[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (III) Triana, Ashura y Kisuke
#21
Juramentada se clavó en la garganta de aquel pequeño oni - que de pequeño no tenía nada, pero para su especie sí lo era - y la sangre brotó de la punción y de sus labios, sintiendo que este sería el final del demoníaco capitán de los Mushoku en quien los medios habían puesto el foco. Pero no podía decir que de los tres presentes fuera el prófugo a quien más me interesase arrestar, pues si, tenía mis asuntos personales con él al haber liderado la destrucción de la base naval del G-65 y con ello, haber matado a muchos buenos hombres y mujeres que velaban por el interés colectivo y el bien común. Pero también tenía sendos problemas con los otros dos espadachines que había dejado a mi espalda. Triana Tempesta por su parte... sabía de sobra, como todo Marine que se preciase - y más con mi cargo - que la matriarca de los Tempesta sólo querría recuperar a su hija viva, y el hecho de estar bajo las órdenes - hasta ahora al menos - de ese impresentable hijo del diablo de la revolución, Yojimbo, el tercero de su sangre y nombre y haber heredado su tripulación para continuar con su legado y palabra, realmente me provocaban escozor y molestia. Y ni hablar del tercero en discordia, miembro de facto del ejército revolucionario en si, la peor calaña posible del mundo, los peores criminales que se pudiera uno echar a la cara y los...

Una ingente y masiva cantidad de agua me empapó por completo y me sacó del estupor y la quietud con la que estaba analizando todo lo sucedido y por acontecer, empujándome unos metros hacia atrás y, para cuando llevé mi mano a mi rostro para secar mis ojos y apartar mis cabellos, el oni humeante se lanzó sobre mi con un rápido tajo hacia mi mano, seccionando carne, músculo y tejidos por igual obligándome a... ¿soltar a Juramentada?
La firme y recta empuñadura de aquella gloriosa arma abandonó mi tacto y se precipitó hacia el vacío, hacia mis propios pies y mientras alzaba mi rostro para volver a enfocar a mi atacante, desorientado y algo confundido, traté de convertirme en viento para cambiar de posición y recuperarme pero fui incapaz, haciendo que un segundo corte consiguiera herirme en la garganta, cortándola. Parecía una venganza a la altura de haber apuñalado la suya.
El reflejo fue inmediato, llevé mi mano herida hacia mi garganta, tratando de apretar ambas heridas al mismo tiempo y procurando terminar con la hemorragia, mientras activaba mi haki de observación sabiéndome vendido a mis propias habilidades y limitaciones derivadas de estas. No podía descuidarme. Aquel... monstruo, el "Mata Héroes" o como lo llamase la prensa, había conseguido herirme con trucos sucios y jugarretas sin honor y no sólo una ¡si no dos veces!

¿Cómo era posible que alguien tan mediocre consiguiera herirme? ¡Había entrando muchísimo! ¡Era un Almirante! Se suponía que estaba en la cúspide de la guerra. Sólo debía haber sido posible por sus trucos. Esos sucios trucos que hacían la clase de personas sin honor ni recursos para ganar una batalla limpiamente. Los cobardes como ese... "Mata Héroes".

— Escorfg courfgt — traté de hablar, comenzando a toser sangre fruto del corte de mi garganta y activando entonces el busoshoku en ambos brazos, tanto el que estaba usando para empujar mi mano herida contra mi garganta cercenada, como el que tenía libre, comencé a agacharme para tratar de recuperar mi arma. Sin los poderes de mi akuma no mi y desarmado, estando rodeado como estaba, sólo me quedaba esperar a que el viento soplase a mi favor y me secase lo suficiente como para poder terminar de esto de una vez por todas, poniendo a estas pobres almas en desgracia tras unos barrotes.





Bélico

Akuma no mi

Gasto y Daño

Inventario

Orden de posteo
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11682 - 4141 = 7541
Energia: 1455 + 40 = 1495
Espiritu: 2610 + 0 = 2610
#22
- OLÉ TUS COJONES ¡CHURRITA! - Gritó Nicolás sorprendido, mientras la sangre brotaba de las dos heridas que le había generado al almirante. 

