RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 40
#1
El poderoso vendaval del Almirante se extendió por todos los manglares adyacentes con una inmediatez apabullante, como si hubieran invocado un tornado en el mismo centro del archipiélago y este se hubiera encargado furiosamente de distribuir por capricho y fortuna - o infortunio - a los seres vivos del lugar. Tanto civiles como criminales fueron disueltos en el aire hacia uno u otro lugar y esparcidos por el lugar, alejándolos todos del manglar cincuenta que era donde se encontraba el Almirante y quien quería poner espacio en su área de combate para no acabar con nadie. Se encargó personalmente de que su huracán circular no lanzase a nadie fuera de la isla, y, aun sabiendo que esto movería a los soldados y sus tropas aleatoriamente confiaba ciegamente en los hombres y mujeres a su cargo, y sabía que sabrían obrar en cualquier situación, siguiendo sus órdenes principalmente y su criterio en segundo lugar.

En este caso, Garnet Matlock salió despedido hacia el manglar cuarenta, estando a punto de estamparse contra el suelo pero siendo frenado por una de las ramas bajas del propio árbol megalítico, que atoró el hilo del tanga del músico y lo dejó colgando del lugar como una pera madura. Al mismo tiempo, y mientras la poca gente que había ahí abandonaba el lugar huyendo de la explosión de viento que muchos manglares allá había sido vista, el cazador líder de Magna, Sohem, llegaba caminando contra la corriente humana que huía.
¿Cómo se darían los hechos en este lugar?





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#2
Atributos Personaje


La sosegada "tertulia" y el calmado "paseo" que estaban tomando los miembros de los Alas Negras junto a la contraalmirante Erza se vio pronta y abruptamente perturbada por, lo que era en toda medida, una catástrofe natural. Antes de que la marine siquiera pudiera responder al aluvión de preguntas de Kenzo y a los flirteos de Garnet, de la nada y sin previo aviso, apareció un torrente de aire con la potencia de un huracán.- ¿¡Pero qué cojones!? - Se alarmó el pirata, quien no pudo soportar la intensidad de la tempestad en la que se habían visto envuelto. La fuerza y fiereza del viento fue tal que, inevitablemente, los pies de Garnet se vieron despegados de la superficie, al igual que el resto de sus amigos.- ¡EeEeh! ¡PeEeEeEñaAaAaAa! - Intentó comunicarse con el resto, pero la magnitud del vendaval era tal que - junto al sonido huracanador que propiciaba la propia ventolera - se introducía en su boca cuando intentaba hablar, no dejándole transmitir adecuadamente su mensaje. Aquel cataclismo eólico, en un abrir y cerrar de ojos y aleatoriamente, comenzó a separar a los distintos miembros de los Alas Negras, incluyendo a la propia contraalmirante que, ante aquel tornado, no pudo hacer nada para seguir teniéndola bajo su brazo. Sin poder hacer nada, el pelirrojo tan sólo pudo ver como todos y Erza se alejaban cada vez más de él.- ¡¡LláAaAaAamaAaAaAamEeEEeEe!! - Fue lo único que intentó decirle a la marine, de la cuál no conocía el nombre, pero tan sólo permanecía el aparente interés que había mostrado en el felino antropomórfico. Desde luego que tenía un grave y serio problema mental con las mujeres.

Después de un fugaz viaje aéreo, el gato volador comenzó a notar como iba perdiendo altura, empezando a descender en picado hacia el suelo.- Menos mal que los gatos tienen nueve vidas, o algo así. - Pensó, mientras seguía precipitándose en caída libre a unos 10 metros del gargantuesco árbol que regentaba el islote en el que había ido a parar. Cuando Garnet empezó a entrecerrar los ojos y a anteponer sus extremidades hacia el terreno, viendo que cada vez se acercaba más a colisionar con él, un inesperado tirón en sus partes nobles le hicieron abrir los ojos de par en par y soltar un chillido desgarrador.- ¡UAGHHHHHHHHHHHH MIS HUEVEZUNOS! - Se quedó a 8 metros del suelo, acercándose y alejándose a este como si un muelle se tratara, gracias a que el hilo de su tanga se había quedado enganchado en una de las ramas del manglar.- Vamos, no me jodas... - Se quejó, intentando balancearse hacia delante y hacia atrás para intentar zafarse de aquella cómica situación, o bien porque su tanga se liberara de la rama o bien por que la propia rama cediera ante la acción de fatiga de su vaivén, todo esto mientras la gente huía despavorida del lugar o salía disparada por la misma corriente de aire.- No me queda de otra, hora de un nuevo look, ¿es o no es? - Se dijo para si mismo para, seguidamente, pasar la afilada uña de su pulgar derecho ágilmente sobre el hilo colgante de su taparrabos, cortándolo en el acto y, por tanto, causando que el músico de los Alas Negras se precipitara hacia el suelo, cayendo de pie y completamente desnudo. Menos mal que su pelaje le protegía del frío. - También es verdad eso de que los gatos caen siempre de pie pueje. - Comentó para sí mismo pues no había ni un alma presente después de la arrolladora tormenta, mientras se percataba de que ya no sentía el escozor de la quemadura que se había hecho previamente por la explosión.

Estando el propio árbol en mitad del islote Garnet - quién se encontraba a 5 metros frente a la base del árbol y dando la espalda -, comenzó a mirar al frente, con los brazos puestos en forma de jarra, mostrando su super-exhibicionismo al afortunado o desafortunado que quedara presente.- Parece que el menda se ha separado de sus coleguis... - Suspiró, al ver un deshabitado espacio en el que, otrora, parecían ostentarse pequeños puestos mercantiles que - debido a la corriente de aire - se habían visto derrumbados, dejando prácticamente una explanada circular de cien metros de radio.- Debería bichear que detecta el menda con el haki. -Se sugirió a sí mismo viendo lo amplio que era el lugar, enfocándose en ese momento en el uso del Kenbunshoku Haki. Efectivamente, no hay ni un ápice de ni un alma... O eso habría sido lo idílico. Estando ya  a unas pocas decenas de metros de él hacia su derecha - estando Garnet completamente de espaldas al árbol y, por tanto, al centro del islote - pudo percatarse de una presencia abrumadora.- ¿Qué cojones es este poder? - Se estremeció, al notar el considerable tamaño de aquella aura de color rosada, un aura que le producía en cierta manera rechazo y repulsión, de manera inexplicable. Por algún motivo, le resultaba familiar aquella sensación, aunque ahora mismo no ataba cabos de dónde había sentido antes ese alma. Fuera quien fuera la persona de la que procedía aquella fuente, olía a peligro a leguas y, aún así, por alguna otra razón que no podía comprender el pelirrojo, no pudo evitar sonreír. Como quien no puede evitar mirar un accidente, Garnet enfocó su atención hacia el lugar en el que emanaba aquella inconmensurable cantidad de poder, dirigiéndose hacia él sin ningún ápice de duda. Nunca mejor dicho, la curiosidad mataba al gato.

