Manglar 20
Día 32 de Otoño. Año 14
6:00 pm
Luego de lo que habíamos vivido los Mushoku hace algunos días con el incidente en el manglar 26, las cosas no pintaban nada bien. Habíamos sufrido daños realmente considerables, y la verdad es que no estábamos en las condiciones más óptimas para enfrentarnos a cualquier reto lo más mínimamente decente que pudiéramos tener. A pesar de haber recibido dos nuevos fichajes a nuestras filas, uno de ellos había sido gravemente herido. La ranita samurai, Keropi, quien justo había sido la que mejor se había desempeñado en lo que entre muchas comillas se podría llamar una “audición”, se hallaba a una distancia demasiado corta de la explosión que el mink había creado. La misma explosión que nos mandó a Ben y a mi disparados contra el costado del barco, no había sido tan indulgente con el pequeño anfibio, pues su brazo izquierdo había sido cercenado y tras casi perder la vida, se encontraba aún grave, aunque los cuidados del Dr. Power habían conseguido sacarle las ancas del camino a la muerte.
Teníamos también el asunto del extraño tipo que había saltado hacia nosotros, que de no ser por Ashura, seguramente habría implicado más problemas para toda la situación. Por suerte Ashura se encargó él mismo de todo el asunto, así que no había nada que ninguno de los otros pudiéramos hacer.Ya era más que claro, al menos para mi, que meterse en el camino del capitán oni cuando tenía una idea entre ceja y ceja (o entra cuerno y cuerno) era más contraproducente que otra cosa, así que ese asunto la verdad, era algo en lo que no pensaba meter las narices. Solo sé que luego del espadazo que se comió, parecía haber perdido un ojo. Total que ahora el barco estaba lleno de heridos y mutilados. Por lo que estábamos como dije, en un punto bastante bajo de nuestra situación.
Había pasado algunos días deambulando por los manglares con la idea de entrenar, pero nada de lo que conseguía en este sitio se diferenciaba demasiado de lo que ya había hecho durante años en la jungla de Kuen. Entrenando aquí no conseguiría un crecimiento en mis habilidades, pues no había nada, aparte de las condenadas burbujas esas, que pudiera servirme para llevar mi cuerpo a nuevos límites.
Vagando por aquí y por allá, terminé nuevamente en el manglar 20, en donde justamente teníamos anclado el Niebla de Guerra. Adentrándome por las calles de aquel lugar, llegué a ver un pequeño bar que no tenía pinta de ser lo más lujoso del lugar, pero para alguien como yo, sería perfecto, pues dudo que algún cazador o marine se animara a entrar a aquel cuchitril. Tanto pensar y caminar sin rumbo, me habían dado sed, y no sed de la normal, sino una sed que buscaba ahogar también la frustración de una misión sin rumbo y por tanto, sin éxito. Frustrado decidí entrar y vaya la sorpresa que -no- me llevé cuando vi que el sitio era tal cual un hueco de mala muerte en el que unos pocos pelafustanes y malvivientes ahogaban sus penas, justo como yo estaba pretendiendo hacer, mira qué cosas.
Me acerqué a la enclenque barra y tomando un taburete que, por su apariencia ruñida dudaba que pudiera soportar a alguien de mi tamaño y peso, me senté y ordené un trago de lo que fuera. El bartender, un tipo con la cara hecha mierda por los años, peleas y el propio alcohol, me preguntó qué quería específicamente.
Mira amigo, dame un jarro con la mierda más fuerte que se te ocurra o se te permita servir, que yo me la bajo-Gin. No me importa lo que me sirvas, mientras pegue fuerte - Fue mi respuesta directa al tipo. Y eso justo fue lo que hizo. Una pinta de vidrio llena de un potingue raro de color negro y una espesura inhumana fue lo que llegó a mis manos tras unos minutos de espera. “Es lo que me gano por bocón” pensé, mientras tomaba el tarro y empujaba por el gaznate aquella mierda que más que alcohol parecía brea.
Aquel trago de verdad sabía a culo, pero no a cualquier culo, sino a culo sucio. Y no es que yo me comiera un culo sucio en mi vida, pero si lo llegara a hacer, no me cabe duda alguna de que este justo sería el sabor que tendría. En fin, el caso es que me bebí aquella mierda y, aunque asquerosa, he de confesar que sí que me dió una buena patada en la azotea, que era lo que más necesitaba. Estaba bastante mareado. Era la primera vez que con un solo trago conseguía este efecto, así que el barman entendió lo que buscaba con mi petición. Bien.
Iba ya a alzar la mano para pedir otro jarro, cuando una persona se sentó a mi lado y sin que yo le preguntara nada, empezó a contestarme cosas sin sentido, o al menos eso pensé de primeras.
Hijo, no te recomiendo que pidas más de aquello.¿Tienes acaso idea de con qué lo preparan? dijo con un todo de voz bastante serio, muy parecido al mío, aunque menos neutro. Se trataba de un hombre de edad madura, calculo que entre unos 40 y 60 años más o menos. Iba con una especie de braga como de mecánico, y parcialmente calvo, aunque con una barba y patillas un tanto interesantes. Lo más curioso de su apariencia, sin embargo, era aquel extraño brazo izquierdo que tenía. Era como una prótesis o algo así. Justo un brazo izquierdo mecánico… hmmm eso podría ser una alternativa para el tema del brazo de Keropi. Cuando vuelva con los chicos, les voy a comentar sobre ello.
No sé con qué lo preparan-Gin. Pero sí sé que me sirve para emborracharme rápido. ¿Y a ti qué? ¿tienes una mejor idea para ahogar las frustraciones? dije al desconocido. Al parecer el trago no solo me había alegrado la sesera, sino que también empezaba a soltarse mi lengua, porque yo no soy así.
Tengo una mejor idea, chico. ¿Qué te parece si en vez de ahogar las frustraciones, las ventilamos, eh? cuéntame un poco lo que te aflige y tal vez yo pueda hacer algo por ti. Eso sí, tú invitas la próxima ronda. ¿ok?- La mirada de aquel hombre, aunque casual, tenía algo. No sé bien qué. Una chispa o algo así, pero tenía un brillo que a pesar de mi estado de, llamémosle, alegría, no me costó notar.
Vale, vale. Oye, tú. una ronda para mi y este buen tipo -Gin. dije al barman- Por cierto. ¿qué sabes tú de las frustraciones?-Gin- cuestioné al extraño.