-Tch - Pensé de forma rápida - Tenía que haber apuntado a los ojos - Me arrepentí instantáneamente mientras admitía que la ira y las represalias me habían controlado y no había sido completamente óptimo a la hora de aprovechar mi oportunidad. Aunque hay veces que era mejor herir el orgullo que la carne, sinceramente. Por eso no estaba siendo duro del todo conmigo, porque había replicado sus acciones con un pequeño matiz, yo era más rastrero que la suela de una sandalia. Pero, sin lugar a duda le había demostrado que si seguía menospreciándome le llevaría de camino al campo santo. 

El me había golpeado. Yo me había defendido. Solo había un problema, el puto haki de mis cojones humantes funcionaba peor que mi cabeza, ni el que servía para que pudiera tocar, ni el que servía para que pudiera saber como de diferentes éramos yo y el almirante. Saber algo que no funciona es como hacer funcionar algo que no sabes. Yo me entiendo. Mi garganta ardía, acompañada por un escozor peculiar y punzante, mientras sentía como las gotas de sangre, calientes y pesadas, descendían hacia mi pecho empapándolo y machándolo a partes iguales. Más le valía al jodido Ben Power estar operativo y haber destrozado el puto cacharro que me había mandado volando hasta aquí o si no... Aquel hombre había sido el primero en dañarme en años. Tenía mi aprobación. Una espada bonita, unos poderes más destructivos que los míos y además por lo visto su puto haki de mierda funcionaba de cojones, mientras que el mío era como una mula con 3 patas, que ni es mula ni es ná. 

Quería seguir con el combate, me sentía enérgico, vivo, chispeante, pero antes... Tenía que recuperar algo que era mío. 

El humo tiro de mi hacía bajo, absorbiendo toda mi forma, en unos breves instantes quedé consumido en un charco gaseoso de poco más de un palmo de altura que se extendía por el terreno mientras avanzaba hacia dónde mi preciada arma había caído, tiré con fuerza y avancé hasta alcanzarla, sintiendo a mi paso los cuerpos de Yugu, Triana y Kisuke ¿Seguían vivos? Me sudaba completamente la polla y los huevos, en mi cabeza solo había una misión: recuperar mi arma. Avancé mientras mi mano se materializaba y la agarraba para, girando a la par mientras emergía del charco, enfocarme completamente de nuevo hacia mi contrincante. Con ambas espadas en las manos, en mi diestra el arma sin nombre con la cual había herido al almirante, la cual después de esta gesta merecía ser nombrada y disponer de un título a su altura, y en mi siniestra La Hoja Del Luto. Me erguí cuan alto era desde un charco humeante que se desvanecía a medida que empujaba al humo para que me recompusiera, formándose las partes de mi cuerpo oni desde él y enfocando totalmente hacia Yugu. Resoplando mientras el dolor y el cansancio hacían mella modernamente en mi cuerpo mientras mi cara se desconfigurada en un sonrisa que enseñaba mis dientes ensangrentados y arrugaba mi frente dándome un rostro espeluznante.  

El muro, mellado por el devastador ataque del almirante, ser erguía a mis espaldas a 13 metros de distancia, mientras yo, a un metro y medio de Yugu observaba la escena, atento y preparado con las dos espadas en mis manos. Quizá habría otra apertura para golpearle, o quizá había llegado hasta aquí, viéndose mis capacidades superadas por la gran diferencia entre el alto cargo de los picoletos y yo, pero había una verdad innegable, que nadie, ni con mi muerte, podría rebatir en la vida:  

Yo, Ashura: Capitán y General de Guerra de los Piratas Mushoku, había hecho sangrar a un Almirante de la Marina. 



off rol


Bélico


inventario
[Imagen: 51pnN8x.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5168 - 100 = 5068
Energia: 2110 - 25 = 2085
Espiritu: 999 + 0 = 999
#23
OST


Estaba resultando demasiado frustrante. Aquella situación le recordaba demasiado a cuando les habían asaltado los cazarrecompensas en la isla Chisi, con terrible resultado para su escuadrón, aunque finalmente lograsen rescatar a Zorak, pero la sensación era similar. Aquel marine, el Almirante, era sin duda más fuerte que el espadachín albino y el tipo de la máscara y el kanabo.

"¿Cómo podemos dañar a este tipo?"

