto que ahora sí que sí vieran aquello como una amenaza real. — Eso no suena muy bien. —
—¡Que te calles, escoria!— Se le vía desesperado, como un pollo sin cabeza.
— Está feo que hables de esa manera a la mano derecha de Mano de piedra "Durin", pequeño amigo. — El rostro de un humano descomponiéndose, es el disfraz que adoptó el grupo de marines. — Lo pasaré por alto debido a la catástrofe natural que estáis viviendo, no debe ser fácil.
—Pero ... ¿Por qué está ayudando a los civiles?— Su tono de voz ya era diferente - Así que en mayor o menos medida todos en esta base saben lo de Durin, interesante -
— ¿Tengo que darte explicaciones?
—Yo ... Eh ... Bueno, no.— Bajó la mirada, frustrado. Kovashi caminó lentamente hacia ellos, algo que les hizo alzar las armas del nerviosismo. — ¡Bajad las armas!— Gritó el principal, los demás obedecieron.
— Mata a ese. — Acercó su sibilina lengua a la oreja del líder. Este se alejó un paso, sudando como un loco.
— ¿Q-uee? — Miró a su compañero, que también estaba acojonado. — Como podría ... No ... ¡Jamás! — Se volvió, sacando un arma de su bolsillo y colocando la misma en la frente de Kovashi.
— Jajaja, casi lo haces, lo has pensado. Vaya escoria.
— ¡Mentira! nunca le pondría un dedo encima a uno de los míos y menos si me lo pide una sucia rata como tú, pirata. — Pirata, no era la primera vez que se lo llamaban, actuaba como uno muchas veces, no se les podía culpar por la confusión. El hilo de la mentira fue estirado a tal punto que había topado con el orgullo. Duro enemigo el orgullo propio.
Fueron segundos, segundos que apartaron la vista de un objetivo potencialmente peligroso. Kovashi golpeó el pecho del jefe, haciéndolo chocar contra los otros como si bolos fueran. Era una clara incorrección posicional el no llevar mínimo un metro de distancia de tu compañero, eso lo enseña hasta en las mafias, de las que el peli blanco sabía tanto. Clavó sin compasión alguna su hoja en el pecho del cabecilla. Los demás se arrastraron, anonadados. Kovashi no fue a por ellos, estaba bien, que se fueran, que hablaran de él, que su leyenda fluyera. Dejó que se escaparan. Arrancó de nuevo la katana del cuerpo de otro hombre más, no sin antes limpiarla en el propio ropaje del marine. Tras eso, llegó donde estaba Derya. Los civiles que estaban en la parte más alejada de la gyojin (pues hacían un círculo a su alrededor) son lo que contemplaron la muerte del marine a manos de Kovashi. Y aunque fuera por ellos (que en el fondo no tanto) sentían cierto recelo a aceptar aquellas maniobras tan sanguinarias. No se les podía culpar.
Cita:-Contador de Kovashi Npc derrotados: 14 marines Npc muertos: 7 marines Total de civiles muertos (no por Kovashi, en general): 12
Energía: 450 - 40 (10 cada cubo) = 410 "Anata wa tokubetsuna kodomodesu. Ima sugu ikimashou, karera wa anata o matteimasu" (Eres un niño especial. Vete ahora, te están esperando)
Antes siquiera de poder terminar la frase, Khruner salió disparado hacia el marine y le agarró de la cabeza, ejecutando sobre él una maniobra de aplastamiento con ambas manos que terminó rápidamente con su vida. El cuerpo de aquel pobre desgraciado se fue al hoyo junto con el de su compañero. El hoyo terminaría cerrándose en unos minutos, dejando el lugar como si nunca hubiera habido un agujero allí, era un poder muy curioso aquel. Khruner estaba deseoso de terminar aquella tarea, y para ser sinceros, Don Bambú también. No le gustaba estar en territorio enemigo sin conocer exactamente las fuerzas con las que contaban.