[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (III) Triana, Ashura y Kisuke
#1
Los tres personajes implicados en este tema provienen de estos otros tres temas.
Triana, Ashura, y Kisuke
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De nuevo el capricho del destino había dado un giro abrupto en los planes de todos los implicados en este nuevo escenario. La nueva capitana pirata Triana "Dama de Hierro" Tempesta, el infame capitán pirata Ashura "El MataHéroes", y el Capitán Revolucionario Kisuke Kageyama conocido también como "Kurai Ryoshi", habían sido separados de sus respectivos grupos y habían ido a parar a un espacio delimitado por los escombros, las grietas y las raíces que respectivamente habían intercedido en sus grupos particularmente. Este lugar, imaginémoslo como un cuadrado, tenía tres de sus lados cubiertos por estas desgracias causadas por los Patriotas, y el lado restante daba directamente en el camino hacia su objetivo, que se veía poco más adelante: La casa de subastas de esclavos de los O'Heil, la "Hell Paradise".

Era un edificio bastante grande, de veinte metros de alto y aproximadamente otros treinta a cada lado de la puerta. Era una cúpula octogonal con una gran puerta de doble hoja en la pared central frontal, y un gran ventanal la mitad de grande que estas puertas en cada una de las paredes del octógono. En la puerta, dos guardias - uno a cada lado - con una diferencia de altura entre ellos de unos veinte centímetros - siendo el más alto de unos dos metros - vestían unas armaduras completas de placas plateadas, una capa azul real, y unos cascos de punta con rejilla en la parte facial. Cada uno portaba una lanza y un escudo con el símbolo de los Dragones Celestiales, y estaba en una posición fija, aunque habían dado un ligero respingo al ver aparecer al trío de criminales y la destrucción que dejaban a sus espaldas. Una entrada desde luego nada discreta.

¿Qué pasaría con este variopinto trío? ¿Qué es lo que harían?





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#2
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La polvareda levantada por aquella "explosión" se iba disipando poco a poco. Kisuke seguía con Onikiba desenvainada, con la raíz que le había cortado el paso a su espalda, mirando de un lado a otro. Parecía que algo había ocurrido cerrando un área en torno a un edificio grande de planta octogonal, con ventanales en cada uno de los lados de aquella curiosa geometría. Aquel era el edificio que les habían indicado en el que se celebraría la "subasta". Todo había ocurrido demasiado cerca de su objetivo, apenas a 50 metros, y no podía si no estar preocupado por sus compañeros, sobre todo por el gran marrano, Panda al fin y al cabo sabía cuidarse. Los gritos y la gente que se dirigía a aquel lugar corrían como pollos sin cabeza, el pánico había hecho acto de presencia. El antiguo pescador vio que había cuerpos inertes por todo el lugar, sobre todo cerca de los bordes de aquel área delimitada por escombros de edificios y raíces de los manglares que habían sido arrancadas por algo.

"Esto no pinta nada bien."

Aquel día no podía haber empezado peor. Habían salido todos juntos a recabar información, más aún teniendo en cuenta las noticias que trajo el periódico, y no fueron capaces de contactar con el Ejército Revolucionario, por lo que decidieron investigar la "subasta" y por eso se habían encaminado a aquel lugar, donde algo había hecho que quedasen separados. Si algo los había atacado estaban en serios problemas, puesto que si les habían pillado por sorpresa así, el mink iba a tener una dura pelea, puesto que Comilón no podría hacer nada ante esa amenaza desconocida.

"Míster Panceta solo va a ser un estorbo y una preocupación... No tiene las habilidades de combate, aún, para enfrentar a algo que nos pueda sorprender de esa manera... Espero que Panda pueda lidiar con lo que sea que nos ha atacado, al menos hasta que pueda llegar a ayudarles."

Seguía mirando en su entorno buscando a sus compañeros, sin saber que ellos estaban al otro lado de la enorme raíz del manglar. Sacó un cigarro y se lo prendió observando el edificio, como la puerta doble que daba acceso al mismo estaba custodiada por dos guardias en armadura, no más altos que él, armados con lanzas y que parecían impasibles ante lo que acababa de ocurrir, que no era poco. Portaban también unos escudos con un críptico símbolo que el antiguo pescador no pudo reconocer. Siguió recorriendo con su aguda vista la zona hasta que posó sus ojos en una enorme figura, bien conocida por el antiguo pescador, que se alzaba a veinte metros más o menos de él.

"Joder... Tenía que estar aquí este demente..."

Ashura estaba enfrente de él, hacia el otro lado del área en el que habían quedado atrapados, al parecer en la misma situación que él. Tendría que ver como lidiar con aquel tipo que solo buscaba muerte y destrucción. Siguió observando y más cerca de él, entre la posición de Ashura y la suya propia, vio una alta figura femenina, que reconoció por los carteles de recompensa y las últimas noticias en el periódico, Triana Tempesta, la actual capitana de los Alas Negras, según lo que había contado el periódico esa misma mañana.