Aquella era, sin duda, una pregunta para la que no tenía una respuesta clara, pero tenía que lograrlo, "necesitaba" hacerlo, para demostrarse a si mismo que si se estaba haciendo más fuerte. No sabía como podría afectarle si terminaba otro combate, y sería el tercero consecutivo, sin ser capaz de tocar a su enemigo, como con el espadachín del pelo blanco y la marine gorilona. No obstante, estaba ya bastante herido, seguía sangrando profusamente y el dolor, tanto en el costado izquierdo como en el pecho, era lacerante y agudo; no sabía cuanto más iba a poder aguantar, o si sería capaz de aguantar otro ataque del Almirante Dimípalo.

"Un esfuerzo más, Kisuke..."

Kisuke acababa de recoger sus espadas, imbuyéndolas de nuevo en haki de armamento, y mirar hacia donde estaba Ashura y el Almirante, tras haberle golpeado a él, y lo que vio le dejó boquiabierto. Por algún motivo, el Almirante estaba empapado, de pies a cabeza, y había acabado a apenas medio metro de su posición, y la de Triana, que al parecer también había ido a recuperar sus espadas, y Ashura le lanzaba un terrible espadazo, buscando desarmarle. Sangre, bastante de hecho. Ese lunático lo había conseguido, había conseguido herir al Almirante. Kisuke no daba crédito, o el marine los había tomado demasiado a la ligera o Ashura era mucho más poderoso de lo que él había estimado, o ambas, nunca se sabía. Lo que estaba claro, era que la estrategia que había empleado el pirata, había surtido efecto y había conseguido romper la guardia de su enemigo; enemigo común, por cierto.

"Hay que aprovechar esto..."

Kisuke, tensando la musculatura de su cuerpo, sacando todo lo que tenía dentro de si mismo, era el momento, tenía que superar sus límites así que, puso sus katanas en horizontal, en paralelo, a un metro del suelo y separadas unos veinte centímetros, mientras vio como Ashura lanzaba un segundo ataque a la garganta del almirante, por lo que aprovechando aquel lance, Kisuke no dudó en arremeter contra su enemigo con todo lo que tenía.

-Nitoryuu nigiri: Furiko Nage.

Lanzó un corte simultáneo con ambas espadas buscando la zona entre las costillas y la cadera del joven almirante, con toda la velocidad a la que fue capaz. Tras el ataque dio un salto hacia atrás y un paso a la derecha quedando situado a tres metros a la derecha del Almirante, colocándose ligeramente de costado, con el pie derecho por delante y la katana de la misma mano en vertical, y con la katana de la mano izquierda en horizontal a la altura de su pecho. En aquella batalla tenían una gran desventaja, ante el abrumador poder del almirante, pero si algo tenía claro el Capitán del Ejército Revolucionario, era que no iban a caer sin dar pelea; no esta vez.

resumen de turno

karma

Info Bélica

inventario
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1950 - 250 = 1700
Energia: 3092 - 588 = 2504
Espiritu: 1245 + 0 = 1245
#24
Después de todo lo que había visto a lo largo del combate, no sabía qué esperarme, pero estaría lista para lo que fuera. Tras coger mis armas y prepararme para volver a atacar al niñato Almirante, el pirata del humo volvió a sorprenderme de forma positiva. Antes de que a Kisuke y a mí nos diese tiempo a acercarnos para ayudarle, lanzó un chorro de agua propulsado que me resultó familiar. Jolyne me había hablado de algo parecido. Durante un tiempo se puso especialmente pesada contándonos cómo había derrotado a una tipa en los Cabos Gemelos gracias a su dial de agua. Esto parecía bastante similar, aunque con la prisa del combate no podía asegurarlo y tampoco tenía mayor importancia. Lo que me dejó más sorprendida era cómo, después de haberle bañado en agua, consiguió darle con su espada. Y no solo eso, también consiguió desarmarle y lanzarlo hacia nosotros. Era una oportunidad única que no pensaba desaprovechar de ninguna manera.