Ah, sé bastante más de lo que tú podrías siquiera llegar a imaginar. No sabes la cantidad de personas a las que he visto ir y venir de este lugar en busca de algo que les permita alcanzar nuevos niveles en sus… habilidades - El hombre me lanzó una mirada directa. Este tipo no es normal, y está más que claro que puede reconocer en mí a un pirata. No tiene caso que me ande con evasivas ante una persona así. No sé qué intenciones tendrá al acercarse a mí de esta manera, pero sé que jugar a hacer como que no soy lo que claramente soy, no es la manera. Además, no sé por qué, pero a pesar de que me acaba de decir que sabe quién y qué soy, no consigo llegar a sentirme amenazado por su presencia ni sus palabras. Al contrario, siento que de alguna manera es más una forma de… ¿ofrecerme ayuda?
Luego de unos segundos mirando de vuelta a quel hombre, di un sorbo al nuevo trago que nos habían servido. este era mucho menos asqueroso, pero también menos fuerte que el primero. Supongo que en algún momento, el extraño le hizo señas al barman o algo, para que le bajara a la potencia con la que me estaba golpeando con los tragos. No me quejo, igual. este trago sí estaba bueno.
No negaré que soy uno más de esos tantos que mencionas, amigo-Gin. Yo también estoy buscando conocimiento y alguna manera de obtener nuevas habilidades - comencé a decirle al tipo - Verás, mi profesión, si se quiere, me ha llevado a situaciones complicadas en las que debo usar mi fuerza y mis capacidades de combate para poder valerme-Gin. Le mostré mi puño derecho. Mi rompecráneos emitió un leve brillo azulado, que incluso bajo la luz de mierda de este sitio, se hizo notar ante mi nuevo compañero.
Pero a medida que avanzo en este camino que he decidido recorrer, me encuentro con obstáculos y limitantes cada vez mayores-Gin. Los muros se pueden romper, y los muros más duros, pues, se les golpea más duro y acaban cayendo también-Gin. Pero hay otro tipo de muros en mi profesión. El hombre sonrió conmigo en complicidad, mientras tomaba un sorbo de su bebida a la vez. Era obvio que no era un tonto y que sabía muy bien de lo que hablo.
¿Y qué tipo de muros serían esos, compañero? preguntó el tipo. No sé por qué, pero esa pregunta fue cómo abrir un grifo. empecé a soltar información sin más a alguien de quien no tenía ni puta idea.
Pues, a ver… En mis últimos viajes he tenido que pelear con muchos rivales poderosos, y en buena parte he salido victorioso gracias a la colaboración de mis compañeros-Gin. Pero para mi, lo importante es ser el puño que luche por ellos y la mano que puedan tomar cuando más lo necesiten-Gin, no una carga. Además, cada vez los contrincantes se han ido volviendo más resistentes y me parece que hay un límite a la fuerza que puede obtener mi cuerpo por medios naturales y… otros medios no tan naturales, he de confesar.
A medida que me escuchaba, el tipo no había sino asentir cada tanto y ocasionalmente tomar sobros de su bebida, cosa que yo también iba haciendo. Luego de escucharme, el hombre se giró hacia mi, para quedar de frente y me dijo: ¿Y si te dijera yo que puedes obtener un poder que te haría capaz de estar a la altura de los enemigos que vendrán, incluso de aquellos que no se dejan tocar. Tú sabes, los que si les pegas, se evaporan como si fueran de humo?
Mierda. No había duda alguna de que este tipo sabía quién era y quiénes éramos los Mushoku. Era un hombre peligroso, pero por alguna maldita razón que se me seguía escapando, no había hecho un movimiento en contra mío o de alguno de mis compañeros. Por el contrario, ahora me estaba ofreciendo una solución a mis problemas. ¿Qué tenía que ganar este loco ayudándome?
Pero… No tiene caso que pregunte, ¿verdad? El tipo negó con la cabeza. Suspiré resignado Si un poder como ese existe, y está a mi alcance, pues, lo lógico sería que intentara conseguirlo, ¿no? Si pudiera destruirlo todo, sería capaz de acabar con los obstáculos por venir. Y estoy seguro de que en mi camino, podrían llegar a aparecer personas como las que describes, solo que no como aliados, sino como enemigos-Gin. Así que… sí, te diría que me gustaría conocer este poder del que me hablas… ¿amigo?
Amigo. sí. No te preocupes. Que yo no voy a ir a decirle nada a nadie de ti ni de tus amigos. Yo no estoy del lado de nadie, solo del conocimiento, y como eso es lo que tú buscas, pues te lo ofrezco. Nada más, nada menos.
El hombre entonces se levantó y me hizo señas para que le siguiera. Yo me levanté, mientras el enclenque taburete crujía, aliviado de mi peso. Dejé unas cuantas monedas en la barra a modo de pago y me dispuse a seguir a aquel extraño sujeto. No sé si era por mi estado o si sencillamente estaba loco, pero había notado que nadie en todo el lugar había interactuado con el hombre, ni siquiera el barman, que aunque le había servido un trago, no había cruzado palabra con el tipo. Era en cierto modo como si este sujeto estuviera y a la vez no estuviera en este lugar, como si a pesar de vivir en la realidad, esta no le alcanzara o le afectara. Ninguno de los borrachos malvivientes del lugar se inmutó siquiera cuando los dos pasamos entre las pequeñas mesas en dirección al exterior.
Una vez afuera, el tipo siguió caminando con paso decidido a quién sabe dónde, mientras yo sencillamente me limitaba a caminar junto a él, cosa que me costaba un poco, porque me había levantado muy rápido, y porque por nuestras diferencias de alturas, cada paso mío eran 2 o 3 del tipo. Pasábamos por las diferentes calles y caminerías del lugar, algunas pobladas, otras desiertas, pero nunca nos detuvimos. No fue sino hasta haber pasado al menos una hora, o eso fue lo que me pareció a mí, cuando mis sentidos volvieron a la normalidad y el efecto de aquel raro brebaje se esfumó de mi cabeza. El tipo lo notó y soltó una pequeña risita, como diciendo “ah ya estás lúcido de nuevo”. No le dí mayor importancia, pues mi interés y curiosidad en lo que pudiera ofrecerme era mayor que mis ganas de discutirle algo.
Caminamos algunos minutos más, cuando noté que nos encontrábamos de nuevo frente al bar. Ya le iba a preguntar al tipo ese qué carajos pasaba y por qué habíamos vuelto, cuando alzó un dedo frente a mí y dijo: No podías empezar a aprender lo que te voy a enseñar estando ebrio, jajajaja. Además, el lugar es muy bonito y si mueres en mi entrenamiento, no habrías tenido el gusto de haberlo visitado, así que de nada, chico. Ya me debes una.