Conforme más se acercaba hacia la figura misteriosa, lo que era una silueta en la lejanía, empezó a discernirse paulatinamente algunos detalles que hacían, de aquel ente, alguien completamente reconocible. De hecho, tan sólo un accesorio era necesario para identificar a aquella persona.- Ese casco... Tch... ¡Y una polla! Es Sohem... Con razón este poder... - Aventuró, estando ya a 20 metros frente a él, continuando reduciendo paso a paso la distancia con el hombre enmascarado. Miles de pensamientos pasaron y circularon a través de la mente de un desnudo y gatuno Garnet. Por un lado, estaba el evidente y claro hecho de lo violenta, agresiva y cruel que podía resultar el carácter de Sohem. Ya le generó dudas cuando Triana comentó en Skypiea que en el pasado mató a uno de los suyos, pero aquel temor se hizo aún más palpable cuando en la isla celestial no tuvo el pudor de matar a Yojimbo en frente de todos. Que los Alas Negras originales le tuvieran resquemor, era algo lógico y que el pelirrojo entendía completamente. Por el otro lado, estaba lo que Sasha, su hermanita y la luz de sus ojos, sentía hacia el cazarrecompensas. Aquella admiración y pura amistad que ella afirmaba tener con él, le hacía creer que realmente no era mala persona, simplemente alguien muy impulsivo y con mucho pronto. Era algo a lo que quería aferrarse, por el afán que sentía hacia la semioni.



Sin embargo, dentro de él, imperaba otra emoción. Una distinta y que se arremolinaba en su alma, como el huracán que acababa de sufrir. Desde que su actuación en el torneo de Zarutsuki, después de todas las penurias, inseguridades y obstáculos que había tenido que derribar y demoler durante su viaje, no podía evitar preguntarse ¿cuánto distaba realmente su fuerza de la del hombre enmascarado? ¿Cuánto había mejorado desde que le vio vapulear al hombre que sería el próximo rey de los piratas? Justamente, al haber vivido un viaje lleno de superaciones, algo le impulsaba a ir un nivel más allá, a hacer caso omiso de la misión con la que habían salido del Solar Karma y, egoístamente, medir su fuerza a riesgo de morir. Pero quién tiene miedo a morir, que no nazca. Sintiéndolo por Sasha, debía hacer caso y seguir sus propios instintos y, de paso, disipar sus dudas.-  Por muy fan que sea mi compitruena de Sohem, ¿qué clase de hermano mayor sería si no pudiera protegerla de él si se le va la flapa? - La decisión estaba más que tomada. Estando a escasos 10 metros del cazador - y con el árbol a sus 7:00 y a unos 20 metros -, se detuvo, mirándole desde arriba debido a la diferencia de altura que poseía al estar transformado en su forma híbrida.- ¡Eh! Sohem, ¿es o no es? - Saludó con seriedad, alzando su mano izquierda para, seguidamente, pasar a señalarse a sí mismo con el pulgar de esa misma mano.- Garnet Matlock, no sé si me bicheas, pero el menda a ti te conoce bastante bien, no preguntes. - No quiso entrar más en detalle, sobraban las palabras y los motivos y, por supuesto, no quería meter a Sasha de por medio.- El caso... - Echó, en ese entonces, los hombros hacia atrás para, a continuación, flexionar sus piernas - pasando a apoyar todo su peso en la punta de sus dedos - y sus brazos de forma que, con la espalda ligeramente arqueada, adoptó una guardia, con ambos puños cerrados y que cubría la parte inferior de su nariz y boca hasta la mitad superior de su abdomen.

-
¡¡TE RETO A UN DUELO, AQUÍ Y AHORA, SOHEM!! ¡ES O NO ES!
-

Vociferó, de forma breve y directa y estando preparado, listo y expectante ante cualquier respuesta tanto física como verbal por parte del enmascarado. La brisa mecía con calma y soltura el rojizo y largo cabello, casi antecediendo a la feroz contienda que se iba a dar en brevesAunque tuviera todas las de perder, pensaba darlo todo en aquel combate.

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#3
Atributos Personaje


El devenir de mis pasos me condujo de un manglar a otro en el transcurso de los siguientes minutos después de mi partida frente a mis dos compañeros, finalmente haciéndome llegar hasta el manglar cuarenta. Caminaba, aun con cierto resquemor por las palabras del Vicealmirante Joe Joestar, con Ein Hauch sujeto con la mano izquierda y colocado sobre el hombro del mismo flanco, con la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y con mi nuevo abrigo morado oscuro cubriéndome los hombros y ondeando ligeramente al viento en aquella mañana de invierno, mientras la poca escarcha que aun quedaba en las zonas de sombra sin pisotear, se derretía con mi paso cercano fruto de mi incipiente carácter ardiente y el enfado que arrastraba conmigo, como si de una pesada losa se tratase, alimentando las brasas de mi fácilmente irascible psique y manteniéndome rumiando la contestación del marine — Ni si cintimpli ini binificiin pir diñis i prijiciis — dije por lo bajo, con un tono infantil, y chasqueé la lengua con sonora furia — La puta que te parió, Joe Joestar... — finalicé moviendo el hombro derecho en círculos dos veces, para destensar el cuello y tratar de relajarme.

Aparentemente el caos del archipiélago se había extendido por todas partes, y no sólo en el manglar del astillero donde nosotros nos habíamos topado con aquella hojalata débil y mal construida, si no que por aquí, por lo que parecía al ver a las personas corriendo y escapando a diestro y siniestro, también tendrían que estarse dando situaciones de conflicto. De hecho, una de ellas chocó su hombro con el mío y cayó al suelo, resultándole imposible moverme de mi posición debido a mi propia fuerza, y sólo obteniendo una mirada asesina desde detrás de mi inexpresivo yelmo agujereado, librándose de mi castigo visual, que acontecería al verbal y al físico, pero fue interrumpido por las disculpas de aquel hombre, que se levantó y siguió corriendo, aumentando aun más mi enfado al no sólo haberme tratado de empujar, si no haberse ido sin permitirme descargar mi verborrea con él. Mas cuando intenté abrir la boca para gritar una referencia escatológica hacia su árbol genealógico, un vendaval que sacudió mi abrigo con fiereza y me hizo prestar atención. Mi sentido del oído se vio avasallado por el zumbar del viento y sólo pude ver personas, animales y cosas volando en todas direcciones, todas provenientes de una explosión de corrientes de viento que partía desde el centro del archipiélago - aproximadamente, por lo que parecía indicar la extensión de la masa de tierra y vegetación alrededor - y te obligaba a obrar en consecuencia. Por lo visto, los huracanados vientos que llegaban a mi eran los resquicios y los remanentes de la explosión previa, pero no era lo suficiente como para hacerme volar en ninguna dirección.

Contrario a esto, un hombre quedó atorado de una de las ramas bajas del manglar, colgando de estas por su ropa interior, haciendo que arquease la ceja izquierda en señal de incredulidad, pero mayor fue esta cuando decidió cortar la tira que lo sostenía para caer al suelo y mostrar completamente sus desarrolladas partes íntimas, con los brazos en jarra y mirando en derredor. Chasqueé la lengua mientras negaba con la cabeza. Estaba rodeado de idiotas... pero por aquí no había Matrioscas de esos del Gobierno, así que seguí caminando ignorando todo lo demás. O eso me habría gustado que sucediera.
En algún momento un mink tigre pelirrojo se había acercado hacia mi de frente, quedando a diez metros de distancia, y me estaba llamando por mi nombre, preguntándome una obviedad — Es — respondí seco, clavando mi mirada en él. ¿Quién cojones era este y qué quería?. La duda pronto se solucionó, pues no tardó en presentarse y en decir que me conocía bastante bien. No era una sorpresa para mi que a estas alturas mi nombre o mi apariencia - o la apariencia de mi casco, mejor dicho - fueran reconocidas en uno u otro lugar, pues ya estaba empezando a labrarme una reputación, pero a mi su nombre no me decía nada y no tenía ningún tipo de interés en entablar una conversación con un mink nudista - y lampiño, pues tenía zonas sin pelo - con una severa urgencia de ortodoncia así que conteniendo la ira en las venas que bombeaban en mi sien y mi cuello, chasqueé la lengua antes de abrir la boca — Escucha Carmen Malo, no sé quién cojones eres y... — empecé a excusarme visiblemente molesto queriendo quitármelo de encima mientras adoptaba una postura atlética y remataba su presentación retándome abiertamente a un duelo.