Crucé mis katanas imbuidas en haki dispuesta a volver a correr hacia él, pero no hizo falta. Al salir un par de metros disparado hacia nosotros, quedó prácticamente delante de nuestras narices. Sin embargo, mucho mejor fue ver cómo después el pirata continuó atacándole sin cuartel. Primero, le desarmó y su espada cayó al suelo. En ese momento ya estaba lista y me lancé a por él. Justo cuando el pirata cortó su cuello, yo descrucé mis dos katanas a la altura de la espalda del Almirante. —Trinidad.

El corte que aquel pirata le había realizado en el cuello no había estado mal, pero yo pensaba mostrarle qué era un buen corte profundo empleando toda mi fuerza y mi velocidad para dejarle un bonito regalo de los Alas Negras. Inmediatamente después de mi ataque, me agaché envainando mi katana izquierda para agarrar la espada que se le había caído al Almirante por el mango, que había quedado apuntando hacia mi lado tras soltarla, y dar un paso hacia atrás con las armas apuntando hacia el suelo, dispuesta a afrontar las consecuencias.

No tenía ni idea de qué era lo que pretendía el gigante del humo. Iba bastante a su bola, pero nos había dado las mejores oportunidades y parecía muy resistente. Por su parte, Kisuke seguía en pie luchando, aunque su herida tenía cada vez peor pinta. No pensaba sacrificarme por él, no le conocía de nada, pero si queríamos tener la más mínima oportunidad de sobrevivir teníamos que mantenernos los tres en pie. Esperaba que, al estar más cerca del Almirante, centrase su atención en mí.

Resumen

Bélico
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5927 + 0 = 5927
Energia: 3171 - 1243 = 1928
Espiritu: 1599 - 8 = 1591
#25
Un gélido escalofrío sacudió mi espalda, fruto del sexto sentido que otorgaba el uso - decente - del Kenbunshoku. La ofensiva era inminente. Por detrás, por el flanco expuesto hacia ambos espadachines. Mis sentidos estaban embotados, mis capacidades mermadas y mis posibilidades eran cada vez menos. Así, mi busoshoku se dirigió a mi espalda en su plenitud para protegerla del daño en la medida de lo posible. Y de no haberlo hecho... El aluvión de cortes que procesaron aquellas bestias desaliñadas y carentes de honor podría haber acabado con casi cualquier persona normal. Pero yo no era una persona normal. Era un Almirante de la Marina, y el honor sobre mis galones pesaba más que cualquier daño que quisieran o pudieran hacerme. Sentí un total de cuatro cortes en mi espalda, dos en horizontal y uno en equis. Una tempestad de filos que proporcionaba un castigo con una magnitud desorbitada me azotaron sin clemencia ni compasión, mientras trataba a duras penas de agacharme a recuperar mi arma, pero cuando el último de estos cortes hubo acontecido mis piernas fallaron y me vi obligado a hincar mi rodilla derecha en el suelo, pues mi cuerpo falló y me precipité a caerme. 

Esta escoria criminal me habían obligado a poner una rodilla en el suelo. El terreno manchó el - hasta ahora, empapado - impoluto uniforme de la marina y sembró también una mancha en mi orgullo. Esto había sido algo personal y era una afrenta y una falta de respeto que no iba a perdonar nunca... y si mi haki no me fallaba - que no lo hacía - ese último ataque había sido obra de Tempesta. Primero el demoníaco y desquiciado oni de humo me empapaba, me obligaba a soltar mi espada y me cercenaba la garganta. Después ese sucio revolucionario se atrevía a impactar su acero en mi. Y finalmente esa descarada traidora de los Tempesta me obligaba a ponerme de rodillas.... Cualquiera de mis compañeros habría tenido una reacción explosiva, cada cual a su manera. Pero yo no era mis compañeros.
 
Habiendo perdido ya la mayoría del agua que me empapaba al haber escurrido por mis ropas hacia el suelo - pese a seguir mojado - opté por la única solución a mi alcance en ese momento: Desaparecer.
Como una brisa de viento dispersa, mi cuerpo desapareció por completo de la vista de los presentes mientras las lenguas eólicas acariciaban sus ropajes y cabellos al mismo tiempo. No sabrían qué era yo y qué era viento, pero yo - gracias a mi refinado sentido del tacto - si lo sabría. Sólo sentirían la caricia del viento que tantas veces habían sentido con alegría y confortabilidad y nada más que eso. Ninguna hostilidad, ni vista ni sentida. Ningún peligro. Sólo un susurro. Y con el danzar de esta invisible fuerza, recomponiéndome y saliendo del alcance de aquellos bárbaros, el tintineo de la gravilla y el metal del suelo se mecieron con la leve y traslúcida capa de polvo ambiente que se elevó dictaminando el movimiento del viento en todas direcciones usando la última posición en la que me habían visto como epicentro.