Maldita sea. Todo este paseo había sido solamente para sacarme la cruda. Solo espero que este loco no sea eso justamente y me termine revelando en verdad algún nuevo conocimiento que me pueda ayudar a mejorar. Si no, esta misión sería meramente una pérdida de tiempo. Resulta que el hombre tenía una casita justo frente al bar, y allí fue que me pidió entrar con él. Una vez dentro me explicó que el bar es de su primo y que nunca le cobraba los tragos, así que me habían visto bien la cara. Pero justo cuando mi expresión comenzaba a cambiar por una de molestia, nuevamente alzó el dedo y me comenzó a hablar.
Verás, lo que te voy a enseñar aquí y ahora es un poder que todo aquel que aspire aventurarse más allá de este archipiélago debería conocer, pues lo que aguarda al otro lado del Red Line, es decir, lo que se conoce como en Nuevo Mundo, está lleno de enemigos y criaturas muchísimo más monstruosas que todo lo que hayas visto, y si no estás propiamente preparado, amigo, te garantizo que no sobrevivirás a la primera isla a la que llegues, sea cual sea esta. Las palabras del tipo eran bastante directas y crudas. Sabía por qué quería mejorar y sabía que iba a hacerme falta, por lo que no objeté mucho en sus argumentos. Al fin y al cabo en esta situación yo sería un estudiante y no un maestro.
Por un momento pensé en qué clase de criaturas podría haber en el Nuevo Mundo. Ya había peleado con toda clase de bestias en Kuen, así como había derrotado a más de un gorila gigante. De hecho empezaba a pensar que los gorilas debían tener una forma de comunicarse o algo, porque isla que llegaba, isla en la que me salía un gorila gigante a querer pelear conmigo. Y no solo eso, sino que cada vez eran gorilas más grandes. De pronto será que el gremio de los gorilas se había ensañado conmigo y me mandaban cada vez gorilas más grandes, no lo sé. La última vez me mandó un gorila disfrazado de marine, que resultó ser el propio Sérpico. No quiero imaginarme entonces la clase y el tamaño de los gorilas que habrán en el Nuevo Mundo.
El poder del que te hablo es nada más y nada menos que el Haki. Se trata de una fuerza vital que habita dentro de todos los seres vivos, una especie de energía que nos conecta y que se manifiesta solo en aquellos capaces de usar su voluntad con la determinación suficiente para que esta llegue a reforzar sus capacidades físicas. El haki es parte de ti, de mi y de tus enemigos también. Ahora mismo todos tenemos haki, pero sin el entrenamiento apropiado, no podemos hacerlo florecer a su máximo potencial. Así que lo que te propongo ahora mismo es enseñarte a despertar ese poder latente que habita en tu interior, ¿si?
Asentí ante sus palabras, como un estudiante en una escuela, ahora mismo me estaba explicando algo que me era completamente desconocido, y que no quería empañar con mi buena oratoria, que a pesar de serlo, imaginé que aportaría poco o nada al proceso de aprendizaje.
Hay muchos tipos de haki, y aunque yo puedo enseñarte todos, hay uno con el que solo algunos pocos afortunados del destino consiguen nacer. No sé si tú eres uno de esos suertudos, y si en tu vida no has logrado manifestar alguna energía extraña hasta ahora, la verdad dudo que lo seas. Sin embargo, sí que puedo enseñarte los otros dos tipos, aunque ahora mismo, al que me refería cuando hablaba del poder de destruir todo y de poder dañar a esos enemigos intangibles, es el que se conoce como Busoshoku, o sea, el Haki de Armamento.
Mi mente iba volando, la cantidad de información que el tipo me estaba explicando era muchísima, y sumamente importante. Me estaba hablando de energías y de poderes, de elegidos y de habilidades que jamás había escuchado antes. Luego por un momento recordé el combate contra Sérpico y alcé la palma de mi mano para preguntar.
Hace no mucho luché contra alguien que tenía una suerte de instinto raro, que le permitió ver venir mis ataques y esquivarlos como si supiera que estos iban a venir-Gin. este mismo enemigo demostró -miré mi mano por un instante. “No importa. Este tipo sabe” -Demostró además que tenía alguna habilidad con la que hizo que su espada, un mero palito comparado conmigo, y con el tamaño de su propio cuerpo, pudiera resistir la onda de choque de mis poderes de fruta del diablo-Gin
Sí. En efecto ese enemigo que mencionas, era un usuario asiduo del haki. En su caso contaba con, según lo que se supo en las noticias, la formación suficiente para dominar, incluso a un nivel medio, que ya no básico, dos de los tres tipos de haki: El haki de observación, y el haki de armamento. El de observación le permitía percibir tus ofensivas incluso sin tener que verlas, y fue a través del haki de armamento que pudo imbuir de su propio poder a su arma, para que esta fuera más resistente y consiguiera bloquear el poder de tus habilidades de fruta del diablo. En efecto, ya has visto de primera mano entonces cómo se ve el haki en un rival. Sin embargo, esa vez contabas con superioridad numérica, y la “ventaja” de que tu rival no era mucho más fuerte que tú. Pero debes entender algo desde ya: El poder del haki de un individuo crece en proporción a las habilidades de este. O sea que, a mayor fuerza de tu rival y mayor voluntad, mayor será el alcance y el poder que sus hakis puedan tener. Así que como ya habrás deducido, sí, el haki es un potenciador que funciona según nuestras propias capacidades. Nunca será un sustituto para tus otros entrenamientos físicos, sino un complemento. ¿Estamos?
Asentí una vez más y me senté entonces, pues el hombre me extendió la mano para tomara asiento en una de las sillas de su sala de estar. El lugar, que no había detallado hasta entonces era bastante precario, pero no por eso menos hogareño. Era obviamente la vivienda de un ermitaño, aunque no estuviera alejada de la ciudad. La sensación que daba este lugar era rara, pues incluso el ruido exterior no alcanzaba a entrar, era una impresión misteriosa aquella, como la que causaba el propio dueño de la morada.
El entrenamiento que te ofrezco es el de enseñarte entonces, el haki de armamento. Es un camino enfocado a usar tus capacidades físicas para lograr que estas canalicen tu voluntad y la hagan materializarse en tu físico. Sea en tus puños, pies, cabeza, etc. El haki de armamento funciona como una defensa potente para tu cuerpo, así como un aumento de la ofensiva que puedas causar en tu rival, así que en pocas palabras: te estoy ofreciendo el poder que será tanto tu escudo como tu lanza en el futuro. Eso, claro si consigues despertarlo, y más allá de lo que yo te pueda enseñar, si lo dominas con mayor soltura, pues entiendo que no estarás aquí mucho tiempo para que yo te entrene al 100%, ¿correcto?