"Los Alas Negras eran amigos de Panda..."

Tras comprobar que sus compañeros no estaban en aquel área delimitada por raíces arrancadas del manglar y pilas enormes de escombros de edificios derrumbados, decidió que lo mejor sería tratar de averiguar que había ocurrido por lo que hablar con Triana sería la mejor opción. Envainó a Onikiba y se acercó hacia la posición de Triana, acortando a la mitad la distancia que los separaba, sin acercarse más, para no parecer hostil, y levantando una mano a modo de saludo hacia la capitana pirata, pero sin quitar los ojos de encima a Ashura, que era un peligro aunque estuviese unos metros más allá. Como los Alas Negras eran amigos de Panda, trató de ser lo más educado posible.

-Disculpa... ¿Eres Triana Tempesta? Panda me ha hablado de ti y de lo que pasó en la isla del cielo. Soy Kisuke Kageyama, capitán del Ejército Revolucionario... ¿por casualidad sabes que es lo que ha pasado?

No conocía a aquella mujer, ni sabía el carácter que pudiera tener, pero si sabía que su compañero había estado un tiempo con aquellos piratas, incluida esa mujer, por lo que quizá era lo mejor para entender primero lo que había pasado en ese lugar y no moverse solo, si podía trabajar junto a aquella mujer hasta encontrar a sus compañeros mejor que mejor, aunque preferiría no estar cerca del demente de Ashura, que en cualquier momento podría atacar a cualquiera de los dos para robarles sus katanas o algo así.

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#3
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Pronto me percaté de que mi plan era completamente inútil. Se había formado un caos mayor del que había percibido en una primera instancia. No podía ser solo cosa de aquel que se había dirigido hacia nosotros. Los caminos bloqueados eran demasiados como para poder llegar hasta donde mis compañeros. Tan solo me quedaba confiar en ellos. Todos eran muy capaces y, si no se habían separado, no habría ningún problema, entre ellos se cubrirían las espaldas. Miré a mi alrededor para ubicarme, tratar de averiguar dónde me encontraba y ser capaz de identificar a posibles enemigos. No parecía estar demasiado cerca el que se había abalanzado a la banda, tan solo había frente a mí, a bastante distancia, un par de guardias custodiando un edificio que parecía ser de lo más emblemático. Los guardias vestían de forma ostentosa y con un símbolo en su escudo. No sabía exactamente dónde estaba, pero parecía justo el lugar donde quería ir, un edificio de renombre y con la suficiente importancia en la isla como para formar un revuelo al destrozarlo. El problema era que alguien se me había adelantado y ahora no me quedaba más remedio que unirme a la trifulca ya existente.

Mucho más cerca, a unos diez metros de mí y a cada lado, tenía a dos personas más. Reconocí a uno de ellos por el periódico, un capitán pirata que por lo visto había estado causando varios problemas. No recordaba su nombre. Su aspecto era imponente, pero ahora mismo no me importaba en lo más mínimo y no era el mayor de mis problemas. El hombre del otro lado pareció reconocerme. Creí que sería por los periódicos, pero mencionó a Panda, aquel oso que conocimos en la isla del cielo. Por lo que dijo, eral el líder del ejército revolucionario. ¿Serían ellos los que habían causado aquel desastre? Aquella duda dejó de rondar mi mente cuando me preguntó, confuso, si sabía qué había ocurrido. Tal vez todo fuese cosa de la banda del otro pirata. No pensaba quedarme quieta analizando la situación y buscando culpables.

—Encantada, Kisuke —le dije desenvainando mis katanas y sin despegar la vista del edificio. El acero de ambas rozando con la vaina emitieron un sonido agudo, como un fino grito. Me hubiese gustado hablar más con él, los aliados nunca venían mal, pero ahora no había tiempo que perder. Expandí mi haki a cincuenta metros para poder alcanzar a aquellos dos guardias y comencé a caminar hacia ellos sosteniendo mis katanas en posición diagonal hacia el suelo, cada una a un lado. Mi objetivo era aproximarme todo lo posible, acortar la máxima distancia hasta encontrarme a un par de metros de ellos para atacarles, pero no sabía hasta qué punto me dejarían acercarme. Estaría preparada para todo.

A pesar del caos y el jaleo de fondo, podía escuchar perfectamente mis pasos, marcados por el sonido de mis tacones con el suelo empedrado. El viento levantaba una ligera capa de polvo, fruto de los numerosos accidentes simultáneos, que giraba a nuestro alrededor, haciendo que mi cabello y mi chaqueta ondeasen con violencia mientras avanzaba. Sentía que cada paso me acercaba al final que aquel lugar merecía. Una isla condenada en la que se habrían ahogado cientos de gritos y lágrimas entre las risas de los poderosos. Esto era justo lo que querría Yamamura, el perfecto homenaje que elevaría nuestro mensaje. Hoy, el viento traerá fuego.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#4
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No tardé en encontrar el edificio que estaba buscando. Una construcción del mismo tamaño del muro antinatural que había a mi espalda, de una anchura que triplicaba su altura. 