Ahora estaba en todas partes y no estaba en ninguna. Un respiro. Un viejo truco fruto de la experiencia para reposicionarme, pensar y volver a hacer las cosas desde el principio. Si tenía que acabar con estos tres capitanes de sus respectivos grupos y ponerlos bajo custodia de la marina, parecía que mi política de no usar la fuerza letal no sería aplicable en esta situación. Si quería vencer, no debía seguir reprimiéndome y tenía que acabar con ellos, lamentablemente. Al menos con uno, para poder decantar el enfrentamiento a un dos contra uno manejable y que me permitiese reducir a los demás sin daños letales. Hasta ahora el más mortífero de los tres había sido Ashura, pero no parecía tener las habilidades para dañarme, por lo que vencerle sería un paseo. Quizá, y descartando al revolucionario por ser el menos potente de los tres en sus ataques, fuese Triana el objetivo que tenía que abatir... pero su madre jamás se lo perdonaría a la institución y todo sería por mi culpa. Y realmente acabar con el sucio antisistema desaliñado no iba a otorgarme una ventaja notoria frente a los otros dos... Era una decisión muy difícil.





Bélico

Akuma no mi

Gasto y Daño

Inventario

Orden de posteo

Contenido Oculto

Contenido Oculto
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7541 - 3977 = 3564
Energia: 1495 - 60 = 1435
Espiritu: 2610 + 0 = 2610
#26
OST


Lo había conseguido, aquella vez si había sido la buena. Quizá no era del todo consciente de las implicaciones que tenían lo que acaba de suceder, pero sabía que aquello era algo importante. Kisuke sonrió, sintiendo cierta satisfacción al sentir como el filo de sus katanas conseguían cortar la carne del almirante, y contempló, en su postura de guardia, como el filo de sus compañeras estaban teñidos de rojo oscuro. Seguramente no habría hecho todo el daño que debería con aquella técnica, pero lo importante es que había conseguido conectar el ataque, aquello ya era mucho, dadas las circunstancias.

"Joder... ya era hora..."

Al tacto había notado que no se habían hundido lo esperado en la carne del joven almirante lo que indicaba que se había protegido de alguna manera, quizá llevase algún tipo de protección en su ropa. No podía saberlo, no obstante. Su respiración estaba haciéndose más pesada, la herida del costado, sumado a haber ido más allá de sus límites al usar aquella técnica, le había cansado más de la cuenta, y la sangre seguía fluyendo por el limpio tajo que tenía en el costado. En ese momento, tras el esfuerzo, le dio un ataque breve de tos que le hizo escupir sangre, aquello se estaba empezando a complicar.

"Mierda... ¿dónde está el tuerto cuando le necesito?"

Su mente vagó un instante pensando en que le vendría bien que estuviese su hermano de armas, Zorak, allí para coserle la herida y curarle un poco, pero él tenía que estar aún en el barco, esperando su regreso y el de los otros dos revolucionarios. Aquella laceración estaba empezando a ser demasiado molesta y recordó que llevaba en su morral un kit de emergencia que le había dado el híbrido de gyojin. Tenía que encontrar el momento de utilizarlo.

"No sé si podré hacerlo a tiempo..."

Fue en ese instante cuando el almirante desapareció de su vista, deshaciéndose entre el viento. No era que se hubiese movido a muy alta velocidad, más allá de sus capacidades de visión, simplemente, se había esfumado, así, sin más. Lo único que sentía o veía en la zona era a sus dos inesperados compañeros de "aventura" y un viento irregular que parecía soplar suaves desde todas direcciones. No podía anticipar si le iba a atacar, si se había largado de allí o qué es lo que iba a hacer el joven marine, por lo que decidió sacar el kit de emergencia lo más rápido que pudo, tras envainar sus katanas. Se quitó la camiseta, exponiendo su musculoso torso al frío aire invernal de Sabaody y observó lo mejor que pudo como tenía un corte que le recorría todo el esternón, aunque ese no parecía revestir mucha complicación. El problema real estaba en el costado, donde no pudo ver mucho por la situación del mismo, pero si palpar un poco con sus manos, como tenía un profundo corte que seguía sangrando bastante, tiñendo su mano de rojo carmesí.