Mis ojos se abrieron como platos ante tales palabras — ¿Un duelo? — pregunté abiertamente, incrédulo. Si me conocía - y reconocía - no tenía mucho sentido que me retase abiertamente a un duelo a no ser que confiase plenamente en sus habilidades. Alguien que quisiera mi mal, me abordaría de sorpresa para tener algún tipo de ventaja. Pero ¿quién podría querer mi mal?. Obviamente algún pirata resentido, algún miembro de un gremio de cazadores que buscaba afectar a Magna, o... ¿quizá un miembro del Gobierno Mundial siguiendo órdenes de mi familia? No, lo descarté al poco. Si fuera el caso no me habría llamado por el acrónimo que usaba como nombre, si no que habría usado mi nombre real. Pero fuera cual fuera el caso, este tipo había elegido el peor día y el peor momento para venir a tocarme los cojones - y a enseñármelos - e iba a pagar por los platos rotos de los demás. Por la vajilla entera, de hecho.

— Ven — ordené sin variar mi posición ni un ápice.





Anotación

Resumen

Gasto y daño

Karmas

Inventario

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#D86700
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#4
Aquel hombre, cuyo nombre había estado continuamente en boca de algunos miembros de los Alas Negras, se paraba frente al músico de dicha tripulación con una presencia que, obviando el color, forma y tamaño de su haki, imponía por si sola. Junto al uniforme militar que portaba, de un tono verde oscuro tirando casi a la negritud, llevaba por encima un llamativo y peludo abrigo de color morado que le dotaba de un inexplicable aire de grandeza y liderazgo. Añadido a eso, estaba esa máscara con sendos orificios que le envolvía en un halo de misterio a la par que eliminaba casi cualquier rastro de humanidad y empatizar con él. Al no poder observar sus facciones, rostro y expresiones, era como si estuviera frente a una máquina, justo como las que los Alas Negras habían destrozado anteriormente. Sin embargo, esa sensación se desvaneció en el interior de Garnet cuando Sohem habló tras afirmar su identidad. Toda la falta de expresividad que sentía al ver aquel inerte cascarón, implosionó al notar en su chasquido y tono lo sorprendentemente molesto que parecía estar y el explosivo carácter que demostraba poseer su aura.

Efectivamente, el cazador reconoció no saber la identidad de Garnet. Ya solo no conocer quién era la futura mayor superestrella de todo el mundo molesto ligeramente al pelirrojo, pero si a eso se le añadía que también le llamó mal por su nombre, le irritó más de lo que le gustaba reconocer. No pudo evitar pensar en la pájara esa de la marina, al asociar el hábito de confundir los nombres con la semioni. Pero, molestia, orgullo y egocentrismo aparte, le sorprendía que un cazarrecompensas no tuviera estudiado a sus posibles fuentes de ingresos, y aún más si formaban parte de la misma banda que la que se suponía que era su amiga. Pero no era tiempo de darle vueltas a asuntos innecesarios, lo que imperaba ahora era la razón por la que se había aproximado al hombre enmascarado.

Incrédulo, hasta el punto de interrumpir su frase anterior, Sohem preguntó, retóricamente, lo que le acababa de proponer el skypiean. Aunque el mensaje había sido claro, no estaba de más darle una pequeña reafirmación asintiéndole, de este modo, con la cabeza. En el breve tiempo en el que el enmascarado accedía o no a batirse en un combate con él, Garnet podía notar como el corazón le latía con fuerza y como sus pupilas se dilataban y contraían continuamente, sin perder de vista en ningún momento al humano de metro setenta. Ante la incertidumbre del devenir de aquel acontecimiento, no podía evitar estar nervioso, pues no tenía ni idea de como iba a salir tras aquella pelea. Y tras un silencio, que para el músico se hizo perpetuamente eterno, la respuesta por parte de Sohem se dio en un monosílabo, una respuesta que invitaba al pelirrojo a dar inicio a la batalla. De golpe, todo el remolino de sensaciones que tenía en su interior desaparecieron, quedando remanente tan sólo aquella emoción inicial de autosuperación, pues no había tiempo para vacilar. Y de manera inmediata tras escuchar la palabra del cazdor, haciendo caso a sus instintos más primarios, Garnet concentró todas sus fuerzas en las yemas de los dedos de sus pies y, con impulso efímero, se lanzó directo a por él.


Con un oponente de esa talla, no valía con ir a medias tintas, ni mucho menos. Ni siquiera valía dar el 100% de sus capacidades, sino que debía hacer acopio de todas sus fuerzas para tomar el ritmo de la pelea. La celeridad que le dotaba la extinta transformación al pirata era de por sí asombrosa, pero la agilidad de Yojimbo superaba con creces la suya y, contra la capacidad bélica de Sohem, no valió para nada. Era por ello que puso todo su ser, en cada músculo de sus piernas para recortar la distancia que los separaba en un parpadeo, para no dejarle opción a que reaccionara de ninguna manera. Del mismo modo, inclinó exageradamente hacia delante la mitad superior de su cuerpo - reduciendo su altura a aproximadamente un metro y medio -, para vencer de la mejor forma posible al rozamiento del aire, adoptando la postura más aerodinámica que su cuerpo podía soportar. Como mantuvo la postura defensiva de ambos brazos, ya que su cuerpo estaba echado hacia delante, dichas extremidades cubrían todo su cuerpo, salvo las piernas y la mitad superior de su cara, de un posible ataque frontal. En un abrir y cerrar de ojos, Garnet ya se encontraba a dos metros frente a Sohem, ladeando su tronco superior abruptamente hacia la izquierda, a la vez que alejaba su brazo derecho de la postura defensiva inicial para contraerlo en su respectivo flanco. Súbitamente y sin decrecer ni un ápice el ritmo, con un pisotón dado por su pie izquierdo, se impulsó otro metro más, quedando todo su felino cuerpo ligeramente a la misma altura que el costado derecho del enmascarado, mientras que su diestra quedaba a la misma que la del cuerpo de Sohem liberando, en esos mismos instantes, el puño que tenía cargado desde hace prácticamente unas décimas de segundo. Era una técnica que ideó tras su entrenamiento con Kenzo. Un entrenamiento en el que el mocoso, intentó desconcertar a Garnet propinándole una patada en sus partes nobles, pero sin éxito alguno dado al entrenamiento sadomasoquista que había recibido el skypiean por parte de Ikirami. Era un puñetazo que iba en contra del honor de la batalla, un golpe bajo, sucio y guarro que buscaba dejar aturdido a todo oponente que poseyera "colgantes reales". Un ataque con el cuál, el skypiean hundía su puño en las partes nobles - las tenryuballs, podrían llamarse - de Sohem con ferocidad y descaro.