—Sí, vamos. —Dijo el panda y salió del baño hacia un pasillo largo y pobremente iluminado. —No hay dinero para bombillas o qué. —Murmuró el panda para sí mismo. El pasillo tenía una pared blanca con puntitos como de gotelé y el suelo estaba formado por losas de piedra pulida sin ningún tipo de decoración. Tampoco había alfombras de ningún tipo, siendo una base militar. Ante todo se buscaba la simpleza en la construcción. Miró a ambos lados del pasillo y no vio a nadie. Tampoco se oía gran cosa, porque la lluvia torrencial hacía de colchón de ruido, camuflando incluso los sonoros pasos de los osos gigantes. Don Bambú escogió un camino al azar y empezó a seguir el pasillo. Pasaron por un par de estancias vacías, desde habitaciones donde debían descansar los marines hasta la misma cocina, pero no parecía haber nadie allí. —Es raro, ¿han dejado la base vacía? —Llegaron a una sección del pasillo que consistía en una larga fila de ventanas que daban por un lado al patio interior y por otro al exterior. Mirando al exterior uno no podía ver mucho, pues la visibilidad que dejaba la lluvia era muy poca, aunque se podía distinguir la silueta de algunas cosas grandes cercanas a donde debería estar el puerto al norte de la isla. Parecían barcos. Por la otra ventana, la que daba al patio interior, no se veía a nadie. El patio interior, que debía de estar vigilado por al menos un marine, era ahora mismo una plazoleta mojada y vacía con postes para practicar tiro al blanco frente a una pared de cemento y poco más. Sin embargo, algo que llamó la atención del panda fue una luz en el piso superior, directamente en el lado contrario al que estaban del edificio. —Eh, vamos allí, a ver quién está. Esto está casi vacío, me parece. —Y el panda se hizo un mapa mental de cómo debería ser el edificio en la cabeza y lo siguió. Por lógica, tenía que llegar al final del pasillo y girar a la izquierda, una vez allí bastaba con seguir de frente y subir por las primeras escaleras que encontrase. Esto fue prácticamente lo que ocurrió. Nada más doblar la esquina del pasillo, unas escaleras les esperaban pacientes en el lateral derecho de un nuevo pasillo que formaba otro lateral de la plazoleta interior. Don Bambú subió por las escaleras sin decir nada, suponiendo que Khruner le estaría siguiendo, y llegaron a un piso superior. Al contrario que en el piso inferior, donde el suelo era sencillote y más bien feo, aquí el entorno era algo diferente. En las paredes había cuadros, fotos de escuadrones antiguos de la marina con los años inscritos en la base. Estaban situados en orden descendente desde la perspectiva del panda. A su derecha tenía el año 11 después de El Suceso, ese mismo en el que se encontraban. Un rápido vistazo le reveló la cara de 20 marines muy serios mirando a lo que debía de ser el cámara y rodeando todos ellos a un hombre rubio, de pelo corto y muy bien vestido que debía de ser un alto rango. Entre las caras reconoció a un señor mayor con aspecto de ratón viejo y asustado y a su lado a un enclenque de gafas gruesas con aspecto de haber estado sudando. Eran los marines que habían matado hacía unos instantes. El siguiente cuadro, del año 10, contaba con otros 20 rostros de reclutas y el mismo hombre rubio de rango aparentemente superior. Sin embargo, había otras figuras con uniformes de marine de alto rango. Siendo una base tan pequeña, Don Bambú supuso que eran personas que iban a dar una lección o dos sobre algo de la marina y luego se trasladaban de base según sus cargos exigían, su padre le había contado algo de eso alguna vez. Una idea loca cruzó su mente y aceleró su paso por las paredes, yendo atrás en el tiempo y mirando fugazmente las caras de las personas que estaban en los cuadros. No necesitaba pararse mucho, porque lo que buscaba iba a ser muy evidente. Y yéndose 15 años en el pasado lo encontró. Y allí estaba, mirando a Don Bambú con una seriedad que conocía muy bien, su padre. Todavía tenía buena cara, porque era antes de la jubilación y mamá todavía seguía viva. Era un mink panda de estatura incluso mayor que Don Bambú, llegando a los cinco metros de altura. Observó que alguno de los reclutas de aquella época, aunque mantenían el semblante serio, miraban de soslayo a su padre con lo que Don Bambú reconoció agriamente como fascinación. —Si