"Al menos limpiaré la herida y me vendaré lo mejor que pueda..."

Sacó el frasco de antiséptico y lo pasó a lo largo del corte, ahogando una mueca de dolor y frunciendo el ceño, mientras el líquido limpiador pasaba por el corte escociendo como si le estuviesen latigueando, después con un poco de algodón fue secando la zona de la herida, que seguía sangrando, para, a continuación, poner una gasa y empezar a vendarse el costado. No podía verlo del todo con claridad, dada la posición del corte, pero sabía que aquellas gasas y vendas acabarían pronto llenas de sangre, aunque esperaba que si apretaba ese vendaje lo suficiente la herida le molestase menos.

resumen de turno

karma

Info Bélica

inventario
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1700 + 250 = 1950
Energia: 2504 + 127 = 2631
Espiritu: 1245 + 0 = 1245
#27
Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. No me podía creer que hubiésemos conseguido tocar al Almirante. Me fastidiaba admitir que yo sola no habría sido capaz ni de rozarle. Todo se debía a nuestra superioridad numérica y coordinación improvisada que consistía en posicionarnos como mejor considerásemos y tratar de aprovechar cualquier mínima oportunidad. Había conseguido arrebatarle la espada al Almirante gracias al ataque del otro pirata. De esta forma, había logrado que tuviese que dispersarse sin su arma, aunque algo me decía que no le hacía falta. Además, ya habíamos podido comprobar de mi primera mano cómo era capaz de hacer salir volando nuestras armas, así que había sido un buen movimiento rápido para evitar que se rearmase, pero ahora mismo era una inutilidad empuñarla.

No me gustó un pelo ver cómo el Almirante desapareció acompañado de una brisa que parecía perturbadoramente tranquila. No me pensaba quedar quieta a ver que estaba tramando. Tenía al pirata justo delante de mí, así que le tendí la mano con la espada de nuestro enemigo para que fuese él quien se encargase de ella. No iba a servir de nada. Tampoco quedarse mirando a la nada y esperando el siguiente ataque. No íbamos a ser capaces de hacer demasiado contra alguien que dominaba de aquella forma algo tan intangible como el aire, así que lo único que podía hacer útil por el momento era curar a Kisuke.

Tras tenderle la espada al pirata para que la cogiera, corrí hacia Kisuke mientras metía la mano libre en uno de mis botiquines, el más grande de ellos, para sacar un spray hemostático. Kisuke estaba intentando, de forma algo torpe aunque más o menos efectiva, aplicarse sus propias curas. Me resultaría imposible cortarle la hemorragia en tan poco tiempo, pero por el momento podía intentar hacerle algún apaño. Si la situación se complicaba y se volvía extremadamente grave, algo bastante probable, ya intentaría tomar medidas si era posible. Al estar frente a él, sin preguntarle ni decirle nada, le rocié con el spray en la herida del esternón, tiré el bote al suelo y volví a meter la mano en el botiquín para sacar una gasa grande adherente. Retiré con la boca de un rápido movimiento el papel que cubría la parte adherente y se la pegué con fuerza en la herida. En seguida se tiñó de rojo, pero esperaba que la combinación del spray y la gasa aliviasen un poco su dolor y retrasasen un poco el sangrado. Tras esto, me quedé al lado de Kisuke, a tan solo un metro, prestando atención a nuestro alrededor. No era muy optimista, pero al menos intentaría cubrirle.

Resumen

Bélico
[Imagen: 8Rsjucn.png]

❝

Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5927 + 0 = 5927
Energia: 1928 + 26 = 1954
Espiritu: 1591 + 8 = 1599
#28
Observé, por primera vez desde el inicio de aquel apoteósico combate desde la retaguardia como aquel par, a más que moverse se arrastraban a duras penas por el campo de batalla, utilizaba la apertura que había generado para atacar por la espalda al alto cargo marine.