Seguidamente y, tras aquella arremetida, usando su pierna derecha a modo de impulso - dando una patada en el aire hacia atrás - y con su izquierda de apoyo, Garnet giró en sentido horario, aprovechando la rotación y la inercia de su cuerpo para flanquear por su derecha al cazarrecompensas, quedando a un metro de él y a sus 17:00. El pelirrojo no lo recordaba de su combate contra Yojimbo, pero observando que Sohem sujetaba en todo su arma con su zurda, podría aventurar que su mano dominante era la izquierda, aunque tampoco descartaba que fuera ambidiestro. Aún así, aún era demasiado pronto para asumirlo, por lo que - estando el cazarrecompensas en todo su campo visual - optó por permanecer ojo avizor a cualquier movimiento corporal del cazador, adoptando la misma postura defensiva con la que comenzó el combate, con la diferencia de que flexionó aún más sus piernas - bajar aún más su centro de gravedad - y de bajar más la altura de sus brazos, con el fin de que sus puños no le dificultaran la visión lo más mínimo, quedando su cara al descubierto pero, en contraposición, estando su torso enteramente cubierto.







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#5
En el momento en el que junté aquellas tres letras para formar aquel monosílabo sencillo se produjeron dos reacciones completamente simultáneas y tan fugaces que cualquier espectador común pasaría por alto sin dudas.
El felino pelirrojo frente a mi desapareció como fruto de sus intenciones hostiles en pos de lanzarse a atacarme - o escapar, pero si me había retado a un duelo dudaba que fuera esto segundo - y comenzar con la disputa que buscaba. Y al unísono, como respuesta a mi propia invitación a comenzar el combate - que no a atacarme y esperarle - flexioné la última falange del pulgar de mi mano derecha, y con ello pulsé la caracola mágica que obtuve en la isla del cielo, la cual había tenido todo el tiempo en el bolsillo de ese flanco y había sostenido con mi mano. Esta interacción liberó una oleada de calor abrumador que hacía varios meses había ocultado en el interior de dicho artefacto, siendo este mi primer movimiento para comenzar a pelear contra aquel tipo y lanzarme contra él... pero quedé asombrado al perderlo de vista por un segundo y encontrarme ahora si frente a mi, a escasos dos metros, a un hombre pelirrojo con dos antenas idénticas a las del mink felino de antes, y también completamente desnudo, con algunas quemaduras por el cuerpo. Si realmente hubiera esperado por su ataque, no habría sido capaz de verlo. Si no hubiera pulsado el dial que tenía preparado en la mano dentro del bolsillo no habría podido pararle. Y si no lo hubiera podido ver ni parar, seguramente habría conectado un golpe increíble contra mi.

Con su reaparición frente a mi abrí los ojos de par en par dándome cuenta de dos cosas. La primera es que era un usuario de Akuma no mi, seguramente como Viktor o Sasha, que se transformaban en un bicho chulo de pelotas. Y la segunda es que era increíblemente rápido, quizá la persona más rápida a la que me había enfrentado jamás... o al menos que yo recordase, si es que eso era garantía de algo. De modo que no podía confiarme ni dejar que tomase la iniciativa si no quería lamentarlo más tarde. Tenía que ser contundente, definitivo y aplastante. A fin de cuentas era él el que había pedido este duelo, y yo no sabía quién cojones era ni me importaba. Si quería pelea, pelea iba a tener.


Inmediatamente cuando quedó parado frente a mi, sin duda frenado por la inesperada oleada proveniente de mi bolsillo, reaccioné con mi idea inicial de golpearle tras pulsar el dial y realicé un movimiento sincronizado moviendo ambos brazos: Saqué la mano derecha del bolsillo y moví mi brazo izquierdo. Este último, realizó un potente movimiento descendente empuñando el kanabo que portaba sobre mi hombro, impactando con Ein Hauch en la parte superior de la cabeza de mi desorientado y nudista oponente.

— ¡¡GRAVE OF BRAVES!! —

Bramé acompasando el movimiento del brazo produciendo un sonoro 'gong' impactando mi arma entre las dos extrañas antenas de aquel tipo con toda la fuerza que era capaz de desarrollar pero sin exceder mis límites ni esforzarme en demasía: Era mi máximo daño de forma base. Y desde luego no creía que alguien tan rápido mereciera menos.
Quedé con Ein Hauch apuntando al suelo frente a mi, en diagonal desde mi cuerpo al suyo rivalizando con su propio "garrote colgante", y con la figura del hombre desnudo a dos metros del mí, mirándolo con desagrado y con desgana. ¿Cómo iba a darle una paliza a un tío en pelotas? Cuando estaba transformado en el tigre ese colmilludo se disimulaba un poco más el asunto — Vístete — ordené, y chasqueé la lengua, sin variar mi posición nuevamente, quedando estático frente a él y observando sus futuros movimientos, manteniendo las llamas de mi interior retenidas con mi mayor esfuerzo procurando no estallar en ira y dar un segundo golpe por el momento, aunque estaba empezando a molestarme ver esa - enorme - cosa colgando y pese a no tener reparos en darle una paliza en ese estado, prefería dejar un cuerpo visible en el suelo y no a un degenerado.





Resumen

Bélico
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#D86700
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#6
Un espejismo. Toda la ofensiva que había desatado Garnet en pos de tomar una clara ventaja en el combate no había sido más que un mero espejismo, seguramente debido a la ferviente oleada de calor que sintió el pelirrojo en cada poro de su piel. De un momento a otro, un calor abrasador, propio de estar próximo al mismísimo astro rey, dio una bofetada de realidad al incrédulo skypiean quien, sin llegar a asestar su ataque, se quedó parado en el sitio a dos metros de distancia del enmascarado. El dolor, gracias a las quemaduras que había propiciado aquel fogonazo de energía calórica, se empezó a clavar en cada nervio de su cuerpo, sintiendo como sus sentidos se deterioraban. Aún permaneciendo de pie, su vista se emborronaba y sus oídos no dejaban de pitar, todo aquello mientras su transformación cesaba, dejando a la luz su forma base de skypiean, mostrando aquel cuerpo esculpido por los mismísimos dioses al desnudo - y ahora lleno de quemaduras hasta las trancas -. Sus alas, a medio teñir de negro, volvieron aparecer a sus espaldas al desactivarse los poderes de su Akuma no Mi.- ¿Q-qué acaba de pasar..? - Su confusa mente no paraba de repetir aquella pregunta y es que, ¿acaso había sido capaz de verle lanzarse a su máxima velocidad? ¿De verdad el nivel que los separaba era tan abismal? No tuvo demasiado tiempo a seguir dándoles vueltas al coco  pues, un segundo ataque impactó de lleno con una potencia abrumadora en el cielo de su cabeza - entre sus dos antenas -.


Quizás, debido al crucial estado de su psique, el sonido que escuchó Garnet al recibir el garrotazo de Sohem sobre su cabeza, se alejaba bastante de la cruda realidad. Y vaya que si se había alejado. Lejos de la comicidad, el estado en el que se encontraba el músico de los Alas Negras, aún estando de pie y consciente, era deplorable. Desde la cabeza, un pequeño brote de sangre, que se entremezclaba entre los carmesíes cabellos de Garnet, descendió por todo el rostro del pirata hasta pararse en sus labios. En tan sólo dos ataques, Sohem había puesto en jaque al skypiean, demostrando que la admiración que sentía la semioni hacia él no era por nada. Y es que nunca se había enfrentado a nada ni nadie igual.- Ahora me cosco de porque me dijiste que era el más fuerte... - Recordó en ese momento la conversación con Sasha cuando estuvieron viendo el combate entre el enmascarado y Yojimbo. Y es que , perfectamente, podía estar frente al oponente más poderoso y destructivo con el que jamás se había enzarzado en un combate. Su aura ya lo había dejado claro en un primer momento, pero ya no había más dudas después de las quemaduras de su cuerpo y el chichón que le saldría de su cabeza. La diferencia era demasiada grande y la incertidumbre de saber si saldría de esa vivo, capturado o muerto estaba constantemente en el aire, y aún así.- ¿Por qué estás sonriendo, huh? ¿Garnet? - Se dijo así mismo, con una amplia sonrisa recorriendo su rostro y es que, a diferencia del miedo, terror y venganza que sentía frente a Finn... La impotencia e inseguridades que recorrían su mente en su enfrentamiento contra Karl... Y la tortura que sintió frente a Seandass - a pesar de que en los últimos compases disfrutó de la pelea - al ver como su instrumento quedaba reducido a añicos... A diferencia de todos esos combates, el pelirrojo había elegido activamente pelear contra su oponente y, de alguna manera ilógica, estaba emocionado de poder enfrentarse a alguien de ese calibre. La gran cantidad de adrenalina que no paraba de segregar el skypiean le hacía sentir completamente vivo, a pesar de que estaba más al borde de la muerte que nunca.