- Fíjate, es enorme. Sin Rapax Demoliciones S.L va a estar complicado eh churrita - 

Metí mi mano izquierda, la cual tenía libre, pues en la diestra como acostumbraba portaba a la hoja del Luto, en el interior de los bolsillos de mis ropajes, una fina hilera de humo ascendió desde el interior. Era demasiado fina, parecida al humo de un cigarro.

- Va - Articulé sin pensar muy bien como iba a hacerlo, mientras seguía observando el terreno. Había dos palomos en la puerta ataviados con una especie de armaduras de placas y armados con lanzas y escudos. Desvié ligeramente mi espada con un movimiento sútil hasta poner su punta en dirección al suelo mientras chasqueaba la lengua un par de veces - Veamos... Si soy capaz de romper a esos imbéciles acorazados, seré capaz de romper el lugar que defienden esos imbéciles acorazados  - Pronuncié mientras asentía y mapeaba el lugar con la vista, enfrente y a mi lado había otras dos personas. 

Una de las dos, la antepuesta a mi en aquel curioso cuadrado que se había generado por el accidentado terreno, se acercó a la que tenía a mis nueve y  de la que me distanciaba en 10 metros. Observé a la figura caminar mientras observaba sus facciones, que a cada paso se hacían más leíbles y entendibles. Aquel caminar, aquel pelo de colores negros y opacos, unas facciones rectas... 

- Kisuke... - Susurré mientras apretaba los dientes  y el agarre de mi espada y daba el primer paso para iniciar un combate, iba a terminar ahí y ahora nuestra disputa. 

- Quieto, quieto, quieto - Habló Nicolás nervioso, tratando de pararme - Tenemos que valer más que él ¿recuerdas? - 

- Lo quiero matar ahora... - 

- Eso sería muy poco honesto y muy hipócrita por tu parte -

- Me la suda - 

- ¿Y luego qué? ¿Cómo tumbas el edificio después? Cansado y vete tú a saber si el mierdas tiene haki como el viejo - 

Buffé mientras soltaba humo. Kisuke se presentó a la otra figura. La llamó Triana ¿De qué coño me sonaba ese nombre? Creo que Korg había hablado de ella escasos momentos antes en el barco, cuándo llegó el periódico, antes de partir... Mmm No era capaz de recordar su relevancia o que hacía. 

Me fijé en ella mientras desenvainaba sus espadas. Grandes pechos, marcada por diversas cicatrices, tacones y una posición férrea y hostil. 

- Vaya, vaya, que porte... Y que decir de ese par de bufas, tetas, tetarracas, melones, cocos, frutas del diablo... - Nicolás no paraba de enumerar. Pero aquella mujer caminó con paso decidido hacía los palomos. Había fuego en sus ojos. Sonreí. 

Desde las plantas de mis pies, el humo empezó a brotar, se arremolinaba y bailaba a mi alrededor mientras tragaba mi tren inferior en una columna de humo que me empujaba y me hacía levitar debido a las pulsaciones de humo que emanaban de mi tren superior, aceptando una de esas pulsaciones me impulsé mientras agarraba. 


- ¡KISUKE! - Grité mientras mi voz rebotaba contra el muro de mi espada - Es tu última oportunidad. Si después de lo que he venido a hacer no te arrodillas ante mi mando... Te voy a arrancar de tu vida de comunista - Avancé adelantando a la mujer, mientras mi humo se arremolinaba tras de mi dejando una estala o capa, una vez me acerqué lo máximo que pude a los guardias, los cuales no sabía si atacarían o no, por lo que, en ningún momento del inicio de mi carga dejé de observarlos, pues si eran defensores, no dudarían ningún según en empezar las hostilidades contra mi y les grité  mientras me ponía en guardia y aferra con ambas manos la espada - Llamad a vuestro jefe. Quiero todo los esclavos que tiene, le voy a hacer una propuesta que no podrá rechazar... - Sonreí con malicia mientras me imponía entre Kisuke, triana (los cuales quedaban a mi espalda) y los guardias (los cuales se mantenían en mi frente) - O se convierte en mi esclavo o reduzco este sitio a cenizas - Finalicé mientras exhalaba una bocanada de humo y enseñaba mis dientes con una afilada y malévola mueca. 

El plan era sencillo. Si quieres comprar todos los esclavos, solo tienes que esclavizar al dueño, así todos los esclavos serán tus esclavos. 