- Rastreros y oportunistas. No me caen mal churrita. Igual debías de decirle a esa tipa que se venga con nosotros, ya sabes, así no me sentiría tan solo... Con ese par de pedazos de cocos que lleva ahí puestos -

Quise contestar al imbécil de Nicolás, pero no estaba para tonterías. Espadachines. Todos somos putos espadachines y para colmo, no había sido capaz de seguir la consecución de los ataques del otro par de imbéciles que había allí puestos peleando contra el imbécil superior del traje blanco. 

Me enervaban la sangre. Seguro que en el puto periódico de mis cojones tendría que compartir la noticia con este par de buenos para nada, que si no hubiera sido porque me había dejado apuñalar mi jodida garganta seguirían rebozándose entre el barro y corriendo detrás de sus espadas como niños detrás de caramelos. ¿Quién cojones pelea con 2 espadas? Los verdaderos señores de este arte usamos solo una, no por incapacidad, si no, por utilidad, 2 espadas... 

Aquella zorra con las ubres del tamaño de dos capazos recogió el arma del marine, mientras que por la otra parte, el marine empezó a desaparecer con su trucos y triquiñuelas. Mi corazón tamborileó. Esa espada era mía. Mi tesoro. Yo la merecía pues era yo quién había seccionado la mano de aquel puto crio insolente. 
Mis nervios a estas alturas estaban a flor de piel, pues resumiré: me habían apuñalado la garganta, había perdido todas mis oportunidades y estos hijos de puta del comunista y la tetuda no habían sido capaces de terminar el puto trabajo. Pero el problema más grande de todos, ahora ya no era ni siquiera el almirante, el mayor problema, es que mi siguiente trofeo estaba en manos de aquella imbécil. Me enfoqué hacia ella con los ojos tensos y una mirada completamente asesina. 

- Dame eso o - Dije mientras envainaba mi espada "El Plan B" en su vaina y con la mano libre que me quedaba, pues en la otra llevaba a mi preciada "Hoja del Luto", enseñaba la palma para que me diera el arma del almirante. Antes de que pudiera acabar la frase e improperios que iba a profesar a aquella mujer por la ultranza de robarme, me cortó en seco entregándomela y generando un mi un sentimiento extraño que no sabría describir con seguridad. 

La mujer se puso a ayudar al cerdo del comunista mientras la seguía con la mirada escéptico y absorbía desde mi palma, hacia el interior de mi brazo el arma del marine, para que no pudiera recuperarla con una ráfaga de tornados parecida a la anterior. Los hilos de humo devoraron el metal mientras yo sentía aquella poderosa arma entrar en mi ser. Fue entonces cuando me di cuenta de que Kisuke estaba a un espadazo de marcharse del mundo. 

No lo voy a negar, por un momento pensé en rematarlo. Un golpe rápido y fuera comunista, pero... Prefería hacerlo en un uno contra uno, para que no me maldijera desde el cielo y pensase que solo había sido capaz de matarlo por la ayuda del almirante. 

- Tsh  - Suspiré acompañando a la onomatopeya con algo de la sangre que mi garganta empujaba con cada palabra y respiro que daba, a la par que, apartaba la mirada de aquella penosa visión de una mujer curando a un comunista, mientras desplazaba mis ojos por el cielo buscando al almirante. Agarré con fiereza y firmeza mi espada mientras seguía oteando el terreno en busca de cualquier pista que pudiera servirme para atisbar su posición. Por suerte esto no había acabado. 


off rol


Bélico



inventario
[Imagen: 51pnN8x.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5068 - 100 = 4968
Energia: 2085 - 25 = 2060
Espiritu: 999 + 0 = 999
#29
Un momento de descanso. Un momento de suspiro. El tiempo justo y necesario para poder volver a calmarme y poner mis pensamientos en orden de cara a la contienda que estaba desarrollando. No había entendido bien cómo habían podido ponerme en jaque estos tres cualquieras, ni cómo habían conseguido sacarme de mis casillas por un momento. Pero nada de eso importaba, pues la realidad era que un descuido lo puede tener cualquiera, y yo no era un Almirante por nada.
Triana Tempesta decidió agarrar mi juramentada, sin notar la envoltura intangible del viento con la que la asía con sutileza, y tras esto la pasó al oni de humo, quien recibía mi arma también sin notar que mi contacto con ella estaba siendo ejecutado también.