Sus obnubilados sentidos iban volviendo paulatinamente a su estado normal, pudiendo apreciar cada vez con mayor resolución como Sohem seguía parado frente a él, con su kanabo - sujeto aún con su izquierda - apuntando hacia el suelo y en posición oblicua respecto a su cuerpo. Desde luego, estaba en posición de seguir el combate, y él no iba a ser menos. Lamentablemente para Garnet, el pirata sentía su cuerpo pesado y magullado, presentado una gran dificultad para mover cada músculo de su ser con propiedad. Su mente no paraba de pensar que curso de acción seguir y realizar para poder hacer frente a una calamidad como la que tenía delante. No quería que el combate terminara aún y sentía que un golpe más podría mandarlo a volar. Sin embargo, y para sorpresa del pelirrojo, el cazarrecompensas ordenó que se vistiera, dejando completamente desprevenido a Garnet.- ¿Huh? - Dijo extrañado, mirando hacia abajo y observando como tenía su increíble miembro reproductor al aire y achicharrado.- Con el calor ni me había coscado de que estaba en bolas, ¿es o no es? - Volvió a levantar su mirada hacia el enmascarado. Sorprendentemente, las sendas quemaduras que presentaba su cuerpo protegía su desnudez del frío invernal que hasta hace poco tenía jodido a Garnet. En ese momento, activó su haki de observación de nuevo a su máximo alcance. Otra vez, pudo sentir aquella desagradable presencia, a la vez que notaba como el aura de Sohem fluctuaba con extrema violencia, como el bravo oleaje en mitad de la tempestad.

- Pero nanai. - Se negó, cruzando sus brazos en forma de equis a la altura de su pecho, para potenciar dicha negación y transformándose inmediatamente después, en un abrir y cerrar de ojos, en su forma híbrida de Dientes de Sable, recuperando la figura con la que Sohem había conocido en ese islote al pelirrojo degenerado. Acto seguido, y sin variar la postura de sus brazos, Garnet flexionó sus piernas, pisando el terreno con fuerza, pasando a erguirse sobre el suelo a una altura de aproximadamente dos metros. La pelea pintaba difícil, pero al igual que los diamantes se creaban y salir a relucir bajo grandes valores de presión, él no pensaba rendirse aún. Con una sonrisa, saldría a flote y conseguiría ser el último que reluciría y brillaría de aquella épica contienda. Su corazón, mente y alma, gritaban al unísono una palabra de manera reiterada "Agallas". Todos sus sentidos estaban puestos en ese hombre al que Garnet debía superar.

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#7
Mira que mi orden fue sencilla, pero el retador nudista pareció de primeras no comprenderlo espetando un sonoro quejido verbal, una interjección utilizando la última de las vocales, recibiendo al instante y de forma mimética - por reflejo natural y sin ser apenas consciente de eso - lo mismo proveniente de mis propios labios y garganta — ¿¡Huh!? — pareciendo ambos dos pavos llamándose el uno al otro en temporada de considerar a todos tus iguales como rivales de cara a la época del apareamiento. Seguido de esto, miró hacia abajo para contemplarse las gónadas y añadidos y referenció que no se había dado cuenta de que estaba desnudo, y volvió a mirarme.

Mi postura no había variado. La mano derecha estaba fuera del bolsillo y la mano izquierda empuñaba con firmeza a Ein Hauch, mi más antiguo amigo, colocado en diagonal apuntando hacia los pies del hombre-felino y su atributo campaneante.

——————————————— Hace 12 años ———————————————

Hacía un frío de mil demonios en aquel extraño lugar, la Tierra Inferior. Tiritaba abrazado a mis propias rodillas sentado en aquel callejón, apestado por el propio olor que desprendía mi cuerpo como consecuencia de varias semanas durmiendo en una esquina escondida tras las basuras de un restaurante... pero era el mejor sitio para conseguir comida aun un poco caliente. No sabía en qué isla estaba, o siquiera en qué mar... o como los llamaban aquí, "Blues". Pero eso poco importaba: Iba a morir pronto.

En el estado de desnutrición, falta de higiene y descanso, no podría decirse que el gran Saint O'Heil Emerec Mars estuviera de la forma más salubre posible. Y honestamente empezaba a arrepentirme por momentos de haberme fugado. Quizá casarse con una mujer fea y mantener los lujos y comodidades del hogar, era mejor que tener que salir a buscarse la vida. Todo era mucho más complicado cuando no te lo hacía un criado, cuando no te limitabas sólo a pedirlo y esperar, y cuando todo el mundo se desvivía por tenerte contento lo más rápido posible. Chasqueé la lengua fruto de la sequedad que tenía en la boca y en la garganta... un gesto que últimamente estaba repitiendo mucho dada la carencia de líquidos para hidratarme por culpa de la ausencia de agua potable a mi disposición.

En la isla anterior ya me gané el desprecio de todos los residentes a cuenta de exigir que se me tratase con el respeto que alguien de mi clase debía tener, y a esta había llegado como polizón con los retales de ropa que me quedaban, sucios y con algunos rotos por los roces de las telas delicadas con el abrupto y vasto mundo. Mi apariencia era la de alguien sin techo que malvivía en callejones, y nada más cierto que aquello, pues me habían cortado el copete del cabello, aquel rizo característico que los honorables dioses del mundo, los Tenryuubito, teníamos, y tanto el barro como las manchas de comida y de sangre de algunas heridas hechas por los golpes que me había ganado a pulso con mis respuestas altaneras eran la decoración de mi atuendo - delicado, pero sencillo - que apenas me daba cobertura en general de todo mi cuerpo.

Los días transcurrían así, sin afecto, compañía o buenos gestos y mi entretenimiento era observar y escuchar a las personas y sus conversaciones en las calles aledañas a mi posición. Ese día concretamente, mientras abrazaba mis rodillas y observaba tiritando el establecimiento de enfrente, una herrería, pude presenciar la represalia y suave regañina física de un maestro - un anciano excesivamente delgado, calvo y con barba gris y cejas muy pobladas, vistiendo sólo un delantal, un pantalón de malla y unas botas a juego con dos grandes guantes de cuero - a su aprendiz - un joven alto, fornido, con grandes brazos e imberbe aun, con ropa sencilla -  verbalizando la evidencia de que un arma contundente debe ser contundente y punto, y que ponerle unos pinchos tan protuberantes como aquellos hacían que pasase de realizar impactos a perforaciones, y que el cliente había sido claro al exigir un garrote tradicional.