Asentí otra vez. Esto se me daba muy bien. Hasta ahora había asentido a todo y no por quedar bien con el maestro, sino porque en verdad lo estaba entendiendo, incluso a pesar de ser algo que se me hacía completamente nuevo y extraño. Era raro, sí, pero si este sujeto no estaba hablando burradas, solo para sacarme dinero o alcohol, me estaba mostrando la puerta a un nuevo mundo de habilidades que algunos podrían incluso considerar antinaturales, tal vez hasta más que las de las frutas del diablo. Además, sus respuestas dieron sentido a mis dudas sobre las capacidades del marine pelirrojo de Neur, con lo que hasta ahora no había incongruencias en sus explicaciones que me hicieran dudar, más allá de la desconfianza inicial que me podría causar el estar hablando de esto con alguien que no conocía hace una hora y tanto.
Pensé un poco sobre todo lo que me había dicho el hombre, y al cabo de unos instantes me dije a mi mismo que no tenía nada que perder, y si lo que decía era cierto, en realidad tenía mucho que ganar. Así que me levanté y con una mirada igual de chispeante en determinación como la que él me mostró en el bar, le respondí: Muy bien-Gin. Acepto la oferta. Por favor enséñame eso del haki, y yo te pagaré como mejor lo consideres-Gin
El hombre sonrió de nuevo y solo dijo: No te preocupes. Con unos berries que me dejes, me bastarán, además de alguna que otra historia que me quieras contar. Soy fanático de las historias, jajaja.
Así fue entonces como comenzó el entrenamiento para despertar el haki de armamento. Salimos entonces de la casa del maestro (ahora que había accedido a entrenar, yo mismo me refería a él así sin que este me lo pidiera) y caminamos a una zona algo alejada del pueblo. También era un tanto lejos del barco, pues nos adentramos al manglar en la dirección opuesta.Mientras caminábamos, mi mente fue de nuevo con Keropi. Perder un brazo para él seguramente no sería mayor problema, pero si yo estuviera en una situación así, no sé lo que haría. Mis puños eran mi arma y mi herramienta de trabajo, con lo que estaría muy limitado de sufrir un daño de ese calibre. Espero que con suficiente control y dominio de ese haki de armamento, pueda hacer que mi cuerpo sea más resistente y así no exponerme a peligros que me puedan causar daños semejantes.
Habíamos vagado por el manglar durante unos cuantos minutos, cuando nos adentramos en una especie de formación cavernosa dentro de un enorme tronco de los que surgían del árbol. Una vez dentro de la “cueva”, el maestro, en casi total oscuridad, encendió una lámpara de aceite y con ella iluminó otras tantas antorchas que había en las paredes del lugar. El recinto en el que estábamos era amplio aunque estuviera techado: se trataba de una enorme sala circular que de un lado tenía unas rocas y pedazos de metal enormes, oxidados y abollados. Al otro lado había una extraña formación de raíces que subía por el lateral de la cueva, hasta llegar al techo, a unos 30 metros de alto, donde una de las ramas se prolongaba como si de un balcón se tratara.
Vamos a empezar con entrenar tu cuerpo, amigo. De nada sirve despertar un poder que tu cuerpo no es capaz de soportar. Sería como darle un arma a un mono; Es cuestión de tiempo para que el mono se termine haciendo daño. Y no queremos que eso sea lo que te pase a ti. Eso sí. como reglas: A partir de ahora, no podrás usar tus poderes sísmicos, ni usarás tus guantes o botas, ni ningún otro tipo de armas, así que hazme el favor de dejar todo en aquel rincón y manos a la obra. Obedecí y me desprendí de mis guantes y mis punteras, así como de las cosas que llevaba en mi bolso, y lo dejé todo amontonado en un rinconcito que estaba dispuesto aparentemente como depósito.
Muy bien, tu primer paso será dominar el verdadero potencial de tu fuerza. No te confundas, ojo. Dominar tu fuerza en este caso no significa pegar fuerte, no. En este caso necesitas tener pleno control de tus capacidades físicas, porque cualquiera puede pegar duro y soltar todo su poder en una explosión de energía, pero solo dominando tu fuerza serás capaz de realmente administrar tu energía, y así saber cuánto de tu poder usas a voluntad. Si un enemigo requiere que le des con todo es sencillo, pero si peleas con alguien que puedes derrotar, usando solo, digamos, un 10% de tu energía, y usas el 100%, si ese tipo tenía amigos, es muy probable que no estés en condiciones para entrar, ni te digo ya, sobrevivir a un segundo asalto.
Tenía totalmente razón aquello que me decía y sinceramente, era algo en lo que nunca me había detenido a pensar, al menos no de manera consciente. Hasta ahora siempre había tenido la fortuna de contar o con suficiente energía para durar una lucha, o con una cantidad de enemigos que estuviera dentro de mis capacidades el poder manejar, salvo contados casos, donde hubo más suerte que habilidad, pero eso es otro tema. Luego estaban la otras situaciones, en las que el haber estado en una banda era realmente lo que había causado que me pudiera declarar vencedor, o al menos no perdedor. Ciertamente la superioridad numérica me había ayudado en más de una ocasión, pero en este momento lo que buscaba era no necesitar tanto a otros, y que otros pudieran contar más conmigo en nuestro camino a la gloria.
Bien, quiero que te cuelgues de aquellas enredaderas y te suspendas con una sola mano. Sé que alguien como tú no tendrá mayor problema en lograrlo. sostén tu peso solo con esa mano y nada más. vamos que eso es dándole desde ya. Obedecí sin chistar y empecé a monear mi cuerpo en aquellas ramificaciones. eran como unas lianas o enredaderas, que a primera vista eran endebles, pero me sorprendió que ni se movieran ante mi peso. Escalé algunos metros y cuando había alcanzado suficiente altura, me dejé colgar solamente de mi mano derecha.
Ahora quédate así y espero que cuando regrese, no te hayas caído, ¿ok? por cierto, olvidé decirte: si fallas, se cancela el entrenamiento. Yo ya regreso, voy al bar un rato. nos vemos.