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#5
Apreté los puños con rabia. Esto se estaba saliendo de control. Los Patriotas habían empezado a atacar a diestro y siniestro y no distinguían entre civiles y criminales. La visión de mi Control Consol era de lo más desoladora, viendo a estos cinco prototipos fallidos desempeñar sus funciones, sólo tres de ellos habían ubicado bien sus esfuerzos.
El Patriota 00 continuaba peleando contra un criminal reconocido, Max D. Bambú, con cuatrocientos cuarenta y cuatro millones por su cabeza, extrañamente sin poder acabar con él pese a estar preparado para destrozarlo en pocos segundos. El Patriota 01 había sido eliminado de golpe por dos personas que no habían sido reconocidos en el escaneo como criminales, pero que cualquiera que se preciase sobre la información del Grand Line Paraíso sabría identificar. Eran el jefe del Gremio de Cazadores Magna, Sohem, y su mano derecha, Viktor Evans. Era interesante comprobar su fuerza y saber que estaban en este lugar, pues podrían sustituir a los Patriotas en caso de ser necesaria su fuerza, siempre y cuando los rumores sobre la codicia de estos cazadores fueran ciertos. El Patriota 02 se había topado con los Alas Negras y había sido derrotado por su trabajo en equipo, perdiendo la conexión inmediatamente. El Patriota 03 luchaba y se mantenía peleando contra el grupo de los piratas Mushoku, aparentemente apurado aunque sin estar en un apuro real. Y el Patriota 04 se había descontrolado y había comenzado a disparar a los civiles, haciendo que la División Diecisiete se interpusiera a este y comenzasen a atacarlo... todos menos aquel Sargento, James como se llamase. Esperaba que Joe Joestar pudiera mantener a sus propios hombres a raya y sobrellevar él mismo su situación.

Entonces, de cinco Patriotas, dos habían sido destruidos, otro se encontraba en absurdos problemas en un combate individual, otro mantenía a raya a una tripulación y el último tendría que ser desconectado a la fuerza por los miembros de la División del Vicealmirante Joestar. Negué con la cabeza. No podíamos permitirnos más pérdidas militares como estas, así que apretando el botón exterior del auricular, di una orden sencilla que sólo los pacifistas internamente escucharían — Nueva directriz: En caso de inminente derrota, retiraos y replegaos hacia el Pluma Silente — y suspiré pesadamente, mirando en dirección a donde se estaban dando los conflictos: Los habían intervenido cerca de la casa de subastas.
Pero sus errores no acababan ahí. Sólo empeoraban por el simple hecho de pensar que con sus entradas o apariciones había desplazado del grupo a los líderes de estos, algo que había podido ver también a través de sus ojos: Triana Tempesta, Kisuke Kageyama y Ashura, habían sido separados de sus respectivos grupos y lanzados a una zona que, conociendo la geografía y la distribución de los manglares como lo conocía, debía de estar aun más próxima de la casa de subastas que el resto de los integrantes de sus grupos. Y eso sólo significaba una cosa.

Desaparecí ante los ojos de los Marines que quedaban aquí, y los que iban y venían arrestando piratas - siguiendo mis órdenes de no asesinarlos - para encarcelarlos en el Cuartel General de este archipiélago. No quedó ni rastro de mi, y mi desplazamiento fue tan certero como acelerado, recorriendo como el propio viento los recovecos y la distancia entre mi embarcación y la casa de subastas. Era propiedad de una familia de Tenryubitos, por lo que mi deber como Almirante era protegerla a toda costa, y aquellas tres piezas sueltas del puzle no parecían tener buenas intenciones ni una reputación que los respaldase para confiar en que sólo comprarían unas baratijas — Aquí Gukuro. Me dirijo a la casa de subastas, Vicealmirante. Detenga el prototipo inmediatamente y cumpla las órdenes de su misiva — dije pulsando el botón exterior del auricular dos veces, para comunicarme verbalmente desde el Patriota 04, para que Joe Joestar pudiera escuchar mi voz y obrar en consecuencia, mientras seguía avanzando esquivando personas, escombros y diversos problemas en medio del camino.

En apenas unos segundos desde haber abandonado mi posición en el puerto de la Marina, cuando aquella bocanada de viento agitó las vestimentas de la Capitana Pirata Triana Tempesta, y mientras el otro infame capitán, Ashura, se dirigía hacia los dos guardias de la puerta de la casa de subastas, aparecí en un parpadeo frente al pequeño oni gruñón, alzando mi mano derecha mostrándole la palma haciendo una señal para que se detuviera, mientras llevaba la zurda hacia la vaina de mi katana.
— ¡Detente! — grité de forma seca — Soy el Almirante Yugu Dimípalo. En nombre de la justicia os ordeno a todos que os rindáis y os entreguéis — sentencié bajando la mano para llevarla hacia la empuñadura de mi espada, en un gesto formal, tranquilo y sereno mientras mantenía mi mirada en el demonio del humo — Nadie tiene que resultar herido, por favor, cooperad y obedeced mi orden. Sólo habrá un aviso. — añadí manteniendo la postura.