Ahí fue cuando, mientras la mujer se encargaba de curar al revolucionario, en un instante, volví a materializar mi cuerpo frente al oni, quien estaba mirando hacia el cielo y debió notar cómo el agarre de su mano entorno a mi arma se abultaba - al 'construirse' mi mano de nuevo, pasando de viento a carne - y también cómo perdía este propio agarre, con un rápido y fuerte movimiento por mi parte. No me costó absolutamente nada arrebatársela de las manos. E imbuyendo con mi Busoshoku el filo de mi espada, Juramentada, ejecuté dos rápidos y certeros cortes horizontales a la altura de los ojos del capitán de los Mushoku buscando incapacitarlo hasta el punto de que no pudiera seguir peleando y pudiera dejarlo fuera de combate - al menos el tiempo suficiente - para tratar de acabar con la dupla restante. Los cortes impactaron en su rostro y continuaron visualmente algunos metros por detrás de él, fundiéndose y desapareciendo en la nada.

Tras el ataque, teniendo activo mi Kenbunshoku en un rango de cinco metros, di la espalda al capitán humeante, quien había tenido que recurrir a trucos sucios como un dial de agua para herirme, por lo que sobrentendía que no tenía acceso a las capacidades del haki, y encaraba a los otros dos que habían tratado de derrotarme atacándome por la espalda.
Por primera vez en la batalla, mis ojos no reflejaban aburrimiento. Reflejaban molestia.
Se habían acabado los juegos.





Bélico

Akuma no mi

Gasto y Daño

Inventario

Orden de posteo
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3564 - 200 = 3364
Energia: 1435 - 790 = 645
Espiritu: 2610 + 0 = 2610
#30
Los acontecimientos en el archipiélago Sabaody parecían ser un evento ya histórico al menos para la nueva generación que aquí se estaba fraguando, pero nada más lejos de la realidad comparado con lo que aun quedaba por venir. Y es que, como un trueno, una estruendosa y potente voz, que pareciera salir del mismo infierno resonó por todo el lugar.


—  B A T S U  —

Se escuchó bramar en la distancia, sembrando un ligero silencio que se esparcía como la pólvora. Una tensión extraña, una sensación como de angustia y malestar al mismo tiempo, similar a cuando el vómito advierte con aparecer, la ansiedad aprieta tus pulmones y el aire parece escasear. Una intimidación que, al igual que el origen de la voz era desconocida, pero que traería una réplica que ayudaría a esclarecer mucho más la situación.
Y lo que pasó después no fue mucho más tranquilizador...

—  ¡ G A I D E N ! —

Primero un silbido potente, después un corto y agudo flashazo, y finalmente un enorme estruendo que iba de la mano de una gran nube de hongo que empezó a hacerse visible si se seguía la dirección del ruido, acompañado de una brutal embestida de viento, similar a la que antes había movido a todos los presentes.
Una explosión que impactaba contra un manglar y lo partía de lleno, lo tumbaba, levantando sus raíces y generando un caos aun mayor y sin precedentes. El fuego se extendía por todo el árbol caído y este se consumía rápidamente, fruto de un ataque que parecía no tener un origen claro ni definitivo.

Había habido una explosión en - aunque pocos sin la orientación necesaria sabrían - era el Manglar 30 y este había sido completamente dinamitado y destruido, y sólo aquellos con la capacidad de expandir sus sentidos a casi un kilómetro, serían capaces de determinar la inmensa presencia que venía en la lejanía, mar adentro, pero sólo los que tuvieran la fuerza suficiente podrían soportar tal presencia durante más de unos pocos segundos antes de empezar a caer desmayados como moscas.

En el mar, un enorme galeón con madera rojiza y tres mástiles, con velas blancas y una Jolly Roger ondulando en el viento avisaban de la llegada de alguien no deseado por ninguno de los presentes, y desde luego, alguien que absolutamente nadie, ni el mismísimo Yugu Dimípalo, querrían enfrentar.

[Imagen: cKKdWfA.png]





Importante
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)