El aprendiz trataba de justificarse diciendo que, de esta forma, una vez clavados los pinchos el resto del cuerpo del arma daría el añadido del impacto contundente, y el maestro volvía a golpearle con un gancho descendente en el centro de su cráneo, un gran capón sonoro como una campana, rebatiendo su argumento repitiendo lo mismo: Un arma contundente debe ser contundente y punto.
La conversación - o discusión - continuó un poco más mientras el maestro, le recordaba que él tenía aun que aprender un oficio, no innovar, y que en su forja seguiría sus órdenes o no trabajaría ni un día más aprendiendo su arte, haciendo que el muchacho joven tuviera que asentir agachando la cabeza y darse por vencido. El maestro entonces agarró el arma y la lanzó en dirección opuesta a donde estaban ellos, cayendo rodando enfrente de mi.

Era un palo negro como la noche, de una manufactura increíble y pulida pero con la peculiaridad de que sus pinchos eran excesivamente grandes para las tachuelas redondas y engrosadas que solían ostentar aquellas armas. El maestro tenía razón, un arma contundente tenía que ser contundente y punto, y ese bastón de hierro era como una tabla de madera llena de púas. Lucía extremadamente pesado y tosco, difícil de manejar con soltura, pero parecía tremendamente capaz de producir daño.
Mi mirada se alternó entre el arma y los dos herreros, maestro y aprendiz, que pararon de discutir al ver que el objeto que había arrojado el anciano había parado frente a - lo que para todo el mundo parecía ser - un mendigo. Sus ojos reflejaban una mezcla de peligro y de asco, al ver que habían lanzado un arma a una persona sin nada que perder, y al contemplar mis condiciones y mi estado actual. "Oe oe" fue el grito que aquel joven profirió al verme, como previendo mis intenciones e instintivamente sentí que esto era lo que tenía que hacer. Lancé ambas manos hacia delante mientras me ponía de rodillas, para agarrar el palo, y ambos hombres salieron corriendo hacia mi gritándome en una orden que "soltase ese kanabo" para, al mismo tiempo que sus palabras resonaban en la calle y llamaban la atención de todos los transeúntes, y mis manos se colocaban sobre el frío acero del arma, una brisa de viento sacudió el lugar y levantó una polvareda tremenda entre mis demandantes y yo, avivando las brasas de su forja y haciendo saltar chispas de fuego y brasas al viento.
El chisporroteo del color vivo de ese fuego se reflejó en mis ojos amarillos mientras, aprovechando la brisa y el polvo, me levantaba y salía corriendo portando el arma con dificultad con ambos brazos, abrazándola como una madre abraza a su hijo recién nacido... con la diferencia de que mis brazos enclenques y sin músculo estaban cargando un arma de hierro macizo de varios kilos.

Corrí todo lo que mis piernas me permitieron, callejeé todo lo que había aprendido y había podido recorrer en mi estancia en aquel lugar desconocido y sólo pensaba en que podría empeñar esta pieza en algún otro lugar para ganar una monedas y poder comer. Cuando mi carrera se detuvo, escondido bajo unos escombros de unos muebles viejos que algún vecino había tirado en la parte de atrás de su edificio, jadeaba mirando el metal y el brillo de este, que reflejaba mi rostro, y con una brizna nueva de viento, suave como una caricia, mi cabello rosa se alborotó y pude ver a la perfección mi rostro reflejado en el metal de es... kanabo. La ambición de mis ojos no era por el dinero. Era por sostener un arma.
— Viniste a mi con una brisa... Ein Hauch. — susurré, y abracé el metal con cuidado de no pincharme.


——————————————— Final del Flashback ———————————————


Habían pasado muchos años desde ese encuentro hasta la actualidad, y aquellos prominentes pinchos de Ein Hauch habían perdido parte de su filo y agudo y pronunciado final, achatándose con el paso de los años y el peso de los golpes, pero nunca me había fallado. Había sido mi primer compañero y el más fiel de todos, otorgándome la capacidad de defenderme y después las victorias que habían conducido mi camino. Y aunque acabaría llegando el día en que mi mano se separaría de aquel frío - aunque ya no lo sintiera - metal, sabía que hoy no era ese día, y que en cuanto a su utilidad y lealtad, no iba a hacer una excepción.
El hombre desnudo profirió una negativa de dos palabras mientras cruzaba los brazos y obtuvo, molesto e iracundo por todo lo acontecido con anterioridad y por su desobediencia, una respuesta de la misma extensión por mi parte que liberaría toda mi presencia y mi angustiante fuerza espiritual sobre aquel desdichado
— Hot Spot — dije alzando la voz, liberando al unísono mi poder del Conquistador y una la oleada de calor que llevaba almacenando en mi cuerpo fruto de contener y reprimir el enfado que llevaba macerando desde hacía tantos minutos - o quizá horas, ya no sabía cuanto llevaba caminando - produciendo una oleada de calor casi igual que la anterior, pero reducida en cuanto a potencia aunque de igual forma dañina. Esta oleada de calor no sólo azotó el cuerpo del hombre pelirrojo produciendo lo que pareció ser el amago de una transformación, dejándolo en su forma natural, si no que encendió también a mi mejor amigo, Ein Hauch, envolviéndolo en llamas.
Alcé a toda la velocidad que mis brazos daban de si, el arma contundente - y punto - golpeando verticalmente en la mandíbula del pelirrojo, concretamente en la barbilla, y con un movimiento espejo desde la posición elevada de mi kanabo tras golpear, volví a hacerlo descender, golpeando en lo que sería la parte frontal de su rostro - que habría de estar mirando hacia arriba tras el primer impacto, encadenando así un segundo golpe después del primero azotando su cabeza dos veces con aquella mole de hierro en llamas, alzando ahora el arma para posicionarla sobre mi hombro izquierdo mientras observaba a aquel tipo — Vístete — volví a ordenar serio, con el ceño fruncido, mi aura saliendo disparada por todas partes a cinco metros a la redonda de mi y produciendo aquella sensación desagradable e incómoda, y clavando mis ojos en su rostro.





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#8
Garnet, aunque pasaran años, lustros y décadas, jamás sería capaz de olvidar la primero impresión que se llevó de la que ahora era su capitana, Triana. Lejos de los cárteles y los wanteds suyos - que a muy buen recaudo se había estado guardando durante tanto tiempo -, su primer encontronazo con ella fue en la isla celestial, concretamente cuando ambos, tuvieron que competir en esa prueba de fuerza. Y es que era simplemente imposible eliminar de su memoria como, el pelo rubio de la mujer, danzaba con el viento mientras  desenvainaba sus katanas y tajaba en el objetivo correspondiente, con una brutalidad abrumadora. Sin saberlo aún, apartando el sentimiento de frustración que acecharía en el interior del músico, aquella sería la primera vez que Garnet empezaría a sentir una profunda admiración por Triana. Sentimiento que, con el devenir de los hechos, y la continua demostración de liderazgo, imponencia, aura y fuerza, iría en continuo crecimiento. Por supuesto, la lujuria y depravación seguía permaneciendo pero, ante todo - y al igual que con Yojimbo -, el pelirrojo seguiría ciegamente las decisiones de su líder y amiga, la dama de hierro. Quizás, bajo estos pensamientos fue que, inconscientemente y con su espalda contra la pared, el músico de los Alas Negras adoptó la misma postura que antaño hizo ella en su estúpida prueba. Reuniendo todo su valor y coraje, necesitaba además hacer acopio de todas sus fuerzas si es que quería igualar las de la mujer rubia. Ante la falta de movilidad que sentía, ante un oponente tan formidable como el que era Sohem, no le quedaba otra que hacer gala de su fuerza voluntad y de, quizás, mitigar su siguiente e inevitable ofensiva. 