Los dos guardias tras de mi que ya estaban asustados ante la arremetida de Ashura, dieron un respingo final al verme aparecer, pero pareció que su carácter se relajó cuando escucharon mi título, vieron mi uniforme y supieron que estaba aquí para ayudarles, levantándose y marchándose del lugar hacia dentro de la casa de subastas. Conseguiría el tiempo suficiente para que pudieran alertar a sus amos y estos se preparasen para un posible ataque, mientras que yo conseguía - por las buenas o por las malas - la rendición de estos tres grandes cabezas de cartel que ya tenía estudiados. Hoy ganaría la justicia.





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#6
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Kisuke no se sorprendió ante la actitud de Triana, que lo "saludo" fríamente sin mirarle siquiera, puesto que toda su atención estaba puesta en la casa de subastas, en los guardias que custodiaban sus puertas, y, desenvainando sus katanas comenzó a avanzar hacia ellos con paso firme. El antiguo pescador estaba impresionado del aplomo que mostraba la mujer, que lejos de buscar una explicación a lo que había ocurrido en aquel lugar, se fue con decisión hacia los guardias del lugar.

"Tiene un fuerte carácter, aunque sin duda no parece alguien impulsiva."

En cambio, Ashura, por su parte comenzó a gritar a Kisuke en cuanto le reconoció, de que iba a sacarle del comunismo vivo o muerto o algo por el estilo. El capitán revolucionario no entendía aquella asociación de ser revolucionario con el comunismo como tal, pero, ¿quién entiende la mente de un demente?. El enorme pirata avanzó con más rapidez que Triana adelantándola en su camino y dejando tras de si una curiosa estela como de humo, aunque bien podría ser fruto de lo ocurrido en aquel lugar hacía unos momentos con toda la polvareda que se había levantado en los derrumbes, que llamó la atención del antiguo pescador. No obstante, no iba a quedarse como un pasmarote en aquella situación, por lo que, siguió a Triana a unos cuatro metros de distancia en su camino hacia la casa de subastas, con una mano en la empuñadura de Onikiba, su katana.

"Bueno, a ver a qué nos lleva toda esta situación."

En ese momento, cuando el viento se levantaba agitando el polvo que habían originado los derrumbes, así como la chaqueta y el pelo de Triana, y la capa de Kisuke, apareció delante de Ashura, que ya estaba llegando casi donde los guardias, un hombre joven, ataviado con el uniforme de la marina, pero que estaba lleno de galones, con una katana al cinto, y extendiendo su mano hacia Ashura, ordenándole que se detuviese al pirata, anunciando su nombre y título de Almirante de la Marina, y mandando a los tres inesperados "compañeros", que depusieran las armas, mientras bajaba la mano hacia la empuñadura de su espada.

"Joder... está aquí el puto Almirante..."

La situación no podría ser peor, ese tipo debía de ser muy poderoso si ostentaba un cargo semejante. Quizá tenía razón, quizá lo mejor era rendirse. Aquel pensamiento estaba empezando a introducirse en la cabeza de Kisuke, cuando recordó las conversaciones de los lugareños, la banalidad con la que trataban un tema tan turbio como la esclavitud, el racismo que destilaban cada vez que veían a Comi, o a Panda, el desprecio con el que hablaban de los gyojin... Todo aquello era lo que aquel muchacho estaba protegiendo.

"No... rendirse no es una opción... No salí de mi hogar dejando mi vida de pescador para salir con el rabo entre las piernas ante los opresores del pueblo..."

Con esa resolución en mente, sacó un cigarro y se lo prendió, para luego desenvainar sus katanas y colocarse en guardia, sabía que su enemigo esta vez era mucho más poderoso de todo lo que habían enfrentado hasta el momento, o al menos, eso era lo que sugería el cargo que ostentaba, pero no iban a darle una victoria fácil, al menos él no.

-No te precipites, mocoso... El que quiere peces tiene que mojarse el culo.

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#7
Nunca esperé una respuesta tan rápida. 

Un duendecillo hijo de puta se materializó frente a mi a un metro y medio como si lo hubiera invocado. Elevaba su palma ante mi. El mierdas este era blanco como los huesos, pequeño como la mierda de una oveja y sus ojos me atravesaban como las uñas de una famélica prostituta buscando el único sustento que le propone su oficio. 

Su voz se moduló en una nota única y constante, era una voz asquerosa exenta de tonos, valiéndose de ella obligándome a detenerme y presentándose. 

Yugu Demípalo, almirante de mis santos cojones. Afilé más la sonrisa mientras separa del agarre de mi espada la mano izquierda enseñándole la palma mientras esta empezaba a humear cuando el avalaba por no sé que historias de la justicia y mierdas que solo se creían las cerdas que el fascismo que defendía habían amamantado.

- Oh no - Comentó Nicolás entrando en pánico. 

- Oh sí - Pensé mientras mi corazón redoblaba al ritmo de la guerra. 

Nadie tiene que resultar herido 

El díal de agua se materializó en mi palma izquierda por completo mientras pronunciaba aquella frase con aquel tono de vieja mal follada que traía y yo lo miraba arqueando una ceja con cara de asco, entonces junto a la nula cadencia que finalizaba su voalización, pulsé el botón. 