Mierda. tengo que darlo todo. Aquel último comentario no hizo sino que me pusiera más nervioso, y puse mucha fuerza en no desprenderme de mi agarre. Vi cómo el maestro se iba del lugar y entonces los minutos comenzaron a pasar. No sé yo si era por la situación en que estaba o si era algo de este lugar, pero esos minutos se me hacían extremadamente largos y tortuosos. Al inicio no me costó tanto mantenerme, pero tras lo que según mi percepción del tiempo habrían sido unos 30 o 35 minutos, empezó el verdadero esfuerzo. Mis brazos tenía ya al menos media hora en tensión y mi cuerpo empezaba a sudar. No tenía mis guantes conmigo, así que era peligroso el transpirar en exceso. No quería perder mi entrenamiento por resbalar como un idiota, pero por otra parte no es que hubiera mucho que pudierea hacer, además de justamente aplicar mayor fuerza a mis manos para resistir la pérdida de fricción. Así pude mantenerme algunos minutos más hasta que pasó una hora, y luego otra. Luego de esta segunda hora, ya comenzaba a sentir cómo no solo mis manos, sino todos los músculos de mis brazos, hasta los hombros se entumecían. Es cierto que durante mi infancia y juventud puse mi cuerpo al extremo, pero por alguna razón este tipo de entrenamiento me ponía nervioso. Quizás fuera por no ser autoimpuesto, aunque las tardes de cargar mercancías con Alfred en su pequeño barco mercante también eran duras, con la gran diferencia que entre carga y descarga, tenía unos cuantos segundos de respiro. Ahora mismo no tenía esos segundos y no podía sino enfocarme en no caer.
Mi cuerpo, casi por reflejo hacía que mis manos se agarrotaran de la rama, y mientras eso pasaba, mi mente empezaba a recordar aquellos días con Alfred y el envío mercante. Su barco era muy acogedor y no sé cómo hacía, pero a cualquier lugar donde íbamos, la gente lo recibía bien… “haz el bien sin mirar a quien” me decía constantemente, y eso era lo que intentaba hacer. Acabar con aquel marine no se sitió bien, pero destruir el cuartel era un acto en pos de un mejor futuro para la gente de aquella isla. Sin la milicia, los nobles tendrían que aprender que las personas no son sus esclavos.
Otra hora pasó, y luego otra. ‘¿cuánto tiempo llevaba aquí suspendido? ahora me dolían hasta las costillas y todo mi cuerpo estaba empapado en sudor. Sin embargo aún no me pensaba soltar. ¿dónde estaba aquel maestro? Hacía ya demasiado tiempo que se había ido y aún no volvía. Espero que esto sea útil para algo y no una mera estafa por parte de un tipo loco que conocí en una taguara. Mi paciencia se convirtió en molestia, luego en resignación, y finalmente en nada. Ya no me importaba nada, no sentía nada más que el dolor de mis músculos tensos durante horas soportando mi propio peso.
Otra hora más pasó, y luego de esa otra más. En algún punto de todo esto mi conciencia cedió y me quedé dormido, pues vi frente a mí una extraña costa. Una isla conocida me daba la bienvenida y allí estaba mi familia. Mira y Alfred estaban a mi lado y Gonjo y los muchachos corrían a lo lejos. Sabía que eran ellos, pero no podía ver sus caras con claridad. Eso me hizo sentir muy triste, no quería olvidarlos. Pero sus caras eran algo muy distante para mí. Sabía cómo debían ser, pero mi mente no los conseguía dibujar realmente. Vi sonrisas y vi a Gonjo y Mira acercarse y abrazarme. Luego súbitamente me desperté. Seguía en ese infierno de entrenamiento raro, colgado aún. Me había despertado un ruido de pasos. Aquel tipo, el maestro había vuelto finalmente. No sabía ya cuánto tiempo tenía aquí, pero maldición, espero que esté sirviendo de algo.
Así que no te caíste, ¿eh? muy bien, chico. Nada mal. Sabía que eras fuerte, pero pensé que te habrías rendido hace una hora o dos, jajajaja. Ven, baja de ahí, ya pasaste el primer paso de tu entrenamiento.
Al fin. Me dejé caer sin problemas desde allí hasta el suelo. Al caer, sin embargo, no contaba con que mis piernas también estuvieran agotadas, pues al parecer había consumido toda mi energía en aquel esfuerzo que se había prolongado por tantas horas. caí de culo contra el suelo y el maestro soltó una risotada que reverberó por todo el recinto.
No descanses ahora muchacho. La idea era que quemaras toda tu fuerza, pues si no lo hiciéramos, la usarías para lo que viene, y no queremos eso. Por el contrario, queremos que saques a relucir tu otro poder: ese que viene de tu voluntad. Ese segundo depósito de energía que todos tenemos y que de manera natural solo podemos conseguir si no nos queda nada más para dar. Levántate y no dejes que el cuerpo se relaje.
Obedecí a mi maestro y me levanté, tambaléandome, pero a la vez plantando mis pies con firmeza, mientras mis párpados caían pesados sobre mis ojos producto de la fatiga. No sabía qué carajos sería el siguiente paso del entrenamiento, pero debía darlo todo y estar listo para ello. Aquello me tomó por sorpresa, pero lo que parecía ser una prueba simple, se me hizo gigante ante las condiciones en las que estaba en aquel momento.
Noté que el maestro tenía una pequeña jaula de la que sacó una criatura. Se trataba de un pequeño simio de cola larga, no más grande que Mandarina. Comenzó a hablar entonces el maestro: La siguiente parte es fácil. Simplemente debes atrapar al mono. Pero con una pequeña dificultad. Acto seguido, se acercó a mí y sin que lo pudiera notar, sentí un peso en mis pies. miré inmediatamente hacia abajo para darme cuenta de que el condenado calvo este me había puesto unos grilletes en los pies. Los grilletes no eran pesados, pero la enorme bola de metal que tenía al menos la mitad de mi tamaño, sí que lo era.
El mono tiene la llave de los grilletes atada a la cola. Tienes 1 hora para atraparlo. Suerte, chico. Tras esas palabras, el maestro se sentó en una esquina junto a mis cosas y pude ver que además de vigilarme, empezó a revisar mis guantes y mis punteras. ¿Y bien?¿A qué esperas? el tiempo corre, chico. Chop chop.