Transformado ya en su forma híbrida y con su postura definida, fue cuando, el enmascarado, enunció una palabra que saltaron las alertas del pirata, tensando por completo los músculos de sus brazos, preparado para bloquear cualquier ataque que le echara encima el cazador. Se estaba aferrando - literalmente y más que nunca - a un clavo ardiendo y, para desgracia, Garnet sentía como cada vez más, sus manos se soltaban - metafóricamente - de ese clavo que aún le mantenía en la batalla. Cuando Sohem terminó de pronunciar el nombre de su técnica, una infernal oleada de calor, volvió a abofetear completamente al músico y es que, ¿cómo narices bloqueas algo intangible como el calor? Y es que añadido a esto, una explosión de aura, propiciada también por el propio Sohem, estalló directo a Garnet. Sentía como el miedo se apoderaba de su cuerpo, como su alma quería ser sometida a la mera y terrorífica presencia del hombre de la máscara. Aún con su cuerpo ardiendo y todo el terror que podía asolarle, Garnet hizo acopio de toda su valía para resistir el daño como bien podía, notando como su presencia se intentaba sobreponer ante la del humano. No pensaba caer aún. No quería que la batalla acabara aún. Pero, inevitablemente la pelea llegaba a su fin, ahí y ahora.

Con el sentir de cada célula de su piel calcinarse con las altas temperaturas que manejaba el cazarrecompensas, la perfecta combinación de ese calor infernal con la más pura y diabólica manifestación de su alma fueron más que suficientes para que, aún reuniendo Garnet todas sus agallas, éste se viera superado completamente por el dolor recibido a manos de Sohem.- No puedo... Más... Es demasiado... Si el menda se hubiera hecho con ese super haki... - Se quejaba profundamente de no haber seguido practicando el haki de armamento medio pues, si lo hubiera dominado, quizás con él hubiera sido capaz de bloquear sus calóricos azotes. Nuevamente, la transformación del pelirrojo cesó, mostrando otra vez su cuerpo desnudo al completo, relleno de múltiples quemaduras por cada rincón de su piel. Todo le volvía a dar vueltas, durante lo efímero que había sido el combate, no había parado de sentirse así. De esta forma y, de manera fugaz, otros dos golpes contundentes, con la temperatura del mismísimo sol, impactaban primero en su barbilla y, seguidamente, en lo más alto de su cabeza, haciendo que Garnet moviera su cabeza como si hubiera asentido - debido a las inercias de los golpes -.

La respiración del pirata se sentía terriblemente pesada, y el agotamiento y cansancio hacia mella en lo más profundo de su ser hasta el punto de empezar a entrecerrar los ojos. Cada músculo de su cuerpo se sentía magullado como si hubiera sido pisoteados por trescientas Sashas sin descanso. Prácticamente no podía moverse y a duras penas le quedaban las fuerzas necesarias para permanecer consciente durante no mucho tiempo. Fue en ese momento cuando, con el mismo tono autoritario, y con la expansión de su aura calando en el alma de Garnet, que Sohem volvió a ordenar que se vistiera. Dirigió su mirada hacia el enmascarado - con el que compartía altura al estar las piernas de Garnet algo flexionadas - y exhaló un suspiro ronco.- Lo siento, tronco... El menda no tiene nada para ponerse... - Dijo, agotado, llevando en ese entonces, su temblorosa diestra hacia el estuche de su instrumento, que colgaba aún de su hombro izquierdo.- Aunque puedo taparme con esto... ¿Es o no es? - Sugirió, con una sonrisa que rozaba la picardía y la incomodidad, a la par que llevaba la funda hacia delante, con el fin de ocultarle algo el gadgetgarnet a los ojos de Sohem. No podía dejar de pensar en lo infinitamente superado que se había visto durante todo el combate - si es que se podía llamar combate - y que, probablemente ahora, tal y como casi estuvo a punto de hacer con Yojimbo, ahora al pelirrojo le tocaría recibir el castigo divino que pondría fin a su vida. Ya no podría ver a Sasha convertirse en la más fuerte, ni ayudar a Triana a encontrar al pirata al que tanto le debía. No volvería a vivir aventuras junto a su hermano Tobías, ni escuchar algunas de las trepidantes anécdotas de Jolyne. Tampoco podría seguir entrenando a Kenzo hasta ser el sucesor de Yojimbo, de la misma manera que no vería al lunarian ser el rey de los piratas. Y, por supuesto, probablemente hasta ahí llegaba su sueño de ser la mayor superestrella del mundo entero, faltándole a su promesa a su difunto rival, Seandass, quién tendría que estar revolviéndose ahora mismo en su tumba mientras se colocaba su paquete.- Sorry, peña, no fui lo bastante fuerte pueje... -

- Tch, el menda ha perdido... No he podido hacer una mierda contra tu fuerza bruta... Pueje... - Comentó, mientras llevaba su mano izquierda a la cremallera de su estuche.- Deja al menda regalarte una canción... Por tu victoria... ¿Es o no es? - Empezó a deslizar la cremallera, con el fin de sacar a la preciosidad que el mismo Tobías creó por y para el músico, su fiel Sabertones. Una vez con la felina guitarra extraída - y sin quitarse la funda del medio, con el fin de seguir tapándole las gónadas del marrano skypiean -, se la colocó en posición - agarrando con su zurda el mástil y con su derecha el cuerpo de la guitarra - y comenzó a tocar la que podía ser la última pieza musical de Garnet.


Aún con el dolor que sufría Garnet con cada movimiento de sus fibras musculares, el pirata no cesó en seguir su última voluntad, haciendo lo que más amaba en el mundo. Y es que, si el pelirrojo vivía por y para la música, era coherente morir también junto a ella. Quizás, todo el esfuerzo que no pudo emplear durante el combate, lo imprimió en cada nota que salía al deslizar sus achicharrados dedos por las rígidas cuerdas del instrumento. En aquella pieza musical, quería plasmar tanto como pudiera toda la brutalidad que había sentido el músico durante el breve encontronazo con Sohem. Ya que no le había supuesto ningún esfuerzo, esperaba que al menos recordara a Garnet por el buen músico que era.

Una vez con la canción terminada, y sin variar su postura, el pelirrojo sentía que se podía ir en paz.- Nanai... Aún me queda algo... - Negó mentalmente sintiendo que, realmente, aún había algo que le hacía dudar en su interior, algo que necesitaba preguntar antes de caer inconsciente si es que quería irse con la conciencia tranquila.- Eh, Sohem, ¿qué es Sasha para ti? - Preguntó, sin miramientos ni tapujos, preparado para aguantar todo lo posible hasta saber la respuesta del cazador.

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#9
De nuevo, amagos y reflejos de un idiota pretencioso que prometía un duelo y había ofrecido un sparring inmóvil. Me había servido para calentar el hombro, si es que yo necesitaba 'calentar' dentro de la terminología de la palabra propiamente dicha...
Comenzó pidiéndome disculpas y alegando que podría cubrirse con su instrumento, una especie de guitarra o ukelele o algo así extraño, que colocó frente a él y me hizo arquear una ceja, de nuevo, sin variar más mi posición. Continuó refiriéndose a sí mismo como "el menda" y asumiendo su derrota, añadiendo que quería regalarme una canción. Chasqueé la lengua y desvié la mirada hacia los lados, ajeno a las palabras de aquel tipo. ¿Era esto una especie de trampa? ¿habían mandado a alguien variopinto y llamativo para tenerme ocupado? ¿para desgastarme? ¿para que bajase la guardia?. No veía nada sospechoso - aunque mi vista no fuera la gran cosa - y empezaba a sentir que necesitaba aprender la habilidad que usaba Viktor para sentir presencias y personas... sin duda me ayudarían a no estar tan paranoico en el futuro. Las notas del instrumento de aquel hombre invadían el manglar, haciendo que nuestra posición fuera fácilmente detectable y anulando mi capacidad auditiva más allá de lo que estaba escuchando frente a mi, por el estruendo del punteo y la cuerda rasgada de su instrumento, y sin aun mirarle, empezaba a molestarme haciéndome pensar que se trataba de una broma o una trampa a todas luces. Pero no conseguía saber de donde vendría el siguiente problema, si es que venía.