Una enorme cascada expulsó de él toda el agua que tenía almacenada enfocada en el pequeño almirante de mis santos cojones. Generé dos copias de mi mientras el agua lo doblegaba y yo avanzaba hacia él, convirtiendo por completo mi ser en humo y escondiendo mi espada tras una niebla espesa del mismo. Dividí partes de la esencia que me formaba y de ellas forme los dos clones que empezaron a materializarse a partir de mi cuerpo. Por un momento, me convertí en una Bestia humeante de 3 cabeza y 6 brazos. El haki funcionaría, esta vez sí, lo destrozaría con mis dos clones y me convertiría en uno de los piratas más infames habidos y por haber.

Cuando la turba de agua paró, me separé por completo de la monstruosa forma que había adoptado con una explosión de humo mientras se retraía de nuevo el dial a mi interior y agarraba la espada con la mano izquierda de vuelta. De ella emergieron 3 Ashuras completamente humeantes con espadas de humo que rodearon por completo al almirante a una distancia de 1 metro y medio, una a su diestra, otra a su izquierda y la tercera en el medio, obligándole a girar la cabeza y observar a cada una de ellas si quisiera prestarle absoluta atención con aquella mirada sacada del mismo centro de menores donde sus padres debían de haberle dejado de crio, pues estaba seguro, que teniendo esa mirada ni la zorra de su madre habría considera pasar con él un intervalo de tiempo mayor a 1 segundo.

Al unísono ordené a la pequeña Diligencia que había formado para atacar. Las espadas de humo se elevaron todas a su alrededor generando un ataque combinado, pero una... Tras haberse levantado al unisonó, comenzó a descender crecientemente con muchísima mayor rapidez que las demás. Emití el espadazo contra el lugar en el que se encontraba su cuello.

- ¡DOLOR! - Vociferé mientras mis muñecas modulaban el característico movimiento que imprimía mayor velocidad a aquel corte.

Ni si quiera sabía si Triana o Kisuke me ayudarían, tampoco lo esperaba. Aquel hombre era mío. YO mataría un almirante o YO moriría a manos de un almirante. Aquel era el tipo de enemigos que había estado esperando, el momento para llegar a la cúspide y convertirme en el ser más aterrador de todo el planeta, esto para bien o para mal, era ser Ashura, La Catástrofe.


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6386 + 0 = 6386
Energia: 3759 - 564 = 3195
Espiritu: 999 + 0 = 999
#8
Escuché los gritos del pirata llamando al tal Kisuke con bastante rabia. No sabía qué decía ni qué tenían entre ellos, pero no me daba igual. Continué avanzando y sentí sin tener que girarme gracias al haki cómo el otro pirata también decidió avanzar y adelantarme. No parecía querer atacarme, así que, de momento, seguía sin ser mi problema lo que hiciese. Caminé en diagonal a él intentando no dejar demasiada distancia entre ambos, tan solo un metro. Desde esa posición, pude ver cómo emanaba una especie de humo. En principio no le di demasiada importancia, podía estar fumando, pero no me llegaba ningún olor reconocible de tabaco. Cuando frenó para dirigirse a los guardias yo hice lo mismo, esperando con curiosidad a ver qué era lo que demandaba. Sus palabras me dejaron todavía más confusa. ¿Quería comprar esclavos y quedarse al jefe de los guardias? Si su intención era liberarlos no me importaba lo que hiciera con el que dirigía aquel tugurio, pero si pretendía convertirse en un esclavista más tendríamos un problema.

Bufé con la intención de seguir avanzando para entrar de una vez y ahorrarle la tarea de reducir todo a cenizas. Me abroché sin soltar las katanas uno de los botones de mi chaqueta para evitar que saliese volando y prepararme para lo que se avecinaba. Sin embargo, antes de poder dar ningún paso para adelantarme, sentí algo extraño y, casi sin darme cuenta, un tipo apareció delante del pirata para exigirle que se detuviese. Conocía aquel uniforme y su rostro me resultaba familiar de haberlo visto en el periódico, pero él mismo tuvo la consideración de presentarse. Metí un par de dedos mi mano derecha en la parte por donde me había abotonado la chaqueta para acomodármela intentando controlar mi nerviosismo y mi rabia, que era aún mayor. ¿Que nos rindiésemos? Si quería detenerme tendría que llevarse mi cadáver, porque no pensaba irme de la manita de aquel Almirante.