Salté con las pocas fuerzas que me quedaban hacia la criatura, pero el peso de la enorme bola de metal me hacía muy lento, sumado a mi fatiga física, que me convertían en un completo lastre. Estuve durante horas esforzándome por seguirle el paso al condenado mono, pero cada vez que me le acercaba un poco, saltaba y se alejaba, comenzando de nuevo el proceso. Los minutos pasaban y no lograba sino drenar la poca fuerza restante de mi cuerpo, hasta hacer que mis músculos dolieran como si se fueran a desgarrar. Luego de los primeros 20 minutos, decidí que lo mejor era levantar sobre mis hombros aquella pelota y correr con ella a cuestas. Esto ayudó un poco a mi movilidad, aunque el peso me hacía esforzarme más que antes. El tiempo siguió pasando y durante un par de ocasiones incluso recurrí a arrinconar al mono y lanzarle la enorme bola de metal con la esperanza de hacerle mierda y sacar la llave de la cola de su cadáver. Mi odio al primate no hacía sino crecer a la par que mi frustración, con lo que cada vez era más complicado alcanzarlo.
Cuando ya llevaba unos 45 minutos en la tediosa tarea, el mono empezó a burlarse de mí, pues no parecía agotarse, mientras que yo ya estaba bañado en sudor y tirado en el suelo. Volví de nuevo a perseguir sin éxito alguno al simio, consiguiendo que ahora se alejará aún más de mí. No sabía qué hacer, y no quería pensar en cuánto tiempo podría quedarme. Tenía que hacer algo y pronto. Ya no sentía fuerzas en mi cuerpo, pero no me rendí. En un momento casi me desmayo, sentí mi conciencia desvanecerse por un instante, para detener mi caída por puro reflejo muscular. Las piernas me temblaban, así como los dedos de las manos. Mi pecho se agitaba con cada respiro, que ya venía por la boca, pues no me bastaba a usar la nariz para llenar de oxígeno mis pulmones.
Allí estaba el maldito mono, como si nada. Sonriente y burlón. Era lo único que se interponía entre mi objetivo y yo. Una criatura tan pequeña. Tan frágil. No podía permitir que eso sucediera. Un maldito mono con una llave no me iba a impedir proteger a mis amigos. Una llave no me dejaría atado a esta maldita bola de metal como un prisionero. No lo fui antes y no lo seré ahora ni nunca. Yo no había sobrevivido para ser una presa, sino un cazador, y por mi vida que lo haría quemando hasta la última fibra de mi ser si eso significaba obtener la victoria. Condenado mono de mierda. Lo miré y vi en sus ojos un brillo. Sabía lo que iba a pasar. Sabía lo que tenía que hacer, pero me iba a costar demasiado. La fuerza que me restaba era la justa para que no dejara de respirar y que mi corazón siguiera bombeando sangre. Veía todo en una mezcla de rojo y negro. Mi cuerpo estaba al límite, pero mi mente habría podido seguir sin problema, de tener los medios para lograrlo. Entonces eso justamente sucedió: Mi mente tomó la decisión sin permiso de mi cuerpo. Mi alma se volvió una espectadora en todo el asunto.
Todo pasó en un instante. Lancé la bola gigante de metal con mi brazo derecho hacia el maldito mono. La cadena era lo bastante larga para poder hacerlo sin que me arrastrara. Mi brazo derecho dejó de responder. El mono esquivó la bola dando un salto hacia mi derecha. Mis pies saltaron, pero inmediatamente después del impulso, dejaron de existir. era un misil humano dirigido a atrapar o matar a la criatura (ya no sabía cuál de las dos) La alimaña peluda me vio saltar y se detuvo el tiempo justo para esquivar mi embestida. Caí como un tronco contra el suelo y rodé hasta la pared que tenía detrás. La pared contra la que habría terminado estampado con el mono si no se hubiera quitado. Apoyado con mi brazo izquierdo me medio levanté como pude, para ver al mono de mierda aún asustado y procesando todo, a la espera de que su cerebro le diera una nueva instrucción. Su cuerpo estaba perfecto, pero su mente no funcionaba. Yo por otra parte, estaba al contrario: Mi mente estaba dando todo lo que podía, y mi cuerpo estaba empezando a fallar. Solo quedaba una cosa por hacer.
Tiré de la cadena con mi brazo izquierdo y con todo lo que quedaba de mi fuerza para dar. No me importaba dejar de respirar o de bombear sangre. A la mierda todo. Pude ver la enorme bola de metal volar del tirón hacia mí, con el mono en medio de los dos, era imposible que la criatura se escapara. Lo último que vi fue al mono girarse hacia la bola, pero esta le aplastó. Luego la ví venir hacia mí y entonces todo se apagó. Todo se hizo negro y todo se volvió silencio.
De nuevo la costa. De nuevo estaba allí con mis pies en la arena, mientras el agua me alcanzaba los pies. De nuevo era un muchacho de 15 años. Y allí estaban Mira y Alfred, cada uno a mi lado. La cara de Mira se desvanecía poco a poco, mientras que la de Alfred era pura barba. No los podía reconocer. Gonjo no estaba esta vez por ningún lado, y frente a nosotros solo se podía ver el vasto e infinito océano. Era esa hora antes de que amaneciera. Mira empezó a decir algo, pero su voz era lejana. En la cara difusa de mi madre se dibujó una sonrisa que sí reconocía. Una sonrisa que jamás olvidaría. Me señaló entonces el horizonte y el sol salió. Un flash blanco iluminó todo y entonces un fuerte dolor me alcanzó. Todo me dolía. No podía respirar. Mi piel se quemaba y la boca me sabía a sangre. No tenía fuerza para abrir los ojos, pero todo se volvió negro de nuevo, y me sentí ya no de pie, sino desplomado. Algo tiraba de mis dientes, pero no lo dejaba ir.
Alguien me sacudió y un poco de energía llegó a mí. La energía justa para abrir un ojo y , aunque borroso, pude ver dónde estaba. Era Sabaody, la extraña cueva donde el maestro me tenía entrenando, y allí estaba él. Tenía tras de sí la enorme bola de metal, y yo estaba en un cráter esférico, aplastado contra la pared. El maestro estaba tratando de quitarme de la boca la llave, pero yo no aflojaba la mordida. El mono estaba muerto en mi regazo, aplastado por el peso de la esfera.