supierais como era... —Se dijo a si mismo, aunque luego lo pensó mejor. —Le miraríais así igualmente, para qué engañarnos. —Y en un gesto de despecho, pasó una afilada uña por el cuadro, rasgando la cara de su padre y la de tres o cuatro reclutas más. Se dio cuenta de que estaba perdiendo el tiempo, así que volvió a concentrarse en la misión y siguió el pasillo sin volver a mirar las fotos hasta llegar a la habitación iluminada. Dentro se escuchaba una voz. —La situación aquí es tranquila, aunque no veo al vago de Bonn por ninguna parte, debe de estar haciendo tiempo para no mojarse... —No parecía haber respuesta alguna, pero la voz seguía hablando. —Cuantos más civiles mueran en esta 'tragedia' más propiedades quedarán libres para la expropiación, eso facilitará las cosas. —¿Qué cosas facilitaría? Don Bambú decidió no esperar para averiguarlo y le dio una patada a la puerta. —Buenas noches. Ah, hay más gente aquí, perfecto. —Don Bambú entró como si el lugar le perteneciese. En aquella habitación había cuatro personas. Cuatro marines de bajo rango, entre ellos un hombre de metro noventa, pelo blanco y bien vestido con una taza de café vacía a un lado que destacaba de los demás por ser el que estaba dirigiendo la comunicaciones. Dos de los otros marines flanqueaban una mesa en la que había un mapa de la isla, aunque no veía qué habían anotado en él, y el último estaba haciendo café con cara de resignación. Aunque en ese momento lo que estaban haciendo todos era mirar al mink oso panda de casi cuatro metros que acababa de entrar en la habitación. —No las hacéis pensando en la diversidad racial, ¿eh? —Dijo el panda medio encorvado refiriéndose a la habitación. —¿Qu-quién eres tú? —Preguntó el peliblanco. —Y a ti qué te importa. —Y sin añadir nada más, agarró por el cuello al marine que tenía más cerca, el que estaba haciendo café y lo tiró con todas sus fuerzas por la ventana de la habitación. El sonido del cristal al romperse se fusionó con el ruido amplificado de la lluvia, de la que los presentes ya no estaban protegidos. Un ruido sordo sonó un piso más abajo, el marine había llegado al suelo. —Pero ya que preguntas, somos la justicia. —El semblante del panda, serio como estaba, se iluminó por completo con la llegada de un rayo con buen ojo para los efectos especiales. Notó como alguno de ellos empezaba a temblar. —¿S-sois? —Los dos marines de la mesa ya estaban desenvainando espadas, pero el de las comunicaciones estaba buscando con su mano algo en la mesa. —Compadre, creo que te llaman. —Y Don Bambú salió de la habitación para dejarle paso a su salvaje amigo. Era más bajito que él, así que igual hasta entraba derecho en la habitación. Según el panda salía de la habitación, un estridente sonido invadió todo el edificio. El marine de pelo blanco acababa de pulsar la alarma.
Resumen
Exploro la base marine, que está un poco vacía por el momento. Según exploramos todo, vemos una ventana iluminada al otro lado de un patio interior, así que recorremos el edificio para llegar allí encontrándonos unas fotos por el camino de el escuadrón de la base en diferentes años, donde mi personaje ve una foto de su padre y la rasga. Después llegamos a la habitación iluminada, que es la sala de comunicaciones donde está Norman Yuwdech y otros tres marines. Antes de entrar escucho parte de un mensaje sobre que las muertes civiles darán lugar a expropiación de bienes inmuebles, algo que enlaza con la subtrama de Durin aprovechándose de la marina para sacar beneficio de la isla. Entro en la habitación y lanzo a uno por la ventana, aunque no se sabe en qué estado termina, y dejo paso a Khruner para que lidie con el resto. Mientras salgo de la habitación, Norman da la alarma usando un botón al lado de su estación de comunicaciones. Este es el sonido de alarma que escuchan desde el puerto.
Datos de personaje
Karmas empleados: Guía, Voz intimidante, Rivalidad con los marines.