De nuevo, no tuve tiempo para reaccionar. Estaba escuchando su discurso cuando el tío enorme y pirado se dispuso a atacar. Sentía su hostilidad y sus ansias de destrucción, pero no sabía que fuese a ser capaz de atacaron tanta facilidad a un Almirante. No quise quedarme atrás y, por mucho que me fastidiase que se estuviese entrometiendo en mis planes, tenía que aprovechar la oportunidad que me había brindado. Comencé a correr en dirección hacia el Almirante. El pirata tenía la misma intención que yo. Estaba demasiado centrada en nuestro enemigo como para fijarme bien en él, tan solo tenía mi plan en mente, un plan que no les incluía a ellos. No les conocía de nada, ni sus habilidades ni debilidades, no podía jugármela confiando en ellos. Si estuviese aquí con el resto de los Alas Negras la situación sería completamente distinta. Corrí lo más rápido que pude para posicionarme detrás del Almirante, a un metro a su espalda, todavía con el haki activado y con las espadas cruzadas en equis delante de mí, lista para lo que ocurriese y dispuesta a separarle la cabeza del cuerpo si tenía la más mínima ocasión. No sabía qué haría Kisuke. Imaginaba que tampoco tenía demasiada afinidad con la Marina, pero enfrentarse a un Almirante era algo a lo que no todo el mundo se atrevería. Aunque realmente tenía ganas de aquel enfrentamiento que nos llevaría al suicidio, tampoco nos quedaba otra opción si queríamos tener la oportunidad de seguir viviendo en libertad.

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#9
Mis palabras cayeron en saco roto. Pude ver perfectamente como las tres personas a las que había decidido confrontar para proteger aquella casa de subastas tomaban distintas decisiones, pero todas con el mismo destino. Ninguno parecía querer obedecer mi orden de rendirse, pues en lugar de ello, daba la sensación de que su determinación por resistirse iba a convertirse en su primer paso dentro de la prisión de Impel Down. El humano más alejado optaba por una posición defensiva. La mujer comenzaba a intentar flanquearme. Y mientras esto sucedía el humeante demonio encolerizado frente a mí movía su brazo lenta y torpemente hacia mí. Ya había avisado de mis intenciones y mi reacción ante la posible negativa por su parte a obedecerme, así que tras ello me veía obligado a emplear la fuerza para reducirles, y eso iba a hacer. 
Mientras veía los lentos y tediosos movimientos de aquella mujer corriendo en tacones describiendo un arco hacia mí, y el igualmente ralentizado movimiento de brazo del oni para encarar mi rostro, fruncí el ceño como única señal de liberación de poder, emitiendo una gran cantidad de viento comprimido desde mi centro de gravedad, produciendo un gran choque de aire de tales dimensiones que era capaz de cubrir todo el espacio entre mi posición y las barreras naturales que se habían formado con el ataque de los patriotas, empujando los cuerpos de los tres criminales contra la pared más lejana y opuesta al flanco en el que yo estaba.

El movimiento fue abrupto, rápido y certero - si es que algo de tales dimensiones y magnitud podía ser certero - y estampó el trío de cuerpos prácticamente al unísono, aunque debido a sus posiciones hubo una pequeña diferencia de movimiento. Kisuke llegó el primero al ser el que estaba más atrasado, seguido por Triana, y finalmente por el loco Ashura.
Aun así sabía que un movimiento como este no iba a acabar con ellos, se desde la peor calaña cuyas cabezas estaban muy cerca de alcanzar el valor de medio billón, así que decidí completar mi movimiento con algo que pudiera ponerlos en jaque, con el mejor de los casos acabar con alguno de ellos. 
Suspiré con pesadez y volví a bajar la mano a la empuñadura de mi espada, y empecé a desenvainar despacio, mientras soplaba una bocanada de viento continua hacia la hoja de esta, según se iba descubriendo. Continuó soplando a un después de haberla desenvainado por completo, y colocándola en horizontal al suelo hacia mi lateral derecho, la hoja finalizó con un recubrimiento de viento - que no duraría mucho - que la alargaba hasta los sesenta metros, impactando la punta de esta contra el muro que había más a mi derecha, y con un único y rápido movimiento de barrido lateral, cubrí horizontalmente todo el terreno de batalla, realizando un único corte a la altura de mi pecho, buscando cercenar a los tres prófugos de la justicia. Tan solo un metro separaba el suelo de mi corte, y la ensordecedora vibración de un tornado sacudió el improvisado campo de enfrentamiento conforme avanzaba por este, profetizando un final doloroso y brutal para mis enemigos. 

— Último aviso — dije seriamente mientras el viento acumulado en la expandida hoja de Juramentada se desvanecía y desaparecía, volviendo a tener mi arma su tamaño habitual, y empezando a caminar hacia ellos, llegando al punto central del círculo, o cuadrado, o lo que fuera el terreno donde estábamos, quedando veinticinco metros de todas las paredes y de la puerta de la casa de subastas, que había aguantado el empuje de mi técnica sólidamente. Ahora, con el segundo y último aviso dado - pues estaba seguro de que no iban a morir con eso - esperé a ver sus reacciones.





Importante

Bélico

Akuma no mi

Gasto y Daño

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#10
Antes de que pudiera pulsar el botón un estallido me levantó por los aires. Aquel acto, lo perpetuó con el mismo carácter pasivo de una roca y con rapidez. Aferré con la palma de mi mano y todas mis fuerzas la caracola para que no saliera despedida por la brutalidad del estallido mientras la volvía a llevar hacia mi interior gracias a mis facultades. Por mi parte, no pude evitar que me lanzara como un muñeco de trapo.