Ya estuvo, chico. Dame la llave. Aprobaste justo faltando 2 minutos para que se acabara el tiempo. Bien hecho. Ahora entiendes cómo funciona la voluntad. No depende de tu cuerpo, sino de tu mente y de tu alma, tu espíritu. Esta vez dejaste que la mente tomara el control, pero el alma no debes dejarla atrás. Este fue un buen primer paso. Fue lo que alcancé a oír antes de desmayarme de nuevo, mientras dejaba de morder la llave…
No sé cuánto tiempo pasó antes de que mis ojos se abrieran de nuevo, pero no había sido demasiado. Seguramente un par de minutos, pero los suficientes para que mi aliento regresará y mi corazón volviera a latir. De hecho, mi despertar no fue suave, sino que vino causado por un impacto del puño del maestro a mi pecho. Por poco te me vas, muchacho. No me asustes así, que te tengo fe jajajaja- dijo. El maestro me acababa de resucitar, según me explicó después. Sin perder el tiempo, me ayudó a levantarme, y por mi madre que jamás me había sentido tan débil en mi vida. El camino a la fortaleza me estaba haciendo sentir precisamente al contrario. Pero comenzaba a entender el fin de esto.
La última prueba todavía falta, muchacho, así que no flaquees ahora, me dijo el maestro al ver mis piernas temblando como gelatina. Esto era jodidamente vergonzoso, y también muy difícil. Me llevó como pudo al otro lado de la habitación y me dejó de pie frente a los 3 objetos de materiales diferentes que allí había. Me paré en el centro de los tres objetos. A mi izquierda la madera, al frente la roca, a la derecha el metal. El maestro me pidió romperlos todos, pero con una salvedad: Debes destruir cada uno de estos objetos. Parece sencillo. Sin embargo, lo único que he hecho por tu cuerpo fue traerte del otro lado antes de que te murieras. Sigues al límite del cansancio y eso es perfecto. Quiero que esta vez uses más que tu mente, tu voluntad pero desde aquí - procedió a tocar mi pecho, justo en la cruz que me había hecho cuando le prometí a Maeve proteger a Eaa - De tu espíritu, y que esa sea tu fuerza para romper los 3 objetos. ¿estamos?
No tenía la fuerza para hablar, y en ese momento, un parpadeo en señal de entendimiento me pareció lo más práctico. Me dirigí lentamente hacia el primer objeto: era un tronco; un bloque de madera tan ancho como era yo. Se suponía que debía romperlo, pero ¿con qué fuerzas? a duras penas me mantenía en pie. Si gastaba esa energía que me quedaba en aquella prueba, sin duda me desplomaría. Respiré intentando controlar mis pulsaciones, mientras sentía cada poro de mi cuerpo transpirar y hervir a la vez. “La voluntad del alma” Debía entender a qué demonios se refería.
Antes, contra el mono, mi mente tomó en fracciones de segundo una decisión a costa de mi propio cuerpo, estaba dispuesto a lograr mi meta a como diera lugar, y la cara de ese mono era el claro obstáculo entre mi objetivo y yo. La situación ahora era un poco diferente. No debía atrapar nada, no había un tiempo límite ni una barrera a superar. No tenía un enemigo al que vencer…No, sí que lo había. El enemigo eran mis límites. No era el tronco frente a mí, sino el débil luchador que era yo. Si quería ver al enemigo de esta prueba, tendría que buscar un espejo. No había razonamiento lógico para vencer este obstáculo. A eso quizás era a lo que se refería el maestro con “usar el alma” Debía romper ese muro interior que me hacía creer que no podía sacar más fuerzas de mi flaqueza para dar el impulso extra que la vida me estaba pidiendo dar.
Cerré los ojos y me tambaleé un poco, pero me sostuve “Equilibrio. Fuerza Física” me repetí. Respiré profundo, intentando concentrar mi atención en mi puño izquierdo, aquel que alguna vez sufriera el mismo destino que los míos, y lo alcé frente al tronco, contrayéndolo en preparación al golpe. Pude haber buscado un punto débil en aquella estructura, pero la instrucción era clara. Hasta aquí podía llegar “El dominio de la mente”. En aquel instante entonces recordé, y recordé mucho. Recordé todos los obstáculos que había sufrido y superado, pero también noté que ante cada uno de esos retos, había un obstáculo más que superaba sin saber. No eran mis enemigos, sino mi flaqueza la que era superada por mi voluntad de vivir y de dar un paso más hacia mi destino.
Huir de mi hogar no fue fácil, y durante días me debatí si dejarme morir en aquel bote con rumbo incierto, pero no lo hice. Aunque mis manos sangraban y me faltaba la energía, mi voluntad de vivir movía mis puños. Cada brazada me alejaba del dolor. Cada brazada me acercaba a mi destino. Al salvar a Arion en el bastión glacial, no fue mi mente la que decidió ayudar al necesitado, sino mi voluntad de ayudarle a huir de aquel destino aciago que le esperaba. En mi pelea contra Aníbal Stinson en aquella casa de esclavos disfrazada de bar, no fue mi cuerpo el que resistió el calor de las llamas, sino mi voluntad de acabar con aquella amenaza para los inocentes de aquella isla, y las demás del North Blue. En los Cabos Gemelos, no fue mi fuerza física lo que me hizo sobrevivir a Gunther Fox, sino mi deseo de entrar al Grand Line, a aquel fabuloso océano en el que solo los más poderosos podían aventurarse y cambiar el mundo. En Kyodaina, caí derrotado por Ashura, pero mi furia al creer muerta a Eaa me habrían llevado a romper cualquier límite. En Neur, no fue la simple lucha contra Sérpico un combate y nada más. El choque de voluntades, de ideas de justicia, de creer que cada uno de nosotros hacía lo correcto era lo que me hizo seguir luchando contra aquel marine que muy a mi pesar, me pareció que no era un corrupto del sistema, sino un luchador genuinamente creyente de que su camino era el que llevaría a la paz.
Todos aquellos recuerdos y sensaciones se arremolinaban en mi mente y sentí algo en mi puño, era una energía muy diferente a la de mi fruta del diablo. Era una energía que se sentía a la vez cálida y ardiente, como si fuera una llama que ilumina el camino y una que lo quema todo, las dos al mismo tiempo. Era algo nuevo y único para mí y entendí que aquello era lo que me había pedido el maestro “Voluntad desde el espíritu”
Solté entonces mi puño como llevado por una fuerza desconocida. Mi instinto no hablaba y mi mente no pensaba. Esto era obra de mi espíritu. Sentí el contacto de la madera con mi piel, pero algo había cambiado. Mi piel se sentía más dura de alguna manera. Se veía igual, sí, pero se sentía diferente. Aún así no me detuve a pensar en nada y mi puño hizo estallar aquella madera en pedazos.
¡SIGUIENTE, NO TE DETENGAS!