Entonces dirigí mis ojos de nuevo a él, observándole en la situación deplorable en la que estaba, cubierto de quemaduras y con la señal de varios - tres - impactos en su cabeza. Aquel skypieano se mantenía en pie sólo por su voluntad de tocar, así que, fuera una trampa, una broma, o su determinación, no vi adecuado interrumpirle siempre y cuando no empezase a pasar algo que me hiciera sospechar de sus intenciones. Haciéndome esperar hasta la última nota.
Entonces bajé a Ein Hauch de nuevo al suelo, quien continuaba llameante y produciendo aquel crepitar del fuego que tanto me hipnotizaba, y cuando me dispuse a asestarle el último golpe que lo mandase al suelo, me atacó de la peor forma que se podría atacarme: Verbalmente. Me preguntó, revelando que la conocía, que qué era Sasha para mi. Entonces empecé a conectar. Él me dijo al aparecer que me conocía bien y que quería retarme a un duelo. Sus intenciones fueron honestas y no me atacó por la espalda, pudiendo sacar ventaja del combate y quizá acabar conmigo - o intentarlo - si no que quiso medirse contra mi. Ahora mencionando a Sasha, podría deducir que eran conocidos, o quizá amigos.
Sasha. Había pasado mucho tiempo desde que la había visto por última vez en Skypiea, en los juegos de Marukuchi. Seguro que ahora estaba más grande y parecía más adulta. ¿Qué era Sasha para mi? Era una buena pregunta. Guardaba su Wanted con cariño por ser, la primera persona que me había tratado con amabilidad y en esencia, como una persona. Era demasiado presuntuoso decir que había sido mi primera amiga... eso era un título que había ostentado alguien más antes que ella. Y tampoco podía llamarla mi mejor amiga, pues una conversación de una noche frente a un fuego no une tantos lazos, y quizá la persona más cercana a ese puesto no era otro que Viktor. No... con Sasha había una conexión extraña y profunda, injustificada analizando los hechos con tranquilidad, pero era algo real. Veía parte de mi en ella y sentí una sensación lo más próxima a la ternura cuando estuve a su lado, pero bien podría ser fruto de la suma de las circunstancias de su buen trato, de ser una niña, y de tener cosas en común. No. Sasha era especial pero no sabría decir cómo ni por qué. Pero era una pirata, y como todos los piratas su vida y su destino estaban fuera del alcance de mis manos siempre que no se interpusiera en mi camino, pues no habría amigo o enemigo que pudiera frenarme para siquiera ralentizarme en mi empresa de conseguir el poder.
— Sigue dedicándote a tocar — espeté con sequedad, apretando la mano entorno a la empuñadura de Ein Hauch y apagando las llamas de este con un último chisporroteo. Realmente, aunque hubiera querido contestarle, no podía hacerlo: No sabía que significaba esa persona para mi. No después de tanto tiempo. No sin volverla a ver. Chasqueé la lengua y apoyé el kanabo contra su pecho derecho — Se te da mejor que batirte en duelo — sentencié, y presioné levemente con el kanabo hacia delante para empujar su cuerpo y que este, carente de fuerzas, cayese dejándole boca arriba. El impacto fue seco y sordo, moviéndose su instrumento y volviendo a dejar al aire - y danzando - su cetro real. Realmente eso me estaba dando una idea para el futuro... un garrote que tuviera flexibilidad. Pero no era el momento de pensar en esas cosas.

Lo miré de pies a cabeza tirado en el suelo, en aquel manglar, y entonces miré mis pies: No me había movido en absoluto. Sólo había subido y bajado mi brazo dos veces y pulsado un botón, y él había sido lo suficientemente rápido como para desaparecer a mi vista en un instante... ¿de verdad mi miedo a encontrarme con mis hermanos era algo justificado? ¿De verdad seguía estando tan lejos de Verus, y los demás? Chasqueé la lengua y apoyé el kanabo en el suelo, llevando las manos a mi cuello para crujirlo de lado a lado. Me sentía... 'engarrotado'. Había estado más tenso por lo que podía pasar que por lo que estaba pasando, pero algo era cierto: Ahora estaba tranquilo. Había desahogado mi ira con ese pobre don nadie y me había quedado tranquilo, y ahora podía pensar con más claridad.
Volviendo a llevar mi vista hacia abajo y observando a aquel tipo tirado en el suelo con los brazos y las piernas extendidas, suspiré pesadamente y me agaché para registrarlo, encontrando una suerte de caracolas de colores similares a la mía que almacenaba calor. Pese a que podría quedarme todas ellas y marcharme de allí con más conchas que una playa, me daba bastante pereza tener que trabajar en averiguar qué hacía cada uno y cómo funcionaba, así que opté por quedarme sólo con uno de ellos. Y siguiendo mi lógica infantil para según qué decisiones, opté por quedarme el más azul de todos, al recordarme este el color del hielo de Viktor y pensando que podría almacenar sus poderes en ese como yo almacenaba los míos en el mío, guardando la caracola en el mismo bolsillo en el que tenía la otra. Entonces me erguí y sintiendo pena por aquel hombre desnudo, un músico ilusionado, me quité la capa de plumas dejándola sobre su cuerpo cubriendo sus vergüenzas y rascándome el cuello por la zona de la nuez mientras lo miraba arropado en el suelo.

Cargué de nuevo a mi espalda mi arma y saqué de mi bolsillo el Den Den Mushi blanco, para llamar a Viktor y tratar de ubicarnos. Si este tío era amigo de Sasha los Alas Negras estaban en la isla. Y eso sólo significaba una cosa, y no era Sasha. Era Triana.





Agradecimiento

Resumen

Bélico
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#D86700
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10262 + 0 = 10262
Energia: 3786 + 33 = 3819
Espiritu: 1518 + 42 = 1560
#10
Cita:Según la guía de Reputación al ganar Sohem, éste obtiene el nivel de su adversario x5 y Garnet, al haber sido derrotado, el nivel de su rival x3.
Sohem Obtiene:
  • Calidad del rol: 2
  • Personaje: 2
  • Estrategia: 1,75
  • Rolear acorde a las guías: 2
  • Total: 7,75

  • Reputación conseguida: 33x5 = 165 + 15 (Karmas) = 180 de reputación
  • Mugiwaras conseguidos: ((33 + 0) * (7,57 / 2)) / 1,5 = 85,25 -> 85 mugis
Garnet Obtiene:
  • Calidad del rol: 2
  • Personaje: 2
  • Estrategia: 1,75
  • Rolear acorde a las guías: 2
  • Total: 7,75

  • Reputación conseguida: 33x3 = 99 + 15 (Karmas) = 114 de reputación
  • Mugiwaras conseguidos: ((33 + 0) * (7,57 / 2)) / 1,5 = 85,25 -> 85 mugis



Adicional a esto, ya que Sohem ha robado a Garnet:

Sohem Obtiene de Garnet:
  • 1 Dial de nubes

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