- HIJOWOI Do PUJATAAWA - Grité mientras mis mofletes se combaban presa de la delirante andanada de viento que me arremetía, mis pelos me azotaban como las fustas a la mulas y en mis oídos sentí el rugido de un huracán. No tarde en frenarme con una colisión a mi espalda mientras el viento me hostigaba contra la pared estallando en mi forma elemental como una mancha de pintura recomponiéndome al instante. Apreté los dientes y desde mis caderas el humo me propulso a toda la potencia que podía. Necesitaba tiempo. ¿QUÉ ACABABA DE SUCEDER? Ascendí con toda la velocidad que pude, mientas un columna de humo me propulsaba por los aires de forma recta y paralela al muro ascendiendo 14 metros hacia arriba. 

Necesitaba la altura, atacarle desde donde no pudiera llegarme, cercenarle su cabeza. Levitaba sobre el suelo, como un genio de las historias sobre una nube oscura de humo por la sombra del muro, un impacto hizo retumbar el suelo. Aquel enano había generado una hoja de tamaños abisales, esta misma se clavó en el muro más cercando a la mano de su espada. El arma era increíble. Fui a lanzarme hacia él cuando...

Mis ojos perdieron la caótica y enorme hoja que había formado, un sonido sobrecogedor achicó mi alma por un momento. 

El muro a mi espalda se partió con un chasquido de piedras, la erosión que la naturaleza tardaba siglos en generar, aquel enano, la había conseguido sin que mis ojos pudieran seguirlo. 

Nunca en mi vida me había sentido tan débil. Nunca en mi vida me había sentido tan pequeño. Nunca antes, habían demostrado semejante poder delante de mi como para que ni siquiera, mis ojos, acostumbrados a una vida de asesinatos y combates, no pudiera seguirlo. 

- Churrita, esto nos viene grande - Nicolás temblaba en mi interior, era como si el único sentido que me faltaba (el común) se hubiera formado en sus palabras - ¡HUYE POR FAVOR, HUYE! - Suplicaba al borde del llanto. 

Los cascotes de rocas chasqueaban al despedazarse, con un simple movimiento de su mano había destruido todo a su paso... Aquello que me acababa de demostrar... ERA MI META. 

Eso que era ese pálido espadachín, con poderes extraordinarios, era mi destino el poder que yo debía de portar, no él. Ser eso era mi ambición, mi sueño, no el suyo. ¿A caso yo era débil? ¿O el mundo me estaba enseñando la separación entre la cúspide y mi posición? Me sentía como una avispa enfrentando a un águila. 

Mi espada, el humo y mi corazón contestaron al unísono. 

NO.

Claro que no. Yo era Ashura, nombrado así por las leyendas. Una deshonra débil para mi familia. El pequeño Oni, aquel que nombraron como un dios antiguo para negarlo de convertirse en él. Yo era todo lo malo de este mundo y ese hombre... Ese hombre se acababa de convertir en mi futuro, presente y deseo. 

YUGO DEMÍPALO, Almirante de la marina.

Último aviso. 

Espetó mientras caminaba con la tranquilidad del fuerte. Nos trató como si no fuéramos más que pequeños insectos que merodeaban por su jardín de juegos, como si no fuéramos una amenaza real.  Le observaba desde las alturas mientras el viento mecía mis ropas, mi largo y oscuro pelo ondulaba y los cascotes caían bajo el humo que conformaba mi cuerpo de cintura para abajo. 

- HArHArHAr - Reí delirante. Acababa de entenderlo - ENANO -  Me dirigí a él - He vivido todo este tiempo para encontrarte - Mi cabeza solo útil para el combate había conectado todas las piezas - Tu naciste para enfrentarme. Yo nací para superarte - Pronuncié con unas palabras crudas y una expresión más cruda todavía, aferré con ambas manos mi arma y rugí desafiándole mientras sonreía feliz de haber encontrado a alguien tan poderoso en mi camino. Me enfrentaba al mar... Y un hombre solo no puede parar el oleaje.

Y después de tanto tiempo, la encontré. Como los adultos encuentran a su amor de la infancia, tras años sin verse, con las mismas mariposas revoloteando en su pecho aún con el cambio que supone el tiempo, con risas cómplices y miradas incriminatorias. Con la calidez de la madurez y la comodidad de la compresión, aquella a la que había estado buscando durante tanto tiempo, mi verdadero tesoro, el destino de mi viaje. 

Por que, en mi cabeza todo se conectó, y me di cuenta de que volvíamos a vernos, había recuperado a mi vieja amante después de tanto tiempo y yo la abrazaría como un niño que recupera a su madre, la aceptaría con la honra de un guerrero. Si era mi hora, llegaría puntual y con una sonrisa. 

Por que comprendí, que ese día, era el día de mi muerte.

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Belico


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