Debía aprovechar el impulso. Me giré al siguiente material. La roca. Así se sentían mis puños; como si fueran de roca. Era el momento de ver si mi voluntad era lo bastante fuerte para superar aquella dureza. Sabía que mis músculos podían, y que mi poder de la fruta también, pero ahora era mi espíritu el que debía demostrarlo. Esta vez con mi puño derecho, me dirigí a la piedra. Mi mano era el medio físico, pero sentía cómo mi esencia era la que hacía el verdadero daño. Otro choque. Al instante la piedra se agrietó y se quebró, desmoronándose desde el punto de contacto. Había destruído el segundo obstáculo. Sin embargo, el impulso se perdía y el peso del cuerpo empezaba a resentirse nuevamente.
¡UNO MÁS, VAMOS! ¡NO TE RINDAS!
Sus palabras sonaban distantes. Mi visión periférica se nublaba y se hacía negra de nuevo, mientras me giraba hacia la pieza de metal frente a mí. Era como un pedazo de un barco o algo así. Una enorme pieza de metal oxidada pero sumamente maciza. Mis brazos habían caído de nuevo, ya no me respondían. El último enemigo en mi interior. ¿Tenía una voluntad de piedra o de acero? ¿Sería capaz de poner mi vida una vez más en juego? No. Esta vez no se trataba de eso. Debía usar mi espíritu, no mi fuerza ni mi mente. “Mi voluntad es mi arma. Mi voluntad es mi mayor poder” Sentí entonces control sobre aquella sensación en mis puños, y la voluntad se hizo entonces energía. Moví aquella sensación de calor desde mis dos manos, lentamente hacia mi cabeza, mientras trataba de no perder el control de mi cuerpo. El calor de mi frente se hizo intenso, pero no doloroso. Era una sensación cálida, que me hacía sentir más fuerte, al menos allí, en mi cabeza. Tomé impulso por instinto y, antes de que mis ojos se cerraran, vi un punto donde el metal parecía ser más resistente. No ganaría esta prueba por suerte, así que dirigí mi ataque a ese punto y entonces un enorme “DOOOON!” resonó por todo el lugar, mientras yo nuevamente me apagaba. Todo volvió a desvanecerse y perdí una vez más la consciencia.
Otro golpe al pecho. Ya sabía lo que pasaba. El maestro me había vuelto a reanimar. Si antes mi cuerpo dolía, ahora sencillamente era un par de ojos y poco más. No sentía nada, y solo podía respirar vagamente. El maestro me miró y me sonrió por primera vez.
Bien hecho, chico. Lo lograste - Me señaló al trozo de metal y pude ver entonces que en donde le había pegado había un boquete bastante grande, como si una bala de cañón le hubiera impactado- Entendiste cómo usar tu voluntad para luchar por lo que crees. Aunque tengo que advertirte que esta vez fue más fácil porque primero te hice drenar toda tu fuerza física - Decía mientras me ponía la mano en la espalda y me ayudaba a incorporarme, sentándome - Toma. Bebe un poco de agua. Verás, lo importante es que reconocieras ese poder dentro de tu ser y poco a poco aprendieras a dirigirlo a donde querías. No me esperaba ese último ataque como un cabezazo. Imagino que supiste mover esa energía de tus puños a tu frente, ¿no? - Asentí con los ojos - Bien, ese era el siguiente paso, pero veo que ya estás encaminado. Lo siguiente que debes hacer es seguir entrenando el cómo alcanzar esa sensación y el cómo dirigirla a otras zonas del cuerpo - Me ayudó a apoyarme en su hombro e incorporarme de pie- Solo que en adelante, debes tratar de lograr llegar a ese punto sin necesidad de agotar tu energía física. Está bien usar el haki cuando no nos queda nada más, pero si aprendes a usarlo sin estar al borde de la muerte, podrás evitar llegar a esa necesidad tan extrema.
Fuimos lentamente hacia mis cosas, y el maestro las tomó. Me ayudó entonces a caminar hacia afuera y una ver el aire de Sabaody llegó a mis pulmones, comencé a respirar mejor. aún me dolía todo, pero sí sentí un poco más de mi esencia volver. Caminamos hacia su casa, donde me dejó recostarme unas horas en la cama. No sin antes darme una buena sopa de pollo, que me recordó a las que me preparaba Mira cuando me resfriaba por andar nadando en el agua helada. Estuvo deliciosa, aunque me costaba tragar los bocados. Luego dormí una horas, y por unas me refiero a casi 1 día entero. Cuando desperté, el maestro no estaba. Sin embargo pude ver que mis brazos ya se movían, aún con mucha debilidad, al igual que mi piernas. Con un esfuerzo conjunto de mis 4 extremidades, me senté en la cama. La cabeza me daba vueltas, pero todo estaba mejorando. Miré mis manos y entonces cerré los ojos. Intenté recordar esa sensación cuando la prueba con el simio, así como la sensación de vivir que recordé en la prueba final. Las puntas de mis dedos cosquillearon y la sensación se extendió al dorso de la mano y mis nudillos. Aún estaba allí. No había sido mi imaginación. Había entendido cómo despertar, al menos en principio, el haki conocido como el haki de armamento. Este era el primer paso para una nueva lucha para dominar un nuevo poder. Por ahora, lo importante era terminar de recuperarme.
No quise importunar más a mi anfitrión y tomé mi bolso. Saqué papel y lápiz y dejé una nota en la mesa del comedor:
Cita:“Maestro. Gracias por haberme demostrado que aún me falta un largo camino por recorrer. Prometo seguir mi entrenamiento cada día hasta dominar el Haki. Siento que al salvarme la vida 2 veces, se la debo, así que trataré de mantener contacto con ud. en la medida de lo posible. Ud. sabe quién soy y sé que entenderá cuando le escriba, pues no usaré mi nombre real. Cuídese mucho y no esté bebiendo tanto con su primo. Aquí le dejo igual unos berries en agradecimiento. Las historias se las debo por ahora, pero me encargaré de vivir muchas para compensarle.
Muchas gracias de nuevo.
Gura”
Aún dolido, tomé mis cosas y salí del lugar, cansado, pero en cierto modo feliz de haber conseguido un nuevo poder: El poder de defender a mis amigos y de herir a mis enemigos. El poder de mi voluntad materializada. Había conocido el haki.
![[Imagen: GGT7d9e.png]](https://i.imgur.com/GGT7d9e.png)

En verdad terminé disfrutando más esta versión, le pude plasmár más de la esencia del personaje y estoy mucho más satisfecho con haberlo llevado al límite para entrenar un nuevo tipo de poder. Procuraré mantener esa relaci´no por correspondencia con el maestro (si no muero).